12.2.10

Urgen cambios en la tenencia de la tierra

El rezago agrícola comprende muchos vicios, comunidades campesinas que recibieron promesas de los nefastos regímenes areneros, pero no recibieron tierras; con esta gente el Estado tiene una saldo pendiente, el gobierno actual debe acelerar la entrega de títulos de propiedad, asesoría técnica y créditos blandos y a largo plazo.


El Ministerio de Agricultura y Ganadería tendrá que importar no menos de 500 mil quintales de frijoles para hacer frente a la escasez del grano debido a los fenómenos naturales como la sequía, los fuertes vientos y también por las graves inundaciones provocadas por intensas lluvias que afectaron regiones donde se cultivan muchos cereales. No se habla ahora de la necesidad de una Reforma Agraria o liquidar antiguos latifundios o “poner a trabajar tierras ociosas” para incrementar cultivos y producir los alimentos necesarios. En un país caracterizado por la ofensiva concentración, su aniquilación parece ahora ser cosa del pasado.

Las luchas por la posesión de la tierra han sido cosa cotidiana en este país. Se dijo en el pasado que aniquilar las concentraciones de tierra que no tienen defensa ni religiosa ni política y traspasarla a los campesinos era una sentida reivindicación y una de las soluciones para evitar las confrontaciones, o como dirían los seguidores de Marx y Lenin, la lucha de clases. Los trabajadores del campo, más individual que colectivamente, siempre han querido contar con su propia parcela para dedicarla a determinados cultivos y obtener las cosechas indispensables para la supervivencia del grupo familiar.

Si el gobierno acepta el reto por el bienestar general de la población debe continuar con mayor energía con el programa de entrega de títulos de propiedad para miles de familias rurales todavía sin acceso a la tierra, esta es una de las formas directas de incentivar el cultivo de cereales, especialmente frijol y maíz. “La tierra debe ser para quien la trabaja”, para repetir el lema de lucha de Emiliano Zapata. En un tiempo ya bastante lejano, no teníamos que importar esos productos, incluso teníamos suficiente producción lechera; pero vinieron los conflictos sociales y los terratenientes lejos de contribuir a la solución de la problemática, actuaron de manera egoísta y no aceptaron ni siquiera los Distritos de Riego, como una antesala lógica y sensata a un programa más estructural como la Reforma Agraria. El golpe de gracia lo dieron los nefastos gobiernos de Arena al abandonar totalmente la agricultura y privilegiar las importaciones de toda clase de alimentos.

Los teóricos afirman que una revolución tiene dos fases: una violenta y otra constructiva. De la primera se sabe cuándo comienza y aun cuándo termina. De la segunda nada, sino el principio. Nosotros hemos caminado por diversas tendencias revolucionarias, unas signadas por el espíritu rebelde de nuestra raza y otras conducidas por un ideario marxista o al menos surgido de la evolución y del conocimiento profundo de la injusticia social. El FMLN fue una fuerza de vanguardia por el cambio, esgrimió distintas banderas pero fue la lucha por la Reforma Agraria la que logró aglutinar a miles de campesinos; también profesionales, intelectuales y técnicos. Recordamos al caballero Enrique Álvarez Córdova, nombre que lleva ahora el Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria (CENTA). La tierra, que tanto amó y deseó para sus auténticos propietarios, fue primorosamente abonada con su sangre.

No se trata en el presente de reivindicar viejas luchas gloriosas; pero siempre hay preguntas latentes como ¿habrá en este periodo o en el cercano un verdadero proceso de reforma agraria? ¿Cuándo se finalizará con la liquidación de latifundios? ¿Cuándo habrá auténtica armonía entre pequeños, medianos y grandes propietarios, con los campesinos todavía sin poseer ni siquiera una parcela? Los optimistas argumentan que con el “gobierno del cambio” se “camina, se camina”, como repetía don Quijote a Sancho y luego el gran Machado inmortalizó con la célebre frase de “se hace camino al andar”. Es decir puede haber cierto grado de satisfacción con la entrega de títulos de propiedad o la donación de paquetes agrícolas o ese interesante programa de granjas comunales, experimento de grandes logros en China, pero no es suficiente pues todavía persiste la concentración de tierra en pocas manos, la incesante parcelación con fines habitacionales y lo más grave: el deterioro ecológico, la destrucción del recurso suelo y la extinción de los mantos acuíferos producto de la construcción de presas, carreteras y permisos para la explotación minera.

En muchas zonas del país los campesinos afrontan serios problemas con la falta de agua y no cuentan con los recursos técnicos ni económicos para hacer pozos o poner en marcha programas de riego o goteo. No en balde se dice que la próxima gran lucha de la humanidad será por el agua. Los árabes tienen mucho por decir al respecto. Los Estados Unidos mantienen muchas bases militares cercanas o rodeando el enorme embalse o reserva estratégica y natural como se llama a la zona de la amazonía. Sólo en la parte correspondiente a la Argentina, en la provincia de Entre Ríos cuentan con más de 300 saltos de agua. Así que cada vez que los campesinos salvadoreños reciben su “pedazo” de tierra, debe pensarse también en los agregados económicos y tecnológicos. Así con entera solvencia podremos exigirles mayor dedicación a los cultivos de cereales y otros productos agrícolas necesarios para nuestra alimentación. La tierra, pues, se labora con agua, por eso es preciso captarla y distribuirla.

Pero además de tierra y agua es necesario el crédito, la técnica, la infraestructura para hacer posibles producción y mercado. Por eso nos entusiasma el programa de Casa y techo para todos, es decir vivienda popular, el fortalecimiento y coordinación del Banco de Fomento Agropecuario, con el Hipotecario y el Multisectorial de Inversiones, el reforzamiento y mayor atención al Instituto Salvadoreño de Transformación Agraria y el anuncio de reactivar el Instituto Regulador de Abastecimientos (IRA) o una institución gubernamental parecida. No sabemos nada del Código Agrario, así como del Seguro Agrícola, recursos que necesariamente tienen que recurrir al campo, si de verdad este régimen quiere reivindicar y levantar banderas por los habitantes de las zonas rurales, tradicionalmente abandonados por las políticas estatales.

Con los títulos de propiedad de parcelas agrícolas y otros recursos hacia el campo, esperamos que se dote a los campesinos de nuevos instrumentos jurídicos que permitan defender mejor la causa de la lucha por la tierra y dar seguridad al pequeño propietario que ciertamente contribuye a la producción de cereales y verduras, sobre todo. Ojalá el ISTA también contribuya a la organización campesina, como ya lo hacen los cooperativistas y muchas asociaciones no gubernamentales surgidas luego del Acuerdo de Paz. Nosotros anhelamos una honda transformación administrativa dedicada no sólo a favorecer el sector ganadero, cafetalero o azucarero, sino a esos pequeños empresarios agrícolas dedicados al cultivo y la cosecha de cereales.

Es con hechos más que con palabras como se ataca, con brío aquello que se ha llamado “el gran rezago histórico de la Reforma Agraria”, que se ha originado no sólo en omisiones, sino también en fenómenos sociológicos, como consecuencia de la vieja estructura del coloniaje; de los remanentes feudales; de la heterogeneidad de los grupos sociales, de la excesiva concentración poblacional, misma que se revierte en forma negativa para la vida democrática y que paradójicamente genera la concentración del poder económico y político en terratenientes y que no propicia la integración campesina y la proliferación de cooperativas para actividades comunes. Por cierto, el ejemplo de las comunas chinas y hasta los experimentos de Israel en este campo podrían servirnos mucho en esta etapa de transición. Hay mucho por hacer en el proyectos agrícolas, pero es más importante poner el centro de todas las decisiones a los hombres del campo, el Ministro de Agricultura y Ganadería, Manuel Sevilla, conoce mucho de esto pues si mal no recordamos trabajó de cerca en los Distritos de Riego y en el proyecto de Reforma Agraria con el recordado caballero Enrique Álvarez Córdova.

1 comentarios:

mili.- dijo...

Muy de acuerdo, la tierra tiene que estar en las manos de quienes la hacen producir; existen muchos terratenientes que asaber de que forma se hicieron de tanta tierra que ahora esta ociosa, que vuelvan a sus verdaderos dueños, LOS CAMPESINOS.

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