7.7.10

El ejercicio del poder (II)

En el comentario anterior hablaba sobre la trilogía clásica en los que se resumen todos los elementos del problema político: el orden, el poder y la libertad, y como seres sin escrúpulos, cínicos e hipócritas esgrimen tales valores en todo momento para justificar sus actuaciones y engañar al pueblo, sobre todo cuando acusan a sus rivales, el FMLN principalmente, de subvertir el orden, atentar contra “las libertades y la democracia” y pretender instaurar en el país “el socialismo del Siglo XXI”, sistema o régimen social que desconocen y que fundamentalmente está basado en la propiedad social sobre los medios de producción.

No todo se sinteriza en la trilogía citada pues también hay tres incentivos fundamentales dominando la vida del hombre en la sociedad, además de regir la totalidad de las relaciones humanas, a saber: el amor, la fe y el poder, de manera misteriosa, unidos y entrelazados. Nos han enseñado como el poder de la fe mueve montañas y el poder del amor es el vencedor de todas las batallas (“Todo lo vence el amor, todo lo puede el dinero, todo lo consume el tiempo y todo acaba con la muerte”, decía el poeta nicaragüense Rubén Darío); pero, no es menos propio del hombre el amor al poder y la fe en el poder. La historia muestra cómo el amor y la fe han contribuido a la felicidad del hombre y cómo el poder a su miseria.

Sin embargo, hay algo común en estas tres fuerzas: el hombre puede sentirlas y experimentarlas, así como apreciar su efecto sobre sí mismo y su medio ambiente; pero no llega a conocer su interna realidad. Toda preparación lógica es insuficiente para penetrar en su esencia. Aunque puede aparecer en cualquier tipo de relaciones humanas, el poder en esa triada de motivaciones tiene una importancia decisiva en el campo socio-político. La política no es –podemos decirlo in rebozo -sino la lucha por el poder. Para expresarlo de otra manera: el poder político, como todo poder, puede ser conocido, observado, explicado y valorado, sólo en lo concerniente a sus manifestaciones y resultados. Sabemos o creemos saber, lo que el poder hace, pero volvemos al punto de partida, no podemos por desgracia, definir su sustancia y su esencia.

El poder es una relación socio-política, basada en un recíproco efecto, entre los que detentan y ejercen el poder, en el caso de nuestro país y de muchos de América Latina, el mismo es controlado por las oligarquías criollas, y a los que va dirigido, o sea los destinatarios del poder. Esta es la sustancial realidad de la vida política: la coexistencia entre los detentadores del poder y los destinatarios del mismo. Arena, como los otros partidos pioneros de la derecha, fue el instrumento utilizado por la burguesía para administrar los asuntos del Estado, tanto así como el capataz en una hacienda, el gerente en un banco o el jefe de producción en una fábrica. Los hilos superiores son manejados por el gran poder económico.

En el estricto sentido de la ciencia política contemporánea, se debe entender la función de tomar o determinar una decisión, así como la capacidad de los detentadores del poder, de obligar a los destinatarios a obedecer dicha decisión. Los grupos poderosamente económicos se valen de todos los medios y recursos posibles para controlar los Estados, las naciones y los pueblos: las leyes hechas por congresos y sus diputados, la Corte Suprema de Justicia, para supuestamente hacerlas cumplir, el Ejecutivo para plasmarlas, así como el poder mediático para controlar las comunicaciones, preparar y difundir todo tipo de campañas. Los términos democracia, justicia, libertades, libre juego de ideas, mercado, etc., son usados para justificar sus acciones y sus atropellos y, desde luego, para “ensuciar la cara” del régimen que no se ajusta a sus requerimientos. Nada de lo sucedido en el país es mera coincidencia.

El poder, considerado en sí mismo, es un elemento objetivo del acontecer político, sin ninguna calificación ética; sin embargo, como lo hemos señalado en otros comentarios, resulta evidente que el poder incontrolado es, por su propia naturaleza, malo. Los grandes tratadistas desde Maquiavelo hasta Rousseau y Montesquieu, han sostenido, que el poder encierra en sí mismo, la semilla de su propia degeneración. Esto quiere decir: cuando no está limitado, el poder se transforma en tiranía y en arbitrario despotismo. El poder sin control adquiere un acento moral negativo, revelando lo demoníaco en el elemento del poder y lo patológico en su proceso.

Desde luego, en estas naciones todavía en la esfera tercermundista, el poder político se ejerce fundamentalmente para fines económicos, para favorecer los grandes negocios, los contratos millonarios. Los gobiernos son un medio, esos recursos y elementos utilizados despiadadamente por las oligarquías. En El Salvador el FMLN es un estorbo tanto para los estamentos militares como para las rancias burguesías. Siempre han intentado en distintas latitudes mediatizar y someter a sus designios a las fuerzas políticas de izquierda, “hacerlas potables”, es decir únicamente contestarias, pero no elaboradoras ni procesadoras de ideas, de planteamientos firmes y reveladores. Por eso también le tienen temor a los pensadores, a los escritores y poetas de fuerte formación y encendido verbo. “Muera la inteligencia”, le grito un militar español al insigne escritor Miguel de Unamuno.

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