17.7.08

Un El Salvador audaz, libre, justo

Con la decisión ya esperada de la Convención Nacional del FMLN, asumiendo el clamor de millones de salvadoreños, al proclamar el noviembre pasado a Mauricio Funes como su candidato a la Presidencia de la República, para el quinquenio 2009-14, se puso en marcha la maquinaria de cambio que el país largamente ha esperado, lo que le permitirá acelerar el proceso de su desarrollo histórico dentro de los cauces abiertos por un sensible movimiento revolucionario.

La esperanza y la decisión ya tomada por los salvadoreños de probar con un gobierno de izquierda, tiene preocupados y desesperados a los dueños y dirigentes de Arena, así como a extremistas y fundamentalistas ideológicos como Enrique Altamirano, Manuel Enrique Hinds y otros que hablan de que “el futuro y los empleos de todos los salvadoreños está en juego”, incluyendo a los que “atolondradamente voten por desquiciados sociales”. Un racista y probado fascista como el dinosaurio dueño y director de el diario de hoy hace rato hubiera sido procesado y encarcelado por acusar y calumniar sin fundamento, así como por sus despreciables ataques a sectores progresistas y comprometidos con la evolución democrática de El Salvador a quienes públicamente califica como “chusma”.

Si desde un principio, la candidatura de Funes suscitó innegables y mayoritarias simpatías, como lo demuestran todas las encuestas y las manifestaciones espontáneas de los salvadoreños, bien podemos decir que con sus adhesiones y apoyos de gobiernos y pueblos extranjeros, así como por su vocación democrática y su discurso coherente reflejando el sentir de las mayorías poblacionales, un aire de confianza, de sereno optimismo, de seguridad y de verdadero aliento colectivos caracterizan desde su inicio este arranque que es nada más el preludio de la campaña electoral.

En efecto, el tono general, el marco de las afirmaciones de principios ideológicos y de propósitos concretos exhibidos en sus diarias presentaciones, así como en los documentos suscritos, un adelanto del programa general de gobierno, hacen ver al país que nace, realmente, una nueva etapa en la vida salvadoreña, que hay un nuevo lenguaje, una renovada actitud frente a los problemas fundamentales de la patria, que no se desconocen los obstáculos que se acumulan en el camino, pero que las fórmulas de raíz salvadoreña, elaboradas por la dolorosa experiencia del país, deben inspirarnos a todos confianza, seguridad y aliento.

Es lo que no aceptan sus adversarios más extremistas, buscando pretextos todos los días para lanzar sus ataques, sus calumnias y supuestas contradicciones del candidato con la dirigencia del FMLN, exactamente como utilizan los fascistas en su propaganda: mentir, mentir y mentir, que algo queda. Tratar de generar divisiones para que el público entre en dudas y resquemores. Son además envidiosos, atentos a ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. Lo decimos porque la publicación de fotos de Funes con el presidente del gobierno español y con los más altos funcionarios de ese régimen, les ha producido dolor y amargura. Como bien dicen los salvadoreños, “si la envidia fuera tiña, todos seríamos tiñosos”.

Por el contrario, de lo que piensan y escupen mentes calenturientas y amargadas como Altamirano y Manuel Enrique Hinds, el candidato presidencial del FMLN limpió su discurso de todo exceso demagógico y su postura es una invitación a todos los salvadoreños para que, en la seguridad de que sus derechos legítimos serán no sólo respetados, sino estimulados, se haga clara conciencia colectiva la necesidad de que los derechos de los más tienen primacía sobre los de los sectores minoritarios.
Lo mismo en sus consideraciones sobre la reactivación de la agricultura (por cierto pérfidamente abandonada por los gobiernos de Arena), el aliento a los pensionados de aumentar sus retribuciones, y las garantías a los empleados y a los obreros que en sus alusiones a la necesidad nacional de estimular las inversiones salvadoreñas y poner reglas claras a las extranjeras, Funes ha logrado el milagro de hacer una exposición alentadora para los sectores mayoritarios, sin amenazas ominosas para legítimos intereses minoritarios.

Es lo que no soportan sus detractores, los extremistas y fanáticos ideológicos, tercos en buscar y publicitar aparentes discrepancias y contradicciones. En concreto es muy difícil encontrar en los repetidos discursos del popular candidato del FMLN una frase demagógica, altisonante o amenazadora. Si la unidad nacional se entiende no como unanimidad aparente, sino como una armonía de diferencias y ajustes de contradicciones inevitables, ese ideario inicial de la campaña no puede ser más alentadora. Sin apartarse un ápice del aliento ideológico de su partido y de las aspiraciones de los salvadoreños, Funes ha recorrido la problemática nacional de los días que vive El Salvador con serenidad que no pudo ocultar sus convicciones populares, un moderno sentido del patriotismo que no se limita en la veneración de nuestros patricios de ayer, sino en la decisión de recordarlos, de imitarlos y de continuar su esfuerzo creador.


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