23.2.10

Problemas estratégicos de Estados Unidos

Un nuevo mapa político se está configurando en América Latina, no por los gobiernos de izquierda o democráticos ya en pleno ejercicio, sino por los últimos sucesos ocurridos en Honduras, el eslabón más débil del ALBA, en Chile y Panamá donde la derecha recalcitrante ha llegado al poder. Estados Unidos no podía quedarse de brazos cruzados y ver como su “patio trasero” se le estaba yendo de las manos. Obama piensa en grande (o los consorcios y grupos de poder en su país) y no es hombre independiente, se le ha encomendado enfrentar lo más grave y agudo, y posponer lo menos grave y lo latente. Para ello tiene a la representante de los “halcones” del Partido Demócrata, como encargada del Departamento de Estado.

Muy bien recordamos a la señora Hilary Clinton “desconociendo” a los golpistas en Honduras, para lueguito presentar el Plan Arias y darle “una salida honrosa” a la asonada militar. Desde luego, el papel asumido por la Organización de Estados Americanos (OEA) no pudo ser más ingenua y pervertida, escojan ustedes el calificativo más adaptado a sus particulares interpretaciones. Estados Unidos ha dejado muy en claro “su respeto y apoyo a los gobiernos democráticos” surgidos del voto popular; pero también plegados a su estrategia global de dominación política y económica.

Con todo, hay muchas “heridas abiertas” en América Latina. Cuba ya es un ejemplo extraordinario de coherencia política e ideológica; de heroísmo y valentía, de pleno ejercicio democrático, soberano y de autodeterminación. Le sigue el gobierno de Venezuela, reivindicando antiguos derechos y legados de su máximo prócer de la independencia, Simón Bolívar. La posición del presidente Hugo Chávez, es bastante dura y enérgica contra las pretensiones de la oligarquía criolla y los monopolios norteamericanos de mantener sus privilegios y dominio sobre los recursos petroleros y minerales “preciosos”. En Washington no están “a gusto” con los pasos de la Revolución Bolivariana, no es para menos puesto que el objetivo superior es la Construcción del Socialismo del Siglo XXI.

La labor de convencimiento de la Señora Clinton con sus “aliados” en América Latina, para reducir o minimizar el ejemplo del “chavismo” es titánica, pues en el fondo se basa en elementos económicos y de “dominación” de recursos estratégicos, como la enorme riqueza de gas y petróleo en la franja del Orinoco. Es el orgullo imperial el que está en juego, inspirado desde luego en motivos económicos y políticos, de intereses de los poderosos grupos empresariales de los Estados Unidos. Esa herida también está sangrando en Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Argentina, Uruguay y Paraguay. Desde luego, aceptan a “regañadientes” al régimen de Brasil, donde los intereses imperiales apuntan a la mayor reserva acuífera del mundo, asentada en el Amazonas; pero también a las inmensas riquezas petroleras de este país de diez millones de kilómetros cuadrados de extensión territorial.

Por cierto, sintomático es el nombramiento de Thomas Shanon, como embajador en Brasil. Está en la línea o en la idea de interponer los “buenos oficios” de los Estados Unidos para que países como Venezuela, Ecuador, Bolivia y Uruguay, principalmente, cedan paso a sistemas más semejantes a la democracia burguesa, en contraposición a un nuevo modelo de sociedad humano, participativo, con paz y justicia social. Está por verse, desde luego, si esta política pasa de las intenciones a la realidad. No es la hora ni el pasado, cuando los “gorilas”, engendro y resultado nutricio de los norteamericanos en el continente, obedeciendo a un plan concertado, “aceptaban” retirarse a los cuarteles para dar paso a “gobiernos con tinte democrático”.

Para elegir y practicar una política de cambios en las relaciones interamericanas, el presidente Obama no se encuentra en buenos términos con el aparato de poder político en su país. Sus nexos con el Congreso pasan por un difícil periodo, a pesar de haberse aprobado un nuevo sistema de seguridad social, Reforma de Salud, le llaman. También logró en sus inicios la aprobación para enviar más tropas a ese infierno que se llama Afganistán; pero esto no es lo sustancial, quizás clave en esas nunca terminadas luchas de los Estados Unidos por lograr dominio pleno en zonas estratégicas del mundo. Pendiente está todavía la Reforma Migratoria, y una plena reactivación de la economía norteamericana. Obama no puede ignorar que jamás llenaría sus aspiraciones a la reelección presidencial con el apoyo único de los conservadores, los que no son sus congéneres. El voto norteamericano pasa más por el temor que por la esperanza y falta por ver los resultados finales de las aventuras en el Oriente Medio y en los programas “desestabilizadores” en América Latina.

De cualquier modo, tan mal andan las relaciones de los Estados Unidos con Latinoamérica que sería muy difícil empeorarlas. Obama está obligado a darse algún lustre en este campo. Pero nada muy profundo puede hacer mientras afronta los gravísimos problemas económicos internos; piensan, por ello, los estrategas del Pentágono y los “halcones” del Departamento de Estado, que es urgente desestabilizar a los regímenes de Venezuela, Ecuador y Bolivia, para apoderarse “como una vez en la historia” de los recursos minerales de estos países. Para ellos, la estabilidad de Norteamérica pasa por el control de los recursos estratégicos de América Latina, sobre todo si hablamos de petróleo, aluminio, estaño, cobre, hierro, oro y agua; pero en esta región no la tienen tan fácil, como ciertamente ocurrió con la débil y frágil democracia de Honduras.

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