15.7.10

La historia es una asesina competente

Han ocurrido tantas cosas importantes para la América Latina durante los últimos años, que su balance parece referirse a un tiempo mucho más largo. A diferencia de los de antes, los grandes acontecimientos de ahora son, todos, de carácter nacional pero con resonancia internacional, complicados y con largos antecedentes sociales, políticos y económicos, tríada desde luego presente en todo atraso a evolución de los pueblos.

Los movimientos revolucionarios tan pacíficos operados en Venezuela, Bolivia y Ecuador, ocupan el centro del panorama. Un espacio muy particular y de claros avances democráticos y populares se respira en Brasil, Argentina y Paraguay. Desde luego, no puede dejar de mencionarse a las pequeñas islas del Caribe, que tienen en Cuba, el mayor ejemplo de heroicidad y honestidad revolucionaria. La totalidad de los países latinoamericanos se congregan en la UNASUR y los verdaderamente revolucionarios en cuanto a modificación de modelos y sistemas económicos, se agrupan en la Alianza Bolivariana de América (ALBA).

Todos estos movimientos libertarios y soberanos, la unidad de los pueblos, nos indica que hace rato feneció la Organización de Estados Americanos (OEA). La historia, mis amigos, es una asesina competente de quienes se salen de su vigencia. El sistema colonial ya no es un pastor con su rebaño; la base económica, que hace bien clara la realidad de la explotación y el subdesarrollo, se ha vuelto un motivo cada vez más poderoso de unidad entre las víctimas que de vasallaje hacia el imperio. Sobre el derecho de los pueblos para gobernarse en forma soberana están de acuerdo las naciones y sus verdugos, los socialistas y los capitalistas; este imperativo se traduce ya en muchos actos de independencia y tiende a relegar al olvido al viejo e inoperante principio de la no intervención –sobre todo desde que fue cínicamente suscrito por Estados Unidos.

No están muy lejos los tiempos, cuando enucleando estos aspectos de la decadencia de la OEA estaba la cuestión de Cuba. La OEA no habría resucitado o todavía se mantuviera a flote, si sectores interesados, minorías opresoras en determinados países de esta Nuestra América, no se amafian alrededor de los norteamericanos para negar reconsideración al famoso acuerdo del infame bloqueo; pero el retorno de Cuba constituye su única posibilidad en el presente de volverse un foro abierto, un tapete de discusión entre los gobiernos de todas las pintas, renunciando a su primitivo estatuto de instrumento imperial o un “Ministerio de colonias”, como lo bautizó Vicente Sáenz.

La historia ha dicho otra cosa. La OEA no acaba con su muerte; de sus cenizas ha surgido con obligada lógica, la idea de fundar un sistema económico latinoamericano. Ya tanto UNASUR como el ALBA son intentos promisorios; pero para explorar una organización sólo de países de Latinoamérica se prepara una reunión el próximo año en Venezuela. Sus principales promotores son México, Brasil y Venezuela. Mientras funcione “una minoría opresora”, o un “grupo de despreciables lacayos”, que en este caso probaría su miserable astucia no ingresando, la Organización de Estados Latinoamericanos es poco viable, aunque tratara de limitarse a cuestiones económicas, a presiones amigables hacia Estados Unidos y coordinar –por así decirlo—los recursos y esfuerzos en procura de un verdadero desarrollo. Por desdicha no abundan las alternativas en el ámbito del hemisferio y sería anacrónico conformarse con ese tipo de coincidencia flexible, basada en la no alineación y la coexistencia pacífica, al que por mucho tiempo se ha visto forzado a aspirar como mínimo unificador el tercer mundo.

De cualquier modo, los países de Venezuela, México y Brasil poseen en estos momentos gran autoridad para hacerse escuchar. El uno alienta con su revolución socialista y la fórmula genial de “sembrar” el petróleo para el desarrollo de los países menesterosos de la América Latina; el otro ha logrado con muchos esfuerzos desligarse de esa “peligrosa vecindad” con el imperio y reafirmar su soberanía e independencia; Brasil, por su parte, se ha convertido en el gigante económico de Latinoamérica y desarrolla muchos programas de asistencia social para los millones de pobres de su país; rasgo mayor ha sido consolidar sus relaciones con los países de este continente, sin olvidar desde luego sus lazos de amistad con las naciones de otros “mundos”. Combinan bien, entonces, quien habla con dinero del bueno en la mano y quienes hablan con justicia social de la real en la mano.

Las aspiraciones de soberanía e independencia política y económica alentada desde el sur, no suenan muy bien al oído de las rancias oligarquías de la América Central, como bien quedó expuesto con el golpe de Estado contra el gobierno democrático de Manuel Zelaya en Honduras y los intentos permanentes de desestabilización contra los regímenes de Nicaragua, Guatemala, Ecuador, Bolivia y Paraguay. Lo bueno del cambio de “pensamiento” operado en la mayoría de naciones latinoamericanas, es que se alienta la unidad y la defensa de gobiernos democráticos, además de rechazar los intentos de Estados Unidos, de hegemonía y liderazgo de determinadas acciones. En el futuro cercano, esperamos que gobiernos ambiguos como los de Colombia, Perú y Honduras, sean liquidados definitivamente por la historia y sean los pueblos los que se alcen con cantos de victoria y marchen hacia la conquista de verdaderas democracias con paz y justicia social.

1 comentarios:

VIRGEM DE GUADALUPE dijo...

BIEN VENIDO AO BLOG- www.virgemdeguadalupe.blogspot.com

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