Los salvadoreños fuéramos felices sí esa preocupación que muestra la gran prensa por vincular al FMLN con las FARC la mostraran para investigar a profundidad el asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, la masacre de la UCA que culminó con la muerte de los sacerdotes jesuitas, el origen de los Escuadrones de la Muerte y la “guerra sucia” que se vivió en El Salvador en la década de los 80, el crimen de Katy Miranda o los innumerables casos de corrupción y desfalcos contra el Estado, cometidos por altos dirigentes del partido Arena.
Lo decimos porque en cinco días consecutivos El Diario de Hoy y La Prensa Gráfica han publicado tres, cuatro y hasta seis páginas de la supuesta petición de la dirigencia de las FARC a un ex guerrillero salvadoreño de seudónimo “Ramiro” para que les proporcione los contactos en Australia para comprar armas y continuar su lucha armada contra el gobierno y el ejército de Colombia. Este solo hecho merecería una detenida reflexión, por cuanto estamos hablando de la más antigua guerrilla de América Latina con contactos en distintas partes del mundo y canales logísticos propios para adquirir suficiente armamento, sin necesidad de buscar personas en Centro América para que les ayuden en ese sentido. Pero no vale la pena distraernos en este apartado.
La información original, proveniente de una “mágica” computadora ha sido publicada por dos periódicos vinculados a la extrema derecha internacional como son El País, de España, defensor férreo de la dictadura de Francisco Franco y el Wall Street Journal, financiado por los grandes capitalistas de los Estados Unidos. La (s) computadora blindada, a prueba de fuego de artillería, lanzallamas y bombas, está en poder de los organismos de inteligencia del ejército colombiano y ha sido y es manipulada por los expertos en informática de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos CIA). De este ordenador portátil puede salir toda clase de información, como ya salió eso del uranio para fabricar ¡bombas atómicas! La imaginación no tiene límites, como si lo tiene la mentira y la calumnia, pues es enana y de patas cortas.
Desde luego que el FMLN como grupo guerrillero, así como su representación diplomática tuvieron en tiempos del conflicto armado vinculaciones y relaciones con organizaciones políticas y militares en distintas partes del mundo, hasta en el mismo seno de los Estados Unidos donde nació y se desarrolló una fuerte oposición a la intervención de este país en el conflicto salvadoreño. Al igual que sucedió con la nefasta guerra contra Vietnam. Eso es parte de la beligerancia y el apoyo solidario que buscan los pueblos para poder sostener su lucha contra semejante poderío.
Esas vinculaciones no corresponden sólo a los grupos de izquierda, también lo aplican las fuerzas reaccionarias de la derecha e, incluso, organizaciones militares y paramilitares. La Triple A tuvo contactos, ramificaciones, intercambio de información y de inteligencia entre las fuerzas armadas de Argentina, Chile y Uruguay. Todavía en este tiempo se siguen investigando los crímenes de lesa humanidad, así como los genocidios cometidos por militares de esos tres países.
Lo que ocurre en El Salvador en estos momentos es otra historia y tiene sus connotaciones muy claras y especiales. Nunca como ahora se da la posibilidad de que la izquierda acceda al gobierno y tenga la oportunidad de conducir los cambios urgentes que clama la sociedad y el pueblo salvadoreño. Las encuestas publicadas, incluso por La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy, dan una ventaja considerable al candidato presidencial del FMLN, Mauricio Funes, a quien por cierto estos mismos medios (más El Diario de Hoy) han tratado de desprestigiar acusándolo de “rojillo”, o “comunista”, y otros calificativos que no dejan bien parado a estos medios informativos.
Lo decimos porque el principal reto para un periodista, como bien lo expresa Ryszard Kapuscinski, es lograr la excelencia en su calidad profesional y su contenido ético. No se trata de que ambos medios tengan la más moderna tecnología de punta y maquinaria de impresión del más alto nivel, que su forma de captar fotografías y noticias sean el reflejo del avance de la civilización, el meollo de la profesión sigue siendo el mismo: la lucha y el esfuerzo por una buena calidad profesional, objetivo, veraz.
Los medios de información o de publicidad, como se les conoce en este país (Asociación de Medios Publicitarios Salvadoreños, AMPS, se llama la organización que los representa) corren un grave peligro en su legitimidad y credibilidad si actúan en contra de su propia conciencia y responsabilidad. Si en verdad “buscan soluciones humanas y positivas”, deberían comprometerse a conocer profundamente los problemas y las razones que originan los conflictos armados en distintos pueblos del mundo; pero nunca utilizar el idioma del odio que alimenta el conflicto armado o las discrepancias políticas e ideológicas.
Por cierto ambos periódicos (me parece que El Diario de Hoy no firmó el pacto) forman parte de esa campaña a favor de la paz social, por lo tanto el primer compromiso tanto del periodista como del medio, es conservar la esencia de ser humano, de objetividad e imparcialidad, hablar y escribir con un lenguaje de entendimiento y de comprensión de la paz, sin utilizar el odio o estimular la venganza. Un escritor reconocido mundialmente (no tengo su autorización para mencionar su nombre) me dijo cuando estuvo en el país para dictar una serie de conferencias, que al leer al editorialista de El Diario de Hoy, le parecía que estaba lleno de “amargura, odio y resentimiento”. A renglón seguido, comentó que “En tal estado mental es difícil escribir un mensaje sereno, imparcial y certero”.
No soy accionista ni copropietario para enmendarles la plana o recomendarles qué hacer a ambos periódicos, pero si es necesario decir que nuestro papel (y asumo mi responsabilidad como periodista), cuando escribimos sobre casos tan especiales, complicados, consiste en recordar y entender que estamos en un periodo preelectoral, en un proceso decisivo, pero no determinante y que ante todo el deber llama a ser veraces, objetivos e imparciales. Esto no es la guerra, único fenómeno humano en el que todos somos víctimas, todos perdemos, todos terminamos infelices. Se trata de actuar con prudencia y no dejarse presionar por fuerzas extrañas, todo POR EL TEMOR A PERDER PRIVILEGIOS.