El poco tacto, las agendas ocultas, las mentas o la galopante ignorancia de algunos comunicadores televisivos hacen que, con mucha frecuencia se le falte el respeto al público o la audiencia, que les hace el favor de sintonizarlos o soportarlos.
Desde hace un tiempo atrás por ejemplo, Arenacho dejó de atender las llamadas telefónicas al aire, en aquella oportunidad escudó su accionar poco democrático, atrás de una sarta de situaciones poco creíbles e inexplicables, profesionalmente hablando.
Un tiempo después de limitar las llamadas y a propósito de un par de comentarios de este querido blog, Arenacho delegó la lectura de los comentarios – previamente censurados y clasificados – a uno de sus colaboradores, bajo una teoría incomprensible de transparencia y ecuanimidad. Vaya por Dios, dije.
Vamos a estar claros de una vaina, si el comunicador hace bien su trabajo investigativo o indagatorio, el pueblo no tendrá que sacarle los “trapos al sol” al político o personalidad en turno; pero si por el contrario, desde el “set” le brindan zonas de confort o se le adoba la “pupusa” al entrevistado evitando los cuestionamientos incómodos, el pueblo reaccionará en búsqueda de respuestas a inquietudes y ustedes ya saben cómo reacciona mi pueblo, cuando está encachimbado o cuando se ve burlado mediante la articulación de pseudo-entrevistas.
Lógicamente, es preferible soportar las mímicas democráticas que dinamiza Arenacho por la noche, que las restricciones del “salivoso” Hernández, de fijo que es preferible.
Quizá el único que más o menos sale bien retratado en esta crítica es Romeo Lemus, ya lo he dicho en otra oportunidad. “Sí Lemus estuviera bajo una dirección profesional o en su espacio donde el tuviera más poder de decisión, fuera quizá la entrevista mucho más creíble y objetiva de lo que es ahora”.
No creas que me he olvidado del poco hábil y desordenado entrevistador del canal 21, no que va! Pero a este muchacho tan limitado como este, que a puras “cachas” logra a aparecer frente a una cámara de televisión hablando a renglón seguido, qué se le pude criticar.
En esa entrevista matinal del 21 es común por ejemplo que, los entrevistados le corrijan la plana y pongan en entredicho al entrevistador. Hay pasadas simplemente espectaculares, que el solo hecho de recordarlas hacen en mí, que exteriorice una enorme y amplia sonrisa.
Por ejemplo por situaciones del destino, al momento de tomar mis sagrados alimentos el día de ahora por la mañana, me topé con la diputada Margarita Escobar. Luego de cinco tristes minutos me dije, “qué barbaridad”, la señora ha regañado a Ernesto de una forma tal que le ganó la moral, de ahí en adelante, la señora hizo lo que quiso. Interrumpía a sus interlocutores, ninguneaba los cuestionamientos telefónicos del público, alzaba la voz, despotricaba en contra de la libertad y la democracia, se ponía prepotente y contestaba lo que se le venía en gana y no, lo que se le cuestionaba.
En resumidas cuentas, la entrevista a este cipote del 21 se le salió del guacal. Como te dije antes, da pena ajena lo que acontece en la mayoría de los casos en la entrevista de Ernesto. Muy limitado, periodísticamente hablando.
Desconozco si lo que promueven en esa entrevista es la changoneta como mecanismo de obtener un mejor rating o es simplemente que, estamos en presencia de un tuerto, en el mero reino de los ciegos.
Por cierto, Ernesto dejó sin respuesta más de 260 correos y fue porque simplemente no se dedica a leerlos, sino más bien a mal interpretar los pocos que lee y que su audiencia le envía, no crees vos que eso en sí es una gran falta de respeto.
Seguramente no lo hace por mala fe, sino, por ignorancia y poco tacto hacia su audiencia. Quizá ya va siendo hora de que sus jefes ponderen suspender ese mecanismo – el envío de correo – de comunicación, para no seguir afectando algún grado de simpatía que tiene el canal.
No me cansaré de decir que con la llegada de Funes al poder, perdimos un entrevistador más o menos hábil y se ganó un presidente, más o menos mediocre.
Aprovecho para felicitar a Funes por el veto a la lectura de la biblia de forma obligatoria en las escuelas públicas, vaya, al menos se ve que cuando quiere hacer las cosas, el resultado beneficia a las mayorías.
Desde hace un tiempo atrás por ejemplo, Arenacho dejó de atender las llamadas telefónicas al aire, en aquella oportunidad escudó su accionar poco democrático, atrás de una sarta de situaciones poco creíbles e inexplicables, profesionalmente hablando.
Un tiempo después de limitar las llamadas y a propósito de un par de comentarios de este querido blog, Arenacho delegó la lectura de los comentarios – previamente censurados y clasificados – a uno de sus colaboradores, bajo una teoría incomprensible de transparencia y ecuanimidad. Vaya por Dios, dije.
Vamos a estar claros de una vaina, si el comunicador hace bien su trabajo investigativo o indagatorio, el pueblo no tendrá que sacarle los “trapos al sol” al político o personalidad en turno; pero si por el contrario, desde el “set” le brindan zonas de confort o se le adoba la “pupusa” al entrevistado evitando los cuestionamientos incómodos, el pueblo reaccionará en búsqueda de respuestas a inquietudes y ustedes ya saben cómo reacciona mi pueblo, cuando está encachimbado o cuando se ve burlado mediante la articulación de pseudo-entrevistas.
Lógicamente, es preferible soportar las mímicas democráticas que dinamiza Arenacho por la noche, que las restricciones del “salivoso” Hernández, de fijo que es preferible.
Quizá el único que más o menos sale bien retratado en esta crítica es Romeo Lemus, ya lo he dicho en otra oportunidad. “Sí Lemus estuviera bajo una dirección profesional o en su espacio donde el tuviera más poder de decisión, fuera quizá la entrevista mucho más creíble y objetiva de lo que es ahora”.
No creas que me he olvidado del poco hábil y desordenado entrevistador del canal 21, no que va! Pero a este muchacho tan limitado como este, que a puras “cachas” logra a aparecer frente a una cámara de televisión hablando a renglón seguido, qué se le pude criticar.
En esa entrevista matinal del 21 es común por ejemplo que, los entrevistados le corrijan la plana y pongan en entredicho al entrevistador. Hay pasadas simplemente espectaculares, que el solo hecho de recordarlas hacen en mí, que exteriorice una enorme y amplia sonrisa.
Por ejemplo por situaciones del destino, al momento de tomar mis sagrados alimentos el día de ahora por la mañana, me topé con la diputada Margarita Escobar. Luego de cinco tristes minutos me dije, “qué barbaridad”, la señora ha regañado a Ernesto de una forma tal que le ganó la moral, de ahí en adelante, la señora hizo lo que quiso. Interrumpía a sus interlocutores, ninguneaba los cuestionamientos telefónicos del público, alzaba la voz, despotricaba en contra de la libertad y la democracia, se ponía prepotente y contestaba lo que se le venía en gana y no, lo que se le cuestionaba.
En resumidas cuentas, la entrevista a este cipote del 21 se le salió del guacal. Como te dije antes, da pena ajena lo que acontece en la mayoría de los casos en la entrevista de Ernesto. Muy limitado, periodísticamente hablando.
Desconozco si lo que promueven en esa entrevista es la changoneta como mecanismo de obtener un mejor rating o es simplemente que, estamos en presencia de un tuerto, en el mero reino de los ciegos.
Por cierto, Ernesto dejó sin respuesta más de 260 correos y fue porque simplemente no se dedica a leerlos, sino más bien a mal interpretar los pocos que lee y que su audiencia le envía, no crees vos que eso en sí es una gran falta de respeto.
Seguramente no lo hace por mala fe, sino, por ignorancia y poco tacto hacia su audiencia. Quizá ya va siendo hora de que sus jefes ponderen suspender ese mecanismo – el envío de correo – de comunicación, para no seguir afectando algún grado de simpatía que tiene el canal.
No me cansaré de decir que con la llegada de Funes al poder, perdimos un entrevistador más o menos hábil y se ganó un presidente, más o menos mediocre.
Aprovecho para felicitar a Funes por el veto a la lectura de la biblia de forma obligatoria en las escuelas públicas, vaya, al menos se ve que cuando quiere hacer las cosas, el resultado beneficia a las mayorías.
Kvernicola





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