1.1.10

Las fiestas cívicas y la defensa de la mediocridad

Es un mes especial: de emociones, discursos y fervores patrióticos. Para estos días los demagogos se cuelgan banderitas y pines tricolores hasta en las solapas. Acusan de apátridas a los que no prenden velas bajo los retratos de los hermanos Aguilar y del cura Delgado, a los que no adornan carros, buses y motocicletas con símbolos alusivos a la gesta de la independencia, al que no acumule guaro y cervezas para el propio día de los aburridos desfiles. No olviden los “viejos verdes”, las cachiporristas desfilarán mostrando sus piernas bien torneadas.

Abundan los salvadoreños que, eufemísticamente los sociólogos llaman las características de nuestra idiosincrasia, no consideran que una conmemoración ruidosa lo es ciertamente si el canto alegre, los bailes y desfiles no se acompañan de bufidos, borrachos y niños levantados en hombros de sus padres para tener una mejor vista de los soldados y las maquinarias de guerra, incluyendo la caballería de verdad y la de acero. El asunto no es convincente si no se adereza con riñas, tumultos y agresiones, recordando la madre al vecino y tirándole agua rara a la cabeza de los turistas. De todo se puede ver en las calles de la capital.

En este septiembre, por tanto, debe hacerse profesión de fe muy salvadoreña, patriótica, con silencio sepulcral o ruido ensordecedor, a borrachera grande, aturdiéndose de música a todo volumen y renegando a ultranza del paso doble, flamenco y coplas españolas. ¡Abajo los gachupines! ¡Viva la independencia! ¡Loor a nuestros próceres! Por cierto, hasta el día de hoy se mantiene engañados a los escolares sobre las verdaderas causas independistas, no hay un proceso y una interpretación histórica. Cuando se conocerá, por ejemplo, que el cura José Matías Delgado, fue fundador y miembro en el país de la “Santa Inquisición”.

En otros países, México y Ecuador, por ejemplo, se hacen marchas de protesta frente a las embajadas de España, se insulta a los comerciantes de origen español, una vez pasada la euforia se le recuerda como “buen amigo” y compadre, olvidándose del relajo punitivo hasta el año siguiente. En ocasiones, nos contaba un mexicano, la agresividad vulgar se pasa de la raya y se desborda en chovinismo alevoso y bayunco. Desde luego, la conquista y la invasión fue a sangre y fuego, se destruyeron templos ceremoniales y se liquidó parte de la identidad. No en balde se dice: los curas españoles siempre llegaron acompañados de cirio y garrote.

Con esa disposición de prohibir a las bellas salvadoreñas mostrar sus piernas, los pensadores de la idea quizás creían estar a favor de las organizaciones feministas y del pudor; pero no aterrizaron en el fondo del asunto, pues más allá de cortina de humo, está la gravedad del desempleo, el alto costo de la vida, la delincuencia criminal que nos arrebata la vida de 13 o más salvadoreños diarios. Cuando este gobierno asumió su mandato en junio del 2009, nosotros apostamos nada más por tres programas básicos: la creación de empleo masivo, el combate frontal contra la corrupción y poner freno al alto costo de la vida. Era un agregado el luchar contra la delincuencia y el crimen organizado.

Los programas cursis, los asuntos coyunturales o puntuales, son de todos los días. Para el caso: los vecinos de San Marcos, pedían al Ministerio de Obras Públicas reparar cuanto antes las calles y avenidas porque ya están cerca las festividades cívicas y los escolares no podrán desfilar en arterias en mal estado. Desde luego, están los reclamos de los transportistas y propietarios de vehículos particulares porque se arruinan las llantas, las tijeras y los amortiguadores. El gobierno es el responsable de atender y resolver todo; pero no es culpable de tantas lluvias y otros fenómenos naturales. Faltan recursos y los que pueden y deben pagar más impuestos, realizan campañas publicitarias para justificar su negativa y echarle la culpa a otros. Tienen el ejemplo de la Industria cervecera. Dan la cara “los trabajadores”, los que supuestamente saldrían afectados por un retiro de “las inversiones” o el recorte de personal. Las mismas amenazas de siempre.

En fin, el mes cívico de todos los años. Reflejando tristes espectáculos, los complejos de inferioridad con respecto a los invasores, la defensa de la mediocridad so pretexto de defensa patria. Ahora las relaciones internacionales huelen distinto, se está tratando de abrirnos económica y culturalmente, al ancho mundo; como dice don Huguito, el Canciller, tratando de igual a igual con todos los países que respeten nuestras leyes y costumbres, buscando estrechar lazos amistosos y aumentar los beneficios mutuos. “Respetar el derecho ajeno es la paz”, sentenció el prócer mexicano Benito Juárez. ¿Por qué rayos no se respeta el derecho de los emigrantes a ejercer el voto y ocupar cargos en el gobierno? ¿Por qué no se respeta el derecho laboral de los trabajadores, incluyendo mujeres?

Un “día primero Dios” seremos verdaderamente soberanos e independientes, se olvidarán los gastos y despilfarros de los desfiles cívicos para ocupar esos dineros en dar techo y alimento a los necesitados, en promover la lectura y la educación masiva para fomentar la cultura y el conocimiento entre todos los salvadoreños. Dejaremos de lado los insultos y los alevosos ataques, las cúpulas empresariales dejarán los gélidos tiempos de la prehistoria e interpretarán mejor los signos de las nuevas épocas, dejar de asustar y asustarse con el petate del muerto y se abrirán al comercio del mundo, a las diversas ideologías y al conocimiento exacto de la ciencia y la tecnología.

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