Ya lo veía venir mucho antes de la votación, en más de alguna oportunidad, mi parecer respecto a Funes se lo externé a mis allegados de la siguiente forma: “A mí este Funes no me termina de convencer, pero a los de arena, hay que hacerlos desaparecer”.
El objetivo político de aquella coyuntura, ameritaba lavar la ropa sucia en casa y tal como muchos areneros que ahora se quejan de la ineptitud e incapacidad del policía fracasado –nunca expresada en tiempos electorales – en la izquierda, es tiempo de comenzar a hablar de la vanidad, del ausente compromiso con el pueblo y de la prepotencia del candidato Funes.
Les aseguro que más de alguno de ustedes, al igual que este servidor, pudo observar similitudes y paralelismos de Funes con el mentado y tristemente recordado, Pacún Flores.
Afirmo que, mentalmente valoramos la posibilidad de que Funes también le cerrara las puertas al partido que lo llevó al poder y peor aún, al pueblo que lo hizo triunfar.
No ha culminado el primer año de gestión Funes y ya hemos observado que, con su accionar, a inclinado la balanza hacia el poder y el capital. No lo digo yo, ahí están los hechos y las acciones.
También hemos observado, cómo el mandatario ha querido someter y aplacar al partido FMLN, de la mano de sus bravuconerías, vanidad y disque gobernabilidad.
Por tal motivo, no me cansaré de implorar por la llegada a la dirigencia del FMLN, de personas con cabeza fría, muy hábiles, combativos – no peleoneros – y sobre todo, con una visión revolucionaria amplia de mediano y largo plazo.
Por otro lado, razones de peso siempre han existido, las cuales dan vida y sustentan mi aversión al periodista, convertido ahora en presidente. Figúrate que en más de veinte años de periodismos, solo en una ocasión lo vi dar su brazo a torcer; como en aquella entrevista alusiva a la tormenta tóxica, donde una madre de un cipote de esos “drogos” le reclamó airadamente el hecho de no invitar a las partes en conflicto.
Era lógico el reclamo de la madre del cipote “drogo”, ya que el “experto” antidrogas Avilés, se había encargado de hacer leña a los cipotes y Funes, lo había secundado y solapado.
Después de ese evento fortuito para Funes, observé en el entrevistador más recelo, cuido y precaución en su entrevista, y aunque algunas veces le contrapuntearon de forma atinada y correcta, el siempre salió en el caballito blanco que lo caracterizó. No podría ser menos, en su programa el siempre tenía y decía la última palabra.
Pese a todo lo anterior y ante mis ansiedades, muchos albergaron – entre ellos Atlacatl – en sus más íntimas aspiraciones y anhelos, la posibilidad de la conversión real de este mandatario. Dos razones de peso sostenían este sueño:
1. La muerte de un hermano bajo la bota oligarca y derechista.
2. El resorte de fe al que se adhirió el mandatario en su toma de posesión.
No puedo negar que ambas situaciones daban para soñar y valorar una real conversión, pero este que te escribe, es un salvadoreño muy desconfiado e incrédulo de la clase política. Así que, aunque válidas, nunca fueron lo suficiente para cambiar mi incredulidad de cambio hacia la forma de actuar y de responder del entrevistador.
El tiempo ha pasado y de forma inexorable la vida y mi suspicacia terminaron dándome la razón y por tal motivo y si mientras las cosas no cambien, ahora me consideró un salvadoreño en la oposición.
El objetivo político de aquella coyuntura, ameritaba lavar la ropa sucia en casa y tal como muchos areneros que ahora se quejan de la ineptitud e incapacidad del policía fracasado –nunca expresada en tiempos electorales – en la izquierda, es tiempo de comenzar a hablar de la vanidad, del ausente compromiso con el pueblo y de la prepotencia del candidato Funes.
Les aseguro que más de alguno de ustedes, al igual que este servidor, pudo observar similitudes y paralelismos de Funes con el mentado y tristemente recordado, Pacún Flores.
Afirmo que, mentalmente valoramos la posibilidad de que Funes también le cerrara las puertas al partido que lo llevó al poder y peor aún, al pueblo que lo hizo triunfar.
No ha culminado el primer año de gestión Funes y ya hemos observado que, con su accionar, a inclinado la balanza hacia el poder y el capital. No lo digo yo, ahí están los hechos y las acciones.
También hemos observado, cómo el mandatario ha querido someter y aplacar al partido FMLN, de la mano de sus bravuconerías, vanidad y disque gobernabilidad.
Por tal motivo, no me cansaré de implorar por la llegada a la dirigencia del FMLN, de personas con cabeza fría, muy hábiles, combativos – no peleoneros – y sobre todo, con una visión revolucionaria amplia de mediano y largo plazo.
Por otro lado, razones de peso siempre han existido, las cuales dan vida y sustentan mi aversión al periodista, convertido ahora en presidente. Figúrate que en más de veinte años de periodismos, solo en una ocasión lo vi dar su brazo a torcer; como en aquella entrevista alusiva a la tormenta tóxica, donde una madre de un cipote de esos “drogos” le reclamó airadamente el hecho de no invitar a las partes en conflicto.
Era lógico el reclamo de la madre del cipote “drogo”, ya que el “experto” antidrogas Avilés, se había encargado de hacer leña a los cipotes y Funes, lo había secundado y solapado.
Después de ese evento fortuito para Funes, observé en el entrevistador más recelo, cuido y precaución en su entrevista, y aunque algunas veces le contrapuntearon de forma atinada y correcta, el siempre salió en el caballito blanco que lo caracterizó. No podría ser menos, en su programa el siempre tenía y decía la última palabra.
Pese a todo lo anterior y ante mis ansiedades, muchos albergaron – entre ellos Atlacatl – en sus más íntimas aspiraciones y anhelos, la posibilidad de la conversión real de este mandatario. Dos razones de peso sostenían este sueño:
1. La muerte de un hermano bajo la bota oligarca y derechista.
2. El resorte de fe al que se adhirió el mandatario en su toma de posesión.
No puedo negar que ambas situaciones daban para soñar y valorar una real conversión, pero este que te escribe, es un salvadoreño muy desconfiado e incrédulo de la clase política. Así que, aunque válidas, nunca fueron lo suficiente para cambiar mi incredulidad de cambio hacia la forma de actuar y de responder del entrevistador.
El tiempo ha pasado y de forma inexorable la vida y mi suspicacia terminaron dándome la razón y por tal motivo y si mientras las cosas no cambien, ahora me consideró un salvadoreño en la oposición.
Kvernicola





1 comentarios:
Me gusta como escribis y te doy la razon, por cuanto este judas nos domo a todos.
Pero qué decir del Pocote? Por ahi dicen que el Pocote trabaja en el equipo de la Vanda Pignato. Y si te fijas bien, su articulo de "El gobierno y la sociedad que todos queremos", es una reverenda mierda ya que permite al Funes salir en caballo blanco.
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