19.6.09

Los cambios de estructuras mentales

En la mayoría de las entrevistas por televisión y en la prensa los nuevos funcionarios se refieren a “los cambios” en los proyectos por realizar y en la forma de administrar los bienes materiales y recursos humanos a ellos encomendados, se lleva a la práctica así el slogan de campaña reiteradamente proclamado por el ahora presidente de la república, Mauricio Funes. Desde luego, que van más al fondo y enfatizan “cambios en las estructuras mentales”.

Por ejemplo, sería un cambio en las estructuras mentales de iniciativa privada, ver a Alfredo Cristiani con otros ojos, menos arrogante y sin movimientos compulsivos en sus manos reflejando inseguridad o razones de culpa por graves errores cometidos en el pasado, uno de ellos la responsabilidad directa en el asesinato de los sacerdotes jesuitas, como lo señala cada cierto tiempo el padre José María Tojeira, rector de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, conocida popularmente como la UCA. Sería un deseable cambio mental en los campesinos, aunque en algunos grupos ya viene ocurriendo, dejar todo su incierto destino en las disposiciones en el agónico y prácticamente desaparecido Instituto Salvadoreño de Transformación Agraria (ISTA).

Lo que motiva este comentario es que cada vez se le toma más la palabra a los funcionarios en esto de los cambios de estructuras mentales y no simplemente en quitar plazas, modificar presupuestos o agilizar determinados proyectos. Y hay ejemplos en todos lados. Un representante de la oligarquía, pongamos por caso, alerta a sus compañeros de botín para establecer una especie de nuevo orden en los negocios. Y los mismos funcionarios, cuando abordan el tema de moda de la corrupción legado por los regímenes areneros, se refieren a ella como una cosa del pasado reciente, lo cual ya no es un cambio mental, sino simple desprecio de la realidad y cierta consideración y temor a proceder contra los corruptos, conforme lo establecen las leyes y lo exige la población.

Y ahora, como no podía faltar en la paradójica y cambiante vida salvadoreña, parece que vamos llegando al punto de pedirle al propio presidente un cambio de sus propias estructuras mentales. Puede ser una paradoja, pero de ninguna manera es una impertinencia o una falta de respeto: los que lo conocen afirman que es una persona de “armas tomar”, directo en sus apreciaciones y firme en sus decisiones; pero también que no tiene “mentalidad expropiatoria”. Las circunstancias, a lo que parece, tendrán que hacerle reconsiderar la posición. Porque si bien no se trata de que se ponga a expropiar como si el socialismo estuviera a la vuelta de la esquina, sí se antoja evidente que urgen, por lo menos ciertas medidas a fondo y en serio si se quiere que la política económica del régimen adquiera los perfiles que se proponen en los discursos.

Por ejemplo: ante la carestía alimenticia y el alto costo de la vida, es urgente crear un moderno Instituto Regulador de Abastecimientos, un Banco de Fomento para conceder créditos blandos y a largo plazo a los medianos y pequeños agricultores, así como regular ciertos precios en el mercado, medida que podría encontrar la oposición de ciertos grupos dominantes; pero que se antoja necesaria para satisfacer las demandas de las mayorías poblacionales. No debe existir en “las estructuras mentales” del presidente, ninguna consideración hacia los especuladores y empresarios sin escrúpulos que a lo largo de los años se han lucrado de las necesidades del pueblo salvadoreño, sobre todo de las personas más vulnerables. Y bien, si por una parte se habla encendidamente sobre el despertar del campesino y sus derechos a una vida mejor, por la otra quedan limitados los propósitos por realidades jurídicas ante las que se estrellan las muy bien intencionadas proclamas sobre el bienestar de nuestros hombres del campo.

Forma parte también de las estructuras mentales del presidente, su deseo de colaborar desde el gobierno, con una iniciativa privada que manifiesta su preocupación por sus deberes de carácter social. Aquí, al parecer, no necesita cambiar sus estructuras sino demostrarle con hechos a esos empresarios que el gobierno está dispuesto, no a recordarles sus deberes y obligaciones con la comunidad, sino a hacérselos cumplir.

Como puede verse, han ocurrido cosas curiosas: mientras algunos sectores le tomaron la palabra e hicieron el solicitado esfuerzo mental, la indudable encrucijada en que el país se encuentra parecen obligar al presidente Funes a revisar sus propias estructuras mentales. Cuando anuncia “plazas fantasmas” y graves casos de corrupción en distintos ministerios, rápidamente el presidente del Consejo Ejecutivo de Arena y empresario, Alfredo Cristiani, lo desmiente y le exige presentar pruebas de sus acusaciones. Una oportunidad inmejorable para publicar una lista completa de todas esas “plazas fantasmas” donde aparezca el nombre de la persona, el periodo en que supuestamente ejerció sus funciones, la dependencia y el salario asignado. El pueblo salvadoreño se sentirá más tranquilo y completamente convencido que el nuevo gobierno está administrando bien la nación y cumpliendo al pie de la letra con las promesas de campaña, cuando se comprometió a “llevar a la cárcel a todos los corruptos”.

Por otro lado, ya son pocos los que dudan que el sindicalismo, si no está en agonía como algunos pretenden, si está bastante enfermo. Y su desprestigio (en ello tienen mucho que ver los sucesivos regímenes areneros que compraron voluntades y prostituyeron a muchos obreros) permea cada vez más a los grupos obreros que están más que dispuestos a cambiar su vieja mentalidad. Los campesinos, sobre todo los más desprotegidos, no leen los periódicos ni se enteran que sus hipotecas han vencido y sus parcelas les han sido arrebatadas por los bancos o los prestamistas.

Sólo queda ahora a preguntarnos si ante estas cosas el Presidente estaría dispuesto a revisar sus propias estructuras mentales. Si le tomamos la palabra, evidentemente, sí. Una de sus características por su misma profesión es que no le rehuye a las palabras. Pues bien, con ellas, con las suyas, él mismo se ha empeñado, él mismo ha prometido esta tácita revisión. Porque si a ello vamos, la opción preferencial por los pobres que propone patrióticamente, se le hace muy áspera de cumplir mientras deje esa piedra legalista en su camino. Los sociólogos bien lo afirman al sostener que el cambio viene desde el interior y cuando se trata de transformar caducas estructuras “deben tenerse los pantalones bien puestos”. Por eso reiteramos la necesidad de enviar señales claras al pueblo salvadoreño, una de ellas denunciar a los evasores de impuestos y obligarlos a cancelar el Estado las deudas o llevarlos a prisión.

Es urgente también que esos cambios de estructuras mentales alcancen a los titulares del Ministerio de Educación, pues no sólo es saludable revisar los programas hasta hoy desarrollados en esa cartera de Estado, sino introducir planes nuevos y agresivos, como una urgente Campaña Nacional de Alfabetización, currículos modernos que ayuden a forjar al hombre nuevo (pensante, creativo, independiente, visionario) que tanto asusta a los oligarcas y sus testaferros, así como la necesaria Reforma Educativa para garantizar que el método de enseñanza se corresponda con las realidades y las transformaciones que están ocurriendo o deben de venir a partir de la caída del Neoliberalismo. El Ministro de Educación, Salvador Sánchez Cerén, tiene razón que habla de que la educación impartida hasta hoy respondía única y exclusivamente al modelo económico imperante. Desde luego, debe explicitarlo y demostrar con hechos en que consiste.

Las esperanzas y las ilusiones no deben decaer, por el contrario todos los salvadoreños están en el deber de aportar al gobierno de izquierda, de exigir prontitud en la ejecución de proyectos y estar alertas de todas y cada una de las acciones en materia educativa, salud, agricultura, obras públicas, seguridad pública y más respondan a las necesidades de la población y no a sectores privilegiados como ciertamente ha ocurrido en 188 años de “vida independiente” de El Salvador. Los “cambios” se producen para mejorar las condiciones de la gente, para alcanzar prosperidad y desde este punto de vista todos podemos contribuir con sugerencias o acciones prácticas en cada comunidad.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Quiero manifestarles que su comentario esta en lo correcto, sin embargo me he enterado de que algunos nuevos funcionarios de este gobierno actual, los han llenado de "regalitos" como computadoras nuevas o telefonos iPhone de parte de algunos gerentes o jefes, me imagino que buscando "quedar bien" como decimos y buscar un puesto de mayor jerarquia.
A mi ver esa es una actitud desagradable heredada de esa manipulacion que hubo de parte de los gobiernos anteriores, en la que los puestos no los gana el mas apto, si no el que "cae bien" con alguien de mayor jerarquia, y que se da igualmente en la empresa privada.
Mientras el señor presidente fue enfatico en una austeridad, se dan esos regalitos con valor de
alrededor de 1000 o 3000 dolares y un telefono que vale alrededor de 600 dolares. Donde quedo la austeridad??, Donde queda la meritocracia que el presidente dejo plasmado en su discurso de toma de posesion??

Gracias por dejarme opinar y les pido de favor hagan llegar a los demas blogs esta inquietud.

Translate