Han pasado los siglos y el tiempo inexorable en su marcha ha enterrado a sus propios muertos. La época de las cavernas, la prehistoria, parecía ser nada más un referente en la historia y en el ciclo evolutivo de los pueblos; pero no es tan así en nuestra sociedad donde todavía podemos ver y estudiar a los tiranosaurios y a los dinosaurios de la era mesozoica. Seres aparentemente humanos anclados para siempre en épocas remotas, portando garrotes y vistiendo taparrabos.
Además del análisis y estudio detenido de tanto político desprestigiado y medios de difusión signados por el sectarismo y siguiendo una agenda claramente definida a mantener un estado de cosas favorable a una clase determinada, es urgente bombear con limpio oxígeno nuestro aire enrarecido. Está dejando de funcionar el viejo dicho de calumnia que algo queda, para convertirse en algo mucho peor: calumnia que todo queda. Véase la impremeditación, el culto al fetichismo y las declaraciones apresuradas que este enrarecimiento suscita. Y una vez vistas, pensemos honradamente el modo de ayudar, por lo pronto, al pueblo salvadoreño, tan despreciado y despojado de toda clase de prestaciones sociales por la insaciable oligarquía.
¿Y qué nos lleva a estas reflexiones? Serían muchas cosas; pero los últimos hechos protagonizados por diputados y el diario de hoy, colman el vaso de la paciencia: resulta que el convenio de intercambio de experiencias y ayudas compartidas firmado con Cuba, es peligroso y “atentatorio contra nuestra democracia”. Las mismas frases y palabras pronunciadas desde 1959 cuando triunfan las fuerzas revolucionarias y Fidel Castro accede al gobierno de la isla. La misma cantaleta esgrimida en cuanto proceso electoral se haya realizado en este país y también en otras naciones de América Latina.
La rectoría de tan infames campañas viene de los Estados Unidos y todos sabemos que cuando en ese país se tose aquí surge la pandemia del catarro, cuando en esos laboratorios se paren las más perversas calumnias aquí se convierten en grandes verdades y se difunden por todos los medios posibles. El diario de hoy cuya tradicional deformación de sus informaciones es ya un lugar común, envía a sus equipos de reporteros a entrevistar a diputados y políticos derechistas (para no ensuciar del todo la plana, también publican las mínimas declaraciones de un representante de la izquierda y entonces se aparenta objetividad, imparcialidad y espacios iguales para todos). Y no por incapacidad profesional, sino por malicia propia, siguiendo una agenda perversa o en obediencia de la ajena (de sus patrocinadores de la oligarquía) suelta el siguiente infundio (alegarán luego que hay fuentes responsables de tales declaraciones): el convenio por suscribirse con Cuba causará daños irreversibles a la democracia.
Las tales fuentes, el origen de las declaraciones, provienen de bestias, de reptiles, de dinosaurios, de diputados ridículos e ignorantes, como Margarita Escobar de Arena y Mario Ponce del PCN; desde luego, hay otros que expresan: “votaremos a favor del convenio porque nos permite la oportunidad de interceder por los presos políticos en Cuba”, tal el caso de Rodolfo Parker de la Democracia Cristiana. Otros simplemente se excusan por no tener independencia ni agallas para definir claramente su posición.
Pero como estamos enfermos de suspicacia, como padecemos un terror salvaje de que alguien vaya a lesionar a nuestros fetiches aunque sea de palabra, todavía les damos la oportunidad de la duda y de que están procediendo con ecuanimidad y “protegiendo los más sagrados intereses de la patria”; pero cuando conocemos sus posiciones en torno a la Ley de Medicamentos y en la descarada defensa que hacen de los laboratorios, de la industria química farmacéutica y de los grandes importadores de medicinas, entonces sacamos la espada y arremetemos contra semejantes gandules, momias o dinosaurios, tome usted el símil que mejor le parezca.
Desde luego, los altos directivos de Arena aplauden y festejan las groserías propaladas por sus diputados y difundidas en su órgano oficial de difusión, es decir el diario de hoy. Toda difamación contra Cuba adquiere visos de veracidad en la mente de estos trogloditas y más aún si tiene el aval del imperio. La misma agenda es ampliada por los máximos responsables de las cúpulas empresariales que sin “conocer las interioridades del régimen cubano”, como expresa el señor Jorge Dabou, presidente de la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador, no están dispuestos a viajar a la isla ni a hacer tratos comerciales con “ese gobierno comunista”.
En los registros comerciales de El Salvador consta que muchos empresarios salvadoreños realizan desde hace tiempo negocios con Cuba: TACA cubre todos los viajes internos en la isla y hacia otros países de América Latina; Laboratorios López, importa y exporta medicinas hacia Cuba; Industrias Capri vende colchones y otros productos similares a ese país; el presidente de Arena, Alfredo Cristiani, importa vacunas desde Cuba. La cosa como se ve no es pequeña ni para tomarla a broma; pero la hipocresía y la doble moral de estos tunantes no tiene comparación.
Es ridícula y atolondrada la posición y el extremismo de empresarios y políticos salvadoreños, no de todos por supuesto; pero sí de la mayoría arropados con la bandera tricolor de Arena. Así como han sido capaces de proteger y apoyar a terroristas confesos como Posada Carriles, Chávez Abarca y otros, estos dinosaurios anclados en la prehistoria, pueden echar mano de todo recurso a sus manos para atentar contra los suscritores del convenio que en materia de salud, educación, deportes, turismo y otros rubros se firmará en Cuba en los primeros días de octubre. Ya ustedes saben de dónde podrían venir las catástrofes. Hombre y nación prevenidos valen por dos.
Además del análisis y estudio detenido de tanto político desprestigiado y medios de difusión signados por el sectarismo y siguiendo una agenda claramente definida a mantener un estado de cosas favorable a una clase determinada, es urgente bombear con limpio oxígeno nuestro aire enrarecido. Está dejando de funcionar el viejo dicho de calumnia que algo queda, para convertirse en algo mucho peor: calumnia que todo queda. Véase la impremeditación, el culto al fetichismo y las declaraciones apresuradas que este enrarecimiento suscita. Y una vez vistas, pensemos honradamente el modo de ayudar, por lo pronto, al pueblo salvadoreño, tan despreciado y despojado de toda clase de prestaciones sociales por la insaciable oligarquía.
¿Y qué nos lleva a estas reflexiones? Serían muchas cosas; pero los últimos hechos protagonizados por diputados y el diario de hoy, colman el vaso de la paciencia: resulta que el convenio de intercambio de experiencias y ayudas compartidas firmado con Cuba, es peligroso y “atentatorio contra nuestra democracia”. Las mismas frases y palabras pronunciadas desde 1959 cuando triunfan las fuerzas revolucionarias y Fidel Castro accede al gobierno de la isla. La misma cantaleta esgrimida en cuanto proceso electoral se haya realizado en este país y también en otras naciones de América Latina.
La rectoría de tan infames campañas viene de los Estados Unidos y todos sabemos que cuando en ese país se tose aquí surge la pandemia del catarro, cuando en esos laboratorios se paren las más perversas calumnias aquí se convierten en grandes verdades y se difunden por todos los medios posibles. El diario de hoy cuya tradicional deformación de sus informaciones es ya un lugar común, envía a sus equipos de reporteros a entrevistar a diputados y políticos derechistas (para no ensuciar del todo la plana, también publican las mínimas declaraciones de un representante de la izquierda y entonces se aparenta objetividad, imparcialidad y espacios iguales para todos). Y no por incapacidad profesional, sino por malicia propia, siguiendo una agenda perversa o en obediencia de la ajena (de sus patrocinadores de la oligarquía) suelta el siguiente infundio (alegarán luego que hay fuentes responsables de tales declaraciones): el convenio por suscribirse con Cuba causará daños irreversibles a la democracia.
Las tales fuentes, el origen de las declaraciones, provienen de bestias, de reptiles, de dinosaurios, de diputados ridículos e ignorantes, como Margarita Escobar de Arena y Mario Ponce del PCN; desde luego, hay otros que expresan: “votaremos a favor del convenio porque nos permite la oportunidad de interceder por los presos políticos en Cuba”, tal el caso de Rodolfo Parker de la Democracia Cristiana. Otros simplemente se excusan por no tener independencia ni agallas para definir claramente su posición.
Pero como estamos enfermos de suspicacia, como padecemos un terror salvaje de que alguien vaya a lesionar a nuestros fetiches aunque sea de palabra, todavía les damos la oportunidad de la duda y de que están procediendo con ecuanimidad y “protegiendo los más sagrados intereses de la patria”; pero cuando conocemos sus posiciones en torno a la Ley de Medicamentos y en la descarada defensa que hacen de los laboratorios, de la industria química farmacéutica y de los grandes importadores de medicinas, entonces sacamos la espada y arremetemos contra semejantes gandules, momias o dinosaurios, tome usted el símil que mejor le parezca.
Desde luego, los altos directivos de Arena aplauden y festejan las groserías propaladas por sus diputados y difundidas en su órgano oficial de difusión, es decir el diario de hoy. Toda difamación contra Cuba adquiere visos de veracidad en la mente de estos trogloditas y más aún si tiene el aval del imperio. La misma agenda es ampliada por los máximos responsables de las cúpulas empresariales que sin “conocer las interioridades del régimen cubano”, como expresa el señor Jorge Dabou, presidente de la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador, no están dispuestos a viajar a la isla ni a hacer tratos comerciales con “ese gobierno comunista”.
En los registros comerciales de El Salvador consta que muchos empresarios salvadoreños realizan desde hace tiempo negocios con Cuba: TACA cubre todos los viajes internos en la isla y hacia otros países de América Latina; Laboratorios López, importa y exporta medicinas hacia Cuba; Industrias Capri vende colchones y otros productos similares a ese país; el presidente de Arena, Alfredo Cristiani, importa vacunas desde Cuba. La cosa como se ve no es pequeña ni para tomarla a broma; pero la hipocresía y la doble moral de estos tunantes no tiene comparación.
Es ridícula y atolondrada la posición y el extremismo de empresarios y políticos salvadoreños, no de todos por supuesto; pero sí de la mayoría arropados con la bandera tricolor de Arena. Así como han sido capaces de proteger y apoyar a terroristas confesos como Posada Carriles, Chávez Abarca y otros, estos dinosaurios anclados en la prehistoria, pueden echar mano de todo recurso a sus manos para atentar contra los suscritores del convenio que en materia de salud, educación, deportes, turismo y otros rubros se firmará en Cuba en los primeros días de octubre. Ya ustedes saben de dónde podrían venir las catástrofes. Hombre y nación prevenidos valen por dos.





1 comentarios:
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