En reiteradas ocasiones hemos afirmado que una de las grandes carencias nacionales es la falta de sinceridad, honestidad y de claridad –aunque sea mínima—acerca de asuntos políticos, económicos y sociales, más cuando se trata de enjuiciar una labor gubernamental o como en el caso presente supuestamente analizar el primer aniversario de un régimen y del titular del ejecutivo.
Lo vemos todos los días, es parte de una agenda perversa manejada tras bambalinas por personajes oscuros, en las entrevistas por televisión cuando altos dirigentes de ese cadáver ambulante llamado Arena, sin el mínimo pudor y con alta dosis de cinismo e hipocresía, acusan al actual gobierno de corrupción, de incapacidad y de favorecer a determinados sectores, sobre todo en el reparto de paquetes agrícolas. Bien se aplica a estos políticos el refrán popular de “El burro hablando de orejas” o la sentencia bíblica de “hablar de la paja ajena sin reparar en la viga en el propio ojo”. Lo decimos porque en veinte años los cuatro regímenes areneros sumieron al país en una profunda crisis, en una descarada corrupción y en la infame política de crear desempleo para obligar a miles de salvadoreños a emigrar hacia los Estados Unidos y otros países, en busca de oportunidades de trabajo y educación que se les negaba en su propia tierra.
Una campaña tendenciosa, perversa, a la que se dedican miles y miles de palabras en los órganos de propaganda de Arena, como el diario de hoy, lo mismo las noticias difundidas por ciertos noticieros de la televisión donde conocidos conductores responden a la agenda de los dueños del circo. Todo se junta y se resuelve o se fragmenta. Y ninguno de los problemas merecedores de esclarecimiento público es visto en especial y en su conjunto. Ni se establecen nexos entre unos y otros –y jerarquías en la esfera de cada cual—de modo que el bosque no permite ver los árboles y la selva confusionista impide apreciar los bosques. En concreto: el nefasto presidente del Coena, Alfredo Cristiani, acusa de corrupción al ex mandatario Antonio Saca; simplemente por amargura y revanchismo político; pero adrede y calculadamente se olvida del saqueo y de las estafas hechas a la nación por los tres restantes gobiernos de Arena.
El salvadoreño común sabe concretamente lo que marcha o anda mal en el país: sigue la delincuencia (heredada por los regímenes areneros), hay desempleo (heredado por Arena), la agricultura todavía languidece (los cuatro regímenes de Arena abandonaron el agro y apostaron por la importación de toda clase de productos alimenticios, con el pretexto de “los costos se reducen y resulta más barato importar que invertir en el campo”), no hay suficientes medicinas en los hospitales públicos ni en el Seguro Social (los gobiernos de la derecha JAMAS se preocuparon por resolver estos problemas estructurales y, por el contrario, en su momento intentaron privatizar la salud, medida nefasta derrotada por la movilización popular encabezada por el gremio médico). En fin, el salvadoreño, sabe, eso sí, siente por más que casi siempre sin saber las causas, aquello que sufre en carne propia, directamente; pero no tiene ni idea, en cambio, de cuántas y cuántas otras cosas atañen a él y a sus hijos, y al país, en grados de vital importancia. Esta desinformado.
Esto, por supuesto, es aprovechado por políticos sin escrúpulos: mienten y prometen en campañas electorales y apuestan a la nula memoria histórica de los salvadoreños. ¿Cómo se explica, por ejemplo, que en el presente enjuicien al actual gobierno por no hacer nada por combatir la delincuencia cuando en veinte años ellos no hicieron nada, más que fundar agencias de seguridad privada y establecer redes de importación y ventas de armas? ¿Cómo pueden hablar de corrupción en la presente administración cuando sus funcionarios, en los cuatro regímenes, cometieron robos, estafas y desfalcos descarados contra el erario público? ¿O se les ha olvidado los casos de Romeo Majano en el Seguro Social, Raúl García Prieto en el Banco de Fomento Agropecuario, o Carlos Perla en la ANDA, por mencionar sólo tres hechos? O cínicamente afirmar que no se hace nada por apoyar a los agricultores y los cafetaleros cuando precisamente fueron ellos los que abandonaron totalmente la agricultura, llevándose de encuentro a los productores de leche para favorecer a los grandes importadores de leche en polvo. La familia Zablah, por ejemplo.
Conocemos bien todos los casos de corrupción, en cada una de las administraciones de Arena. Expedientes completos descansan en los archivos de la Corte de Cuentas y en la misma Fiscalía General de la República donde se da cuenta de más de mil 500 millones de dólares robados por funcionarios y presidentes de Arena al Estado desde 1990 a 2008. Los “favores” y privilegios otorgados a “grandes” empresas salvadoreñas y a consorcios internacionales. Las licitaciones amañadas para favorecer a ciertas compañías constructoras, como perfectamente lo sabe la Cámara Salvadoreña de la Industria de la Construcción (CASALCO) y la Asociación Salvadoreña de Ingenieros y Arquitectos (ASIA).
Los altos dirigentes de Arena fácilmente se rasgan ahora las vestiduras y acusan a diestra y siniestra al “gobierno del FMLN” (así se argumenta en su campaña gris) de no hacer nada (en apenas un año, cuando ellos tuvieron veinte largos años) para reactivar la agricultura o generar empleo. No somos nosotros los llamados a “defender” al gobierno o al partido de izquierda, para eso ellos cuentan o debían tener, personal de comunicaciones y publicidad; pero sí estamos obligados a orientar a nuestros lectores, a poner las cosas en claro y poner en evidencia las mentiras, las calumnias y el cinismo e hipocresía de la mayoría de dirigentes del partido Arena que por veinte años se aprovecharon de los recursos del Estado para acrecentar sus fortunas y hacerse de toda clase de bienes. ¿O acaso son bromas las residencias construidas o compradas por el ingeniero Carlos Perla, el doctor Quijano, el señor Raúl García Prieto, el señor Rais, el señor Héctor Cristiani o el mismo Antonio Saca?
El río suena desde hace muchos años, las piedras que trae están rellenas de podredumbre y no son los “angelitos” de Arena los indicados para señalar errores o “poner el dedo en la llaga”; la población está desinformada, pero no es tonta y a estas alturas de su penosa vida, sabe donde le aprieta el zapato, dónde están los corruptos y quienes son los políticos que constantemente le mienten y tratan de esconder la mano mientras lanzan la piedra.





0 comentarios:
Publicar un comentario