En este país se miente, se engaña y se calumnia descaradamente. Y la demagogia se ha convertido en un rico filón para los políticos de la derecha. Si el presidente Saca es el primero en dar el ejemplo, nada podemos pedir al candidato Rodrigo Ávila, quien en los comienzos de su anticipada derrota comenzó a ofrecer visas norteamericanas para los trabajadores temporales, siguió luego con la promesa de “entregar miles de becas a los jóvenes”, hasta ofrecer empleos a todos los salvadoreños. En fin…
Estamos empeñados, de creer las frecuentes declaraciones, embustes, en tantos planes, proyectos y reivindicaciones, que bien podríamos añadir uno más a la lista, pero a nivel nacional. En serio, digamos que nos decidimos a emprender una campaña “a muerte”, en contra de la demagogia. No sólo la oficial, que es la más conspicua, sino lo que ya hacemos todos con la misma naturalidad con que respiramos. Resultamos, o queremos resultar, maestros en el arte de mentirnos los unos a los otros.
El gobierno es el líder en el arte de la demagogia. Si ustedes recuerdan, el tristemente célebre Alfredo Cristiani, anunció una cruzada contra la pobreza y al cabo de su mandato él y la “argolla dorada”, salieron dueños de bancos, empresas de seguros, de seguridad (de hecho en el presente hay más agentes de seguridad privada que policías civiles), de pensiones, bienes raíces, compañías de exportación e importación (lavado de dólares, por supuesto), hasta cementerios privados. Un amigo me decía lo único que les falta a semejantes tipos es “construir cagaderos”.
El presidente Calderón Sol también anunció un combate total contra la pobreza. Al cabo de su mandato la miseria había aumentado, tanto como el surgimiento de “nuevos ricos” y de empresarios de la construcción. De la noche a la mañana aparecieron grandes condominios, lujosos centros comerciales y no menos suntuosas residencias en zonas exclusivas. Las playas y las montañas tenían nombres propios, tan parecidos a centros turísticos de Francia y Suiza que nos daba la impresión que grandes inversionistas de esos países se habían trasladado a El Salvador. No había tales. El gobierno neoliberal abrió la puerta a los capitalistas privados y estos adquirieron terrenos hipotecados por los bancos para que construyeran a placer en tan paradisíacos lugares. El deterioro ambiental era parte de ese compromiso mercantil.
El presidente Francisco Flores fue parte de esa misma dinámica de la demagogia, de la terquedad, la prepotencia y la sumisión al gran capital y al imperio. (El presidente Bush lo llamó “mi amigo”). El golpe de gracia a la pírrica economía de los salvadoreños culminó con dolarización. Es el camino de tierra para los marginados y las calzadas pavimentadas para los potentados. Demagogia y mercancía, dólar y poder. Al finalizar su periodo, Francisco Flores, era el rey de la estafa, de la corrupción y las licitaciones amañadas. Con este triste personaje (“mire salió de la presidencia sin una cana”, me comentó mi sobrino) se consumaba el “gran asalto” al erario nacional.
El cuarto presidente de Arena, el bachiller Antonio Saca, siguió en la misma senda. Todo lo que ha tocado y ha dicho hasta ahora, se ha convertido en demagogia. A pocos meses de terminar su vergonzoso mandato se le ocurrió aumentarle un 10% a los salarios de los empleados públicos. Y continúa sin cerrarse el círculo vicioso pues de los bajos sueldos que se pagan se deriva la injusticia social y se origina que la riqueza sea acaparada por unas cuantas manos. Y la demagogia sigue tan campante, pues todavía resuenan en nuestros oídos aquellas palabras de “se les acabó la fiesta a los malacates”. Ahora hay diez homicidios diarios y más de 20 los fines de semana. La violencia es una espina en el corazón de los salvadoreños. Demagogia que apesta y que en consecuencia ha hecho que miles de salvadoreños no sólo rechacen las declaraciones públicas, sino que ahora muestren cólera y odio hacia los funcionarios areneros.
Y por cierto cualquier funcionario arenero abre la bocota para decir que el gobierno está haciendo sus mejores esfuerzos para elevar el nivel de vida de los ciudadanos. (el nuevo Ministro de Economía declaró públicamente en la televisión este jueves en el programa Diálogo de Canal 21, que “ahora los salvadoreños tienen más dinero en su bolsillo”, ¡carajo con semejante tipo!). La demagogia ha sido la esencia de estos gobiernos. Por eso rubrican la declaración afirmando que “estamos mejor que antes”, desde luego, pregúntele a Cristiani, a Calderón Sol y a Paco Flores. Cada vez que lo dicen están haciendo simple y llana demagogia. Aquí todos los salvadoreños saben que los cuatro regímenes areneros no han modificado una sola de las estructuras sociopolíticas y económicas. Y el que está viviendo en la misma casa, lo más que puede hacer es pintarla de otro color, si acaso le sobran unos dólares, o quizás sembrar en una maceta una rama de cilantro; pero no está cambiando profundamente su casa ni mucho menos. Esta realidad, que todos sabemos, que todos vemos, la gran miseria pues, es imposible de ser asumida por los funcionarios del gobierno. No hay cambios en las estructuras, no hay ningún cambio profundo en la sociedad salvadoreña.





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