27.12.10

Carta de fin de año al FMLN

Los partidos políticos deben de fundarse y consolidarse bajo ciertos principios y normas éticas para garantizar confianza, credibilidad e independencia. En las sociedades más elevadas se “observan tres tipos de conducta o reglas como son la ética, las costumbres y el derecho”. Sus características han sido muy debatidas desde la filosofía política de Maquiavelo hasta el Contrato Social de Juan Jacobo Rousseau. Los dirigentes de los partidos políticos saben, deberían saber, que toda regla de conducta tiene dos elementos: el mandato y la sanción. Y como bien lo expresan los tratados sobre la materia, ningún mandato particular propio de un determinado tipo de norma -- no matarás-- puede ser tanto un mandato de ética, de costumbre o de derecho. Es la sanción lo que diferencia a estos tres tipos distintos de normas de conducta.

El terminar la guerra y firmarse el Acuerdo de Paz, el FMLN dejó las armas, los métodos conspirativos, la lucha hacia el poder por medio de la violencia revolucionaria, signó con su rúbrica el camino de la paz, la concordia y la justicia social. Ingresó a la vida política por otros medios y se sometió a las reglas y normas de la democracia burguesa representativa. Se adhirió voluntariamente a los códigos y leyes de la república: esto es se transformó en partido político, redacto sus estatutos y, por supuesto, sus normas y principios que guiarían en el futuro sus actividades y funciones tanto para dentro (sus militantes y dirigentes) como para afuera, con base en las disposiciones del Tribunal Supremo Electoral y las leyes de la nación.

Los antiguos comandantes siguieron ocupando puestos de dirección, ahora sentados en cómodos sillones y detrás de escritorios de finas maderas. Proclamaron a los cuatro vientos su “firme voluntad” de trabajar incansablemente para construir una patria solidaria, fraterna y con justicia social para todos. La ética y la política, expresaron, deben ir de la mano y bajo este ideario marcharemos con “nuestro pueblo” hacia la conquista de un mejor destino. “Jamás renunciaremos a nuestros principios”, dijeron en la plaza pública y lo plasmaron en sendos documentos. Es posible que se conserven esos deseos; pero en el transcurso de los años se han observado muchas desviaciones, sobre todo en la forma de hacer válidas las normas y plasmar las reglas.

Lo vemos cada dos años cuando se eligen los candidatos a diputados y alcaldes. Si un funcionario ya cumplió con el periodo establecido por los estatutos, simplemente entra en ese juego perverso tan practicado por los partidos tradicionales: la rueda de caballitos. No existe el recambio ni la formación de nuevos cuadros, no se permite la generación de relevos y existe una desconfianza marcada hacia ciertos militantes que han dado pruebas de trabajo, capacidad y honestidad. En palabras sencillas no se premia el esfuerzo y la dedicación, sino la sumisión, el cumplir sin replicar con las directrices de “arriba”, tal como se acostumbraba en la guerra. Con bastante frecuencia hemos visto a dirigentes y cuadros medios pasar de la Asamblea Legislativa a las alcaldías municipales o viceversa, como si no existieran otras figuras y destacados militantes para ocupar esos puestos.

El “no matarás”, es un mandato de ética, de costumbre o de derecho, según se aplique, en caso de violarse, una sanción propia de la ética, de la costumbre o del derecho, para castigar al trasgresor y prevenir futuras violaciones. Lo decimos citando a Morgenthau; pero también como algo simbólico. Es muy difícil hablar de cargos de conciencia cuando deliberadamente se han tomado ciertas decisiones que pueden favorecer a un dirigente; pero causar daños irreversibles a una comunidad, es harina de otro costal. Si hay faltas a la ética en el nombramiento de las mismas personas para ocupar cargos de elección popular, la militancia organizada o grandes segmentos de la sociedad pueden reaccionar con demostraciones espontáneas de desaprobación, tales como declaraciones públicas, el ostracismo social o la impugnación de tales nombramientos.

Las reacciones de la dirigencia nunca se han hecho esperar: de rechazo o calificando a los “inconformes” de resentidos o contrarios al pensamiento y a los principios que rigen la vida del partido. Es muy distinto cuando se habla de tránsfugas o traidores a los estatutos, de esos hay muchos como Joaquín Villalobos, Facundo Guardado, Ana Guadalupe Martínez, Julio Hernández y tantos otros; pero nos referimos a militantes conscientes, a miembros de probada honestidad y transparencia que gozan de plenos derechos para razonar y discutir determinados lineamientos o como en el caso que nos ocupa, nombramientos para cargos de elección popular. Como dicho está, todos los partidos políticos y las mismas sociedades deben estar regidas por un cúmulo intrincado de normas de conducta, respaldándose o contradiciéndose unas a otras, funcionando independientemente. Y ocurre el fenómeno dialéctico de que mientras más importantes considera una sociedad o partido político aquellos intereses y valores que trata de proteger por medio de reglas de conducta, más fuerte son las sanciones con las que previenen una infracción de sus normas. Desde luego, la sociedad ejerce una mayor presión y, por consiguiente, tiene mayores posibilidades de imponer sus reglas de conducta contra los miembros recalcitrantes.

Los dirigentes del FMLN deben hacer un reflexión profunda de sus métodos de trabajo, de sus acciones y omisiones, ver donde han fallado y cometido graves errores y enmendarlos y seguir profundizando todos aquellos aciertos en beneficio de las grandes mayorías poblacionales. Ser críticos y autocríticos, método tan valioso en la guerra, para gozar del apoyo popular y tener posibilidades de aumentar su caudal de votos, pues no se pueden desligar de este triste destino de ser un partido “electorero”. Revisar su política de comunicaciones pues hasta hoy ha estado limitado a ciertos comunicados que no dicen nada ni provocan reacciones entre sus rivales políticos ni dudas, asombro ni consideraciones de ninguna especie entre la población.

La campaña de Arena basada en la “incapacidad de la gestión gubernamental” simplemente busca ahogarlos en la percepción popular por la pésima situación económica, el abrumador desempleo, las calles en mal estado y la inseguridad ciudadana. Son hechos evidentes, situaciones heredadas en 20 años de infames gobiernos; pero la dirigencia del FMLN y su aparato de comunicaciones no han podido enfrentar esa arremetida mediática que objetivamente podría ser derrotada con creatividad, imaginación y fortaleza intelectual. No me toca a mí proporcionarles lineamientos o darles directrices, simplemente los llamo a la reflexión y a meditar sobre su actuación en este año y lo hecho desde que se instalaron como fuerza política electoral.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Se te olvido que para los próximos días vienen los desalojos en el centro de SS, por parte de Quijano; como un pronóstico para el próximo año.
Recomiendo denunciar de antemano de que "SI HAY MUERTOS EN LOS DESALOJOS, EL RESPONSABLE SERA QUiJANO","LA NEGOCIACION ES MEJOR QUE LA VIOLENCIA"

Anónimo dijo...

Siento mucho contradecirte pero estas pidiendo 'peras' al 'olmo' el fmln ha dejado de ser un organismo representante de los intereses del pueblo, no solo la cupula corrupta sino sus seguidores que no reflexionan y solo van de borreguitos. Desgraciadamente ese error del pasado no tiene caracter retroactivo lo que tenemos que hacer los salvadorenos conscientes es buscar otras alternativas...

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