Ciento 88 años después de sacudirnos el yugo español y a 77 años de los trágicos acontecimientos de 1932 que marcaron para siempre a nuestra nación, aún no hay un acuerdo sobre la calificación teórica de esos y otros sucesos políticos, sobre todo del todavía incólume poder económico de la oligarquía; de sus signos dominantes en el origen y, muchísimo menos de las rutas y fórmulas propicias para emprender un definitivo camino de liberación del pueblo salvadoreño en todos los campos.
El nuevo gobierno de izquierda ha intentado en sus primeras medidas distanciarse de los regímenes derechistas, al menos en la forma, al anunciar programas concretos dirigidos a superar graves deficiencias en el apartado económico, social, educativo y de seguridad pública. Por supuesto, amparados en invocaciones verbales de un sistema político diseñado para sus propios intereses, los representantes de la oligarquía han dado el beneficio de la duda al plan anticrisis; pero han mostrado dudas sobre el programa de generación de empleos y el de la inversión productiva, de donde han obtenido sus enormes márgenes de ganancias en todo este tiempo.
Las polémicas y las posiciones entre los “analistas” y los teóricos son todavía hoy, inevitablemente, secuencia de las contradicciones que afloraron al conocerse los resultados de las elecciones presidenciales pasadas y, por supuesto, de las producidas al interior de la misma oligarquía y de su aparato político llamado Arena. El partido FMLN ha capitalizado su triunfo recordando muchos de los graves errores de los regímenes areneros, afincados en la corrupción, el contrabando, las licitaciones amañadas, el nepotismo, el tráfico de influencias, los privilegios y reservarse todos los campos de acción para favorecer a la minoría dominante y a todos los amigos y familiares del “señor presidente” y funcionarios del anterior régimen derechista.
En el escenario actual Arena busca por todos los medios ubicarse como partido de oposición, recomponer sus cuadros de dirigencia, sus mandos medios y su expresión territorial. Una labor muy difícil no sólo porque todavía no han superado la derrota electoral y su salida del gobierno, sino porque arrastra una vergonzosa estela de corrupción, conocida y documentada hasta por los mismos gobiernos (en primera línea Estados Unidos) que anteriormente le brindaron apoyo militar y económico. La agresividad mostrada por los siempre acaparadores de la riqueza, para dar a sus huestes algo de populismo primitivo y reivindicar ciertas propuestas anteriormente esgrimidas por la izquierda, no logran calar en el ánimo de sus bases, mucho menos en la población salvadoreña, hasta el día de hoy todavía cargando con el sufrimiento y las calamidades heredadas por los cuatro regímenes areneros.
En el terreno de las formulaciones políticas básicas, el gobierno de izquierda ha llamado a enfrentar la crisis económica y de seguridad ciudadana, con una decidida unidad de todos los sectores de la sociedad; con todo, lo mejor de los esfuerzos rectificadores es invertir desde ya varios millones de dólares en programas de reactivación de la economía, de promover obras de interés social para generar fuentes de empleo y en el combate frontal contra la delincuencia, que en un primer momento se ha centrado en seis municipios donde se generan el mayor número de asaltos, homicidios y puntos de concentración de pandillas y maras. La creación de los Consejos Comunales con participación de los gobiernos locales, es algo novedoso y muy distintos de los “comités de vigilancia vecinal” que en su momento propuso el nefasto gobierno de Antonio Saca.
Los planes de reactivación económica no han sido aprobados tácitamente por la iniciativa privada, en tanto no ven que partida pueden sacar a ellos, tampoco han dado muestras de mantener su plataforma de empleos o generar más fuentes de trabajo, pues en el fondo esperan el fracaso de toda iniciativa del gobierno de izquierda, para justificar aquello de que “no tienen experiencia ni cuadros preparados” para mantener a flote de la economía y el aparato productivo del país. Los políticos derechistas y sus testaferros “analistas” también mantienen sus contradicciones y continúan empleando el lenguaje de rutina de las campañas electorales y de los descarados ataques y calumnias de los que en su momento dirigieron el proceso electoral de Arena.
En estos últimos días, esa contradicción evidente entre los hechos y las palabras ha estallado en crisis y se advierten preocupaciones profundas al interior del partido Arena, que tratando de capear la tormenta ha llevado “nuevos rostros” a la dirigencia del Coena; por supuesto, el circo es dirigido por la momia de Alfredo Cristiani. En verdad, no se trata de “mantener la unidad” y refrescar a ese instituto político, sino de hacer cambios de fondo, de que ellos mismos expulsen a todos los corruptos (sería duro porque prácticamente se quedarían sin dirigentes, pues la mayoría de sus cuadros están señalados como partícipes en el gran banquete de la corrupción y en el despilfarro de fondos del Estado de los últimos veinte años) y que se entreguen a la justicia para deducir responsabilidades legales o penales.
En nombre de las “libertades públicas” y de “la democracia” los anteriores regímenes llevaron a la práctica un política obsesionada por el desarrollismo, los privilegios y la exclusión de las mayorías poblacionales; por el contrario, fueron sumisos o parte de los proveedores internacionales de capital y de supuesta tecnología, factores que los dirigentes de este país consideraron insubstituibles para ese desarrollismo que, fatalmente, ha conspirado contra nuestra identidad, pues nos quitó a cuenta gotas lo poco de salvadoreños que todavía nos quedaba (menos mal que el propagandista de CONCULTURA, Federico Aguilar, mantuvo los festivales de la pupusa ¡semejante mediocre!). Lo más grave de todo, es que mientras el grupo privilegiado, la minoría dominante, acrecentaba su fortuna, construía sus modernos y lujosos centros comerciales, sus quintas y mansiones, se agudizaban los desniveles y las tensiones internas.
Los actuales dirigentes de Arena, con la momia de Cristiani a la cabeza, hacen caso omiso de tales aberraciones, no profundizan en su debacle y sencillamente le “echan la culpa del desastre” al mentiroso de Saca y al triste y descolorido payaso que pusieron como candidato presidencial. Una vez más reiteramos que esa desvergonzada corrupción, ese repartirse los bienes del Estado, de corromper y prostituir todas las instituciones, los ha llevado al punto sin retorno, porque por más apuestas de liderazgo, o fingida unidad que aparenten, no podrán levantarse ni volver a dirigir los destinos de esta nación; sólo errores garrafales del FMLN les podrían abrir un pequeña rendija, o quizás también ese analfabetismo político que caracteriza a miles de compatriotas. Los desvíos de sus apóstatas, son curiosamente, los que ahora se disputan cargos de dirección; pero también de evidentes culpas de un sonoro fracaso político.
Esta confusión ha llegado a sus límites máximos. Y hoy vemos que el signo característico y la apuesta de Arena es “hacer una oposición vigilante y constructiva”; los que en veinte años no permitieron o aceptaron rectificación de muchas desviaciones inconsultas (mencionemos dos: la aprobación del aumento al IVA y la dolarización), ahora pretenden encender los cirios en la iglesia, cobrar la limosna o los diezmos y señalarle el rumbo o el destino de la patria a los salvadoreños. Por el contrario, nosotros esperamos que el gobierno del FMLN vaya al fondo de la cuestión, que no sólo rectifique muchas de las medidas nefastas de los gobiernos de Arena, que no se detenga en la maniobra política y en la audacia verbal, y vaya hasta una tarea efectiva; en esa medida el gobierno dirigido por Mauricio Funes estará contribuyendo a fijar su imagen en la historia de nuestro país, como el presidente que al devolver a la acción gubernamental la mística de justicia y dignidad que buscaron tantos patriotas en el pasado, puso a prueba la capacidad política del salvadoreño para desistir de la violencia revolucionaria como único motor de cambios, ajustes y nuevos equilibrios sociales. Si se queda en las palabras la acción regenerativa, será quizás inevitable que este país se vea obligado a vivir otra etapa de violencia y tempestades.
El nuevo gobierno de izquierda ha intentado en sus primeras medidas distanciarse de los regímenes derechistas, al menos en la forma, al anunciar programas concretos dirigidos a superar graves deficiencias en el apartado económico, social, educativo y de seguridad pública. Por supuesto, amparados en invocaciones verbales de un sistema político diseñado para sus propios intereses, los representantes de la oligarquía han dado el beneficio de la duda al plan anticrisis; pero han mostrado dudas sobre el programa de generación de empleos y el de la inversión productiva, de donde han obtenido sus enormes márgenes de ganancias en todo este tiempo.
Las polémicas y las posiciones entre los “analistas” y los teóricos son todavía hoy, inevitablemente, secuencia de las contradicciones que afloraron al conocerse los resultados de las elecciones presidenciales pasadas y, por supuesto, de las producidas al interior de la misma oligarquía y de su aparato político llamado Arena. El partido FMLN ha capitalizado su triunfo recordando muchos de los graves errores de los regímenes areneros, afincados en la corrupción, el contrabando, las licitaciones amañadas, el nepotismo, el tráfico de influencias, los privilegios y reservarse todos los campos de acción para favorecer a la minoría dominante y a todos los amigos y familiares del “señor presidente” y funcionarios del anterior régimen derechista.
En el escenario actual Arena busca por todos los medios ubicarse como partido de oposición, recomponer sus cuadros de dirigencia, sus mandos medios y su expresión territorial. Una labor muy difícil no sólo porque todavía no han superado la derrota electoral y su salida del gobierno, sino porque arrastra una vergonzosa estela de corrupción, conocida y documentada hasta por los mismos gobiernos (en primera línea Estados Unidos) que anteriormente le brindaron apoyo militar y económico. La agresividad mostrada por los siempre acaparadores de la riqueza, para dar a sus huestes algo de populismo primitivo y reivindicar ciertas propuestas anteriormente esgrimidas por la izquierda, no logran calar en el ánimo de sus bases, mucho menos en la población salvadoreña, hasta el día de hoy todavía cargando con el sufrimiento y las calamidades heredadas por los cuatro regímenes areneros.
En el terreno de las formulaciones políticas básicas, el gobierno de izquierda ha llamado a enfrentar la crisis económica y de seguridad ciudadana, con una decidida unidad de todos los sectores de la sociedad; con todo, lo mejor de los esfuerzos rectificadores es invertir desde ya varios millones de dólares en programas de reactivación de la economía, de promover obras de interés social para generar fuentes de empleo y en el combate frontal contra la delincuencia, que en un primer momento se ha centrado en seis municipios donde se generan el mayor número de asaltos, homicidios y puntos de concentración de pandillas y maras. La creación de los Consejos Comunales con participación de los gobiernos locales, es algo novedoso y muy distintos de los “comités de vigilancia vecinal” que en su momento propuso el nefasto gobierno de Antonio Saca.
Los planes de reactivación económica no han sido aprobados tácitamente por la iniciativa privada, en tanto no ven que partida pueden sacar a ellos, tampoco han dado muestras de mantener su plataforma de empleos o generar más fuentes de trabajo, pues en el fondo esperan el fracaso de toda iniciativa del gobierno de izquierda, para justificar aquello de que “no tienen experiencia ni cuadros preparados” para mantener a flote de la economía y el aparato productivo del país. Los políticos derechistas y sus testaferros “analistas” también mantienen sus contradicciones y continúan empleando el lenguaje de rutina de las campañas electorales y de los descarados ataques y calumnias de los que en su momento dirigieron el proceso electoral de Arena.
En estos últimos días, esa contradicción evidente entre los hechos y las palabras ha estallado en crisis y se advierten preocupaciones profundas al interior del partido Arena, que tratando de capear la tormenta ha llevado “nuevos rostros” a la dirigencia del Coena; por supuesto, el circo es dirigido por la momia de Alfredo Cristiani. En verdad, no se trata de “mantener la unidad” y refrescar a ese instituto político, sino de hacer cambios de fondo, de que ellos mismos expulsen a todos los corruptos (sería duro porque prácticamente se quedarían sin dirigentes, pues la mayoría de sus cuadros están señalados como partícipes en el gran banquete de la corrupción y en el despilfarro de fondos del Estado de los últimos veinte años) y que se entreguen a la justicia para deducir responsabilidades legales o penales.
En nombre de las “libertades públicas” y de “la democracia” los anteriores regímenes llevaron a la práctica un política obsesionada por el desarrollismo, los privilegios y la exclusión de las mayorías poblacionales; por el contrario, fueron sumisos o parte de los proveedores internacionales de capital y de supuesta tecnología, factores que los dirigentes de este país consideraron insubstituibles para ese desarrollismo que, fatalmente, ha conspirado contra nuestra identidad, pues nos quitó a cuenta gotas lo poco de salvadoreños que todavía nos quedaba (menos mal que el propagandista de CONCULTURA, Federico Aguilar, mantuvo los festivales de la pupusa ¡semejante mediocre!). Lo más grave de todo, es que mientras el grupo privilegiado, la minoría dominante, acrecentaba su fortuna, construía sus modernos y lujosos centros comerciales, sus quintas y mansiones, se agudizaban los desniveles y las tensiones internas.
Los actuales dirigentes de Arena, con la momia de Cristiani a la cabeza, hacen caso omiso de tales aberraciones, no profundizan en su debacle y sencillamente le “echan la culpa del desastre” al mentiroso de Saca y al triste y descolorido payaso que pusieron como candidato presidencial. Una vez más reiteramos que esa desvergonzada corrupción, ese repartirse los bienes del Estado, de corromper y prostituir todas las instituciones, los ha llevado al punto sin retorno, porque por más apuestas de liderazgo, o fingida unidad que aparenten, no podrán levantarse ni volver a dirigir los destinos de esta nación; sólo errores garrafales del FMLN les podrían abrir un pequeña rendija, o quizás también ese analfabetismo político que caracteriza a miles de compatriotas. Los desvíos de sus apóstatas, son curiosamente, los que ahora se disputan cargos de dirección; pero también de evidentes culpas de un sonoro fracaso político.
Esta confusión ha llegado a sus límites máximos. Y hoy vemos que el signo característico y la apuesta de Arena es “hacer una oposición vigilante y constructiva”; los que en veinte años no permitieron o aceptaron rectificación de muchas desviaciones inconsultas (mencionemos dos: la aprobación del aumento al IVA y la dolarización), ahora pretenden encender los cirios en la iglesia, cobrar la limosna o los diezmos y señalarle el rumbo o el destino de la patria a los salvadoreños. Por el contrario, nosotros esperamos que el gobierno del FMLN vaya al fondo de la cuestión, que no sólo rectifique muchas de las medidas nefastas de los gobiernos de Arena, que no se detenga en la maniobra política y en la audacia verbal, y vaya hasta una tarea efectiva; en esa medida el gobierno dirigido por Mauricio Funes estará contribuyendo a fijar su imagen en la historia de nuestro país, como el presidente que al devolver a la acción gubernamental la mística de justicia y dignidad que buscaron tantos patriotas en el pasado, puso a prueba la capacidad política del salvadoreño para desistir de la violencia revolucionaria como único motor de cambios, ajustes y nuevos equilibrios sociales. Si se queda en las palabras la acción regenerativa, será quizás inevitable que este país se vea obligado a vivir otra etapa de violencia y tempestades.





1 comentarios:
Y todo del y para El Pueblo.. ya no más oligarquía!
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