23.6.09

Los testaferros de la prensa prostituida

Lo habíamos adelantado desde el mismo momento que se conoció el triunfo del FMLN en las elecciones para diputados, concejos municipales y las presidenciales: la oligarquía aceptaría a medias y mostraría cierta “disposición a colaborar”, pero nunca entregaría el poder político, mucho menos el cambio drástico del modelo económico, la variante salvaje capitalista del neoliberalismo que tanto daño ha causado a la población y que, por supuesto, ha favorecido a los grandes empresarios, a los monopolios y a las transnacionales.

Esas expresiones de disgusto ante ciertos anuncios tímidos y casos de corrupción, así como de evasión y elusión de impuestos, no podían dejar de esperarse, ante lo que muchos han considerado “medidas en defensa de los más vulnerables” y de sana administración en el aparato gubernamental. Hace unos 25 años, cuando se instauró el gobierno derechista de la Democracia Cristiana (el cual es llamado de “izquierda”, al igual que el del coronel Julio Adalberto Rivera, por el dinosaurio de el diario de hoy), también se desató una feroz campaña en la prensa reaccionaria, financiada por la oligarquía.

En el presente se repite la campaña, utilizando recursos más sofisticados como señalar contradicciones en las medidas económicas anunciadas, rechazando anuncios de crear instituciones en defensa del poder adquisitivo de la población y otras como esa de atacar a los responsables de los ministerios de Gobernación y Seguridad “en manos del Partido Comunista que buscan un control territorial para empezar el dominio sobre los salvadoreños”; también hablan de “servidumbre ideológica por medio de los programas educativos y de salud”. El presidente Funes nada más ha adelantado un plan anticrisis, tal como lo prometió en la campaña electoral, pero los cretinos ya miran nubarrones en el horizonte.

El dinosaurio de el diario de hoy afirma que “la extrema izquierda en este país siempre ha desconfiado de las fuerzas del mercado, sobre todo porque nunca ha trabajado en cosa propia y por tanto desconoce cómo se produce, se determinan los precios, se abastecen necesidades y el papel decisivo de las ganancias en todo quehacer productivo…” Esto a propósito del anuncio del Ministro de Agricultura de crear un instituto de abastecimientos a fin de garantizar los productos de primera necesidad a las familias más vulnerables.

El dinosaurio tiene razón cuando habla de ganancias en el quehacer productivo, lo mismo que ocurre actualmente con el precio elevado de frutas, verduras, leche, carne, huevos, harinas, azúcar, aguacates, frijoles, arroz y más. En este país existen miles de salvadoreños que no comen los tres tiempos, y cuando lo hacen se limita al máximo el consumo para todos los miembros de la familia. La canasta alimenticia anda alrededor de los 225 dólares, mientras que el salario mínimo no sobrepasa los 165 dólares mensuales. El mismo Programa Mundial de Alimentos sostiene que “El Salvador está entre los 100 países del mundo que no satisfacen el consumo mínimo para un grupo familiar de seis personas”.

Las estadísticas de la CEPAL, el PNUD y otros organismos, nos ubican como uno de los países de menor inversión en el área social, al tiempo de formular llamados urgentes al gobierno (nos estamos refiriendo a los regímenes areneros) para que presten atención a la grave desnutrición que padecen miles de niños, sobre todo del área rural. Se refieren a dotación de alimentos básicos, lejos está el pensar en leche, carne y otros productos indispensables para garantizar un sano desarrollo de los infantes.

Por eso no extraña que siempre sea el diario de hoy y su dinosaurio director, el destinado al uso de las baterías de más grueso calibre y de las más amenazadoras bazookas contra las acciones del gobierno de izquierda de proteger los recursos, los derechos, la libertad económica y la cultura para todos del país. El reaccionario articulista Manuel Enrique Hinds afirma tranquilamente que “el presidente Funes prometió a los salvadoreños darles “trabajo y aliviarles sus problemas económicos y de seguridad dentro de un ambiente democrático. Lo que ha hecho es tomar medidas que van a destruir trabajos por la falta de inversión de la grande, mediana y pequeña empresa, y que al mismo tiempo ponen en peligro la institucionalidad democrática del país”.

Una mentira y una acusación gratuitas y más grandes que el lago de Ilopango. No nos corresponde a nosotros defender al gobierno, para eso tienen sus responsables de comunicación; pero por razones de sanidad mental y de evitar que la calumnia y la difamación confundan a muchos salvadoreños, tal como ocurrió durante la campaña electoral, es que salimos a la palestra y tratar, con datos y fuentes fidedignas, de refutar las groseras afirmaciones de estos lacayos y testaferros de la oligarquía. A semejante espécimen sólo le falta censurar que entre las condiciones constitucionales para ser presidente de la república existe la de ser salvadoreño por nacimiento y proponer la derogación de la normativa respectiva, a fin de que tanga oportunidad de llegar a Casa Presidencial algún funcionario de las transnacionales del petróleo o de los monopolios extranjeros fabricantes de transgénicos.

Ni este testaferro ni los editores de el diario de hoy, demuestran mucha inteligencia, ni valdría la pena comentar sus falsedades. Pero tampoco resultó de gran talento la frase de “es un hijo de perra, pero es nuestro hijo”, como un presidente de Estados Unidos se refirió en su oportunidad al dictador Anastasio Somoza; o aquella otra de John Fuster Dulles de “Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses”. Y nuestra América ha visto ya las consecuencias. Pero como estamos hablando de títeres, sumisos y ratas del mismo piñal, ¡que le vamos a hacer!

Los que vienen patrocinando e impulsando esta campaña mediática, lo hacen con el propósito bien calculado de desestabilizar el nuevo gobierno (pues apenas tiene 23 días de asumida la administración del Estado y ya piden resultados) y de prepararse “para grandes batallas”, pues en el fondo acarician la idea de volver a las andadas, es decir al lucro excesivo, a la corrupción, al conflicto de intereses, a los privilegios, al contrabando, a la evasión de impuestos, al narcotráfico y a las licitaciones amañadas. Y por supuesto a la defensa de los privilegios monopolísticos, de usar, no la mano del gato, sino los rebuznos del asno, no precisamente para sacar las castañas del fuego, sino para atizar llamaradas de alarma. La “gran cruzada” si ustedes amigos reparan, no sólo es contra este gobierno, sino contra Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Paraguay, Ecuador, Cuba, Guatemala, Honduras y más.

Y no se trata de ver ogros, ni fantasmas siniestros, ni, mucho menos, de repetir viejas frases, sino de hechos bastante concretos. Los editores y los articulistas no necesitan ser inteligentes, pues a lo mucho llegan a reproductores de los lineamientos que emanan de los consejeros de la oligarquía. Se aprovechan todavía de la influencia que en algunos círculos políticos, económicos y populares tiene el diario de hoy; pero todo tiene su momento y llegará el día que en verdad contemos con una prensa seria, responsable y profesional, que critique e informe con veracidad e imparcialidad. El garrote, desde otro punto de vista, no está movido por el pensamiento.

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