Quién se pudo haber imaginado hace un par de meses atrás, que los periodistas “jalabolas” que acompañan al presidente Funes en ese su viaje por las tierras del norte, serían aquellos mismos que articularon y lucharon para que el ahora presidente, no llegara a la primera magistratura guanaca.
Lo jodido es que a pesar de lo anterior, nuestro flamante presidente ahora se los lleva de viaje con claras y oscuras intenciones, no nos demos paja! Muchos pensamos que esta es una forma de comprar voluntades y de repetir estupideces del pasado.
Por otro lado, algunos de mis compatriotas no estarán tan acostumbrados a este venezolanismo de “jalabolas”, pero la idea es que se trata de tipos que viven de adular al que ostenta el poder como medio de subsistencia o de manutención de su status quo.
Algunos historiadores argumentan que esto de “jalabolas” tiene la siguiente historia, como génesis de su significado:”Se originó en las cárceles de Venezuela, en donde los presos llevaban grilletes, pesadas bolas de hierro adheridas por una cadena a una pierna, y algunos de ellos, por poderosos o por ricos, conseguían otros de menos jerarquía que cargaban las bolas de metal para aliviarlos y permitirles desplazarse con facilidad”. Como sea que fuese, por ahí anda la idea.
La situación es que estos que se desempeñan en estos tiempos de cambio como los “jalabolas” de Funes, tiene la humillante tarea de aplaudirle los disparates y/o groserías al rosadito. Para adjudicarse los viajecitos de “choto”, estos “jalabolas” deben de celebrarle las bravuconerías y reírse de los chistes sin gracia que acostumbra nuestro tránsfuga presidente.
Te estarás preguntando a quién me refiero con el término de los “jalabolas” y agarrate mi querido compatriota. Nuestro rosadito presidente les ha regalado el viajecito a: Arenacho, Laffita Fernandez y al “Salivoso” Hernández, por mencionar un par.
Figúrate, con nuestros impuestos, estos que ha vilipendiado la mentalidad del colectivo y que han comido en gestiones pasadas a costa del pueblo, cual garrapatas y perfectos “jalabolas” se vuelven a asir de la vanidad y el poco intelecto de un gobernante más.
Lo complicado de la situación no es que estos “jalabolas” o meretrices se vendan al mejor postor, sino que la tan afamada y ausente meritocracia, de alguna forma extraña simplemente los toma en cuenta. La culpa no es del indio, sino de quien lo hace compadre. Por Dios, ahora vamos para atrás.
Lo jodido es que a pesar de lo anterior, nuestro flamante presidente ahora se los lleva de viaje con claras y oscuras intenciones, no nos demos paja! Muchos pensamos que esta es una forma de comprar voluntades y de repetir estupideces del pasado.
Por otro lado, algunos de mis compatriotas no estarán tan acostumbrados a este venezolanismo de “jalabolas”, pero la idea es que se trata de tipos que viven de adular al que ostenta el poder como medio de subsistencia o de manutención de su status quo.
Algunos historiadores argumentan que esto de “jalabolas” tiene la siguiente historia, como génesis de su significado:”Se originó en las cárceles de Venezuela, en donde los presos llevaban grilletes, pesadas bolas de hierro adheridas por una cadena a una pierna, y algunos de ellos, por poderosos o por ricos, conseguían otros de menos jerarquía que cargaban las bolas de metal para aliviarlos y permitirles desplazarse con facilidad”. Como sea que fuese, por ahí anda la idea.
La situación es que estos que se desempeñan en estos tiempos de cambio como los “jalabolas” de Funes, tiene la humillante tarea de aplaudirle los disparates y/o groserías al rosadito. Para adjudicarse los viajecitos de “choto”, estos “jalabolas” deben de celebrarle las bravuconerías y reírse de los chistes sin gracia que acostumbra nuestro tránsfuga presidente.
Te estarás preguntando a quién me refiero con el término de los “jalabolas” y agarrate mi querido compatriota. Nuestro rosadito presidente les ha regalado el viajecito a: Arenacho, Laffita Fernandez y al “Salivoso” Hernández, por mencionar un par.
Figúrate, con nuestros impuestos, estos que ha vilipendiado la mentalidad del colectivo y que han comido en gestiones pasadas a costa del pueblo, cual garrapatas y perfectos “jalabolas” se vuelven a asir de la vanidad y el poco intelecto de un gobernante más.
Lo complicado de la situación no es que estos “jalabolas” o meretrices se vendan al mejor postor, sino que la tan afamada y ausente meritocracia, de alguna forma extraña simplemente los toma en cuenta. La culpa no es del indio, sino de quien lo hace compadre. Por Dios, ahora vamos para atrás.
Kvernicola





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