Ya va siendo hora de que veamos las cosas como son.
Quienes en el pasado reciente se opusieron a la Reforma Agraria, a aumentar el salario mínimo a los trabajadores, a poner un techo a las exageradas ganancias de los consorcios y las “grandes empresas”, los creadores de políticas infames para generar desempleo y obligar a miles de compatriotas a emigrar hacia los Estados Unidos, los acaparadores de productos esenciales para la dieta alimenticia, lo que hacen, en realidad, es conspirar y condenar a la población a continuar viviendo en la miseria, a nunca aspirar a nada, a únicamente ver como una minoría progresa y lo tiene todo.
En el presente se resisten a aprobar la Ley de Medicamentos, protestan por el viaje a Cuba, por las actuaciones de la Corte Suprema de Justicia, en fin por todo aquello que muestre un avance en la defensa de los derechos elementales de la población e intente regular el abuso de esas minorías privilegiadas. La oligarquía en éste y en otros países, siempre ha alentado a los gobiernos sumisos, a sus aliados, para mantenerse en la “democracia”, cumplir con sus lineamientos y no salirse del “orden establecido”, ese que les permite privilegios, atesorar riquezas, contrabando y evasión de impuestos.
Como lo hemos dicho en otros comentarios, quisieran siempre millones de hambrientos, para mantener los salarios bajos, para disponer de criados obsequiosos, para poder sustituir a los “rebeldes”, a los promotores de paros y huelgas, en las fábricas y en las haciendas. En otros lugares el capitalismo ha “avanzado” y no urgen tanto de esa legión de desocupados; pero en América Latina y aquí en El Salvador, la burguesía se quedó anclada en la prehistoria y continúan manteniendo sueldos bajos y protestando por todo, incluso, estafando a la población, sin apiadarse de los más pobres de este país, que no tienen suficientes ingresos para adquirir las medicinas más caras.
¿Por qué razón no quieren ceder y se oponen a cuanta medida, decreto o ley que busque mínimas reivindicaciones sociales? ¿Por qué se oponen al viaje y a los convenios firmados con el gobierno de Cuba? En primer lugar: se trata de mantener el estado de cosas, de no tocar nada, sobre todo en el aspecto económico que perjudique sus millonarios ingresos; en segundo lugar, es una pila ideológica, un odio contra un sistema social totalmente distinto al capitalismo con remanentes feudales actualmente en vigencia en El Salvador y, finalmente, porque reconocen que al entrar en vigor el convenio con la isla, se podrán importar medicinas baratas, adquirir materias primas para fabricarlas en el país, vendrán asesores en medicina, deporte y educación, expertos en desastres ambientales y en los provocados por fenómenos naturales como terremotos, inundaciones y huracanes.
Cuba afronta serios problemas en su desarrollo económico; pero ello se debe fundamentalmente al infame bloqueo impuesto por los Estados Unidos desde hace 50 años; pero no se puede negar su avance en materia social, sobre todo en la educación, en políticas de salud pública, en la atención a las familias más vulnerables. ¿Por qué razón Estados Unidos no quita el bloqueo y otras medidas paralelas? Sencillamente porque reconocen que el sistema socialista avanzaría en todos los ordenes y demostraría su justo valer en todas las disciplinas humanas. Con todas las dificultades y ataques despiadados, esa isla y sus gobernantes siguen dando muestras de su humanismo y de su solidaridad militante: son miles de médicos y profesores los que brindan asistencia a más de 25 países de América Latina, África y Centro América. Los asesores en educación física han ayudado a muchas naciones a mejorar sus condiciones, incluso a obtener resonantes triunfos en competencias mundiales.
El Salvador no tiene mucho por ofrecer a Cuba, pero en cambio se beneficiará con una serie de programas sociales. Si los empresarios salvadoreños quieren ir a conocer de trampas y mañas para explotar a sus trabajadores, por supuesto que no lo encontrarán; tampoco forma de evadir impuestos, hacer contrabando o negocios turbios. Si por el contrario desean incursionar en el turismo, en vender y adquirir materias primas para fabricar medicinas, en ofrecer toda clase de artículos para socorrer a la población perjudicada por desastres naturales, pueden encontrar grandes oportunidades.
Por lo demás, es necesario decirle a los dinosaurios salvadoreños que para hablar de un país es NECESARIO CONOCERLO DESDE DENTRO y no simplemente hablar sandeces o ampararse a “reportajes” publicados por la “prensa seria” como el diario de hoy o los comunicados emitidos desde las embajadas de los Estados Unidos. No encontrarán rótulos luminosos, ni despilfarro, ni cubanos vistiendo “ropas de marca” o conduciendo vehículos lujosos; pero si ciudadanos cultos, educados y deseosos de aprender y compartir conocimientos en las diferentes áreas.
A Fidel Castro y a Raúl no se les debe tener miedo, como tampoco al modelo económico cubano. Si los empresarios salvadoreños conocen de un sistema social distinto al nuestro e incluso al de Cuba, que mejore las condiciones de vida de nuestros compatriotas, deben ponerlo en práctica y urgir al gobierno a llevarlo adelante; pero definitivamente el nuestro ha demostrado ser excluyente y concentrador de riqueza y de privilegios para unos pocos, en contra de las mayorías poblacionales en permanente miseria.
Quienes en el pasado reciente se opusieron a la Reforma Agraria, a aumentar el salario mínimo a los trabajadores, a poner un techo a las exageradas ganancias de los consorcios y las “grandes empresas”, los creadores de políticas infames para generar desempleo y obligar a miles de compatriotas a emigrar hacia los Estados Unidos, los acaparadores de productos esenciales para la dieta alimenticia, lo que hacen, en realidad, es conspirar y condenar a la población a continuar viviendo en la miseria, a nunca aspirar a nada, a únicamente ver como una minoría progresa y lo tiene todo.
En el presente se resisten a aprobar la Ley de Medicamentos, protestan por el viaje a Cuba, por las actuaciones de la Corte Suprema de Justicia, en fin por todo aquello que muestre un avance en la defensa de los derechos elementales de la población e intente regular el abuso de esas minorías privilegiadas. La oligarquía en éste y en otros países, siempre ha alentado a los gobiernos sumisos, a sus aliados, para mantenerse en la “democracia”, cumplir con sus lineamientos y no salirse del “orden establecido”, ese que les permite privilegios, atesorar riquezas, contrabando y evasión de impuestos.
Como lo hemos dicho en otros comentarios, quisieran siempre millones de hambrientos, para mantener los salarios bajos, para disponer de criados obsequiosos, para poder sustituir a los “rebeldes”, a los promotores de paros y huelgas, en las fábricas y en las haciendas. En otros lugares el capitalismo ha “avanzado” y no urgen tanto de esa legión de desocupados; pero en América Latina y aquí en El Salvador, la burguesía se quedó anclada en la prehistoria y continúan manteniendo sueldos bajos y protestando por todo, incluso, estafando a la población, sin apiadarse de los más pobres de este país, que no tienen suficientes ingresos para adquirir las medicinas más caras.
¿Por qué razón no quieren ceder y se oponen a cuanta medida, decreto o ley que busque mínimas reivindicaciones sociales? ¿Por qué se oponen al viaje y a los convenios firmados con el gobierno de Cuba? En primer lugar: se trata de mantener el estado de cosas, de no tocar nada, sobre todo en el aspecto económico que perjudique sus millonarios ingresos; en segundo lugar, es una pila ideológica, un odio contra un sistema social totalmente distinto al capitalismo con remanentes feudales actualmente en vigencia en El Salvador y, finalmente, porque reconocen que al entrar en vigor el convenio con la isla, se podrán importar medicinas baratas, adquirir materias primas para fabricarlas en el país, vendrán asesores en medicina, deporte y educación, expertos en desastres ambientales y en los provocados por fenómenos naturales como terremotos, inundaciones y huracanes.
Cuba afronta serios problemas en su desarrollo económico; pero ello se debe fundamentalmente al infame bloqueo impuesto por los Estados Unidos desde hace 50 años; pero no se puede negar su avance en materia social, sobre todo en la educación, en políticas de salud pública, en la atención a las familias más vulnerables. ¿Por qué razón Estados Unidos no quita el bloqueo y otras medidas paralelas? Sencillamente porque reconocen que el sistema socialista avanzaría en todos los ordenes y demostraría su justo valer en todas las disciplinas humanas. Con todas las dificultades y ataques despiadados, esa isla y sus gobernantes siguen dando muestras de su humanismo y de su solidaridad militante: son miles de médicos y profesores los que brindan asistencia a más de 25 países de América Latina, África y Centro América. Los asesores en educación física han ayudado a muchas naciones a mejorar sus condiciones, incluso a obtener resonantes triunfos en competencias mundiales.
El Salvador no tiene mucho por ofrecer a Cuba, pero en cambio se beneficiará con una serie de programas sociales. Si los empresarios salvadoreños quieren ir a conocer de trampas y mañas para explotar a sus trabajadores, por supuesto que no lo encontrarán; tampoco forma de evadir impuestos, hacer contrabando o negocios turbios. Si por el contrario desean incursionar en el turismo, en vender y adquirir materias primas para fabricar medicinas, en ofrecer toda clase de artículos para socorrer a la población perjudicada por desastres naturales, pueden encontrar grandes oportunidades.
Por lo demás, es necesario decirle a los dinosaurios salvadoreños que para hablar de un país es NECESARIO CONOCERLO DESDE DENTRO y no simplemente hablar sandeces o ampararse a “reportajes” publicados por la “prensa seria” como el diario de hoy o los comunicados emitidos desde las embajadas de los Estados Unidos. No encontrarán rótulos luminosos, ni despilfarro, ni cubanos vistiendo “ropas de marca” o conduciendo vehículos lujosos; pero si ciudadanos cultos, educados y deseosos de aprender y compartir conocimientos en las diferentes áreas.
A Fidel Castro y a Raúl no se les debe tener miedo, como tampoco al modelo económico cubano. Si los empresarios salvadoreños conocen de un sistema social distinto al nuestro e incluso al de Cuba, que mejore las condiciones de vida de nuestros compatriotas, deben ponerlo en práctica y urgir al gobierno a llevarlo adelante; pero definitivamente el nuestro ha demostrado ser excluyente y concentrador de riqueza y de privilegios para unos pocos, en contra de las mayorías poblacionales en permanente miseria.





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