La ola delincuencial que tantas muertes ha causado en la familia salvadoreña, está creciendo de forma alarmante y quizá, de una manera un tanto sospechosa; sin que las autoridades responsables de nuestra seguridad ciudadana, puedan frenarla o cuando menos, disminuirla.
No nos cabe la menor duda que atrás de este incremento delincuencial hay mano “peluda” y también, nos parece que hay un sector, que se está lucrando económica o políticamente del luto de las mayorías.
Nos es posible que los sectores más poderosos y que más pueden aportar, se mantengan “viendo los toros” atrás de la barrera. En el pasado reciente, cuando el mal ha tocado a sus puertas, se han rebuscado por extinguirlo, nos preguntamos. ¿Por qué no empeñan el mismo esfuerzo en esta oportunidad?
Todos estamos claros que la familia salvadoreña más afectada, es aquella con menos recursos o con menos acceso a opciones laborales dignas. Familias obligadas a mal vivir entre basurales, inundaciones, mareros y delincuencia común.
Estos sectores poblacionales, por siglos, décadas y años han buscado infructuosamente su bienestar mediante el voto, esperanzados en la teoría del “rebalse del vaso”, que las gestiones de los gobernantes les han prometido. Desafortunadamente el bienestar nunca llega y quizá, de no cambiar el “status quo” de nuestros políticos, nunca les llegará.
No podemos negar que se ven esfuerzos en el tema policial, pero siempre se ven superados por las atrocidades que cometen los delincuentes. La familia salvadoreña no soporta más este flagelo y es necesario que se avance rápidamente hacia soluciones concretas, pero sobre todo, soluciones efectivas.
No se vale tampoco, que los partidos políticos pretendan obtener raja política de esta coyuntura, en el pasado hemos visto cómo algunos diputados de la derecha se retratan al lado de los féretros o de los dolientes. Eso es no tener madre y es jugar más sucio que los mismos asesinos.
Se requiere que todos nos unamos y cuando digo TODOS, involucro a las diferentes corrientes de pensamiento, involucro a todos los estratos sociales e involucro a todo aquel que se considere salvadoreño y salvadoreña.
Pero además, los encargados de la seguridad deben de dar muestras claras y contundentes de cambio y que el mismo persiga la generación de confianza en la población salvadoreña.
Muchas de las situaciones que imposibilitan la correcta persecución de esta pandemia que nos abate, pasan por la falta de confianza de la población hacia entidades como la PNC y la fiscalía. Algunas veces, más embelesados en buscar las maneras y formas para que le aumentan su ya, jugoso sueldo o que llegue el tiempo de pensionarse.
Ya se ha mencionado en este foro que, descabezar a las pandillas de sus líderes, puede ser un golpe importante. Pero no se ve por ningún lado, el aislamiento de los principales cabecillas recluidos en los penales del país. Qué están esperando?
Esta emergencia debe de obligar al estado salvadoreño a someter y a exigir a las empresas de telefonía, a suspender cualquier servicio de telefónico en todos los sectores aledaños a los penales. Prohibir definitivamente las llamadas desde los teléfonos sin un registro creíble.
Se debe de comenzar a organizar a los grupos poblacionales en más riesgo y con más sometimiento por parte de las maras. Es momento de crear enlaces directos hacia la denuncia confiable.
Me considero una persona pacifista, pero al observar hechos como la reciente masacre de hermanos y hermanas salvadoreñas, me dan muchos deseos de no serlo.
Aunque nos quiera ganar la impotencia, debemos de aportarle más, a la inteligencia. Como corolario ante lo que estamos observando deberé de decir: Al que madruga Dios le ayuda!
No nos cabe la menor duda que atrás de este incremento delincuencial hay mano “peluda” y también, nos parece que hay un sector, que se está lucrando económica o políticamente del luto de las mayorías.
Nos es posible que los sectores más poderosos y que más pueden aportar, se mantengan “viendo los toros” atrás de la barrera. En el pasado reciente, cuando el mal ha tocado a sus puertas, se han rebuscado por extinguirlo, nos preguntamos. ¿Por qué no empeñan el mismo esfuerzo en esta oportunidad?
Todos estamos claros que la familia salvadoreña más afectada, es aquella con menos recursos o con menos acceso a opciones laborales dignas. Familias obligadas a mal vivir entre basurales, inundaciones, mareros y delincuencia común.
Estos sectores poblacionales, por siglos, décadas y años han buscado infructuosamente su bienestar mediante el voto, esperanzados en la teoría del “rebalse del vaso”, que las gestiones de los gobernantes les han prometido. Desafortunadamente el bienestar nunca llega y quizá, de no cambiar el “status quo” de nuestros políticos, nunca les llegará.
No podemos negar que se ven esfuerzos en el tema policial, pero siempre se ven superados por las atrocidades que cometen los delincuentes. La familia salvadoreña no soporta más este flagelo y es necesario que se avance rápidamente hacia soluciones concretas, pero sobre todo, soluciones efectivas.
No se vale tampoco, que los partidos políticos pretendan obtener raja política de esta coyuntura, en el pasado hemos visto cómo algunos diputados de la derecha se retratan al lado de los féretros o de los dolientes. Eso es no tener madre y es jugar más sucio que los mismos asesinos.
Se requiere que todos nos unamos y cuando digo TODOS, involucro a las diferentes corrientes de pensamiento, involucro a todos los estratos sociales e involucro a todo aquel que se considere salvadoreño y salvadoreña.
Pero además, los encargados de la seguridad deben de dar muestras claras y contundentes de cambio y que el mismo persiga la generación de confianza en la población salvadoreña.
Muchas de las situaciones que imposibilitan la correcta persecución de esta pandemia que nos abate, pasan por la falta de confianza de la población hacia entidades como la PNC y la fiscalía. Algunas veces, más embelesados en buscar las maneras y formas para que le aumentan su ya, jugoso sueldo o que llegue el tiempo de pensionarse.
Ya se ha mencionado en este foro que, descabezar a las pandillas de sus líderes, puede ser un golpe importante. Pero no se ve por ningún lado, el aislamiento de los principales cabecillas recluidos en los penales del país. Qué están esperando?
Esta emergencia debe de obligar al estado salvadoreño a someter y a exigir a las empresas de telefonía, a suspender cualquier servicio de telefónico en todos los sectores aledaños a los penales. Prohibir definitivamente las llamadas desde los teléfonos sin un registro creíble.
Se debe de comenzar a organizar a los grupos poblacionales en más riesgo y con más sometimiento por parte de las maras. Es momento de crear enlaces directos hacia la denuncia confiable.
Me considero una persona pacifista, pero al observar hechos como la reciente masacre de hermanos y hermanas salvadoreñas, me dan muchos deseos de no serlo.
Aunque nos quiera ganar la impotencia, debemos de aportarle más, a la inteligencia. Como corolario ante lo que estamos observando deberé de decir: Al que madruga Dios le ayuda!
Atlacatl
el-salvador.blogspot.com





0 comentarios:
Publicar un comentario