3.6.10

Exposición innecesaria

Si vos sos de los asiduos a los centros comerciales “cool” de este país, seguramente en este primer año de gestión Funes, en más de una ocasión te los has de haber encontrado a él o a su múcura “vitriniando”.

Con lo anterior no me refiero al derecho o no, del mandatario de dirigirse adonde le plazca, pero el hecho de querer mantener la movilidad que tenía antes tiene sus propias repercusiones.


Por un lado, le supone al estado un despliegue de seguridad impresionante, innesesario y un malestar obvio en la gente del común; al verse cercado o restringidos en su vialidad, por ese chingo de chaneques con los que siempre anda Funes.


Me pongo a pensar un poquito nada más y digo: “Con la autoridad que está investido el mandatario, no creo que a él no se le escurra hablar – telefonear – a Zara, para que le lleven la más reciente colección de invierno”. Solo hace falta que lo veamos comprando mangos de temporada en el Central, eso sería el acabose.


Además, si el mandatario ha descubierto su gran y nueva afinidad por el tiro y las armas, debería de buscar opciones oficiales para desarrollar su “hobby”. En lugar de estar incomodando a gente que visita un polígono de tiro privado, en donde llega personal a capacitarse o a examinarse, con el objeto de buscar una opción laboral.


Con tanto desempleo en este país, se suspenden los procesos de contratación, debido a que Mauricito está tirando. Al comentarle de esto a un amigo me dijo: “Por qué no va a la calle de los locos a tirar?” y yo le dije, no jodas, es otro tipo de tiro al que me refiero, vos queres que le pegue Rosario, perdón Vanda.


Por otro lado, dejando las banalidades a las cuales somete el mandatario a sus allegados y chaneques, entraré a sopesar la pura y vulgar demagogia de este y la ingenuidad inmersa en la misma.


Seguramente te diste cuenta que Funes, para este evento catastrófico de la tormenta Agatha, megáfono en mano, se fue a dizque, socorrer la gente de las faldas del picacho. Dicen que se le salían los gallitos, instando a la gente a salir de sus casas de habitación.


Como en esta patria no hay nada oculto, basta con parar bien las orejas para enterarse que ese evento se programó con mucha antelación y el despliegue en seguridad y comunicacional no se quedó atrás. Habían mandado un contingente previo a decirle a la gente que el mandatario llegaría a su rescate, no joda! Super Funes, con capa y gabán!


Elucubrando de forma maquiavélica te insto a pensar de la siguiente forma: “Qué hubiere pasado, si al momento de esta pantomima mal hecha, se le viene medio volcán encima al mandatario Salvadoreño” No digo a Funes, digo a la entidad, presidente de la república de El Salvador.


Creo que alguien le debe de explicar al mandatario algunos límites, no tiene un cheque en blanco en lo que hace, deja de hacer y en lo que dice. Además, el hecho de andar irresponsablemente como Juan Pueblo, por esta inestable nación, supone descuidar esa institución salvadoreña que se llama: Presidencia de la República.


Kvernicola

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