14.12.09

Por una política exterior independiente

Más allá de la apertura de relaciones con Cuba, la política exterior no ha variado gran cosa y se mantiene dentro de los parámetros de normalidad, sin sobresaltos de ninguna especie y más atendiendo a austeridad, al sano juicio y quizás en cierta medida a la cordialidad y a no “causar disgustos” al socio mayor en materia comercial y política. El viaje reciente del canciller Hugo Martínez, a los Estados Unidos de Norteamérica, nos indica el rumbo preciso que va tomando nuestra diplomacia: el dejar hacer y el dejar pasar.

En lo particular creemos que en el trabajo diplomático la actividad se aplana reduciéndose a las rutinas simples de las visitas de cortesía a colegas y mandatarios, a la extensión de visados a turistas de buena voluntad y a la colocación de ofrendas florales al pie de los monumentos nacionales indicados. Por eso la importancia del conocimiento, la experiencia de ser posible, el dominio de ciertos idiomas, el buen nivel cultural, de los embajadores, sobre todo en países como Estados Unidos, en donde no habrá de limitarse a manejar con más o menos soltura tales y cuales fórmulas de cortesía y a exponer, una vez sí y otra también, los propósitos amistosos que ahí nos animan.

Debe tener el diplomático que nos represente una tarea de altísima importancia por la posibilidad de traducirla en mutuas enseñanzas valiosísimas. Tomar para nosotros las mejores experiencias norteamericanas en los métodos de solución aplicados a problemas de gran envergadura, algo a lo que es muy dado ese país. Desde luego, no copiar malas políticas ni repetir errores. Lo mismo aplica para nuestro representante en Cuba, quien debe prestar mucha atención a grandes programas de beneficio a la población como digamos, la educación masiva del pueblo cubano, el sistema integral de salud, la prevención de desastres naturales y el deporte como derecho del pueblo.

La política exterior, por tanto, está muy por encima de simples cortesanías. Debería buscar, en realidad, sumar el esfuerzo del país propio a las más fecundas corrientes del pensamiento y el trabajo ajenos, sin interferir en éstos ni comprometer aquél. No es, pues, labor distante ni desarticulada de la actividad general interna del país en juego; sino al contrario, la política exterior es reflejo fiel, producto lógico y consecuencia obligada de la mecánica social, económica y política de la nación que proyecta. En los años anteriores, los gobiernos derechistas se han plegado sumisa y vergonzosamente a los designios y mandatos de la potencia imperial, actuando por razones ideológicas y dejando a un lado los grandes intereses y necesidades de nuestro país. Esto debe terminar y desde un principio dejar sentada nuestra independencia y autonomía para establecer relaciones diplomáticas y comerciales con todos aquellos países del mundo que puedan contribuir al progreso y desarrollo sostenido de El Salvador.

Quiere decir esto que, si nuestra política exterior ha sido tradicionalmente sumisa y dependiente de los dictados de los intereses de otros gobiernos y naciones, es hora de redimirnos, de comenzar a respetar el derecho ajeno, ser defensores intransigentes de la autodeterminación de cada pueblo, pacifistas incambiables, solidarios con los problemas de todos los hombres y mujeres de buena voluntad en el planeta, unir nuestra voz a la de los pueblos todavía oprimidos y prestar el hombro fraternal al de los países débiles, no adoptar poses teatralizantes sino expresar una convicción sostenida. Debemos dejar en el olvido ese actuar por conveniencia o por no “molestar” a la gran potencia. Se nos debe respetar por nuestros principios e independencia, no por lástima o por la estrechez territorial.

En el caso de Honduras, debemos actuar con firmeza rechazando al nuevo gobierno surgido de elecciones irregulares, puesto que fueron convocadas por un régimen de facto. Si otros países como Estados Unidos, Costa Rica, Panamá y Colombia han dado su visto bueno al presidente electo, sus razones o “presiones” habrán tenido; pero si nuestra política exterior se mantiene firme, ecuánime y respetuosa del Estado de Derecho, de la legitimidad y hasta de la “democracia” representativa, estamos en la obligación más que en el deber de rechazar a esas autoridades. Con ello se estaría fortificando nuestro principio imbatible de soberanía nacional no sólo rechazando intromisiones declaradamente pro consulistas sino apoyando el establecimiento de gobiernos verdaderamente democráticos.

Lo decimos porque creemos que este gobierno está dando los pasos necesarios para robustecer la economía interior diversificando los mercados internacionales de venta y, en fin, se ha puesto en marcha la reestructuración de fondo del cuerpo diplomático –tan dudosa y temerosa en un principio—para su necesaria modernización en fomento de su mayor eficacia en las complejas funciones que hoy tiene encomendadas. Como nación brotada, en parto doloroso, a una precaria independencia, presionada constantemente para mantenerla sometida a los dictados de determinada potencia y por los intereses mercenarios que revuelven al mundo, hemos transitado por la historia con luces y con sombras, entre infamias y glorias; la mayor de las veces avergonzándonos los salvadoreños de dignidad por las políticas sumisas de gobiernos derechistas.

En fin, este gobierno está en la obligación de mantener una línea impecable de política exterior, no sólo para recobrar nuestra dignidad y soberanía como nación, sino para mostrar a otros pueblos del mundo que es posible actuar con generosidad, valor, altura y nobleza a pesar de nuestras limitaciones económicas y estrechez territorial. Si al final del quinquenio se cumplen estos postulados, el pueblo salvadoreño estará más que agradecido y dispuesto a conceder cinco o más años a esta corriente política que en su carta ideológica y de principios se proclama revolucionaria, socialista y democrática.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

PUES YO HAGO UN LLAMADO A LA CALMA

ES CIERTO TENEMOS PRISA, PERO RECUERDEN QUE ROMA NO SE HIZO EN UN DIA Y QUE TODO PROCESO LLEVA SU TIEMPO

HAY QUE CALMARNOS, PUES FUNES LE ABRIO LA PUERTA AL FMLN Y A LA IZQUIERDA Y LE ABRIO EL CAMINO AL FMLN Y AL SOCIALISMO

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