En este país de milagrerías suceden cosas y hechos insólitos, inauditos. Somos, por ejemplo, la única sociedad en el mundo que alegremente ha asesinado a sus intelectuales, obispos y poetas. ¿Acaso no recuerdan el magnicidio de monseñor Oscar Arnulfo Romero, el crimen colectivo contra los sacerdotes jesuitas y el “ajusticiamiento” de Roque Dalton García? Aquí hay una ofensiva concentración de la riqueza en poquitas manos, mientras las mayorías poblacionales subsisten en el peor de los mundos; los privilegios y el dominio absoluto de los negocios y las grandes transacciones comerciales son para unos pocos, bajo leyes que los amparan pues han sido creadas, diseñadas, para su exclusivo beneficio.
Cuando el progresista obispo Romero les señaló sus “pecados”, sus enormes ambiciones y sus riquezas descomunales, la oligarquía reaccionó de inmediato y ordenó al fundador de los Escuadrones de la Muerte, Roberto D´Aubuisson, proceder a su asesinato. Un hecho documentado y suficientemente probado por las investigaciones realizadas por la Comisión de la Verdad, además de los propios testimonios de los esbirros y sicarios participantes en el magnicidio. Estos grupos siempre apátridas, son los que en el presente propugnan por la lectura de la Biblia en las escuelas públicas, seguidos por supuestas asociaciones de padres de familia, arrimando su sardina al fuego de los capitalistas quienes exigen mano dura contra los “delincuentes”, aprobando la pena de muerte y terrorismo oficial para combatir al terrorismo que escoge sus víctimas entre la aristocracia del dinero.
Y aquí los tenemos intentando reabrir la antigua polémica sobre la educación nacional. Nada más que ahora atacando al Ministro de Educación por intentar “adoctrinar” a los niños y “desnaturalizar” los textos escolares. Sus pensamientos y sus amenazas contra los “nuevos” teóricos del Socialismo del Siglo XXI, son obedientemente seguidos por las fanáticas campañas en los medios de difusión siempre a las órdenes del gran capital. La libertad de enseñanza que piden es la libertad de sustituir en la escuela la ciencia por la fe, la crítica por el fanatismo, la apertura a todas las tendencias por la intolerancia inquisitorial. Es de ver cómo les deslumbró el golpe de Estado en Honduras. Tal vez estuvieran satisfechos si nuestros centros de enseñanza corrieran la suerte de los alemanes de los años treinta, viendo destituir a su profesorado ante el menor signo de discrepancia ideológica o recordar al Chile posterior a Allende cuando el dictador Pinochet cerró las puertas a más de la mitad de los alumnos para extirpar así el “cáncer marxista” de las universidades y centros secundarios.
Cuando a los sectores oligarcas y a los políticos derechistas sin escrúpulos, les conviene a sus espurios intereses, invocan la Declaración Universal de los Derechos del Hombre suscrito por nuestro país y como saben que el límite de todo compromiso internacional es la Constitución, piden todavía a estas alturas (ya cuando el mandatario vetó la lectura de la Biblia en las escuelas) que el presidente Funes promueva su reforma a efecto de implantar una libertad de enseñanza que sólo favorecería a los grupos clericales y a los privilegiados y no al pueblo mismo, cuya mayoría obrera, campesina y de empleados públicos quisieran atrapar modelando desde la niñez su conciencia en la resignación cristiana, mucho más de lo que tenemos desde hace más de 188 años de “vida independiente”.
He dicho en ocasión anterior que la libertad de enseñanza no puede equipararse a la libertad de expresión porque ésta se ejerce en público y a sabiendas de que quienes disienten, dueños de igual o mayor saber, tienen cabal derecho a criticar o contradecir, mientras que la relación maestro-discípulo es otra: en el ámbito del aula el maestro posee el conocimiento, la experiencia, la madurez y la autoridad, y los discípulos reciben su influencia decisiva y no se encuentran en condiciones de igualdad para discutir. Son mentes y caracteres en formación en poder de una mente y un carácter que se supone formado. Y por más que se asegure la libertad de examen y crítica dentro del aula, la ventaja siempre estará del lado del maestro.
Gratuitamente afirman (ustedes han escuchado el fanatismo de un diputado militar del PCN esgrimiendo por lo más alto la Biblia, mientras explica como “la aceptación de Cristo” lo condujo a eliminar el odio contra sus rivales políticos) que el laicismo en la educación se convierte, en la práctica en ateísmo. No se advierte la lógica de esta afirmación. Si el laicismo, por definición, es neutralidad ante las creencias religiosas, no puede ser negación ni afirmación de ellas. Si en el hogar se imparte educación religiosa a los hijos, la escuela laica no la combate.
Están claramente delimitados los campos y en un país con libertad religiosa sería inexplicable que en la escuela confesional se impartiera obligatoriamente un solo credo, así fuera el de la mayoría, porque quedarían injustamente excluidos o forzados quienes no fueran sus adeptos. Enfocan la cuestión con la estrechez de criterio no sólo de políticos de la derecha anquilosada en la prehistoria, sino de los grupos de clase media acomodada y fanáticos religiosos, que desean hacer de la escuela una máquina de producir jóvenes sin sentido crítico, adaptados al sistema y futuros sostenedores de él. Querrían que en lugar de la teoría de la evolución se enseñara – como se hace en muchos planteles confesionales-- la historia de Adán y Eva.
Ante la claridad del materialismo histórico, de las categorías filosóficas, de la lucha de clases, que es un fenómeno no inventado sino descubierto por Carlos Marx como existente desde el comienzo de la historia escrita, quieren levantar las amenazas del infierno, los precios ultraterrenos y toda la tramoya que durante siglos se ha usado para evitar que las mayorías desvalidas exijan justicia y todas las necesarias reivindicaciones sociales y económicas para una vida digna.
Cuando el progresista obispo Romero les señaló sus “pecados”, sus enormes ambiciones y sus riquezas descomunales, la oligarquía reaccionó de inmediato y ordenó al fundador de los Escuadrones de la Muerte, Roberto D´Aubuisson, proceder a su asesinato. Un hecho documentado y suficientemente probado por las investigaciones realizadas por la Comisión de la Verdad, además de los propios testimonios de los esbirros y sicarios participantes en el magnicidio. Estos grupos siempre apátridas, son los que en el presente propugnan por la lectura de la Biblia en las escuelas públicas, seguidos por supuestas asociaciones de padres de familia, arrimando su sardina al fuego de los capitalistas quienes exigen mano dura contra los “delincuentes”, aprobando la pena de muerte y terrorismo oficial para combatir al terrorismo que escoge sus víctimas entre la aristocracia del dinero.
Y aquí los tenemos intentando reabrir la antigua polémica sobre la educación nacional. Nada más que ahora atacando al Ministro de Educación por intentar “adoctrinar” a los niños y “desnaturalizar” los textos escolares. Sus pensamientos y sus amenazas contra los “nuevos” teóricos del Socialismo del Siglo XXI, son obedientemente seguidos por las fanáticas campañas en los medios de difusión siempre a las órdenes del gran capital. La libertad de enseñanza que piden es la libertad de sustituir en la escuela la ciencia por la fe, la crítica por el fanatismo, la apertura a todas las tendencias por la intolerancia inquisitorial. Es de ver cómo les deslumbró el golpe de Estado en Honduras. Tal vez estuvieran satisfechos si nuestros centros de enseñanza corrieran la suerte de los alemanes de los años treinta, viendo destituir a su profesorado ante el menor signo de discrepancia ideológica o recordar al Chile posterior a Allende cuando el dictador Pinochet cerró las puertas a más de la mitad de los alumnos para extirpar así el “cáncer marxista” de las universidades y centros secundarios.
Cuando a los sectores oligarcas y a los políticos derechistas sin escrúpulos, les conviene a sus espurios intereses, invocan la Declaración Universal de los Derechos del Hombre suscrito por nuestro país y como saben que el límite de todo compromiso internacional es la Constitución, piden todavía a estas alturas (ya cuando el mandatario vetó la lectura de la Biblia en las escuelas) que el presidente Funes promueva su reforma a efecto de implantar una libertad de enseñanza que sólo favorecería a los grupos clericales y a los privilegiados y no al pueblo mismo, cuya mayoría obrera, campesina y de empleados públicos quisieran atrapar modelando desde la niñez su conciencia en la resignación cristiana, mucho más de lo que tenemos desde hace más de 188 años de “vida independiente”.
He dicho en ocasión anterior que la libertad de enseñanza no puede equipararse a la libertad de expresión porque ésta se ejerce en público y a sabiendas de que quienes disienten, dueños de igual o mayor saber, tienen cabal derecho a criticar o contradecir, mientras que la relación maestro-discípulo es otra: en el ámbito del aula el maestro posee el conocimiento, la experiencia, la madurez y la autoridad, y los discípulos reciben su influencia decisiva y no se encuentran en condiciones de igualdad para discutir. Son mentes y caracteres en formación en poder de una mente y un carácter que se supone formado. Y por más que se asegure la libertad de examen y crítica dentro del aula, la ventaja siempre estará del lado del maestro.
Gratuitamente afirman (ustedes han escuchado el fanatismo de un diputado militar del PCN esgrimiendo por lo más alto la Biblia, mientras explica como “la aceptación de Cristo” lo condujo a eliminar el odio contra sus rivales políticos) que el laicismo en la educación se convierte, en la práctica en ateísmo. No se advierte la lógica de esta afirmación. Si el laicismo, por definición, es neutralidad ante las creencias religiosas, no puede ser negación ni afirmación de ellas. Si en el hogar se imparte educación religiosa a los hijos, la escuela laica no la combate.
Están claramente delimitados los campos y en un país con libertad religiosa sería inexplicable que en la escuela confesional se impartiera obligatoriamente un solo credo, así fuera el de la mayoría, porque quedarían injustamente excluidos o forzados quienes no fueran sus adeptos. Enfocan la cuestión con la estrechez de criterio no sólo de políticos de la derecha anquilosada en la prehistoria, sino de los grupos de clase media acomodada y fanáticos religiosos, que desean hacer de la escuela una máquina de producir jóvenes sin sentido crítico, adaptados al sistema y futuros sostenedores de él. Querrían que en lugar de la teoría de la evolución se enseñara – como se hace en muchos planteles confesionales-- la historia de Adán y Eva.
Ante la claridad del materialismo histórico, de las categorías filosóficas, de la lucha de clases, que es un fenómeno no inventado sino descubierto por Carlos Marx como existente desde el comienzo de la historia escrita, quieren levantar las amenazas del infierno, los precios ultraterrenos y toda la tramoya que durante siglos se ha usado para evitar que las mayorías desvalidas exijan justicia y todas las necesarias reivindicaciones sociales y económicas para una vida digna.





1 comentarios:
¿IRÓNICO VERDAD? QUE NUESTRO QUERIDO PAÍS QUE TIENE EL NOMBRE DE EL SALVADOR SE HALLA RECHAZADO LA LECTURA DE SU SANTA PALABRA. LO MAS LAMENTABLE ES QUE ENTRE LOS ENEMIGOS DE LA PALABRA DE DIOS, ESTÉN ESTOS LIDERES RELIGIOSOS, QUE TAN PRONTO SE DIO A CONOCER EL DECRETO POR LOS VALIENTES Y VERDADEROS HONORABLES DIPUTADOS SE LEVANTARON PARA PEDIRLE AL SEÑOR PRESIDENTE QUE VETARA EL DECRETO. PERO DIOS ES SABIO. EL SEÑOR SE REIRÁ DE ELLOS. ( SALMO 2:4 )
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