Triste papel en verdad de don Nacho Castillo. No lo decimos por su quehacer “periodístico” actual, sino por su conducta profesional a lo largo del tiempo. Recordamos su llegada al país formando parte como camarógrafo de IVEPO, una empresa de comunicación, propaganda y producción dirigida por José Miguel Frites, miembro de la estación de la CIA norteamericana en este país. Eran los días álgidos de la guerra civil, los años 80 cuando gobernaba la Democracia Cristiana y al frente de la presidencia de la república estaba el ingeniero José Napoleón Duarte.
Don Nacho tenía credenciales de prensa tanto de esta oscura empresa, como de cadenas de televisión de otros países. En este carácter ingresaba a distintos escenarios donde las fuerzas insurgentes tenían sus campamentos o “zonas de control”, como les llamaban. También tenía muchos “amigos” militares en los cuarteles. Además de “cumplir” su misión como periodista ¿Qué otras características y objetivos desempeñaba? Se conoce que en esos duros días del conflicto armado a muchos hombres y mujeres de prensa el ejército les permitía ingresar hasta las “profundidades” donde acampaban, hacían sus ejercicios y se movilizaban los contingentes guerrilleros.
A su retorno, las unidades de inteligencia de la fuerza armada, asentadas en los cuarteles regionales, procedían a los “registros” acostumbrados y hacían “copias” de las filmaciones de los camarógrafos, muchas veces en contra de las protestas de los periodistas, al menos de los que siempre han actuado con ética, profesionalismo y respeto a su dignidad como personas. ¿Estaría en este caso don Nacho Castillo o sería acaso uno más de los informantes de la fuerza armada? Lo seguro sí es que mucho de ese material iba a la Embajada de los Estados Unidos, concretamente al jefe de la estación de la CIA, de eso se encargaba don José Miguel Frites. ¿Lo sabía o lo ignoraba don Nacho? Es algo que no conocemos y únicamente él lo podrá revelar.
Don Nacho es graduado de periodista por la Universidad de Chile y, por lo tanto, tiene suficientes credenciales para desempeñar con capacidad (no profesionalismo ni imparcialidad, a las pruebas nos remitimos) su profesión: al fundarse Canal 12, dejó su trabajo en IVEPO y pasó a ocupar la dirección del nuevo noticiero conocido como AL DÍA. Fue una novedad su formato a pesar de ya estar al aire un noticiero en Canal 10, en alguna medida asesorado por “expertos” chilenos. Las noticias ocupaban gran parte de la programación; pero fue su entrevista matinal conducida por dos periodistas la que atrajo mayormente la audiencia de los salvadoreños. El tiempo transcurrió, la Democracia Cristiana se debilitó producto de su corrupción, de las divisiones internas y las ambiciones de políticos sin escrúpulos. Con todo, era una crisis y una caída anunciada luego del pacto firmado con los militares para “gobernar” el país.
La situación es hábilmente aprovechada por Arena que inicia su periodo de veinte años al frente del gobierno. Inmediatamente muchos comunicadores, publicistas y propagandistas se identifican con el programa político e ideológico de este partido, entre ellos, don Nacho Castillo. Posición que no ha variado y que, por el contrario, se ha consolidado hasta nuestros días. Como bien escribe Gabriel García Márquez, “la subvención compromete”. Al menos en los últimos años don Nacho ha ocupado puestos de asesor en la desaparecida Administración Nacional de Telecomunicaciones (ANTEL), en la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos y también en la Corte Suprema de Justicia. Puestos que lamentablemente por nuestro malinchismo entregamos a extranjeros, en desprecio a la capacidad de nuestros compatriotas. Por cierto, ahora que la extrema derecha ha ganado las elecciones presidenciales en Chile, don Nacho debe meditar detenidamente la posibilidad de regresar a su país para incorporarse y colaborar con ese régimen, exactamente a su medida. Igual paso debería seguir don Claudio de Rosa, actual asesor en materia económica de la fracción de Arena en la Asamblea Legislativa. ¿Por qué les gustará tanto nuestro país? ¿será por los salarios ganados o por la hospitalidad ofrecida sin condición alguna por los guanacos?
Quizás don Nacho no sea un militante o miembro de Arena; pero de lo que estamos seguros y lo han comprobado todos los días miles de salvadoreños, es que los programas que ha dirigido en los canales de televisión para los que ha trabajado, han tenido una clara orientación ideológica hacia la derecha, con “ciertas” consideraciones con los políticos entrevistados de esta tendencia y “cargando” los dados contra los políticos de izquierda. Si estamos errados y son equivocadas nuestras apreciaciones, desde ya nuestras más sinceras disculpas a este caballero.
Sin embargo, lo ocurrido la noche de este martes 19 de enero, en la entrevista con el ex presidente del COENA, Antonio Salaverría, nos confirma en nuestras apreciaciones. Don Nacho dio lástima, se mostró en toda su magnitud como “un profesional” de las comunicaciones al servicio de una tendencia política, triste y consternado por la crisis de Arena, preocupado al extremo por la extinción y agonía de una expresión política ultra conservadora, negadora de los valores humanos y al servicio exclusivo de una minoría económicamente poderosa. Durante la campaña electoral pasada, inclinó la balanza a favor del candidato Rodrigo Ávila y sus dardos siempre apuntaron a las “aparentes” contradicciones entre el FMLN y su candidato presidencial, al grado que en las entrevistas el propio Mauricio Funes, se encargó de señalarle tales preferencias, tendencias e incongruencias.
La noche de este martes 19 de enero, le concedió más de dos horas en el espacio de las 8 En Punto, a un personaje anodino, sin credenciales de ninguna naturaleza, más que ser terrateniente, ferviente admirador del fundador de los Escuadrones de la Muerte y ex presidente del COENA. A don Nacho únicamente le falto darle besitos y abrazos y para completar la telenovela echarse a llorar lamentando la enorme e irreversible tragedia del partido Arena. En ningún momento “cuestionó” sus intervenciones y siempre se mostró anuente a sus “críticas” y consideraciones. El señor Salaverría, siempre le recordaba “se lo expresé cuando la vez pasada estuve en su programa”, además de hacerle saber que “a continuación me referiré a su pregunta”, sabiendo que disponía del tiempo suficiente para hacer sus particulares apreciaciones y juzgar cómodamente a sus compinches desde una posición “ahora independiente”. Este triste capítulo, uno más en la pálida historia del periodista chileno, nos lleva a otras consideraciones.
La libertad de permanecer libres
Don Nacho los tratados sobre ética periodística y códigos de honor, nos hablan que la libertad es ante todo una prerrogativa, que el periodista debe poder invocar a favor de su libre expresión. Si usted se ha dado a la tarea de estudiarla, se dará cuenta que este es un derecho concedido por nuestra Constitución, al igual, suponemos, la de su país de origen. La libertad no es una prerrogativa es más bien un deber impuesto a los periodistas y por lo mismo constituye una de las ramas fundamentales de la ética profesional. Usted al proceder en sus entrevistas de una forma tan parcial, mostrándose incluso de palabra a favor de una expresión política determinada, está perdiendo irreversiblemente toda posibilidad de mantenerse libre e independiente y por lo tanto proclive a ser juzgado y llevado al tribunal de las causas populares. Por lo demás, el periodista no es completamente libre. Su situación en alguna medida es ambigua, pues, por un lado es hombre de pluma o de micrófono y por otra parte es asalariado que está al servicio de una empresa, lo que limita su libertad. Sus actuaciones al estar frente a miles de televidentes deben ser profesionales, dignas e imparciales. Asimismo, el hombre de prensa es un ciudadano sujeto a una serie de deberes para con su país, lo que igualmente, limita su libertad. Y como lo hemos dicho, el periodista se encuentra con que su libertad se halla limitada, frente al público, por el deber de la verdad. ¿No le parece entonces que la libertad del periodista es una libertad relativa?
En sus programas de debate, en sus entrevistas, usted está llamado a proceder con la máxima responsabilidad e imparcialidad, no sólo por lo consignado por la ética periodística, sino por respeto a miles de televidentes. Por lo demás, la misma libertad de expresión y de prensa es un deber para los comunicadores. La libertad constituye una de las bases fundamentales de los códigos del periodismo. Un periodista que se respete a sí mismo, a su empresa y a sus televidentes, radio escuchas o lectores, no puede renunciar a toda su libertad y profesionalismo, bajo riesgo de perder su nobleza, con lo que perdería el derecho de ser periodista en el sentido pleno de la palabra. Lamentablemente su conducta lo ha orillado al triste papel de “defensor de causas perdidas” y un multiplicador más de las torpezas de los políticos. En todo caso, para terminar don Nacho, este es un problema de moral individual que depende de la importancia que el periodista dé a sus obligaciones. Usted está obligado a mantener una total independencia frente al gobierno; obligación de mantener independencia frente a los grupos de presión; obligación de mantener independencia frente a las empresas de prensa; obligación de mantener independencia frente a los partidos y dirigentes políticos y obligación de mantener independencia frente al público. Si el caso lo amerita, continuaremos en esta línea porque consideramos un deber nuestro rechazar lo absurdo y fustigar a comunicadores que en esencia deberían tener la obligación de la veracidad y la lealtad para con la población.
Don Nacho tenía credenciales de prensa tanto de esta oscura empresa, como de cadenas de televisión de otros países. En este carácter ingresaba a distintos escenarios donde las fuerzas insurgentes tenían sus campamentos o “zonas de control”, como les llamaban. También tenía muchos “amigos” militares en los cuarteles. Además de “cumplir” su misión como periodista ¿Qué otras características y objetivos desempeñaba? Se conoce que en esos duros días del conflicto armado a muchos hombres y mujeres de prensa el ejército les permitía ingresar hasta las “profundidades” donde acampaban, hacían sus ejercicios y se movilizaban los contingentes guerrilleros.
A su retorno, las unidades de inteligencia de la fuerza armada, asentadas en los cuarteles regionales, procedían a los “registros” acostumbrados y hacían “copias” de las filmaciones de los camarógrafos, muchas veces en contra de las protestas de los periodistas, al menos de los que siempre han actuado con ética, profesionalismo y respeto a su dignidad como personas. ¿Estaría en este caso don Nacho Castillo o sería acaso uno más de los informantes de la fuerza armada? Lo seguro sí es que mucho de ese material iba a la Embajada de los Estados Unidos, concretamente al jefe de la estación de la CIA, de eso se encargaba don José Miguel Frites. ¿Lo sabía o lo ignoraba don Nacho? Es algo que no conocemos y únicamente él lo podrá revelar.
Don Nacho es graduado de periodista por la Universidad de Chile y, por lo tanto, tiene suficientes credenciales para desempeñar con capacidad (no profesionalismo ni imparcialidad, a las pruebas nos remitimos) su profesión: al fundarse Canal 12, dejó su trabajo en IVEPO y pasó a ocupar la dirección del nuevo noticiero conocido como AL DÍA. Fue una novedad su formato a pesar de ya estar al aire un noticiero en Canal 10, en alguna medida asesorado por “expertos” chilenos. Las noticias ocupaban gran parte de la programación; pero fue su entrevista matinal conducida por dos periodistas la que atrajo mayormente la audiencia de los salvadoreños. El tiempo transcurrió, la Democracia Cristiana se debilitó producto de su corrupción, de las divisiones internas y las ambiciones de políticos sin escrúpulos. Con todo, era una crisis y una caída anunciada luego del pacto firmado con los militares para “gobernar” el país.
La situación es hábilmente aprovechada por Arena que inicia su periodo de veinte años al frente del gobierno. Inmediatamente muchos comunicadores, publicistas y propagandistas se identifican con el programa político e ideológico de este partido, entre ellos, don Nacho Castillo. Posición que no ha variado y que, por el contrario, se ha consolidado hasta nuestros días. Como bien escribe Gabriel García Márquez, “la subvención compromete”. Al menos en los últimos años don Nacho ha ocupado puestos de asesor en la desaparecida Administración Nacional de Telecomunicaciones (ANTEL), en la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos y también en la Corte Suprema de Justicia. Puestos que lamentablemente por nuestro malinchismo entregamos a extranjeros, en desprecio a la capacidad de nuestros compatriotas. Por cierto, ahora que la extrema derecha ha ganado las elecciones presidenciales en Chile, don Nacho debe meditar detenidamente la posibilidad de regresar a su país para incorporarse y colaborar con ese régimen, exactamente a su medida. Igual paso debería seguir don Claudio de Rosa, actual asesor en materia económica de la fracción de Arena en la Asamblea Legislativa. ¿Por qué les gustará tanto nuestro país? ¿será por los salarios ganados o por la hospitalidad ofrecida sin condición alguna por los guanacos?
Quizás don Nacho no sea un militante o miembro de Arena; pero de lo que estamos seguros y lo han comprobado todos los días miles de salvadoreños, es que los programas que ha dirigido en los canales de televisión para los que ha trabajado, han tenido una clara orientación ideológica hacia la derecha, con “ciertas” consideraciones con los políticos entrevistados de esta tendencia y “cargando” los dados contra los políticos de izquierda. Si estamos errados y son equivocadas nuestras apreciaciones, desde ya nuestras más sinceras disculpas a este caballero.
Sin embargo, lo ocurrido la noche de este martes 19 de enero, en la entrevista con el ex presidente del COENA, Antonio Salaverría, nos confirma en nuestras apreciaciones. Don Nacho dio lástima, se mostró en toda su magnitud como “un profesional” de las comunicaciones al servicio de una tendencia política, triste y consternado por la crisis de Arena, preocupado al extremo por la extinción y agonía de una expresión política ultra conservadora, negadora de los valores humanos y al servicio exclusivo de una minoría económicamente poderosa. Durante la campaña electoral pasada, inclinó la balanza a favor del candidato Rodrigo Ávila y sus dardos siempre apuntaron a las “aparentes” contradicciones entre el FMLN y su candidato presidencial, al grado que en las entrevistas el propio Mauricio Funes, se encargó de señalarle tales preferencias, tendencias e incongruencias.
La noche de este martes 19 de enero, le concedió más de dos horas en el espacio de las 8 En Punto, a un personaje anodino, sin credenciales de ninguna naturaleza, más que ser terrateniente, ferviente admirador del fundador de los Escuadrones de la Muerte y ex presidente del COENA. A don Nacho únicamente le falto darle besitos y abrazos y para completar la telenovela echarse a llorar lamentando la enorme e irreversible tragedia del partido Arena. En ningún momento “cuestionó” sus intervenciones y siempre se mostró anuente a sus “críticas” y consideraciones. El señor Salaverría, siempre le recordaba “se lo expresé cuando la vez pasada estuve en su programa”, además de hacerle saber que “a continuación me referiré a su pregunta”, sabiendo que disponía del tiempo suficiente para hacer sus particulares apreciaciones y juzgar cómodamente a sus compinches desde una posición “ahora independiente”. Este triste capítulo, uno más en la pálida historia del periodista chileno, nos lleva a otras consideraciones.
La libertad de permanecer libres
Don Nacho los tratados sobre ética periodística y códigos de honor, nos hablan que la libertad es ante todo una prerrogativa, que el periodista debe poder invocar a favor de su libre expresión. Si usted se ha dado a la tarea de estudiarla, se dará cuenta que este es un derecho concedido por nuestra Constitución, al igual, suponemos, la de su país de origen. La libertad no es una prerrogativa es más bien un deber impuesto a los periodistas y por lo mismo constituye una de las ramas fundamentales de la ética profesional. Usted al proceder en sus entrevistas de una forma tan parcial, mostrándose incluso de palabra a favor de una expresión política determinada, está perdiendo irreversiblemente toda posibilidad de mantenerse libre e independiente y por lo tanto proclive a ser juzgado y llevado al tribunal de las causas populares. Por lo demás, el periodista no es completamente libre. Su situación en alguna medida es ambigua, pues, por un lado es hombre de pluma o de micrófono y por otra parte es asalariado que está al servicio de una empresa, lo que limita su libertad. Sus actuaciones al estar frente a miles de televidentes deben ser profesionales, dignas e imparciales. Asimismo, el hombre de prensa es un ciudadano sujeto a una serie de deberes para con su país, lo que igualmente, limita su libertad. Y como lo hemos dicho, el periodista se encuentra con que su libertad se halla limitada, frente al público, por el deber de la verdad. ¿No le parece entonces que la libertad del periodista es una libertad relativa?
En sus programas de debate, en sus entrevistas, usted está llamado a proceder con la máxima responsabilidad e imparcialidad, no sólo por lo consignado por la ética periodística, sino por respeto a miles de televidentes. Por lo demás, la misma libertad de expresión y de prensa es un deber para los comunicadores. La libertad constituye una de las bases fundamentales de los códigos del periodismo. Un periodista que se respete a sí mismo, a su empresa y a sus televidentes, radio escuchas o lectores, no puede renunciar a toda su libertad y profesionalismo, bajo riesgo de perder su nobleza, con lo que perdería el derecho de ser periodista en el sentido pleno de la palabra. Lamentablemente su conducta lo ha orillado al triste papel de “defensor de causas perdidas” y un multiplicador más de las torpezas de los políticos. En todo caso, para terminar don Nacho, este es un problema de moral individual que depende de la importancia que el periodista dé a sus obligaciones. Usted está obligado a mantener una total independencia frente al gobierno; obligación de mantener independencia frente a los grupos de presión; obligación de mantener independencia frente a las empresas de prensa; obligación de mantener independencia frente a los partidos y dirigentes políticos y obligación de mantener independencia frente al público. Si el caso lo amerita, continuaremos en esta línea porque consideramos un deber nuestro rechazar lo absurdo y fustigar a comunicadores que en esencia deberían tener la obligación de la veracidad y la lealtad para con la población.





1 comentarios:
Mira,,, ya vistes al hijo de tu compadre el hermano toby? http://surasway.blogspot.com/2010/01/algunas-fotos-que-me-gustaria-comentar.html
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