La débil democracia aperturista se resquebraja, irremediablemente se rompe desde su base y se ve desmentida por la violencia misma del sistema; esa paz, aparente y en verdad mendaz y deformadora, nunca ha existido sino en la dimensión de las palabras de transparencia más abstracta; esa placidez desarrollista que la más alta autoridad del país declaró y promovió en el concierto de las naciones del mundo, se ha caído como castillo de naipes con un golpe de Estado, perpetrado por la jauría y los gorilas bajo la tutela de una minoría privilegiada que nunca aceptó la agenda de mínimos cambios sociales y económicos impulsados por el presidente José Manuel Zelaya Rosales, en Honduras.
El tibio programa reformista del partido Liberal se descoyunta enfrentado con la incómoda realidad, esa realidad de atropellos, represiones y violaciones a la Constitución cometidos no sólo por los mismos poderes Legislativo y Constitucional, sino por la oligarquía, verdadero poder en el trono y los gorilas que desde siempre han sido su aparato de dominación y represión. El golpe de Estado del pasado domingo confirman la tesis de la violencia, de la negación de los valores constitucionales, del Estado de Derecho y otros principios que ellos mismos supuestamente defienden y esgrimen cuando así conviene a sus espurios intereses de clase.
Ese terrible y grotesco hecho inconstitucional, no sólo prolonga y agudiza la precaria y débil institucionalidad en Honduras, sino que le abren nuevos caminos al ejercicio de los ataques físicos y al uso indiscriminado de armas de fuego, de tanques y bayonetas contra los estudiantes, los campesinos o cualquier grupo opositor. Por supuesto, el origen y el desarrollo, vertiginoso y sanguinario, de los hechos ocurridos en la hermana república, no pueden juzgarse con una óptica maniquea; pero el mismo modo que ello es imposible, y sería aun deshonesto, precipitado e irresponsable, también es coherente afirmar que el estado de cosas que han conducido a tales dramáticos episodios es obra del sistema político hondureño, del poder económico de los grupos de poder, del papel nada ético de la prensa, del atraso medieval de los militares, de la conciencia retardataria de funcionarios ineptos y excesivos de los poderes judicial y legislativo.
El golpe de Estado cometido contra un gobierno electo democráticamente, bajo las mismas normas aprobadas por la oligarquía, supone la negación del Estado de Derecho, de la convivencia pacífica y de todas las leyes recogidas en el texto constitucional. Las mejores intenciones no podrán avanzar en ningún sentido, absolutamente en ninguna dirección, mientras en Honduras se mantengan un gobierno de facto, una cúpula militar retrógrada, anclada en la prehistoria y una oligarquía sanguinaria, hipócrita y apátrida.; mientras el sistema policiaco sea la vía de las “prácticas políticas”; mientras se propicie la provocación, se mantenga intacto a grupos represivos y a una prensa banal; mientras se permita que individuos como el Fiscal General de la República desvirtúen la naturaleza de los hechos en función de oscuros compromisos.
Mientras se desinforme y se calumnie a autoridades legalmente constituidas con quienes en última instancia se puede discutir; mientras no se encarcele a los responsables intelectuales y materiales y se deslinden responsabilidades diversas en el incruento golpe de Estado; mientras no se esté dispuesto a investigar a fondo, sin temor a las amenazas fascistas. Los hechos de Honduras son un aviso para el resto de gobiernos democráticos del continente, la fiera está herida, pero no agonizante; los poderes mediáticos se mantienen con banderas levantadas, los gorilas están en las jaulas, pero las llaves de los candados están en poder de los grupos económicamente poderosos, de la burguesía y la oligarquía. Los gobiernos que están dispuestos “al cambio”, a introducir serias reformas en el modelo económico y social de sus países, deben apoyarse en el pueblo, organizar a la población, porque es la única garantía de hacer efectivas todas las conquistas sociales.





1 comentarios:
Estoy totalmente de acuerdo con tu analisis y lo acontecido en Honduras debe servir para que Funes y el frente no se duerman y caigan en la trampa que les esta tendiendo la oligarquia nacional con el cuento de "la proteccion a la constitucion y la democracia", Funes y su gabinete tienen que ser muy astutos y como tu dices, si no organizan al pueblo, seran facil presa de esta rabiosa oligarquia que junto a los gorilas que tienen enjaulados solo esperan el momento oportuno para atacar. Funes tien que empezar con sacar a tanto malacate oreja que sigue trabajando en las entidades gubernamentales y que no representan ni al pueblo, ni al partido como por ejemplo, Ochoa,Lainez y tantos otros que prestan servicio en los diferentes consulados y embajadas del pais en el mundo. Si se voto por el cambio, ese cambio tiene que darse!.
Saludos!
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