13.4.10

Acuerdos políticos de frente al pueblo

Si nos atenemos a las cínicas declaraciones del señor Ciro Cruz Zepeda, actual presidente de la Asamblea Legislativa, gracias al papel conciliador demostrado por el Partido de Conciliación Nacional (PCN), es que hemos logrado la gobernabilidad y la estabilidad política en el país. Según esas “sabias” palabras este partido aglutina diferentes tendencias concentradas en el centrismo, respira aires social demócratas, es concertador y el único capaz de adelantar y plasmar alianzas con todos los sectores políticos, económicos y sociales del país. Es, en síntesis, la panacea de las glorias y triunfos de la naciente democracia salvadoreña.

Gracias al PCN, el partido Arena, pudo alentar como victorias singulares y espectaculares, lo que sin los hombres del círculo azul serían simplemente derrotadas adelantadas. La prueba más fehaciente de lo afirmado es que al producirse el divorcio anunciado Arena se encuentra al borde del precipicio, a los umbrales de su fallecimiento. Sin la presencia de este PCN no habría diálogo posible, batalla verbal ni sombra leve de suspenso. Muy satisfecho debe encontrarse el “licenciado” Cruz Zepeda, del alud de apresuradas adhesiones y felicitaciones recibidas luego de su encerrona de más de dos horas con el ex mandatario de la república Antonio Saca, reunión a la que asistió desde luego el presidente de la Corte de Cuentas de la República, Hernán Contreras. Muy poco se conoce de estas conversaciones; pero mucho tienen que ver las investigaciones solicitadas por la dirigencia de Arena al rápido enriquecimiento del señor Saca, así como las acusaciones de estar apoyando económicamente al partido en formación GANA.

En cierto modo muy concreto, los dirigentes del PCN, resultan ante la alianza de todas las corrientes políticas de la derecha, los más esforzados sostenedores de la formalidad de un supuesto régimen democrático puesto que otros partidos pequeñitos o en vías de inscripción en el Tribunal Supremo Electoral, exhiben frecuentes inadaptaciones al papel que les corresponde en esas formalidades o arreglos tras bambalinas. El PCN es un heredero de corrupciones pasadas y permanentes, paredón de la represión de opositores y fiel guardián de los intereses del gran capital. Su más firme respaldo lo encontró en la oligarquía y en su aparato de dominación conocido como la fuerza armada.

El partido FMLN sabe y conoce de la trayectoria de los dirigentes de este partido de la derecha reaccionaria, servil a los más oscuros intereses; pero en su afán de “hacer alianzas” y “firmar acuerdos”, no le importa saludar y abrazar al diablo. Su preocupación oficialista por cuidar de la oposición, como todo campeón de la vanguardia revolucionaria, aún indiscutible, tiene por cultivar “enemigos” contra los cuales destacar y sustentar sus victorias, sean estas reales o aparentes. Una institución seria, digna, con trayectoria revolucionaria, no debería “entrar en componendas” con un partido político de tan aberrante tradición. La suma de votos o los acuerdos para la aprobación de una ley, no debe ser pretexto para claudicar y abjurar principios revolucionarios.

Tanto el PCN como Arena no son enemigos o “amigos” a tomarse en cuenta. Uno sobrevive por violaciones flagrantes a la Constitución de la República. El otro agoniza en el pantano de la corrupción, la prepotencia y el autoritarismo. ¿No es tiempo ya de dar un nuevo paso en el camino de la reivindicación y de la democracia auténtica al abrir paso a la legítima desaparición de semejantes lastres en el escenario político nacional?

Voces oposicionistas de diferentes orígenes se han manifestado tantas veces por esas extrañas “componendas” hechas con un partido de semejantes credenciales. Bien sabemos que la mayoría parlamentaria la tiene el FMLN y que tantas veces por razones desconocidas no hace uso de una total legitimidad no proporcionada por el Tribunal Supremo Electoral, sino por decisión mayoritaria de la población. En cambio, políticos sin escrúpulos tanto del PCN como del partido en formación GANA, únicamente siguen entonando las letanías de antaño sobre robos de ánforas, irregularidades del padrón electoral (simples escaramuzas para ocultar su participación en sendos fraudes electorales) y mayores acuerdos y “consensos” para lograr estabilidad y gobernabilidad. A unos les sobra cinismo e hipocresía y a los otros, pureza mental para cumplir fielmente con los postulados populares.

El FMLN todavía goza del apoyo popular, tiene credibilidad entre la población; pero le falta concretar razones de peso para explicar esas extrañas alianzas con políticos sin escrúpulos del PCN y de GANA. Una prudente medida política debe ser, a nuestro juicio, facilitar de algún modo legalizado que voces disidentes encuentren oportunidad en el Congreso pues no dejan de ser, en todas las circunstancias, voces de crítica que no sólo ayudan a conservar una atmósfera democrática, sino que aleccionan a la mayoría, la obligan a perfeccionar sus procedimientos, a analizar mejor sus actitudes sin que importe, a fin de cuentas, si aciertan en sus inconformidades o sólo proclaman impotencia o resentimiento.

El problema de los diputados disidentes, por ejemplo, es de exclusiva responsabilidad de Arena y ahora del partido en formación GANA. El FMLN o sus dirigentes, no deben actuar como intermediarios o estar saludando “calenturas ajenas”: la corrupción la han cometido los que por 20 años perversamente dirigieron los destinos de este país, y dirigentes políticos sin escrúpulos, como los del PCN y parásitos afines de la Democracia Cristiana y desprendimientos interesados del FMLN como Facundo Guardado, Joaquín Villalobos, Salvador Samayoa y otras ratas del mismo piñal, que avalaron toda clase de sinvergüenzazas.

El pueblo sabe reconocer a sus verdaderos amigos, como también ubica a sus enemigos. Los pactos en la Asamblea Legislativa deben ser conocidos plenamente por la población, jamás hacer arreglos a su espalda, mucho menos con rufianes de la talla de Ciro Cruz Zepeda, Alfredo Cristiani, Guillermo Gallegos o Mario Tenorio. La política es el arte de lo posible, pero también está sustentada por principios éticos, sobre todo cuando se refiere a un partido político surgido de grandes batallas populares y que se considera revolucionario, democrático y socialista.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

El Salvador nunca podrá ser un país donde reine el estado de derecho, cuando existen políticos fatídicos como ese tal ciro cruz (así, con minúsculas), la corte de cuentas no puede ser bien vista, si se ha convertido en una "empresa" del pcn. No entiendo como los ciudadanos de este sufrido pueblo toleramos esto....

Hay gente que dice que cada pueblo tiene el gobierno que merece.... talvez sea cierto, porque me pongo a pensar que las personas que apoyan a los políticos corruptos y sinvergüenzas son gente que comulgan con la corrupción, si ellos estuvieran en ese puesto o alguno similar, también serían corruptos, de otra manera no me puedo explicar porqué no ven nada malo en que los políticos se aprovechen de sus puestos....

Que pena!!!!!!!!!!!!

MariaMarta

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