A pesar de las presiones, de las dudas y resquemores que despiertan ciertas declaraciones, profundizadas por los medios de propaganda de las derechas reaccionarias, el país tiene hoy más confianza en su gobernante máximo y en el partido que lo llevó a la presidencia, al menos así lo muestran las encuestas que han realizado prestigiosos institutos de opinión, entre ellos la CID Gallup, la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, conocida como la UCA, y las universidades Francisco Gavidia y Tecnológica. Si bien es cierto que han decaído las tácticas represivas tan en boga en los tiempos del PCN y de Arena, ahora se advierten actitudes censurables y hasta cierto punto desalentadoras de grupos opositores que consideran que todos los programas emprendidos desde la presidencia deben estar aprobados y consensuados por la elite económicamente poderosa del país.
Por el contrario, tal como ya lo hemos señalado, grandes sectores de la población quisieran que la política gubernamental exhibiera menos contradicciones y fuera más resueltamente definida, sobre todo cuando se trate de ajustar cambios y aplicar medidas dirigidas a aliviar la dolorosa carga impositiva y a abrir brechas para el sostenido progreso de las mayorías poblacionales. Los salvadoreños también desean que se anulen las contradicciones verbales y de hecho entre altos dirigentes del FMLN y el presidente Funes. Hay ciertas acciones ejecutadas por el Vicepresidente de la República, Salvador Sánchez Cerén, que no ayudan o abonan en nada a la consolidación de este primer gobierno de “izquierda”. De estos deslices se aprovecha la reacción y como dicho está causan desaliento en la población.
La problemática salvadoreña es complicada y, en no pocos casos angustiosa. Al enorme déficit fiscal heredado, a la infame corrupción que fue la característica de los cuatro gobiernos de Arena, a la bancarrota total del Estado, se unió el desastre causado por las torrenciales lluvias e inundaciones que azotaron gran parte del territorio nacional. No son hechos de los que uno pueda sentirse satisfecho, alegre o que llame a la conformidad. Por el contrario, se necesita de la unidad y de la conjugación de esfuerzos para hacerles frente. Ya está visto que del lado de los “poderosos” empresarios e industriales, así como de los políticos sin escrúpulos de las derechas, no se puede esperar nada bueno, por el contrario lo que hemos observado hasta ahora, son furibundos ataques y una oposición sistemática a todo programa o acción reivindicativa. La más leve revisión tributaria les causa pánico pues nunca se “han acostumbrado” a pagar con justicia sus impuestos; lo mismo que las tibias reformas en el sistema educativo.
El país escuchará en estos días, luego de su regreso de Portugal, el diagnóstico de los primeros seis meses de gobierno del presidente Funes. Se ha adelantado que muchos de los ministros y otros funcionarios pondrán “a la orden” sus cargos, algo que dudamos pues apenas se está en el comienzo; pero como es el mandatario el que conduce los rumbos y señala las fórmulas de solución, mucho se puede esperar. De hecho, el responsable del Ejecutivo es el salvadoreño mejor informado de nuestras realidades, toma constantemente el pulso del país y su seguridad; para algunos su actitud ya clásica de no rehuir problemas sino enfrentarlos directa y personalmente, hacen esperar que, por lo menos, algunas de las nubes de nuestro horizonte se disipen y los salvadoreños todos sepamos mejor cuáles son, concretamente, los obstáculos del camino y las fórmulas y procedimientos escogidos para superarlos.
En este caso, pueden ser nombres de ministros y funcionarios de otros rangos, problemas no resueltos o demasiada burocracia. Desde luego, en el medio subyacen las grandes carencias económicas, pues la sola reconstrucción de una bóveda deteriorada o la reconstrucción o construcción total de un puente, se lleva millones de dólares. En el presupuesto general de la nación no estaban contemplados todos estos problemas generados por fenómenos naturales a pesar de que los léperos políticos de la derecha reaccionaria, han acusado al gobierno de no prever los desastres, de no adelantarse a los acontecimientos. Es más, hasta piden interpelar al Ministro de Gobernación para que explique porqué razón no ordenó el desalojo y reubicación de los habitantes de Verapaz, comunidad símbolo del mayor impacto de las torrenciales lluvias e inundaciones. De esta misma forma le podríamos preguntar al ex presidente Francisco Flores y a sus funcionarios de protección civil, ¿por qué no evacuaron a las familias que residían en la colonia Las Colinas, en jurisdicción de Santa Tecla, en el terremoto de enero de 2001?
Pocas veces, como ahora, se muestra tan incierto el camino de El Salvador. Estamos escasos de recursos económicos, los fenómenos naturales encuentran espacio propicio para causar enormes estragos, debido a la vulnerabilidad de nuestro territorio y el crecimiento poblacional no contribuye en nada a la definición de una política generadora de empleos. A todo ello se une la creciente delincuencia común, las pandillas y el crimen organizado. El contrabando es fuerte y no parecen existir suficientes elementos humanos para frenarlo. Son estas horas de confusión en la generalidad y en las particularidades; en lo nacional y en lo internacional. Aquí, cerca, en nuestra vecindad, en Guatemala, pues, naufragan no pocos ideales ante requerimientos indesdeñables y el mayor imperio del mundo, con el cual nos ha ligado una oprobiosa dependencia y entrega absoluta debido a la sumisión de regímenes anteriores, muestra su deterioro moral y las fisuras de sus poderosos recursos, instrumentos políticos y económicos; mientras en Honduras se pone en entredicho la posibilidad de sustituir las normas tradicionales por la vía pacífica. Y, nosotros, empeñados en buscar nuestro propio camino: el de la justicia social con libertad, la independencia económica que nos lleve a la superación de las angustias.






