Una apreciación de este servidor es que la mayoría de ciudadanos en este país, están cansados de la intolerancia y de esa tremenda polarización a la que nos somete, ese grupo al que se le conoce como: La clase política.
Intolerancia y polarización que se exacerban en tiempos electorales, cual si fueran estos los ingredientes propicios y necesarios para que los partidos y sus candidatos, puedan fluir libremente por nuestras aspiraciones y necesidades.
De todos es conocido las diversas trifulcas que se instalan, cuando los partidos se dan a la nefasta tarea de marcar el territorio. Me refiero con marcar territorio, a los procesos de pinta, pega, mitines y demás artilugios electoreros utilizados.
Como parte del proceso de exacerbación y de propiciar los ingredientes de este tendencioso caldo de cultivo, es que, los políticos se vuelven más papistas que el papa y se atavían con teatros muy bien elaborados y montados, con la intención de seguir motivando y convenciendo al pueblo, y principalmente, a sus masas.
Es donde observarás en primera instancia, a aquellos que se hacen llamar “los nacionalistas”, pretender la defensa del pueblo, supuestamente “promover” y respetar las libertades, proteger y salvaguardar la nación, pero, a lo largo de sus gestiones vendieron a extranjeros buena parte de este país.
El problema no es en sí la venta, sino la forma y el método empleado. El tiempo nos ha enseñado que se priorizó la recuperación de capitales en detrimento del beneficio de la colectividad, es explicable entonces que los incrementos sean siempre parte de esa ecuación perversa. Se intuye que en las letras de esas compra-ventas nunca se buscó que los nuevos servicios a proveer, fueran brindados con cierta humanidad y/o solidaridad.
En una segunda instancia, observarás a aquel grupo que se hacen llamar “los revolucionarios” y que como parte de su agenda, promueven entre otras cosas una lucha de clases que nunca podrá con su cometido.
Buscar la igualdad por decreto es una utopía, sabemos que se intentó infructuosamente más de alguna vez en el pasado. Diferente hubiese sido que, en lugar de buscar la igualdad, se hubiese pretendido la equidad, porque esta supone la desigualdad e intrínsecamente permite la diferenciación.
En la diferenciación del ser humano se finca mucho del progreso que ahora observas, pero hasta ahí. Preguntas surgen ¿debe de premiarse la diferenciación? La respuesta es un rotundo si, por supuesto. Debe de premiarse en exceso? La respuesta es no.
Ahora vuelvo y te pregunto, retomando las dos ópticas antes mencionadas, son capaces los partidos políticos de ayudar a este país a salir adelante, la respuesta es un rotundo no, tomando en consideración el estado actual de los partidos y de muchos de sus integrantes y cúpulas.
Sabiendo que la mayor parte de los integrantes de los partidos políticos, en el pasado reciente han tenido la posibilidad de aportar e influir positivamente en los destinos de este pueblo, la pregunta es, ¿lo han hecho? De forma salomónica diré que si, pero de un modo miserable y austero, con una cuchara muy pequeña o gotero, ya que, la cuchara más grande o cucharón esta y estará circunscrito a ellos y solo a ellos: La clase política y sus allegados.
Entonces resurge otra pregunta final, ¿vale la pena que vos sigas en ese proceso de sudar calenturas ajenas, defendiendo trincheras que no son tuyas? Porque debemos de tener cierta claridad, en las elecciones pasadas no ganó el pueblo y sus aspiraciones, ganó Funes, esa pandilla de gente pudiente que ahora lo acompaña y sus ambiciones.
Intolerancia y polarización que se exacerban en tiempos electorales, cual si fueran estos los ingredientes propicios y necesarios para que los partidos y sus candidatos, puedan fluir libremente por nuestras aspiraciones y necesidades.
De todos es conocido las diversas trifulcas que se instalan, cuando los partidos se dan a la nefasta tarea de marcar el territorio. Me refiero con marcar territorio, a los procesos de pinta, pega, mitines y demás artilugios electoreros utilizados.
Como parte del proceso de exacerbación y de propiciar los ingredientes de este tendencioso caldo de cultivo, es que, los políticos se vuelven más papistas que el papa y se atavían con teatros muy bien elaborados y montados, con la intención de seguir motivando y convenciendo al pueblo, y principalmente, a sus masas.
Es donde observarás en primera instancia, a aquellos que se hacen llamar “los nacionalistas”, pretender la defensa del pueblo, supuestamente “promover” y respetar las libertades, proteger y salvaguardar la nación, pero, a lo largo de sus gestiones vendieron a extranjeros buena parte de este país.
El problema no es en sí la venta, sino la forma y el método empleado. El tiempo nos ha enseñado que se priorizó la recuperación de capitales en detrimento del beneficio de la colectividad, es explicable entonces que los incrementos sean siempre parte de esa ecuación perversa. Se intuye que en las letras de esas compra-ventas nunca se buscó que los nuevos servicios a proveer, fueran brindados con cierta humanidad y/o solidaridad.
En una segunda instancia, observarás a aquel grupo que se hacen llamar “los revolucionarios” y que como parte de su agenda, promueven entre otras cosas una lucha de clases que nunca podrá con su cometido.
Buscar la igualdad por decreto es una utopía, sabemos que se intentó infructuosamente más de alguna vez en el pasado. Diferente hubiese sido que, en lugar de buscar la igualdad, se hubiese pretendido la equidad, porque esta supone la desigualdad e intrínsecamente permite la diferenciación.
En la diferenciación del ser humano se finca mucho del progreso que ahora observas, pero hasta ahí. Preguntas surgen ¿debe de premiarse la diferenciación? La respuesta es un rotundo si, por supuesto. Debe de premiarse en exceso? La respuesta es no.
Ahora vuelvo y te pregunto, retomando las dos ópticas antes mencionadas, son capaces los partidos políticos de ayudar a este país a salir adelante, la respuesta es un rotundo no, tomando en consideración el estado actual de los partidos y de muchos de sus integrantes y cúpulas.
Sabiendo que la mayor parte de los integrantes de los partidos políticos, en el pasado reciente han tenido la posibilidad de aportar e influir positivamente en los destinos de este pueblo, la pregunta es, ¿lo han hecho? De forma salomónica diré que si, pero de un modo miserable y austero, con una cuchara muy pequeña o gotero, ya que, la cuchara más grande o cucharón esta y estará circunscrito a ellos y solo a ellos: La clase política y sus allegados.
Entonces resurge otra pregunta final, ¿vale la pena que vos sigas en ese proceso de sudar calenturas ajenas, defendiendo trincheras que no son tuyas? Porque debemos de tener cierta claridad, en las elecciones pasadas no ganó el pueblo y sus aspiraciones, ganó Funes, esa pandilla de gente pudiente que ahora lo acompaña y sus ambiciones.
Kvernicola





1 comentarios:
gracias a Dios por intiresny
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