El gobierno y la cúpula del FMLN son duramente atacados por la extrema derecha, los empresarios renuentes a aceptar tibias modificaciones tributarias y también sectores de la izquierda que quisieran cambios profundos en el modelo todavía con remanentes neoliberales y acentos del consenso de Washington. En lo particular no aspiramos a ser teóricos ni consejeros de la actual administración, lejos de aceptar tales calificativos por opiniones y “sugerencias” de los asiduos a esta sección. Nada más críticos y observadores de esta nueva experiencia en los anales de la historia política salvadoreña.
En tal sentido analizamos la actuación de los funcionarios y del mismo mandatario. También condenamos a quienes en el presente buscan convertirse en redentores o jueces, cuando durante 20 años no fueron capaces (o no quisieron) de hacer ligeros cambios en un modelo económico concentrador y excluyente. A políticos sinvergüenzas que de la noche a la mañana se pasan a otro partido, como quien se cambia de camisa por “estar sucia o sudada”. Gente sin excusa que lanzan su imponente capacidad para la injuria y el desprecio. Los vemos todos los días sin el mínimo pudor, con un cinismo brutal.
En estos comentarios nosotros proponemos y hacemos llamados a soluciones inmediatas y no una transformación esencial de la sociedad de nuestro tiempo, pues es algo que no se logra en tan corto periodo, digamos cinco años, sino requiere más años, más trabajo, paciencia y sabiduría; pero también son los propósitos y las señales las que marcan el rumbo y cuando está a faltar la energía y los mecanismos correctos, es la hora de criticar fuertemente para enderezar el camino. En concreto, hemos insistido en limpiar la casa de basura, de suprimir plazas ocupadas por antiguos militantes de Arena, quienes siguen con sus viejas mañas y sus capacidades probadas para la corrupción. No permitir el enriquecimiento ilícito, combatir, pues, a la nueva oligarquía. Alto a la violencia oficial, así sea verbalmente para desacreditar a sindicalistas o empleados gubernamentales. Lucha contra las intromisiones y “sugerencias” del imperialismo en nuestro país y en la región centroamericana. Respeto a la vida y la dignidad del ser humano. Cumplimiento estricto de la ley.
Programa obvio, elemental. Nada de “entorpecer” ni meterse con la empresa privada o los monopolios. Es lo básico, suficiente para ennoblecer a un gobierno. Digamos que la estrategia para alcanzar la victoria, la felicidad de una nación, no se funda en la violencia, sino en la creación de conciencia y decisiones populares que a la larga se podrían imponer en una especie de plebiscito nacional: está usted de acuerdo en llevar adelante estas reformas, quisiera una Ley de Medicamentos para vigilar y regular la calidad y el precio de los medicamentos, estaría a favor de una campaña nacional de alfabetización y reformas profundas de la educación y la salud. Esta concepción ideal, de la vida pública, se enmarca en el supuesto de una América – Ibero América-- unida y organizada política y económicamente, conforme a la voluntad de cumplir una misión en el proceso de la historia humana.
Las actuales generaciones son espectadores del renacer en América Latina. Viejos paradigmas, modelos arcaicos, alianzas perniciosas con el imperialismo, han caído. No es gratuito la ascensión de Evo Morales, Rafael Correa, Hugo Rafael Chávez, en Bolivia, Ecuador y Venezuela. ¿Por qué triunfa un ex guerrillero y una ex guerrillera en Uruguay y Brasil? Simple y transparente: los pueblos han perdido el temor a los fantasmas del socialismo o el comunismo y, por el contrario, han castigado la opresión, la exclusión, la marginación, la explotación que encarnaban antiguos gobiernos de la derecha más extrema. Lo mismo ocurre en Paraguay y Argentina. Igual en Guatemala o El Salvador. Lo mismo fue en Honduras, primavera truncada por el odio enfermizo de los esbirros y los lacayos al servicio del imperialismo. La realidad es otra y se anima, muchas veces, por la emoción nacida de un descubrimiento: la igualdad de hombres y mujeres, modos, artes, lengua y aun el paisaje, permiten, impulsan a crear una hermandad de pueblos.
Todo esto, sin embargo, pretende ser minimizado por agentes del pasado, por viejos políticos curtidos en la corrupción y en la maldad, no son capaces de ver ojos bonitos en cara ajena ni mucho menos aceptar la voluntad de los pueblos. Tanto en Bolivia, como en Brasil y aquí en El Salvador, la gente no fue a las urnas a depositar su voto amenazados por una pistola, simplemente por la razón de la conciencia, el convencimiento de que su situación de vida había desmejorado. Los cínicos de Arena, por ejemplo, no tienen autoridad alguna para señalar rumbos, aconsejar o atacar al gobierno por determinadas medidas, cuando ellos han sido los culpables directos de todo el desastre económico, político y social de la nación.
Nosotros aspiramos a una transformación y a una unidad nacional, vendría luego la centroamericana y la unión iberoamericana se configura como un ideal lejano, de largo madurar, situado más allá de las circunstancias pasajeras. Pero esto no quiere decir, como lo exigía José Martí y Simón Bolívar, que la aspiración a la unidad de nuestros pueblos no sea estímulo para la lucha. Para todo esto es necesario introducir reformas profundas en el modelo económico y político de la nación, lo mismo evitar concesiones a los grupos de poder económico, o hacer alianzas o pactos a ciegas con políticos sin escrúpulos o empresarios que únicamente ven sus intereses particulares, sin pensar en ningún momento en las sentidas necesidades de las mayorías poblacionales. Debemos por lo tanto estar siempre atentos a las aspiraciones y las inconformidades colectivas, a la realidad de la patria.
En este mes, para el caso, se conmemoró un aniversario más de la ofensiva final del FMLN. Fueron otras las generaciones las que impulsaron esa gesta; las actuales muy poco o nada saben de lo ocurrido en noviembre de 1989 y de alguna manera quisiéramos contestar la pregunta flotando en el ambiente: ¿Se puede conducir a una mayoría de jóvenes a la victoria o la muerte, empeñándola en una lucha cívica que supuestamente las circunstancias condenaban al fracaso? Ese es, sin duda, un planteamiento falso de la cuestión. Los muchachos fueron a la batalla por convicción, felices de aportar con su heroísmo al cambio de la sociedad. Distinto es que algunos dirigentes ahora se hayan acomodado a la “buena vida” y de forma desleal hayan olvidado esa generosa entrega. Cumplieron lo que a ellos se pidió y vivieron, además, ese momento que da claridad y sentido a la existencia.
Por eso la necesidad urgente de un gobierno del FMLN de profundizar en los cambios de la sociedad, no de manera drástica sino gradual como lo hemos apuntado. No mentirle a la población, ser precisos y exactos en los juicios, no alterar la historia ni construir castillos en el aire. Esta administración es nada más de transición, no se le puede exigir más allá de las posibilidades reales, las que demanda la realidad; pero en el futuro inmediato los dirigentes del partido de izquierda deben ofrecer un programa coherente y presentarlo de frente al país, no conciliando intereses con la derecha o buscando la aprobación de los grupos oligarcas, nada más sometiéndolo a la aceptación o el rechazo de las mayorías poblacionales. Si los salvadoreños están de acuerdo lo harán saber en las elecciones, si por el contrario quieren la corrupción, los privilegios, la exclusión, la opresión y la marginación votarán por opciones de la derecha y entonces todos sabremos a que atenernos. Eso de “no ofender ni molestar a la empresa privada reaccionaria” debe quedar en el pasado. No hay otra solución.
En tal sentido analizamos la actuación de los funcionarios y del mismo mandatario. También condenamos a quienes en el presente buscan convertirse en redentores o jueces, cuando durante 20 años no fueron capaces (o no quisieron) de hacer ligeros cambios en un modelo económico concentrador y excluyente. A políticos sinvergüenzas que de la noche a la mañana se pasan a otro partido, como quien se cambia de camisa por “estar sucia o sudada”. Gente sin excusa que lanzan su imponente capacidad para la injuria y el desprecio. Los vemos todos los días sin el mínimo pudor, con un cinismo brutal.
En estos comentarios nosotros proponemos y hacemos llamados a soluciones inmediatas y no una transformación esencial de la sociedad de nuestro tiempo, pues es algo que no se logra en tan corto periodo, digamos cinco años, sino requiere más años, más trabajo, paciencia y sabiduría; pero también son los propósitos y las señales las que marcan el rumbo y cuando está a faltar la energía y los mecanismos correctos, es la hora de criticar fuertemente para enderezar el camino. En concreto, hemos insistido en limpiar la casa de basura, de suprimir plazas ocupadas por antiguos militantes de Arena, quienes siguen con sus viejas mañas y sus capacidades probadas para la corrupción. No permitir el enriquecimiento ilícito, combatir, pues, a la nueva oligarquía. Alto a la violencia oficial, así sea verbalmente para desacreditar a sindicalistas o empleados gubernamentales. Lucha contra las intromisiones y “sugerencias” del imperialismo en nuestro país y en la región centroamericana. Respeto a la vida y la dignidad del ser humano. Cumplimiento estricto de la ley.
Programa obvio, elemental. Nada de “entorpecer” ni meterse con la empresa privada o los monopolios. Es lo básico, suficiente para ennoblecer a un gobierno. Digamos que la estrategia para alcanzar la victoria, la felicidad de una nación, no se funda en la violencia, sino en la creación de conciencia y decisiones populares que a la larga se podrían imponer en una especie de plebiscito nacional: está usted de acuerdo en llevar adelante estas reformas, quisiera una Ley de Medicamentos para vigilar y regular la calidad y el precio de los medicamentos, estaría a favor de una campaña nacional de alfabetización y reformas profundas de la educación y la salud. Esta concepción ideal, de la vida pública, se enmarca en el supuesto de una América – Ibero América-- unida y organizada política y económicamente, conforme a la voluntad de cumplir una misión en el proceso de la historia humana.
Las actuales generaciones son espectadores del renacer en América Latina. Viejos paradigmas, modelos arcaicos, alianzas perniciosas con el imperialismo, han caído. No es gratuito la ascensión de Evo Morales, Rafael Correa, Hugo Rafael Chávez, en Bolivia, Ecuador y Venezuela. ¿Por qué triunfa un ex guerrillero y una ex guerrillera en Uruguay y Brasil? Simple y transparente: los pueblos han perdido el temor a los fantasmas del socialismo o el comunismo y, por el contrario, han castigado la opresión, la exclusión, la marginación, la explotación que encarnaban antiguos gobiernos de la derecha más extrema. Lo mismo ocurre en Paraguay y Argentina. Igual en Guatemala o El Salvador. Lo mismo fue en Honduras, primavera truncada por el odio enfermizo de los esbirros y los lacayos al servicio del imperialismo. La realidad es otra y se anima, muchas veces, por la emoción nacida de un descubrimiento: la igualdad de hombres y mujeres, modos, artes, lengua y aun el paisaje, permiten, impulsan a crear una hermandad de pueblos.
Todo esto, sin embargo, pretende ser minimizado por agentes del pasado, por viejos políticos curtidos en la corrupción y en la maldad, no son capaces de ver ojos bonitos en cara ajena ni mucho menos aceptar la voluntad de los pueblos. Tanto en Bolivia, como en Brasil y aquí en El Salvador, la gente no fue a las urnas a depositar su voto amenazados por una pistola, simplemente por la razón de la conciencia, el convencimiento de que su situación de vida había desmejorado. Los cínicos de Arena, por ejemplo, no tienen autoridad alguna para señalar rumbos, aconsejar o atacar al gobierno por determinadas medidas, cuando ellos han sido los culpables directos de todo el desastre económico, político y social de la nación.
Nosotros aspiramos a una transformación y a una unidad nacional, vendría luego la centroamericana y la unión iberoamericana se configura como un ideal lejano, de largo madurar, situado más allá de las circunstancias pasajeras. Pero esto no quiere decir, como lo exigía José Martí y Simón Bolívar, que la aspiración a la unidad de nuestros pueblos no sea estímulo para la lucha. Para todo esto es necesario introducir reformas profundas en el modelo económico y político de la nación, lo mismo evitar concesiones a los grupos de poder económico, o hacer alianzas o pactos a ciegas con políticos sin escrúpulos o empresarios que únicamente ven sus intereses particulares, sin pensar en ningún momento en las sentidas necesidades de las mayorías poblacionales. Debemos por lo tanto estar siempre atentos a las aspiraciones y las inconformidades colectivas, a la realidad de la patria.
En este mes, para el caso, se conmemoró un aniversario más de la ofensiva final del FMLN. Fueron otras las generaciones las que impulsaron esa gesta; las actuales muy poco o nada saben de lo ocurrido en noviembre de 1989 y de alguna manera quisiéramos contestar la pregunta flotando en el ambiente: ¿Se puede conducir a una mayoría de jóvenes a la victoria o la muerte, empeñándola en una lucha cívica que supuestamente las circunstancias condenaban al fracaso? Ese es, sin duda, un planteamiento falso de la cuestión. Los muchachos fueron a la batalla por convicción, felices de aportar con su heroísmo al cambio de la sociedad. Distinto es que algunos dirigentes ahora se hayan acomodado a la “buena vida” y de forma desleal hayan olvidado esa generosa entrega. Cumplieron lo que a ellos se pidió y vivieron, además, ese momento que da claridad y sentido a la existencia.
Por eso la necesidad urgente de un gobierno del FMLN de profundizar en los cambios de la sociedad, no de manera drástica sino gradual como lo hemos apuntado. No mentirle a la población, ser precisos y exactos en los juicios, no alterar la historia ni construir castillos en el aire. Esta administración es nada más de transición, no se le puede exigir más allá de las posibilidades reales, las que demanda la realidad; pero en el futuro inmediato los dirigentes del partido de izquierda deben ofrecer un programa coherente y presentarlo de frente al país, no conciliando intereses con la derecha o buscando la aprobación de los grupos oligarcas, nada más sometiéndolo a la aceptación o el rechazo de las mayorías poblacionales. Si los salvadoreños están de acuerdo lo harán saber en las elecciones, si por el contrario quieren la corrupción, los privilegios, la exclusión, la opresión y la marginación votarán por opciones de la derecha y entonces todos sabremos a que atenernos. Eso de “no ofender ni molestar a la empresa privada reaccionaria” debe quedar en el pasado. No hay otra solución.





1 comentarios:
Saludos cordiales Pocote.
Quisiera me contestaras a varios puntos que he sacado de tu artículo. Si no puedes o si no quieres, mucho me gustaria que por lo menos publicaras mi solicitud. A continuación tus afirmaciones y luego mis preguntas:
1- desean cambios profundos en el modelo todavía con remanentes neoliberales y acentos del consenso de Washington.
Pregunta: Quién desea los cambios profundos, la cúpula o el pueblo?
Cuando tú hablas de "remanentes" estás afirmando algo muy delicado, pues remanente es un fenómeno que persiste cuando la causa que lo provoca ha desaparecido. Acaso el Neoliberalismo ha desaparecido? Acaso ya no queda nada del Consenso de Washington?
2- los pueblos han perdido el temor a los fantasmas del socialismo o el comunismo
Creo que estas en un arror, por lo menos en el caso de El Salvador, pues te recuerdo que la victoria de la izquierda fue algo que se logro "apenas". Yo soy de la tésis que dice que en El Salvador hay un fuerte pensamiento anticomunista no sólo dentro de la oligarquía y su clase política, sino que tambien en el mismo pueblo. O acaso crees lo contrario?
3- Lo mismo fue en Honduras, primavera truncada por el odio enfermizo de los esbirros y los lacayos al servicio del imperialismo.
A lo que deberíamos sumar la traición del FMLN al pueblo de Honduras, al reconocer al gobierno de Pepe Lobo, y toda la energía invertida por que ese gobierno sea reconocido y aceptado en organizaciones regionales. O crees lo contrario?
4- Nosotros aspiramos a una transformación y a una unidad nacional, vendría luego la centroamericana.
Y con semejante actitud de la cúpula, piensas llegar a eso?
5- Esta administración es nada más de transición.
De transición hacia qué? Y si me respondieras que es "hacia el Socialismo", o "hacia la modernización y humanización del Capitalismo", yo te preguntaría cómo lograrlo? Acaso respetando las reglas de la democracia capitalista y al sistema mismo, como lo han repetido los de la cúpula efemelenista?
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