Los añejos dirigentes de Arena se aferran a cualquier astilla para tratar de rescatar o atrasar la desaparición de un partido agobiado por la corrupción, el autoritarismo y ese infame nacimiento signado por la violencia y la sangre pues la mayoría de sus fundadores estuvieron ligados a los fatídicos Escuadrones de la Muerte y el asesinato de miles de salvadoreños como lo consignan una serie de documentos y las investigaciones realizadas por la Comisión de la Verdad.
En la actualidad cuando todas las mediciones y encuestas los sitúan como una fuerza política con un mínimo de respaldo y, sobre todo, teniendo que responder por gran cantidad de hechos de corrupción, que van desde el robo de abono de las bodegas del Banco de Fomento Agropecuario (BFA), hasta desfalcos, sobornos y estafas millonarias en el Seguro Social, en Obras Públicas y la Administración de Acueductos y Alcantarillados (ANDA), sólo para citar los casos más conocidos, apelan a campañas publicitarias y declaraciones cínicas e hipócritas para atacar a sus rivales y aparentar “honestidad” y “transparencia” ante el pueblo salvadoreño.
El presidente del Consejo Ejecutivo de Arena, Alfredo Cristiani, implicado en bochornosos casos de corrupción (hasta la fecha no se han sancionado ni castigado a los responsables del desaparecimiento del abono de las bodegas del BFA, ni los hechos de corrupción y licitaciones amañadas en el Seguro Social que permitieron al Laboratorio Santa Lucía, propiedad de su familia, vender medicinas vencidas, así como los 705 millones de dólares “perdidos” en el saneamiento de la banca en 1990) y encubrimiento del asesinato de seis sacerdotes jesuitas, es el abanderado de esa cínica campaña donde aparece afirmado que “son defensores de la familia salvadoreña”, pues en Arena “no hay políticos, sino servidores de la familia salvadoreña”.
Es decir que durante los cuatro gobiernos de Arena se dedicaron a “defender a la familia” y a ser “servidores públicos”. ¿Cómo es posible hacer una “defensa activa” cuando se impulsa deliberadamente una abierta política de desempleo para obligar a miles de salvadoreños a emigrar hacia los Estados Unidos y otros países en busca de mejores oportunidades de vida? ¿Cómo se puede hablar de “defender a la familia” cuando se permite la explotación de padres, hermanos, hijos y mujeres en las fábricas y centros comerciales? ¿Cómo hablar de “defensa familiar” cuando se cobraban “cuotas voluntarias” en los hospitales públicos? ¿Cómo hablar de “defensa familiar” cuando se permite a los grandes importadores y a los propietarios de laboratorios y farmacias vender las medicinas más caras del mundo? En fin, ¿cómo hablar de “defensa de la familia” cuando miles de salvadoreños no tienen acceso a la educación, a la salud, al trabajo y a la vivienda?
Los gobiernos de Arena jamás se preocuparon por el bienestar de la familia salvadoreña, lejos de ellos impulsaron políticas y aprobaron leyes para favorecer el enriquecimiento de grupos empresariales y, por el contrario, incrementar la pobreza extrema y la desigualdad en la sociedad. El mismo modelo económico neoliberal y las medidas tomadas como la Ley de Integración Monetaria, conocida popularmente como “dolarización”, dieron el tiro de gracia a la ya frágil economía hogareña de miles de salvadoreños. Si en los años que hicieron y ejercieron gobierno no propiciaron las condiciones para generar empleos, seguridad ciudadana, integración familiar y combate al narcotráfico, al contrabando y a la evasión fiscal ¿cómo pueden hablar ahora de que son “servidores y defensores de la familia salvadoreña?”.
Muchos salvadoreños pueden todavía seguirlos y creer en su demagogia, aceptar como buenas las palabras de “los vendedores de ilusiones”, pero un rápido ejercicio de reflexión y el recuerdo de años pasados, rápidamente los deja sin argumentos y rechaza todo intento de engaño y falsos postulados. Desde luego, estos políticos sin escrúpulos continuarán con sus campañas propagandísticas, porque es uno de los recursos que les quedan para tratar de prolongar la agonía, de parar la caída vertiginosa rumbo al panteón de la historia, de un partido político creado para mantener los privilegios de burgueses y oligarcas y hundir en la miseria a miles de salvadoreños.
En la actualidad cuando todas las mediciones y encuestas los sitúan como una fuerza política con un mínimo de respaldo y, sobre todo, teniendo que responder por gran cantidad de hechos de corrupción, que van desde el robo de abono de las bodegas del Banco de Fomento Agropecuario (BFA), hasta desfalcos, sobornos y estafas millonarias en el Seguro Social, en Obras Públicas y la Administración de Acueductos y Alcantarillados (ANDA), sólo para citar los casos más conocidos, apelan a campañas publicitarias y declaraciones cínicas e hipócritas para atacar a sus rivales y aparentar “honestidad” y “transparencia” ante el pueblo salvadoreño.
El presidente del Consejo Ejecutivo de Arena, Alfredo Cristiani, implicado en bochornosos casos de corrupción (hasta la fecha no se han sancionado ni castigado a los responsables del desaparecimiento del abono de las bodegas del BFA, ni los hechos de corrupción y licitaciones amañadas en el Seguro Social que permitieron al Laboratorio Santa Lucía, propiedad de su familia, vender medicinas vencidas, así como los 705 millones de dólares “perdidos” en el saneamiento de la banca en 1990) y encubrimiento del asesinato de seis sacerdotes jesuitas, es el abanderado de esa cínica campaña donde aparece afirmado que “son defensores de la familia salvadoreña”, pues en Arena “no hay políticos, sino servidores de la familia salvadoreña”.
Es decir que durante los cuatro gobiernos de Arena se dedicaron a “defender a la familia” y a ser “servidores públicos”. ¿Cómo es posible hacer una “defensa activa” cuando se impulsa deliberadamente una abierta política de desempleo para obligar a miles de salvadoreños a emigrar hacia los Estados Unidos y otros países en busca de mejores oportunidades de vida? ¿Cómo se puede hablar de “defender a la familia” cuando se permite la explotación de padres, hermanos, hijos y mujeres en las fábricas y centros comerciales? ¿Cómo hablar de “defensa familiar” cuando se cobraban “cuotas voluntarias” en los hospitales públicos? ¿Cómo hablar de “defensa familiar” cuando se permite a los grandes importadores y a los propietarios de laboratorios y farmacias vender las medicinas más caras del mundo? En fin, ¿cómo hablar de “defensa de la familia” cuando miles de salvadoreños no tienen acceso a la educación, a la salud, al trabajo y a la vivienda?
Los gobiernos de Arena jamás se preocuparon por el bienestar de la familia salvadoreña, lejos de ellos impulsaron políticas y aprobaron leyes para favorecer el enriquecimiento de grupos empresariales y, por el contrario, incrementar la pobreza extrema y la desigualdad en la sociedad. El mismo modelo económico neoliberal y las medidas tomadas como la Ley de Integración Monetaria, conocida popularmente como “dolarización”, dieron el tiro de gracia a la ya frágil economía hogareña de miles de salvadoreños. Si en los años que hicieron y ejercieron gobierno no propiciaron las condiciones para generar empleos, seguridad ciudadana, integración familiar y combate al narcotráfico, al contrabando y a la evasión fiscal ¿cómo pueden hablar ahora de que son “servidores y defensores de la familia salvadoreña?”.
Muchos salvadoreños pueden todavía seguirlos y creer en su demagogia, aceptar como buenas las palabras de “los vendedores de ilusiones”, pero un rápido ejercicio de reflexión y el recuerdo de años pasados, rápidamente los deja sin argumentos y rechaza todo intento de engaño y falsos postulados. Desde luego, estos políticos sin escrúpulos continuarán con sus campañas propagandísticas, porque es uno de los recursos que les quedan para tratar de prolongar la agonía, de parar la caída vertiginosa rumbo al panteón de la historia, de un partido político creado para mantener los privilegios de burgueses y oligarcas y hundir en la miseria a miles de salvadoreños.





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