Es un tema reiterado, pero necesario para aclarar conceptos y ubicar las cosas en su justa dimensión: no se trata de una reivindicación de la iniciativa privada para reclamar por “su derecho” al libre mercado, sino de evadir responsabilidades, mantener privilegios y conservar intereses tan “respetados” en los 20 años de los regímenes areneros y también con anteriores gobiernos surgidos y mantenidos por la estructura oligárquica.
La “gran” empresa privada no quiere pagar más impuestos, ni siquiera declaraciones al patrimonio como es usual y normal en otros países con “rostro democrático”, tampoco acepta la aprobación de una Ley de Medicamentos para regular la calidad y el precio de las medicinas. A su particular juicio eso conspira contra la “libertad de empresa” y el Estado de Derecho. De forma deliberada rechazan el estudio científico hecho por prestigiosas instituciones sobre la producción, importación y comercialización de las medicinas. Su preocupación únicamente reside en garantizar el gran negocio de los laboratorios químico-farmacéuticos; pero nunca hablan de las necesidades y de la preocupación de los consumidores. El neoliberalismo, el mercantilismo, coloca en primer lugar la mercancía, las ganancias, el lucro, el dinero; el ser humano en último lugar.
La “gran” empresa privada nunca ha sido solidaria con las necesidades de las familias más vulnerables, ellos pueden hablar de sus colaboraciones, sobre todo alimenticia, en tiempos de desastres; pero es la excepción no la regla. En los albores de su gobierno, el presidente Funes se prometió una conducta amistosa y de franca colaboración con la iniciativa privada. Los llamó a la unidad, a invertir y generar empleos. Los llevó a Brasil en su primer viaje a ese país como mandatario; también los inventó a acompañarlo en su misión oficial a Cuba. No lo hicieron por razones ideológicas, hipócritas y cínicas. Cuando poco después los hechos concretos, esos hechos que dan a las palabras su exacto valor, le hicieron ver la imposibilidad de lograr su cooperación, con una docilidad ante las realidades que aumentan, en vez de disminuir, su agudeza política, comenzó a fustigarlos y culpar a “ciertos empresarios” de seguir una agenda política del partido Arena.
Y no es casualidad que las mismas acusaciones y campañas de Arena contra el gobierno y el FMLN sean asumidas, prácticamente copiadas, por las cúpulas empresariales. ¿Será por la cercanía de las elecciones para diputados y concejos municipales? ¿O será por un plan de desestabilización con los mismos fines? Nos guste o no, provocados o no, los hechos concretos se están produciendo en nuestro país con más celeridad que las mismas declaraciones. Los hechos palpables de la recién clausurada Feria Internacional, con la escasa participación de la “gran” empresa privada, las acusaciones reiteradas del nulo crecimiento económico o el aumento de la pobreza (generados por razones estructurales y no coyunturales) son las que están planteando al presidente Funes ciertas posiciones de cara a los restantes tres años de su gobierno, en el medio fuertes reacciones contra el canibalismo y ambiciones desmedidas de grupos empresariales. Por lo tanto, está dentro de la lógica de las cosas que éste régimen actúe en función de los cambios económicos, políticos y sociales requeridos por las mayorías poblacionales.
En esta batalla contra la pobreza, la nula inversión privada y el negativo crecimiento económico para este año, el gobierno deberá contar con el apoyo del pueblo, ese mismo que lo llevó a la presidencia de la república. Si los llamados a la unidad y a trabajar todos por el desarrollo de El Salvador, no son escuchados por ciertos sectores y, por el contrario, la respuesta es el alevoso ataque, las calumnias y las campañas mediáticas, no queda más camino que hacer alianzas con las organizaciones populares, con los empresarios patriotas y con todas las fuerzas vivas que en las buenas y en las malas dicen presente para llevar la nave a puerto feliz. Además, el país está endeudado y no se cuenta con recursos suficientes para concretar todas las obras. Esto no lo ignoran las cúpulas empresariales, pero hacen todo lo posible por sembrar en los caminos plantas de incertidumbre, propalar rumores y generar divisiones.
Nadie en su sano juicio podrá ver en las declaraciones de dirigentes de las cúpulas empresariales (siempre coinciden en propósitos y misiones los presidentes de la ASI, ANEP y Cámara de Comercio e Industria de El Salvador, con la dirigencia de Arena) una “solución nueva” o un real aporte a la difícil situación económica y social del país. Y la lógica parece indicar que tanto los ataques directos, como las campañas mediáticas, recrudecerán en los próximos meses. La realidad y los próximos acontecimientos los convierten en actores y protagonistas políticos. Si usted lo ve en actos políticos o reunidos con personeros del COENA no se sorprenda ni se llame a engaño: están el lugar justo, en el indicado por sus particulares preferencias.
Es posible, por ejemplo, que si no superan el veto de la declaración patrimonial en la Asamblea Legislativa, se aprueben las leyes de medicamentos y de impuesto a la seguridad para las más grandes empresas, los veamos al frente de campañas de desprestigio contra el gobierno, de acusarlo de “llevar el país al caos” y de “no respetar las reglas del juego” e, incluso, atentar contra la democracia y las libertades públicas. Desde luego, de hacer vinculaciones con el régimen de Venezuela y de querer instaurar en el país el Socialismo del Siglo XXI, como lo utilizaron en la campaña electoral. En este país donde se han dado largas y cruentas batallas por la verdadera libertad y eliminación de la injusticia, no triunfarán las ideas fatalistas ni desfilarán los heraldos de los hechos trágicos.
La “gran” empresa privada no quiere pagar más impuestos, ni siquiera declaraciones al patrimonio como es usual y normal en otros países con “rostro democrático”, tampoco acepta la aprobación de una Ley de Medicamentos para regular la calidad y el precio de las medicinas. A su particular juicio eso conspira contra la “libertad de empresa” y el Estado de Derecho. De forma deliberada rechazan el estudio científico hecho por prestigiosas instituciones sobre la producción, importación y comercialización de las medicinas. Su preocupación únicamente reside en garantizar el gran negocio de los laboratorios químico-farmacéuticos; pero nunca hablan de las necesidades y de la preocupación de los consumidores. El neoliberalismo, el mercantilismo, coloca en primer lugar la mercancía, las ganancias, el lucro, el dinero; el ser humano en último lugar.
La “gran” empresa privada nunca ha sido solidaria con las necesidades de las familias más vulnerables, ellos pueden hablar de sus colaboraciones, sobre todo alimenticia, en tiempos de desastres; pero es la excepción no la regla. En los albores de su gobierno, el presidente Funes se prometió una conducta amistosa y de franca colaboración con la iniciativa privada. Los llamó a la unidad, a invertir y generar empleos. Los llevó a Brasil en su primer viaje a ese país como mandatario; también los inventó a acompañarlo en su misión oficial a Cuba. No lo hicieron por razones ideológicas, hipócritas y cínicas. Cuando poco después los hechos concretos, esos hechos que dan a las palabras su exacto valor, le hicieron ver la imposibilidad de lograr su cooperación, con una docilidad ante las realidades que aumentan, en vez de disminuir, su agudeza política, comenzó a fustigarlos y culpar a “ciertos empresarios” de seguir una agenda política del partido Arena.
Y no es casualidad que las mismas acusaciones y campañas de Arena contra el gobierno y el FMLN sean asumidas, prácticamente copiadas, por las cúpulas empresariales. ¿Será por la cercanía de las elecciones para diputados y concejos municipales? ¿O será por un plan de desestabilización con los mismos fines? Nos guste o no, provocados o no, los hechos concretos se están produciendo en nuestro país con más celeridad que las mismas declaraciones. Los hechos palpables de la recién clausurada Feria Internacional, con la escasa participación de la “gran” empresa privada, las acusaciones reiteradas del nulo crecimiento económico o el aumento de la pobreza (generados por razones estructurales y no coyunturales) son las que están planteando al presidente Funes ciertas posiciones de cara a los restantes tres años de su gobierno, en el medio fuertes reacciones contra el canibalismo y ambiciones desmedidas de grupos empresariales. Por lo tanto, está dentro de la lógica de las cosas que éste régimen actúe en función de los cambios económicos, políticos y sociales requeridos por las mayorías poblacionales.
En esta batalla contra la pobreza, la nula inversión privada y el negativo crecimiento económico para este año, el gobierno deberá contar con el apoyo del pueblo, ese mismo que lo llevó a la presidencia de la república. Si los llamados a la unidad y a trabajar todos por el desarrollo de El Salvador, no son escuchados por ciertos sectores y, por el contrario, la respuesta es el alevoso ataque, las calumnias y las campañas mediáticas, no queda más camino que hacer alianzas con las organizaciones populares, con los empresarios patriotas y con todas las fuerzas vivas que en las buenas y en las malas dicen presente para llevar la nave a puerto feliz. Además, el país está endeudado y no se cuenta con recursos suficientes para concretar todas las obras. Esto no lo ignoran las cúpulas empresariales, pero hacen todo lo posible por sembrar en los caminos plantas de incertidumbre, propalar rumores y generar divisiones.
Nadie en su sano juicio podrá ver en las declaraciones de dirigentes de las cúpulas empresariales (siempre coinciden en propósitos y misiones los presidentes de la ASI, ANEP y Cámara de Comercio e Industria de El Salvador, con la dirigencia de Arena) una “solución nueva” o un real aporte a la difícil situación económica y social del país. Y la lógica parece indicar que tanto los ataques directos, como las campañas mediáticas, recrudecerán en los próximos meses. La realidad y los próximos acontecimientos los convierten en actores y protagonistas políticos. Si usted lo ve en actos políticos o reunidos con personeros del COENA no se sorprenda ni se llame a engaño: están el lugar justo, en el indicado por sus particulares preferencias.
Es posible, por ejemplo, que si no superan el veto de la declaración patrimonial en la Asamblea Legislativa, se aprueben las leyes de medicamentos y de impuesto a la seguridad para las más grandes empresas, los veamos al frente de campañas de desprestigio contra el gobierno, de acusarlo de “llevar el país al caos” y de “no respetar las reglas del juego” e, incluso, atentar contra la democracia y las libertades públicas. Desde luego, de hacer vinculaciones con el régimen de Venezuela y de querer instaurar en el país el Socialismo del Siglo XXI, como lo utilizaron en la campaña electoral. En este país donde se han dado largas y cruentas batallas por la verdadera libertad y eliminación de la injusticia, no triunfarán las ideas fatalistas ni desfilarán los heraldos de los hechos trágicos.





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