16.6.09

El cambio esperado está en el atril de la sociedad

En un comentario pasado sobre el paso de la ideología a la verdad, un estimado lector me hacía un comentario más general que específico sobre la ausencia de tales valores en la estructura del nuevo gobierno, cuando claramente expliqué tal paso no es sólo el resultado de una nueva dimensión dialógica o de diálogo abierto –aunque lo haga factible—sino que requiere criterios concretos sociológicos que van más allá, obviamente, de las actitudes personales. Posiblemente, en consecuencia decía, hay varios cauces, para lograrlo, son de tránsito obligado: el planteamiento científico del cambio, pero establecido sobre la práctica, es decir, no separado de las prioridades concretas de la sociedad; la elaboración de una interpretación teórica, como práctica específica, que defina el verdadero nivel y proyectos de la nueva correlación de fuerzas; la conversión de las palabras en una práctica inteligible por ella misma.

El lenguaje de las palabras escritas o la misma interpretación que se haga puede obedecer a diversas razones. Por ejemplo: en declaraciones vertidas por el Canciller de la República, Hugo Martínez, sobre el estudio detenido de cada uno de los embajadores en distintos países del mundo, una periodista de un medio de publicidad, “por tener su alma envenenada” o por razones de “equivocación de conceptos”, para repetir las palabras del Ministro, confundió idoneidad con ideología y aseguró que se “cambiaría totalmente el servicio diplomático”, falsedad reproducida por el editorialista de dicho medio de información. El viceministro de educación ha dicho en reiteradas oportunidades que los gobiernos de Arena “imprimieron un sello ideológico a la educación”, esto para responder a las constantes prédicas de los dirigentes de este partido de que “el FMLN indoctrinará a los jóvenes salvadoreños con la nueva educación”.

La verdad es que los planes anunciados por el gobierno del FMLN implican el tránsito hacia la contemporaneidad real en un proyecto que tiene o que debiera ser de largo plazo, es decir, por encima de los cinco años . Ello no es una invitación a la estabilidad, sino, de forma adversa, a superar la creencia de que los cambios quinquenales tienen algo que ver –por ese solo hecho—con una dinámica profunda. Se abandonan en ocasiones, las cosas o se desdeñan planes, de unos a otros, no siempre por elección crítica, no siempre por una reversión estratégica, sino para continuar en el mismo nivel desde otras apariencias mecánicas, es decir, formales, esto es, no fundamentales.

Por supuesto no podemos afirmar todavía que a partir de la toma de posesión del nuevo gobierno, se ha producido una verdadera reversión estratégica en el servicio exterior. Hasta el momento, de acuerdo con declaraciones del Canciller, se están intercambiando cartas, preparando documentación y estudiando posibles restricciones. En el caso de Cuba, no existen; lo mismo sería para China, Vietnam o Venezuela, donde en los últimos años las relaciones de Arena se manejaron directamente con el componente ideológico. En lo particular creemos que ese salto cualitativo hacia el pluralismo ideológico debe operar, hacia el interior, de una manera yuxtapuesta y responsable.

Lo que no hay duda es que a la luz de los últimos acontecimientos (apertura de relaciones con Cuba, denuncia de infames hechos de corrupción en la administración de Saca, enorme déficit fiscal –mil 200 millones de dólares--, despilfarro de fondos públicos y más) se vislumbra el esquema de una nueva alianza de fuerzas reales en una sociedad en movimiento. Sólo el hecho lo decíamos de que el presidente lo anuncie, y lo postule, como norma de vida, de respeto a la clase trabajadora, las clases campesinas, estudiantiles y organizaciones sociales, es tanto como instalarse en una radicalidad de ética política. Es el reconocimiento estructural de que un viejo orden de cosas funcionaba por virtud de la inercia y que es preciso reemplazarlo por una teoría, es decir por una práctica específica basada en el análisis del conjunto y no de los grupos de presión.

La ideología y la verdad no pueden verse ni apreciarse fragmentadas o aisladas, sino en su totalidad. Por algo están en la fase superior del Estado. La educación debe ser un pilar fundamental en el quehacer del nuevo gobierno, por ello insistimos tanto en la necesidad de una reforma profunda en la educación, como en el desarrollo desde ya de un programa nacional de alfabetización. El hombre nuevo se construye con valores inéditos, con el peso de la ideología. Los retos son muchos y entendemos que las nuevas autoridades invitan al pueblo salvadoreño a la exploración completa no sólo de nuestra realidad tan cambiante, sino del contexto de un mundo globalizado, cuyas puertas comienzan a abrirse así sea con tibias declaraciones, apertura de relaciones y otras señales más realidades que simbologías.

En determinado momento también dijimos que la gran potencia imperial se encuentra desquebrajada, moribunda; pero no agonizante y que todavía tiene escenarios y fuertes aliados desde los cuales todavía quiere imponer el rearme y la estrategia de los espacios desarticulados, las normas de conducta y de relación de los próximos años. Años que en razón de la aceleración histórica serán decisivos. Lo reiteramos, el tránsito de la ideología a la verdad es el gran reto. El pentagrama del proyecto está en el atril de la sociedad, del pueblo.

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