Los dirigentes de las cúpulas empresariales en un hecho vergonzoso, sumiso, deleznable, le fueron a poner la queja al Subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos, Arturo Valenzuela, que el
FMLN no renunciaba a sus principios originales de instaurar un modelo socialista en El Salvador.
FMLN no renunciaba a sus principios originales de instaurar un modelo socialista en El Salvador.
¿En qué país del mundo los “grandes” empresarios han dado luz verde a la erradicación del sistema capitalista y a la instauración del socialismo, como paso previo al comunismo? Los cambios se han dado en muchas regiones por una revolución triunfante, por decisión soberana de los pueblos expresada en las urnas o por procesos graduales en donde las dictaduras o la corrupción han carcomido los cimientos del modelo o de la sociedad injusta.
El que la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP), la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador (CCIES) y la Asociación Salvadoreña de Industriales (ASI), rechacen un nuevo modelo o una realidad distinta en la manera de administrar el país, para combatir la injusticia y lograr equidad en la sociedad salvadoreña, no debe extrañar a nadie pues es éste sistema capitalista con remanentes feudales el que les ha permitido establecer sus negocios, dominar el comercio exterior, controlar la economía y “sugerir” el marco jurídico para “legalizar” la explotación de los trabajadores.
El Vicepresidente de la República, Salvador Sánchez Cerén, peca de ingenuo al pedirle a los empresarios “no tenerle miedo a construir una nueva sociedad …no tener miedo al socialismo”, porque precisamente estamos hablando de dos modelos totalmente opuestos, uno para favorecer la explotación, la marginación social, la opresión política y la concentración de la riqueza en pocas manos, y el otro para asegurar bienestar a las mayorías poblacionales, establecer un régimen de equidad, democracia plena, seguridad jurídica y social e igualdad en la sociedad.
En la base del capitalismo, como lo establece Marx, se encuentra la propiedad privada de los medios de producción y la explotación del trabajo asalariado. La ley fundamental de la producción capitalista consiste en obtener plusvalía. Sus rasgos principales son la anarquía de la producción, las crisis periódicas, el paro forzoso crónico, la miseria de las masas, la competencia, las guerras, etc.
El diccionario filosófico señala que la contradicción básica del capitalismo –entre el carácter social del trabajo y la forma capitalista privada de la apropiación—se expresa en el antagonismo entre las clases básicas de la sociedad capitalista, el proletariado y la burguesía. La lucha de clases del proletariado, que palpita en toda la historia del capitalismo, toca a su fin, precisamente, con la revolución socialista o un “cambio de modelo” más realista y humano, como propone Sánchez Cerén. Los elementos fundamentales de la superestructura correspondiente a la base capitalista son las instituciones políticas y jurídicas y el sistema de la ideología burguesa. La igualdad política formal proclamada por los ideólogos del capitalismo queda reducida a la nada en virtud de la desigualdad económica; todo el aparato estatal, a la vez es idóneo para excluir de la vida política a las masas trabajadoras.
Actualmente, en el desarrollo de la crisis general del capitalismo, se ha iniciado una nueva etapa, cuya particularidad estriba en que dicha crisis deja de estar vinculada a la guerra mundial. La descomposición del capitalismo se revela más fuerte que en ninguna otra parte en los Estados Unidos, principal país del imperialismo moderno, Estado que se ha convertido en el de la economía militarizada más monstruosa del paro forzoso crónico. Como bien lo han señalado los diversos congresos internacionales de los partidos comunistas: “El capitalismo moderno es hostil a los intereses vitales, a las tendencias progresistas de toda la humanidad”.
El Socialismo, en cambio, es un régimen social surgido como resultado de la supresión del modo burgués (es la propuesta del señor Sánchez Cerén, a los empresarios salvadoreños) de producción y de la instauración de un modelo humanista adaptado a los tiempos actuales, no dominado por la dictadura del proletariado, como proponía Marx y Lenin, sino con el aporte de todos los sectores. Está basado en la propiedad social sobre los medios de producción, propiedad que presenta dos formas: estatal (de todo el pueblo) y cooperativo. La propiedad social determina la inexistencia de clases explotadoras, de la explotación del hombre por el hombre, que las relaciones entre los trabajadores sean de colaboración amistosa y de ayuda mutua.
¿Ustedes creen que los “grandes” empresarios estarían dispuestos a distribuir equitativamente sus millonarias ganancias con todos sus trabajadores? ¿A renunciar a su colección de automóviles de lujo, sus distintas viviendas o casas solariegas ubicadas en la montaña y en la playa? ¿A renunciar a sus viajes de placer al extranjero, a no derrochar a manos llenas enormes cantidades de dinero? Bajo el socialismo, se acaba con toda opresión social y toda desigualdad nacional, con la oposición entre la ciudad y el campo, entre el trabajo intelectual y el trabajo físico (pese a que todavía se conserva una diferencia esencial). En la sociedad socialista, se dan dos clases amigas: la clase obrera y los campesinos, y también la intelectualidad. Las diferencias entre esas dos clases, así como también entre ellas y la intelectualidad, se van borrando gradualmente.
Las relaciones de todos los grupos sociales, unos con otros, se caracterizan por la unidad político-social e ideológica; las de las naciones socialistas entre sí, por ser relaciones de amistad, colaboración fraternal y ayuda mutua. Sobre la base de la propiedad social, bajo el socialismo se desarrolla de manera planificada la economía nacional (el dinosaurio de el diario de hoy, por ejemplo, se opone a la formulación de planes quinquenales y al ordenamiento social y económico desde el Estado, y, por el contrario, propone al gobierno no “meter manos” en el mercado y dejar a las fuerzas del mercado actuar libremente), lo cual es inaccesible al capitalismo. El desarrollo y el perfeccionamiento de la producción social sirven para satisfacer, de manera cada vez más completa, las crecientes necesidades materiales y culturales del pueblo. En términos simples bajo un modelo neoliberal, con remanentes feudales como el nuestro, los salvadoreños son marginados por su pobreza y condición social, no tienen acceso a los sistemas de salud y educación, no gozan de empleos dignos y bien remunerados, nacen en la pobreza y mueren en la extrema pobreza.
La única salida que a los salvadoreños les queda es emigrar masivamente hacia los Estados Unidos. El mafioso ex presidente Alfredo Cristiani, hipócritamente critica el sistema socialista de otros países al expresar que “¿por qué tantos cubanos que han logrado irse de Cuba, lo menos que quieren es regresar a ella? Ellos ya no soportan el socialismo del Siglo XXI”. Para este cínico caballero el modelo capitalista con remanentes feudales que vivimos los salvadoreños, es el máximo descubrimiento económico surgido en los últimos años, pues unas cuantas familias siguen acumulando riquezas y las mayorías poblacionales multiplicando la pobreza. La vida de la sociedad socialista, señor Cristiani, se asienta sobre una amplia democracia; la incorporación de todos los trabajadores a la participación activa en la dirección de los asuntos estatales. El democratismo socialista garantiza tanto los derechos sociales –derecho al trabajo, al descanso, a la instrucción y al servicio médico gratuitos, a disponer de lo necesario en la vejez, igualdad de derechos para la mujer y el hombre, para los ciudadanos de todas las razas y nacionalidades –así como las libertades políticas—las libertades de palabra, de prensa y de reunión, el derecho a elegir y a ser elegido. El socialismo se diferencia de la fase superior del comunismo por el grado de madurez de todos los aspectos de la vida social. El socialismo es un régimen social todavía nuevo, por ello es que en varios países que lo tienen como modelo las fuerzas productivas no están lo suficientemente desarrolladas como para asegurar la abundancia de productos; el trabajo no se ha convertido aún en la primera necesidad vital de todos los miembros de la sociedad. En consecuencia, la distribución de los bienes materiales se lleva a cabo según el principio: de cada uno, según su capacidad; a cada uno, según su trabajo”.
Actualmente se construye en varios países de América Latina, de Asia y Europa, como el Socialismo del Siglo XXI. Es el gran temor de los capitalistas, de los reaccionarios mundiales que lucharán hasta la última gota de sangre para mantener sus miserables intereses, su “derecho” a seguir explotando a los trabajadores, a mantener sus privilegios. La oligarquía de este país no cederá fácilmente y por eso sus permanentes ataques contra todos aquellos luchadores sociales y partidos políticos, en este caso el FMLN, que tienen un ideario perfectamente establecido, al consignar en sus estatutos que son un partido “revolucionario, democrático y socialista”. El conservar estos principios y luchar por la justicia, la paz, la democracia y el bien común, causan resquemores y virulentos ataques de los que por siempre se han lucrado del dolor y el sudor ajenos.
El que la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP), la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador (CCIES) y la Asociación Salvadoreña de Industriales (ASI), rechacen un nuevo modelo o una realidad distinta en la manera de administrar el país, para combatir la injusticia y lograr equidad en la sociedad salvadoreña, no debe extrañar a nadie pues es éste sistema capitalista con remanentes feudales el que les ha permitido establecer sus negocios, dominar el comercio exterior, controlar la economía y “sugerir” el marco jurídico para “legalizar” la explotación de los trabajadores.
El Vicepresidente de la República, Salvador Sánchez Cerén, peca de ingenuo al pedirle a los empresarios “no tenerle miedo a construir una nueva sociedad …no tener miedo al socialismo”, porque precisamente estamos hablando de dos modelos totalmente opuestos, uno para favorecer la explotación, la marginación social, la opresión política y la concentración de la riqueza en pocas manos, y el otro para asegurar bienestar a las mayorías poblacionales, establecer un régimen de equidad, democracia plena, seguridad jurídica y social e igualdad en la sociedad.
En la base del capitalismo, como lo establece Marx, se encuentra la propiedad privada de los medios de producción y la explotación del trabajo asalariado. La ley fundamental de la producción capitalista consiste en obtener plusvalía. Sus rasgos principales son la anarquía de la producción, las crisis periódicas, el paro forzoso crónico, la miseria de las masas, la competencia, las guerras, etc.
El diccionario filosófico señala que la contradicción básica del capitalismo –entre el carácter social del trabajo y la forma capitalista privada de la apropiación—se expresa en el antagonismo entre las clases básicas de la sociedad capitalista, el proletariado y la burguesía. La lucha de clases del proletariado, que palpita en toda la historia del capitalismo, toca a su fin, precisamente, con la revolución socialista o un “cambio de modelo” más realista y humano, como propone Sánchez Cerén. Los elementos fundamentales de la superestructura correspondiente a la base capitalista son las instituciones políticas y jurídicas y el sistema de la ideología burguesa. La igualdad política formal proclamada por los ideólogos del capitalismo queda reducida a la nada en virtud de la desigualdad económica; todo el aparato estatal, a la vez es idóneo para excluir de la vida política a las masas trabajadoras.
Actualmente, en el desarrollo de la crisis general del capitalismo, se ha iniciado una nueva etapa, cuya particularidad estriba en que dicha crisis deja de estar vinculada a la guerra mundial. La descomposición del capitalismo se revela más fuerte que en ninguna otra parte en los Estados Unidos, principal país del imperialismo moderno, Estado que se ha convertido en el de la economía militarizada más monstruosa del paro forzoso crónico. Como bien lo han señalado los diversos congresos internacionales de los partidos comunistas: “El capitalismo moderno es hostil a los intereses vitales, a las tendencias progresistas de toda la humanidad”.
El Socialismo, en cambio, es un régimen social surgido como resultado de la supresión del modo burgués (es la propuesta del señor Sánchez Cerén, a los empresarios salvadoreños) de producción y de la instauración de un modelo humanista adaptado a los tiempos actuales, no dominado por la dictadura del proletariado, como proponía Marx y Lenin, sino con el aporte de todos los sectores. Está basado en la propiedad social sobre los medios de producción, propiedad que presenta dos formas: estatal (de todo el pueblo) y cooperativo. La propiedad social determina la inexistencia de clases explotadoras, de la explotación del hombre por el hombre, que las relaciones entre los trabajadores sean de colaboración amistosa y de ayuda mutua.
¿Ustedes creen que los “grandes” empresarios estarían dispuestos a distribuir equitativamente sus millonarias ganancias con todos sus trabajadores? ¿A renunciar a su colección de automóviles de lujo, sus distintas viviendas o casas solariegas ubicadas en la montaña y en la playa? ¿A renunciar a sus viajes de placer al extranjero, a no derrochar a manos llenas enormes cantidades de dinero? Bajo el socialismo, se acaba con toda opresión social y toda desigualdad nacional, con la oposición entre la ciudad y el campo, entre el trabajo intelectual y el trabajo físico (pese a que todavía se conserva una diferencia esencial). En la sociedad socialista, se dan dos clases amigas: la clase obrera y los campesinos, y también la intelectualidad. Las diferencias entre esas dos clases, así como también entre ellas y la intelectualidad, se van borrando gradualmente.
Las relaciones de todos los grupos sociales, unos con otros, se caracterizan por la unidad político-social e ideológica; las de las naciones socialistas entre sí, por ser relaciones de amistad, colaboración fraternal y ayuda mutua. Sobre la base de la propiedad social, bajo el socialismo se desarrolla de manera planificada la economía nacional (el dinosaurio de el diario de hoy, por ejemplo, se opone a la formulación de planes quinquenales y al ordenamiento social y económico desde el Estado, y, por el contrario, propone al gobierno no “meter manos” en el mercado y dejar a las fuerzas del mercado actuar libremente), lo cual es inaccesible al capitalismo. El desarrollo y el perfeccionamiento de la producción social sirven para satisfacer, de manera cada vez más completa, las crecientes necesidades materiales y culturales del pueblo. En términos simples bajo un modelo neoliberal, con remanentes feudales como el nuestro, los salvadoreños son marginados por su pobreza y condición social, no tienen acceso a los sistemas de salud y educación, no gozan de empleos dignos y bien remunerados, nacen en la pobreza y mueren en la extrema pobreza.
La única salida que a los salvadoreños les queda es emigrar masivamente hacia los Estados Unidos. El mafioso ex presidente Alfredo Cristiani, hipócritamente critica el sistema socialista de otros países al expresar que “¿por qué tantos cubanos que han logrado irse de Cuba, lo menos que quieren es regresar a ella? Ellos ya no soportan el socialismo del Siglo XXI”. Para este cínico caballero el modelo capitalista con remanentes feudales que vivimos los salvadoreños, es el máximo descubrimiento económico surgido en los últimos años, pues unas cuantas familias siguen acumulando riquezas y las mayorías poblacionales multiplicando la pobreza. La vida de la sociedad socialista, señor Cristiani, se asienta sobre una amplia democracia; la incorporación de todos los trabajadores a la participación activa en la dirección de los asuntos estatales. El democratismo socialista garantiza tanto los derechos sociales –derecho al trabajo, al descanso, a la instrucción y al servicio médico gratuitos, a disponer de lo necesario en la vejez, igualdad de derechos para la mujer y el hombre, para los ciudadanos de todas las razas y nacionalidades –así como las libertades políticas—las libertades de palabra, de prensa y de reunión, el derecho a elegir y a ser elegido. El socialismo se diferencia de la fase superior del comunismo por el grado de madurez de todos los aspectos de la vida social. El socialismo es un régimen social todavía nuevo, por ello es que en varios países que lo tienen como modelo las fuerzas productivas no están lo suficientemente desarrolladas como para asegurar la abundancia de productos; el trabajo no se ha convertido aún en la primera necesidad vital de todos los miembros de la sociedad. En consecuencia, la distribución de los bienes materiales se lleva a cabo según el principio: de cada uno, según su capacidad; a cada uno, según su trabajo”.
Actualmente se construye en varios países de América Latina, de Asia y Europa, como el Socialismo del Siglo XXI. Es el gran temor de los capitalistas, de los reaccionarios mundiales que lucharán hasta la última gota de sangre para mantener sus miserables intereses, su “derecho” a seguir explotando a los trabajadores, a mantener sus privilegios. La oligarquía de este país no cederá fácilmente y por eso sus permanentes ataques contra todos aquellos luchadores sociales y partidos políticos, en este caso el FMLN, que tienen un ideario perfectamente establecido, al consignar en sus estatutos que son un partido “revolucionario, democrático y socialista”. El conservar estos principios y luchar por la justicia, la paz, la democracia y el bien común, causan resquemores y virulentos ataques de los que por siempre se han lucrado del dolor y el sudor ajenos.





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