5.7.10

El ejercicio del poder (I)

En sus últimos estertores Arena no descansará en su propósito de mantener el control del poder político, económico y social del país


La pregunta obligada surgió a partir de los intentos de la derecha por desestabilizar y crear problemas al gobierno, no solo por la permanente campaña mediática, sino por una serie de hechos que se están produciendo en la sociedad: el incremento de la delincuencia común, el contrabando y el crimen organizado, así como las amenazas de ciertas empresas de suprimir plazas o de retirar sus inversiones, además de no favorecer un clima de armonía y seguridad social.

La interrogante fue ¿qué lleva al partido Arena, a sus dirigentes y patrocinadores a mantener y potenciar esa férrea lucha y campaña de desprestigio contra el gobierno y el FMLN? Evidentemente es un hecho inaccesible a la mente del hombre: la existencia del poder y, concretamente, del poder político y económico. Se ha dicho, al menos en la teoría de las ciencias sociales, que ese poder siempre lo mantiene la oligarquía. Es, por lo tanto, un hecho incuestionable que un grupo de hombres mandan y el resto obedecen; de que un grupo de personas mantiene el control, administra el Estado y ordena la elaboración de leyes para su beneficio particular, así como las normas de vigencia obligatoria y el otro, las acata y las cumplen, so pena de sufrir las sanciones correspondientes.Las leyes en este y en muchos otros países, se hacen supuestamente para el ordenamiento jurídico y legal de la sociedad; pero todos sabemos que también se promulgan para favorecer a determinados miembros de esta sociedad, para proteger negocios, intercambios comerciales, la defensa de esas publicitadas “libertades” para acaparar riquezas y favorecer los monopolios y la concentración del poder. El poder político, lo conocemos, los acatamos, lo sufrimos y bueno en determinado momento también lo impugnamos; sabemos o creemos saber lo que es el poder y lo que hace, pero la mente humana, jamás ha sido capaz de captar su esencia y su sustancia. El fenómeno del poder, como lo definen los entendidos es, sin discusión alguna, el fenómeno esencial de la vida política.

Desde luego, hay quienes lo ejercen con plena autoridad, mueven las pitas, elaboran tras bambalinas y los títeres se mueven a su antojo. Aquí la impunidad es cosa de todos los días, y lo podemos ver a plena luz del día: el señor Hernán Contreras tiene veinte años de ser el presidente de la Corte de Cuentas de la República, está en este lugar para proteger y esconder los actos de corrupción de empleados públicos de mediano y altos cargos. Es el premio, una de las opciones ofrecidas a sus lacayos por parte de los verdaderos administradores del Estado. El simple, desnudo dato que nos ofrece la realidad, al margen de cualquier dialéctica, así como de doctrinas o ideologías, nos afirma en la convicción de que en las sociedades humanas, siempre se encuentra un órgano unificador o bien coordinador de las actividades de los miembros de dichas sociedades, como una exigencia, ineludible de la posibilidad de la vida en común, del orden y de la paz y, más aún, de la justicia.

En esta situación, la misma realidad objetiva, sin necesidad tampoco de ninguna construcción conceptual, nos muestra –nos descubre por supuesto—la existencia en la vida social de la ambición, la avaricia y la injusticia; pero también de tres factores autónomos, pero relacionados y que Rousseau, precisó con mano y mente maestra: el orden, el poder y la libertad. Trilogía clásica en la que se resumen todos los elementos del problema político. Si este fuera el caso en nuestro amado El Salvador, podríamos agradecer a los constitucionalistas e, incluso, a esos autonombrados “Padres de la patria”; pero lamentablemente son otras las motivaciones las que conducen a estas personas al quehacer político. Aunque en estos tres elementos existan vínculos de parentesco, aunque la libertad sea una especie de poder y el poder una especie de libertad; aunque el orden exista con base en el poder, es sin embargo tan imposible subsumir uno en otro u otros, como suprimir cualquiera de ellos. Es también imposible aislarlos, porque recíprocamente se completan: la libertad tiene necesidad del orden, no sólo porque todo desorden es un obstáculo práctico al ejercicio de ella, sino también por una razón más elevada, porque en su principio, la libertad no es más que la facultad de conformarse, espontáneamente con el orden y porque desde luego, es necesario el orden en el Estado para que tenga lugar la libertad y no únicamente la licencia. Como contrapartida el orden tiene necesidad de la libertad; por sí solo sería inmóvil, pero la ley de la vida es el movimiento y el cambio y la libertad se lo proporciona. En actitud siempre ominosa, queda siempre el poder.

Los dirigentes de Arena de forma hipócrita hablan de mantener “las libertades públicas”, el orden y la democracia; pero simplemente para sus intereses particulares, no para el fin último de la sociedad. Piden “mayor decisión y firmeza” para combatir la delincuencia; pero sus patrocinadores hacen negocios sucios con el lavado de dólares, la evasión fiscal y el contrabando; además de mantener sus varias empresas de importación y venta de armas de fuego y las agencias de seguridad privada. Más allá del orden y la reconciliación de “la familia salvadoreña”, uno de los postulados del Acuerdo de Paz, suscrito en México, en 1992, les interesa a los grupos económicamente poderosos, “las reglas claras”, la garantía de la “libertad y la democracia” para sus propios fines, esto es seguir atesorando riquezas, poder político y económico y mantener al gobierno “ocupado” con cortinas de humo o directamente atendiendo el crecimiento delincuencial, mientras se diluyen LOS GRANDES CASOS DE CORRUPCION de los cuatro gobiernos areneros y SE OCULTAN LOS GRAVES DELITOS DE CONTRABANDO y evasión de impuestos.
El tema da para mucho más y si la interrogante ha sido respondida a medias, es menester seguir en este punto no sólo para reflexionar, sino para clarificar conceptos y descubrir las partes ocultas y las verdaderas motivaciones que llevan a los dirigentes y patrocinadores del partido Arena a mantener esa campaña perversa, fundamentalmente, contra el FMLN. Es la misma receta que aplica la burguesía venezolana contra el régimen del comandante Hugo Rafael Chávez Frías, o contra los gobiernos de Evo Morales, en Bolivia y Rafael Correas en Ecuador. No son bromas ni declaraciones antojadizas lo externado por doña Gloria Salguero Gross, al hacer un parangón entre los sucedido en Honduras con el gobierno legítimamente electo de Manuel Zelaya y lo que podría ocurrir aquí “si son amenazadas las libertades y la democracia”. Sobre este apasionante tema volveremos en próximo comentario.

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