¿Qué empeño diabólico suscitan en El Salvador de nuestros días esos perversos ataques tan enconados como tempestuosos debates tan inútiles como peligrosos de la derecha recalcitrante contra el partido en el gobierno? ¿Por qué irresistibles estímulos un buen día el presidente de Arena, Alfredo Cristiani extiende la mano al mandatario y se muestra accesible al dialogo y a la concertación y al otro reanuda sus amenazas de desestabilización? ¿qué duende tan burlón, cínico e irresponsable aconseja inmiscuir de manera tan parcial a la iglesia católica en una pretendida reforma constitucional para ratificar la negación de matrimonios entre personas del mismo sexo? Ante una inmensa crisis financiera mundial que irremediablemente nos toca a nosotros ¿no podemos ofrecer un panorama de congruencia, siquiera en el mínimo necesario para entendernos unos a otros y saber que ruta escogemos, por cual marchamos y a qué meta nos dirigimos?
Y en ese tono y escenario plañidero, los medios de publicidad derechista, tan fieles y devotos a la poderosa oligarquía, se desayunaron este martes 29 de septiembre, con el mensaje y las palabras que el profesor Salvador Sánchez Cerén, en su calidad de miembro de la Comisión Política del FMLN, pronunció ante la multitudinaria concentración para respaldar el retorno a la constitucionalidad en Honduras, al tiempo de señalar los peligros que para la estabilidad política de América del Sur y Centro América representan las siete bases militares que los Estados Unidos se aprestan a instalar en Colombia. La reiteración de esta muestra de solidaridad, despertó viejos malestares, más idas y venidas, más vueltas y revueltas, toda proporción guardada, que la piedra filosofal, la cuadratura del círculo o la obsesión de la eternidad.
A los “calenturientos” y siempre cegados por el odio, este tipo de discursos, así como el acercamiento con el gobierno de Venezuela o la apertura de relaciones diplomáticas con Cuba, los hace resucitar viejas hogueras, reavivar fanatismos y resentimientos, en torno al gobierno de izquierda. Sacuden sus añejos trajes, le quitan el polvo a su fósil mente y lanzan el repetido mensaje de pedir a los salvadoreños que “luchen por sus libertades sagradas” o algo así. ¿Quién encendió esa lumbrada que estaba oculta aparentemente bajo frías cenizas del tiempo y de mutua tolerancia que hace al gobierno hacer como si la derecha recalcitrante cumpliera las leyes o al menos mantuviera el supuesto mensaje de tranquilidad? No nos llamemos al engaño, el presidente Funes no debe escuchar “cantos de sirena”, ni aceptar “como bueno”, todo lo dicho por miembros de la cúpula empresarial, lo señalamos, porque ellos no representan la totalidad de los empresarios salvadoreños, ni mucho menos por un ser tan despreciable como Alfredo Cristiani.
Esta bien reclamar unidad para hacerle frente a los graves problemas del país, solicitar el aporte financiero de organismos mundiales y de países solidarios; pero no debe cederse al chantaje o a las amenazas veladas de empresarios reaccionarios y políticos trasnochados que únicamente buscan poner piedras en el camino o colocar estratégicamente cascaritas en el suelo para que resbalen o fracasen los programas sociales del gobierno. El frente común de los “grandes” medios de publicidad, con los sectores más retrógrados y retardatarios del país va encaminado no sólo a minimizar los logros y proyectos de bienestar popular, sino que a crear un clima de inestabilidad que en el corto plazo les signifique réditos para sus perversos proyectos electorales. Si en su agenda permanente figura el problema delincuencial, la crisis económica y el desempleo, es porque sus asesores les recomiendan no “quitar el dedo del renglón” , pues son los temas que más abaten a la población.
El gobierno y sus expertos en comunicación (lamentablemente muy pobre en resultados y proyecciones) deben salirle al paso a todos estos hechos, bien acelerando las medidas para frenar o reducir tanto la delincuencia como el desempleo, así como reactivar la economía, y quitarle las perversas “banderas de lucha” a tan infames provocadores y pitonisas del desastre. No será únicamente con buenos propósitos, reiterados enunciados o slogan que se ponga fin a tan cínica campaña de desconcierto y de rumores encendidos (gobierno fracasa en sus planes contra la delincuencia, ¿cuál fábrica de empleos?, corrupción en la entrega de paquetes agrícolas, gobierno sin definir rumbo en la economía, etc.,), sino con hechos concretos, con planes a corto, mediano y largo plazo que lleguen y beneficien directamente a la población.
Como ya lo hemos dicho en anteriores comentarios, los sectores económicamente poderosos, los que detentan el poder, ya han sido favorecidos en más de 188 años de “vida independiente”, ahora “el turno es del ofendido”, como dijera nuestro poeta mayor Roque Dalton, la hora es para los más vulnerables, los más humildes, los marginados y los oprimidos de este país, los que dieron su voto y su cariño sincero al presidente Funes. Los recalcitrantes, los oscurantistas, los retardatarios de la sociedad, nunca estarán conformes, protestarán por todo, harán “berrinches” a diestra y siniestra, lanzarán permanentes campañas de desinformación y perversos rumores. Por todo eso, con ellos nada, con el pueblo todo.




