No te parece que el alcalde de San Salvador – al que cariñosamente llamamos “La Llorona” de la Escalón – se está asiendo de una coyuntura extraña, muy bien articulada mediáticamente y que le beneficia en ese sueño húmedo de ingresar a la categoría de presidenciable. Yo a este tipo no le creo ni el bendito, por Dios!!
Uno de los éxtasis en esta pantomima mediática a la que me refiero, lo observé en la televisión salvadoreña este mediodía pasado; imagínate que La Llorona estaba asumiendo un escandaloso rol de mártir y por un momento, llegué a pensar que comenzaría a irse en llanto. Por esta que lo pensé.
En este país las cosas se hacen a la brava, con prepotencia, sin acuerdos, entre garrotazos y siempre, los bueyes se colocan adelante de la carreta. Quijano, no es la excepción.
Antes de cualquier cosa, te aseguro que Quijano sabe que hubo "cague", el tiro le ha salido por la culata. Pero no puede dar marcha atrás, ya que políticamente no es correcto y le podría significar una caída interesante en su ambición política. Ponéle coco y vas a ver un nerviosismo en él, muy exacerbado. Cualquier chucho lo puede sentir a leguas.
Un par de ideas, aunque parezca descabellado, antes de comenzar con el garrote, si ya existía una decisión de ordenamiento y sobre todo, si se contaba con un plan integral para lograrlo. Se debió de dar a conocer a todo a los capitalinos, para que estos se involucraran más allá del apoyo superfluo acostumbrado.
Se debió de explicarles a los vendedores que, de forma inminente e inaplazable iban a ser removidos y reubicados. Además, se debió de darles a conocer los nuevos lugares. Para hacer la propuesta tentadora, se podría haber conversado con altos funcionarios de transito, para mover un par de rutas del trasporte público, para que algunas paradas de autobuses fueran muy cercanos a las zonas de reubicación.
Si se hubieran querido poner exquisitos los de la alcaldía, se podría trabajar en leyes secundarias u ordenanzas municipales, que inhabilitaran – en un territorio finito del centro de la capital – a los transeúntes a comprar en lugares no autorizados.
Te aseguro mi hermano y hermana, que lo realizado por el alcalde capitalino no es un ordenamiento, está muy lejos de eso. Te aseguro que estamos en presencia de un relanzamiento electoral.
Sí, Quijano le apostara a resolver el tema de forma real, en este desorden del centro capitalino faltan dos incógnitas que resolver, en esa compleja ecuación. Me refiero por un lado, a los angelitos del transporte público y por otro, a alguna de nuestras costumbres guanacas.
Partamos por algunas feas costumbres guanacas, si el alcalde quisiera apostarle a combatir nuestras falencias como pueblo capitalino, en la TV encontráramos campañas educativas que apunten al ordenamiento o cuando menos, que instruyan al respecto de la disposición de los desechos sólidos, vos has visto alguna?
Si continuamos con la otra incógnita, no he visto ninguna acción en contra de los angelitos del transporte público y los desmanes que hacen en el centro capitalino. Mientras el transporte público ingrese al centro capitalino, el desorden se va a mantener, solo que más móvil.
Después de lo anterior, quiero finalizar con algo que posiblemente no se está considerando y que al menos a este servidor le preocupa y es, el drama humano que en este instante estarán viviendo más de mil familias salvadoreñas que dependen económicamente de estas fuentes de trabajo que Quijano ha cerrado.
Sabemos que estos grupos poblacionales que se desarrollan como vendedores ambulantes, figuran en las franjas con más riesgo de caer en las manos de la delincuencia o las maras.
No será que Quijano está empujando a muchos integrantes de estas pobres familias, a un desfiladero en donde les queda nada más el engrosamiento de clicas. Hay que tener cuidado de que la medicina sea peor que la enfermedad.
Lo que más puede afectar o dañar la integridad mental del ser humano es la incertidumbre y casi mil familias salvadoreñas en este instante, se encuentran en esa situación.
Kvernicola
Uno de los éxtasis en esta pantomima mediática a la que me refiero, lo observé en la televisión salvadoreña este mediodía pasado; imagínate que La Llorona estaba asumiendo un escandaloso rol de mártir y por un momento, llegué a pensar que comenzaría a irse en llanto. Por esta que lo pensé.
En este país las cosas se hacen a la brava, con prepotencia, sin acuerdos, entre garrotazos y siempre, los bueyes se colocan adelante de la carreta. Quijano, no es la excepción.
Antes de cualquier cosa, te aseguro que Quijano sabe que hubo "cague", el tiro le ha salido por la culata. Pero no puede dar marcha atrás, ya que políticamente no es correcto y le podría significar una caída interesante en su ambición política. Ponéle coco y vas a ver un nerviosismo en él, muy exacerbado. Cualquier chucho lo puede sentir a leguas.
Un par de ideas, aunque parezca descabellado, antes de comenzar con el garrote, si ya existía una decisión de ordenamiento y sobre todo, si se contaba con un plan integral para lograrlo. Se debió de dar a conocer a todo a los capitalinos, para que estos se involucraran más allá del apoyo superfluo acostumbrado.
Se debió de explicarles a los vendedores que, de forma inminente e inaplazable iban a ser removidos y reubicados. Además, se debió de darles a conocer los nuevos lugares. Para hacer la propuesta tentadora, se podría haber conversado con altos funcionarios de transito, para mover un par de rutas del trasporte público, para que algunas paradas de autobuses fueran muy cercanos a las zonas de reubicación.
Si se hubieran querido poner exquisitos los de la alcaldía, se podría trabajar en leyes secundarias u ordenanzas municipales, que inhabilitaran – en un territorio finito del centro de la capital – a los transeúntes a comprar en lugares no autorizados.
Te aseguro mi hermano y hermana, que lo realizado por el alcalde capitalino no es un ordenamiento, está muy lejos de eso. Te aseguro que estamos en presencia de un relanzamiento electoral.
Sí, Quijano le apostara a resolver el tema de forma real, en este desorden del centro capitalino faltan dos incógnitas que resolver, en esa compleja ecuación. Me refiero por un lado, a los angelitos del transporte público y por otro, a alguna de nuestras costumbres guanacas.
Partamos por algunas feas costumbres guanacas, si el alcalde quisiera apostarle a combatir nuestras falencias como pueblo capitalino, en la TV encontráramos campañas educativas que apunten al ordenamiento o cuando menos, que instruyan al respecto de la disposición de los desechos sólidos, vos has visto alguna?
Si continuamos con la otra incógnita, no he visto ninguna acción en contra de los angelitos del transporte público y los desmanes que hacen en el centro capitalino. Mientras el transporte público ingrese al centro capitalino, el desorden se va a mantener, solo que más móvil.
Después de lo anterior, quiero finalizar con algo que posiblemente no se está considerando y que al menos a este servidor le preocupa y es, el drama humano que en este instante estarán viviendo más de mil familias salvadoreñas que dependen económicamente de estas fuentes de trabajo que Quijano ha cerrado.
Sabemos que estos grupos poblacionales que se desarrollan como vendedores ambulantes, figuran en las franjas con más riesgo de caer en las manos de la delincuencia o las maras.
No será que Quijano está empujando a muchos integrantes de estas pobres familias, a un desfiladero en donde les queda nada más el engrosamiento de clicas. Hay que tener cuidado de que la medicina sea peor que la enfermedad.
Lo que más puede afectar o dañar la integridad mental del ser humano es la incertidumbre y casi mil familias salvadoreñas en este instante, se encuentran en esa situación.





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