En marzo del año anterior, como lo hemos repetido hasta el cansancio, los salvadoreños votaron por el cambio y la esperanza, esto expresa varias cosas: dar un giro al gobierno de 360 grados, hacer obras para beneficiar a las grandes mayorías, combatir drásticamente a los corruptos, lo mismo a la delincuencia común, al crimen organizado, el contrabando y la especulación, privilegiar “a los más vulnerables, a los marginados, a los excluidos”, tal como proclamó el mandatario en el discurso de toma de posesión de su cargo y, en síntesis, buscar el apoyo de los obreros, los campesinos, las capas medias de la población, de los profesionales, intelectuales, magisterio nacional, médicos progresistas, cooperativistas y más para garantizar el gran esfuerzo por transformar el país y la sociedad.
Esa búsqueda de apoyo concreto con las mayorías poblacionales debe hacerse no sólo con palabras y llamados a la unidad, sino con medidas concretas. En lo inmediato, por ejemplo, hay un aumento desmedido en las tarifas de agua potable, por lo tanto debe corregirse semejante equivocación, ya sea focalizando subsidios o bajando el precio del preciado líquido a los sectores populares. Esta misma medida debe aplicarse a las medicinas, mientras se aprueba la Ley de Medicamentos, en preparación por el Ministerio de Salud Pública. En el Ministerio de Agricultura y Ganadería debe trabajarse también en un proyecto de aumento a los precios de garantía del maíz y del frijol, cultivos de campesinos pobres; incremento en los salarios de los empleados del Estado; apoyo a las demandas obreras de aumento general de salarios y de semana laboral de 40 horas; revisión inmediata del salario mínimo para elevarlo.
En lo mediato y más profundo, reconocimiento del papel de los trabajadores del campo y la ciudad en la forja de un El Salvador moderno, desarrollado y progresista; admisión de que los derechos de los trabajadores no son dádivas graciosas, sino producto de la lucha histórica del proletariado, sobre todo cuando nos preparamos a celebrar 18 años de la firma del Acuerdo de Paz que puso fin a la lucha armada y dio paso a una sociedad supuestamente más humana, fraterna y solidaria. Debe haber, por lo tanto, una sólida toma de posición del presidente Funes, en dos aspectos fundamentales y complementarios: afirmar que lo positivo y revolucionario en este país, se debe a los más humildes, a los explotados; por otro, el establecer un pacto de solidaridad con ellos, a través de concretas medidas de gobierno, aún tímidas, pero reales. Todo ello marcaría un rumbo único e inequívoco: el responsable del Ejecutivo se propone gobernar con los de abajo y para ellos.
Estas son las señales enviadas por los salvadoreños: debe reconocerse abiertamente y no dar espacios a las especulaciones, ni a los constantes llamados a la división entre el presidente y el FMLN, constantemente esgrimidos por los órganos de propaganda de la fiera en agonía, es decir Arena. El desconocer, hasta hoy, la popularidad del mandatario y el partido, el tratar de oscurecer o disminuir hechos tan evidentes, es nada más pura mezquindad política. Lo cierto es que miles de salvadoreños hemos luchado durante años por cambios radicales en el país y la sociedad; no creemos en medidas tibias, pues no son parches cosméticos lo que necesitamos. Creemos, si, que hemos dado los primeros pasos para que los oprimidos y marginados de siempre se pongan en pie de lucha, se organicen y se movilicen para concretar metas superiores.
El disminuir el papel protagonista del FMLN y de auténticos revolucionarios (lo reiteramos se es revolucionario para toda la vida, no para momentos ni para mientras se compra un carro, una casa y comenzamos a viajar) sólo sirve para confundir y para retrasar el proceso. Del mismo modo, no podemos negar apoyo a ciertas medidas impulsadas por el gobierno (ayudas solidarias a la tercera edad, paquetes educativos y agrícolas, reformas en salud pública, vivienda popular) con el argumento de que son limitadas –cosa que han hecho no pocos críticos de izquierda en sintonía con la derecha retrógrada--, es ponerse en la actitud infantil de “todo o nada”, actitud condenada por la teoría revolucionaria y por la historia, que es la prueba suprema. El negar apoyo a las primeras medidas sociales en siete meses de gobierno, por considerarlas tímidas, es también infantilismo, como lo decía Lenin. Lo importante es exigir más y, sobre todo, proyectos y obras de beneficio popular.
No se trata de apoyar al hombre, sino develar sus posiciones políticas e ideológicas, cuando son correctas o incorrectas. Se aplaude el compromiso progresista y positivo; su incumplimiento se censura. Los salvadoreños al dar su opinión en las encuestas premian el esfuerzo, las promesas concretadas, el trabajar por “los más vulnerables y excluidos”, por mantener en alto la esperanza de acceder al verdadero cambio. No pueden dejar de apoyarse las medidas enunciadas y las hasta hoy materializadas, ni tampoco omisiones de mucho bulto, o errores hasta hoy cometidos. El conceder la parte del pastel más grande a los canales de Telecorporación Salvadoreña (2,4 y 6), es decir 2 millones 800 mil dólares por pago de publicidad para 2010, es demasiado premio para medios de publicidad que atacaron despiadadamente al actual mandatario en la campaña electoral y que desde siempre han enfilado sus baterías contra el FMLN.
El presidente Funes conoce de lo dicho, pues mientras estuvo al frente de un noticiero en Canal 12 sufrió las erradas políticas de Francisco Flores en el reparto de la pauta publicitaria. Los propietarios de este medio de difusión optaron por despedirlo cuando el nuevo mandatario Antonio Saca, los puso en la disyuntiva de decidir por tener acceso a publicidad del gobierno o suprimir su plaza. Los mexicanos son pragmáticos, tanto en política exterior como cuando se trata de la mercancía, no lo pensaron dos veces. Lo último escuchado por miles de televidentes, fue la explicación dada por el entonces presentador Mauricio Funes, en el espacio editorial conocido como “Sin Censura”. Es, por lo tanto, recomendable no caer en las mismas prácticas abusivas y discriminatorias. El titular del ejecutivo no debe temer a las represalias, ni pensar que “el estar bien” con don Boris, redundará en mantener su popularidad. Esta, como dicho está, se adquiere y se acrecienta, con obras concretas, con el apoyo de las mayorías populares. No se puede mantener en el mismo recinto a los lobos junto con los corderos, en exclusivo beneficio de los primeros.
Los teóricos que exigen demasiado y rápido también están cayendo en un grave error. El ingresar a un nuevo modelo económico o un sistema social distinto no es “algo” producido desde arriba, desde las esferas presidenciales. Esto es imposible. La revolución socialista, para ser crudos y concretos, como lo hemos razonado y explicado en anteriores comentarios, es asunto de las masas, no de un presidente. Pretender que el mandatario haga lo que nos corresponde hacer a todos nosotros, es incurable pasividad pequeño burguesa, disfrazada de extremismo político. Lo cual, por cierto, no tiene nada de extraño: el tremendismo verbal es el desahogo de los impotentes políticos. Los salvadoreños poco a poco irán avanzando y entendiendo los beneficios de una sociedad equitativa, de un sistema de salud integral, de un seguro social universal, los alcances de una verdadera reforma educativa.
Por eso el FMLN debe asumir su papel de organizador y movilizador de las masas, de educador de sus militantes. Si los campesinos y los obreros conocen las bondades de un nuevo modelo económico y social, estarán dispuestos a apoyarlo y concretarlo. Si la clase media, los intelectuales y profesionales, están en la misma sintonía, también presionarán “desde abajo” a éste o a un futuro presidente de la república, a ingresar a un “nuevo mundo”, donde la equidad, la solidaridad, el bien común, la democracia participativa sea el eslabón común que nos una a todos. Mientras arribamos a nuevos escenarios y escalones de lucha, apoyemos y reflexionemos sobre las obras y las medidas puestas en práctica por la presidencia de la república, que por lo demás debe también apoyarse en las masas. Lo demás se dará por añadidura. Las medidas limitadas se profundizarán día a día. Y el sueño de los empresarios “modernos y nacionalistas”, como esos por los que suspiran los tránsfugas de Arena, ahora aglutinados en GANA, se irá desvaneciendo en los avatares de la agudización de la lucha de clases. Si, se irá desvaneciendo, porque tal es la voluntad del pueblo.
Esa búsqueda de apoyo concreto con las mayorías poblacionales debe hacerse no sólo con palabras y llamados a la unidad, sino con medidas concretas. En lo inmediato, por ejemplo, hay un aumento desmedido en las tarifas de agua potable, por lo tanto debe corregirse semejante equivocación, ya sea focalizando subsidios o bajando el precio del preciado líquido a los sectores populares. Esta misma medida debe aplicarse a las medicinas, mientras se aprueba la Ley de Medicamentos, en preparación por el Ministerio de Salud Pública. En el Ministerio de Agricultura y Ganadería debe trabajarse también en un proyecto de aumento a los precios de garantía del maíz y del frijol, cultivos de campesinos pobres; incremento en los salarios de los empleados del Estado; apoyo a las demandas obreras de aumento general de salarios y de semana laboral de 40 horas; revisión inmediata del salario mínimo para elevarlo.
En lo mediato y más profundo, reconocimiento del papel de los trabajadores del campo y la ciudad en la forja de un El Salvador moderno, desarrollado y progresista; admisión de que los derechos de los trabajadores no son dádivas graciosas, sino producto de la lucha histórica del proletariado, sobre todo cuando nos preparamos a celebrar 18 años de la firma del Acuerdo de Paz que puso fin a la lucha armada y dio paso a una sociedad supuestamente más humana, fraterna y solidaria. Debe haber, por lo tanto, una sólida toma de posición del presidente Funes, en dos aspectos fundamentales y complementarios: afirmar que lo positivo y revolucionario en este país, se debe a los más humildes, a los explotados; por otro, el establecer un pacto de solidaridad con ellos, a través de concretas medidas de gobierno, aún tímidas, pero reales. Todo ello marcaría un rumbo único e inequívoco: el responsable del Ejecutivo se propone gobernar con los de abajo y para ellos.
Estas son las señales enviadas por los salvadoreños: debe reconocerse abiertamente y no dar espacios a las especulaciones, ni a los constantes llamados a la división entre el presidente y el FMLN, constantemente esgrimidos por los órganos de propaganda de la fiera en agonía, es decir Arena. El desconocer, hasta hoy, la popularidad del mandatario y el partido, el tratar de oscurecer o disminuir hechos tan evidentes, es nada más pura mezquindad política. Lo cierto es que miles de salvadoreños hemos luchado durante años por cambios radicales en el país y la sociedad; no creemos en medidas tibias, pues no son parches cosméticos lo que necesitamos. Creemos, si, que hemos dado los primeros pasos para que los oprimidos y marginados de siempre se pongan en pie de lucha, se organicen y se movilicen para concretar metas superiores.
El disminuir el papel protagonista del FMLN y de auténticos revolucionarios (lo reiteramos se es revolucionario para toda la vida, no para momentos ni para mientras se compra un carro, una casa y comenzamos a viajar) sólo sirve para confundir y para retrasar el proceso. Del mismo modo, no podemos negar apoyo a ciertas medidas impulsadas por el gobierno (ayudas solidarias a la tercera edad, paquetes educativos y agrícolas, reformas en salud pública, vivienda popular) con el argumento de que son limitadas –cosa que han hecho no pocos críticos de izquierda en sintonía con la derecha retrógrada--, es ponerse en la actitud infantil de “todo o nada”, actitud condenada por la teoría revolucionaria y por la historia, que es la prueba suprema. El negar apoyo a las primeras medidas sociales en siete meses de gobierno, por considerarlas tímidas, es también infantilismo, como lo decía Lenin. Lo importante es exigir más y, sobre todo, proyectos y obras de beneficio popular.
No se trata de apoyar al hombre, sino develar sus posiciones políticas e ideológicas, cuando son correctas o incorrectas. Se aplaude el compromiso progresista y positivo; su incumplimiento se censura. Los salvadoreños al dar su opinión en las encuestas premian el esfuerzo, las promesas concretadas, el trabajar por “los más vulnerables y excluidos”, por mantener en alto la esperanza de acceder al verdadero cambio. No pueden dejar de apoyarse las medidas enunciadas y las hasta hoy materializadas, ni tampoco omisiones de mucho bulto, o errores hasta hoy cometidos. El conceder la parte del pastel más grande a los canales de Telecorporación Salvadoreña (2,4 y 6), es decir 2 millones 800 mil dólares por pago de publicidad para 2010, es demasiado premio para medios de publicidad que atacaron despiadadamente al actual mandatario en la campaña electoral y que desde siempre han enfilado sus baterías contra el FMLN.
El presidente Funes conoce de lo dicho, pues mientras estuvo al frente de un noticiero en Canal 12 sufrió las erradas políticas de Francisco Flores en el reparto de la pauta publicitaria. Los propietarios de este medio de difusión optaron por despedirlo cuando el nuevo mandatario Antonio Saca, los puso en la disyuntiva de decidir por tener acceso a publicidad del gobierno o suprimir su plaza. Los mexicanos son pragmáticos, tanto en política exterior como cuando se trata de la mercancía, no lo pensaron dos veces. Lo último escuchado por miles de televidentes, fue la explicación dada por el entonces presentador Mauricio Funes, en el espacio editorial conocido como “Sin Censura”. Es, por lo tanto, recomendable no caer en las mismas prácticas abusivas y discriminatorias. El titular del ejecutivo no debe temer a las represalias, ni pensar que “el estar bien” con don Boris, redundará en mantener su popularidad. Esta, como dicho está, se adquiere y se acrecienta, con obras concretas, con el apoyo de las mayorías populares. No se puede mantener en el mismo recinto a los lobos junto con los corderos, en exclusivo beneficio de los primeros.
Los teóricos que exigen demasiado y rápido también están cayendo en un grave error. El ingresar a un nuevo modelo económico o un sistema social distinto no es “algo” producido desde arriba, desde las esferas presidenciales. Esto es imposible. La revolución socialista, para ser crudos y concretos, como lo hemos razonado y explicado en anteriores comentarios, es asunto de las masas, no de un presidente. Pretender que el mandatario haga lo que nos corresponde hacer a todos nosotros, es incurable pasividad pequeño burguesa, disfrazada de extremismo político. Lo cual, por cierto, no tiene nada de extraño: el tremendismo verbal es el desahogo de los impotentes políticos. Los salvadoreños poco a poco irán avanzando y entendiendo los beneficios de una sociedad equitativa, de un sistema de salud integral, de un seguro social universal, los alcances de una verdadera reforma educativa.
Por eso el FMLN debe asumir su papel de organizador y movilizador de las masas, de educador de sus militantes. Si los campesinos y los obreros conocen las bondades de un nuevo modelo económico y social, estarán dispuestos a apoyarlo y concretarlo. Si la clase media, los intelectuales y profesionales, están en la misma sintonía, también presionarán “desde abajo” a éste o a un futuro presidente de la república, a ingresar a un “nuevo mundo”, donde la equidad, la solidaridad, el bien común, la democracia participativa sea el eslabón común que nos una a todos. Mientras arribamos a nuevos escenarios y escalones de lucha, apoyemos y reflexionemos sobre las obras y las medidas puestas en práctica por la presidencia de la república, que por lo demás debe también apoyarse en las masas. Lo demás se dará por añadidura. Las medidas limitadas se profundizarán día a día. Y el sueño de los empresarios “modernos y nacionalistas”, como esos por los que suspiran los tránsfugas de Arena, ahora aglutinados en GANA, se irá desvaneciendo en los avatares de la agudización de la lucha de clases. Si, se irá desvaneciendo, porque tal es la voluntad del pueblo.





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