Desde el inicio de este gobierno se habló de puestos públicos por meritocracia, de la opción por los pobres, teniendo como guía a monseñor Oscar Arnulfo Romero, de cambios y modificaciones. Si lo anterior es verdad y quizás hay evidencias que lo demuestran, puede estar dentro de la lógica de las cosas que el mandatario se vea un día firmando decretos, sancionando leyes, vetando, observando y más que no estaban en sus propósitos originales. Alguna vez se ha dicho y no es malo repetirlo ahora: no es mal político aquel que en un momento determinado, se vuelve dócil a la realidad en vez de aferrarse a las fórmulas del pasado o aceptar las presiones de los poderosos.
Es posible más allá de la Ley de Prescripción de las Pandillas y otras, que se vea firmando el decreto de la Ley de Medicamentos o de luz verde a la necesaria Campaña Nacional de Alfabetización, así como a las nuevas reformas para aplicar un mínimo aumento al impuesto a la industria cervecera, al monopolio, pues. Es urgente, además, tomar medidas contra los intermediarios y acaparadores de los granos básicos, sobre todo en momentos cuando la cosecha de frijol ha sido deficitaria y se hace impostergable la importación de granos básicos.
Tanto el mercado de los granos básicos como del azúcar no es un mundo feliz porque las soluciones a las alzas producidas en la escasez, así como las salidas pretendidas en años anteriores no tuvieron ni han tenido en el presente ni el brío ni la audacia de cambiar las estructuras. A un año tres meses de esta administración la situación de los consumidores sigue siendo precaria y continúan suscitándose fricciones que degeneran en violencia entre los mismos productores e importadores. Si el Estado a través del Ministerio de Economía y de Agricultura no toma medidas correctas, tendremos precios altísimos y una carestía impresionante.
Por otro lado, ya se acerca el tiempo de la corta y procesamiento del café y así como está “el tiempo” con el aumento de la delincuencia común y el crimen organizado, nadie en su sano juicio podrá ver en la presencia del ejército en las fincas o en los ingenios una “solución nueva”. Y la lógica parece indicar que si se tiene que recurrir a métodos viejos y contraproducentes, es porque en su momento no se ha dado con la solución adecuada. La solución que hiciera del mundo de la caña y del café, si no un mundo feliz (debe recordarse la explotación inclemente de los campesinos y las precarias condiciones de vivienda y alimentación), por lo menos uno de pacífica dedicación a un trabajo de estación, ahora compartido y casi en exclusividad de trabajadores provenientes de Honduras, Guatemala y Nicaragua.
El gobierno debe tomar medidas hasta extremas para garantizar seguridad en los ingenios y fincas cafetaleras. Deben emitirse decretos sensatos y tomar medidas correctas para garantizar tanto la seguridad de los trabajadores, de los mismos productores, como de los impuestos justos para las arcas del Estado. Los precios del café se han estabilizado y pueden ser un alivio para las agotadas reservas nacionales. Nos guste o no, provocados o no, los hechos concretos e se están produciendo en nuestro país casi con más celeridad que las declaraciones de los funcionarios o de ciertas leyes aprobadas por la Asamblea Legislativa. Nos referimos desde luego al clima de inseguridad, a las extorsiones y las presiones políticas de todo tipo. Por eso decíamos que está dentro de la lógica de las cosas que este presidente actúe en función de los cambios y necesidades urgentes en vez de aferrarse a las terquedades inútiles.
Y, de pasada, en la medida en que un sano nacionalismo por parte del gobierno cobre mayor énfasis, iremos perdiendo nuestro perfil de país folclórico para adquirir el que muy modestamente debiera correspondernos: el de ser un país serio. Por ahora no lo somos. No es un país serio, pongamos por caso, que los políticos trasnochados de la derecha pretendan sacar raja política de un clima de inseguridad provocado por ellos mismos, con el reciente “paro” decretado hace algunos días con la complicidad o compañía de pandilleros y transportistas. Tampoco compartimos el oportunismo de políticos del FMLN que fueron a la embajada de México a “pedir mayores medidas de seguridad para los emigrantes” cuando es un odisea de todos los días desde hace más de 30 años.
Es necesario, por lo tanto, tomar medidas estructurales de fondo, lo mismo para asegurar la dieta alimenticia del pueblo, como para eliminar de una vez por todas las causas de “esa herencia maldita”, como el propio presidente de la república llamó a la vorágine de violencia y delincuencia padecida en esta nación. Como lo hemos dicho en anteriores comentarios, este gobierno del cambio debe fortalecer su capacidad institucional, fomentar y crear fuentes de trabajo, combatir frontalmente la corrupción y con estas dos medidas a fondo, más algunas cuestiones coyunturales, iríamos penetrando hasta encontrar la luz al final del túnel.
Es posible más allá de la Ley de Prescripción de las Pandillas y otras, que se vea firmando el decreto de la Ley de Medicamentos o de luz verde a la necesaria Campaña Nacional de Alfabetización, así como a las nuevas reformas para aplicar un mínimo aumento al impuesto a la industria cervecera, al monopolio, pues. Es urgente, además, tomar medidas contra los intermediarios y acaparadores de los granos básicos, sobre todo en momentos cuando la cosecha de frijol ha sido deficitaria y se hace impostergable la importación de granos básicos.
Tanto el mercado de los granos básicos como del azúcar no es un mundo feliz porque las soluciones a las alzas producidas en la escasez, así como las salidas pretendidas en años anteriores no tuvieron ni han tenido en el presente ni el brío ni la audacia de cambiar las estructuras. A un año tres meses de esta administración la situación de los consumidores sigue siendo precaria y continúan suscitándose fricciones que degeneran en violencia entre los mismos productores e importadores. Si el Estado a través del Ministerio de Economía y de Agricultura no toma medidas correctas, tendremos precios altísimos y una carestía impresionante.
Por otro lado, ya se acerca el tiempo de la corta y procesamiento del café y así como está “el tiempo” con el aumento de la delincuencia común y el crimen organizado, nadie en su sano juicio podrá ver en la presencia del ejército en las fincas o en los ingenios una “solución nueva”. Y la lógica parece indicar que si se tiene que recurrir a métodos viejos y contraproducentes, es porque en su momento no se ha dado con la solución adecuada. La solución que hiciera del mundo de la caña y del café, si no un mundo feliz (debe recordarse la explotación inclemente de los campesinos y las precarias condiciones de vivienda y alimentación), por lo menos uno de pacífica dedicación a un trabajo de estación, ahora compartido y casi en exclusividad de trabajadores provenientes de Honduras, Guatemala y Nicaragua.
El gobierno debe tomar medidas hasta extremas para garantizar seguridad en los ingenios y fincas cafetaleras. Deben emitirse decretos sensatos y tomar medidas correctas para garantizar tanto la seguridad de los trabajadores, de los mismos productores, como de los impuestos justos para las arcas del Estado. Los precios del café se han estabilizado y pueden ser un alivio para las agotadas reservas nacionales. Nos guste o no, provocados o no, los hechos concretos e se están produciendo en nuestro país casi con más celeridad que las declaraciones de los funcionarios o de ciertas leyes aprobadas por la Asamblea Legislativa. Nos referimos desde luego al clima de inseguridad, a las extorsiones y las presiones políticas de todo tipo. Por eso decíamos que está dentro de la lógica de las cosas que este presidente actúe en función de los cambios y necesidades urgentes en vez de aferrarse a las terquedades inútiles.
Y, de pasada, en la medida en que un sano nacionalismo por parte del gobierno cobre mayor énfasis, iremos perdiendo nuestro perfil de país folclórico para adquirir el que muy modestamente debiera correspondernos: el de ser un país serio. Por ahora no lo somos. No es un país serio, pongamos por caso, que los políticos trasnochados de la derecha pretendan sacar raja política de un clima de inseguridad provocado por ellos mismos, con el reciente “paro” decretado hace algunos días con la complicidad o compañía de pandilleros y transportistas. Tampoco compartimos el oportunismo de políticos del FMLN que fueron a la embajada de México a “pedir mayores medidas de seguridad para los emigrantes” cuando es un odisea de todos los días desde hace más de 30 años.
Es necesario, por lo tanto, tomar medidas estructurales de fondo, lo mismo para asegurar la dieta alimenticia del pueblo, como para eliminar de una vez por todas las causas de “esa herencia maldita”, como el propio presidente de la república llamó a la vorágine de violencia y delincuencia padecida en esta nación. Como lo hemos dicho en anteriores comentarios, este gobierno del cambio debe fortalecer su capacidad institucional, fomentar y crear fuentes de trabajo, combatir frontalmente la corrupción y con estas dos medidas a fondo, más algunas cuestiones coyunturales, iríamos penetrando hasta encontrar la luz al final del túnel.





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