¿Sabe el salvadoreño que marcha mal definitivamente o que avanza con signos de promesa en cada ramo de la actividad pública o privada? Sabe, eso sí, siente por más que casi siempre sin saber las causas, aquello que sufre en carne propia, directamente; pero no tiene ni idea, en cambio, de cuántas y cuántas otras cosas atañen a él y a sus hijos, y al país, en grados de vital importancia. Está desinformado. Y por eso, despolitizado, pues la politización ha de basarse en el examen crítico de las situaciones generales y no sólo en la experiencia individual.
Me lo recordó un vecino el jueves 29 de abril al decirme: “No te recomiendo asistir al desfile del 1 de mayo porque hay rumores de disturbios y desórdenes en las calles…” La fuente era el diario de hoy, hay muchos salvadoreños que desgraciadamente todavía se “informan” con las noticias y los comentarios de este medio de publicidad. Los políticos de la derecha con determinada agenda diaria cuando son entrevistados en la televisión, ramplonamente dicen: leì el diario de hoy lo dijo en su última información. Y santas pascuas.
La despolitización tiene muchos horizontes, así como el desconocimiento de hechos que diariamente atentan contra la supervivencia: los salvadoreños siguen consumiendo huevos de tortuga, ostras y las llamadas “conchas” o curiles, como les dicen en el oriente del país; también siguen talando árboles, botando basura y ripio en las quebradas y ríos, contaminando con aerosoles, vehículos y buses, humo de cigarros, tirando plásticos en las zonas todavía boscosas. Tenemos, sin embargo, suficiente imaginación para suponer que ocurriría si faltasen para siempre el agua y el aire para respirar. Lo mismo que los frijoles y el maíz. La obviedad ahorra comentarios.
Sin embargo, nuestra vida, como le decía a mi “bien informado” vecino, también depende de muchos otros factores y no necesariamente sólo de “aceptar a Cristo”, asistir a los actos religiosos o leer todo el tiempo la Biblia. Es necesario orientar, educar y corregir a nuestros hijos, estar pendientes de sus estudios, de sus amigos, de lo que ven en la televisión o en la computadora. No se trata sólo del alimento biológico, debe examinarse a fondo el sustento ideológico, político y espiritual, si ustedes lo prefieren.
Hay muchas cosas, desde luego. Un trabajo bien remunerado para atender las necesidades del hogar y de la vida diaria. Desgraciadamente también se hace necesario el contar con un medio de transporte, sea propio, alquilado o pagado. No se trata de lujos ni nada por el estilo, simplemente cuestiones de movilización, así como el hierro, el cemento, la madera, la piedra, para edificar o reconstruir la vivienda. Faltándonos todo ello, retrocederíamos –sin esperanza alguna de progreso—a edades pretéritas, estado conocido perfectamente por el director de el diario de hoy.
Desde luego, nos faltan muchas cosas, elementales, como un sistema de empleos para la mano de obra técnica o universitaria surgida todos los años, un clima permanente de seguridad ciudadana, insalubridad escalofriante, alto costo de la vida, desigualdad en la sociedad; pero sobre todo, esa despolitización a la que aludíamos: los salvadoreños todavía tenemos fuertes temores, angustias, miedo hasta el pánico, cuando nos hablan sobre los peligros del Socialismo del Siglo XXI o de que “ya viene Chávez”, para referirse al presidente de la República Bolivariana de Venezuela.
Estos temores se han más fuertes cuando vienen las campañas electorales: por eso miles de salvadoreños sostienen que “el FMLN todavía no puede obtener la presidencia de la república con un candidato surgido de sus propias filas”. Desde luego, esos miedos son acrecentados por los propios errores cometidos por dirigentes y cuadros medios de este instituto político. Nos referimos a militantes que se consideran iluminados, los únicos aptos para desempeñar determinados roles en la sociedad, ocupar puestos públicos u optar a altos cargos, entre ellos la presidencia, diputados y alcaldes.
Los dirigentes del FMLN deben meditar profundamente en todas estas circunstancias, reflexionar en cada acto por realizar o ley por aprobar en la Asamblea Legislativa. Hay miles de salvadoreños que ya perdieron la esperanza o están truncados por lo que consideran “un acto desleal” del actual gobierno, al ceder a presiones u chantajes de los grupos económicamente poderosos o de las transnacionales. No hablan de “cambiar” drásticamente el modelo económico; pero sí de favorecer a las mayorías poblacionales con medidas efectivas como la reducción de la tarifa eléctrica, generación de empleos permanentes y bien remunerados, precios bajos en las medicinas y en productos alimenticios de primera necesidad. También quisieran una investigación a fondo de los actos de corrupción cometidos por funcionarios de los cuatro regímenes areneros. Lo mismo que acciones más efectivas contra la delincuencia y el crimen organizado.
Son medidas puntuales, coyunturales y no estructurales. Los salvadoreños son conformistas, muy pocos apoyan acciones extremistas. El FMLN debe meditar profundamente en todos estos aspectos: dejar a un lado ambiciones personales, descartar a los “iluminados”, escuchar a sus bases, trabajar con mayor tesón con sus reservas, sobre todo la juventud, las mujeres y los campesinos. Crear verdaderos órganos de prensa y apoyar a los medios alternativos que por naturaleza son su soporte. Al gobierno todavía le restan cuatro años, tiempo suficiente para rectificar algunas acciones y proceder a atender las grandes demandas de los sectores populares.
Me lo recordó un vecino el jueves 29 de abril al decirme: “No te recomiendo asistir al desfile del 1 de mayo porque hay rumores de disturbios y desórdenes en las calles…” La fuente era el diario de hoy, hay muchos salvadoreños que desgraciadamente todavía se “informan” con las noticias y los comentarios de este medio de publicidad. Los políticos de la derecha con determinada agenda diaria cuando son entrevistados en la televisión, ramplonamente dicen: leì el diario de hoy lo dijo en su última información. Y santas pascuas.
La despolitización tiene muchos horizontes, así como el desconocimiento de hechos que diariamente atentan contra la supervivencia: los salvadoreños siguen consumiendo huevos de tortuga, ostras y las llamadas “conchas” o curiles, como les dicen en el oriente del país; también siguen talando árboles, botando basura y ripio en las quebradas y ríos, contaminando con aerosoles, vehículos y buses, humo de cigarros, tirando plásticos en las zonas todavía boscosas. Tenemos, sin embargo, suficiente imaginación para suponer que ocurriría si faltasen para siempre el agua y el aire para respirar. Lo mismo que los frijoles y el maíz. La obviedad ahorra comentarios.
Sin embargo, nuestra vida, como le decía a mi “bien informado” vecino, también depende de muchos otros factores y no necesariamente sólo de “aceptar a Cristo”, asistir a los actos religiosos o leer todo el tiempo la Biblia. Es necesario orientar, educar y corregir a nuestros hijos, estar pendientes de sus estudios, de sus amigos, de lo que ven en la televisión o en la computadora. No se trata sólo del alimento biológico, debe examinarse a fondo el sustento ideológico, político y espiritual, si ustedes lo prefieren.
Hay muchas cosas, desde luego. Un trabajo bien remunerado para atender las necesidades del hogar y de la vida diaria. Desgraciadamente también se hace necesario el contar con un medio de transporte, sea propio, alquilado o pagado. No se trata de lujos ni nada por el estilo, simplemente cuestiones de movilización, así como el hierro, el cemento, la madera, la piedra, para edificar o reconstruir la vivienda. Faltándonos todo ello, retrocederíamos –sin esperanza alguna de progreso—a edades pretéritas, estado conocido perfectamente por el director de el diario de hoy.
Desde luego, nos faltan muchas cosas, elementales, como un sistema de empleos para la mano de obra técnica o universitaria surgida todos los años, un clima permanente de seguridad ciudadana, insalubridad escalofriante, alto costo de la vida, desigualdad en la sociedad; pero sobre todo, esa despolitización a la que aludíamos: los salvadoreños todavía tenemos fuertes temores, angustias, miedo hasta el pánico, cuando nos hablan sobre los peligros del Socialismo del Siglo XXI o de que “ya viene Chávez”, para referirse al presidente de la República Bolivariana de Venezuela.
Estos temores se han más fuertes cuando vienen las campañas electorales: por eso miles de salvadoreños sostienen que “el FMLN todavía no puede obtener la presidencia de la república con un candidato surgido de sus propias filas”. Desde luego, esos miedos son acrecentados por los propios errores cometidos por dirigentes y cuadros medios de este instituto político. Nos referimos a militantes que se consideran iluminados, los únicos aptos para desempeñar determinados roles en la sociedad, ocupar puestos públicos u optar a altos cargos, entre ellos la presidencia, diputados y alcaldes.
Los dirigentes del FMLN deben meditar profundamente en todas estas circunstancias, reflexionar en cada acto por realizar o ley por aprobar en la Asamblea Legislativa. Hay miles de salvadoreños que ya perdieron la esperanza o están truncados por lo que consideran “un acto desleal” del actual gobierno, al ceder a presiones u chantajes de los grupos económicamente poderosos o de las transnacionales. No hablan de “cambiar” drásticamente el modelo económico; pero sí de favorecer a las mayorías poblacionales con medidas efectivas como la reducción de la tarifa eléctrica, generación de empleos permanentes y bien remunerados, precios bajos en las medicinas y en productos alimenticios de primera necesidad. También quisieran una investigación a fondo de los actos de corrupción cometidos por funcionarios de los cuatro regímenes areneros. Lo mismo que acciones más efectivas contra la delincuencia y el crimen organizado.
Son medidas puntuales, coyunturales y no estructurales. Los salvadoreños son conformistas, muy pocos apoyan acciones extremistas. El FMLN debe meditar profundamente en todos estos aspectos: dejar a un lado ambiciones personales, descartar a los “iluminados”, escuchar a sus bases, trabajar con mayor tesón con sus reservas, sobre todo la juventud, las mujeres y los campesinos. Crear verdaderos órganos de prensa y apoyar a los medios alternativos que por naturaleza son su soporte. Al gobierno todavía le restan cuatro años, tiempo suficiente para rectificar algunas acciones y proceder a atender las grandes demandas de los sectores populares.





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