En un comentario pasado decíamos que los salvadoreños no son aventureros ni tienen madera de héroes, viajan hacia otros países por necesidad de superarse, de trabajar, de lograr mejores condiciones de vida para ellos y su grupo familiar. Esa “odisea” diaria hacia los Estados Unidos no la hacen en aviones ni en confortables autobuses, aprovechan toda situación y medios para transportarse, han conocido a fuerza de golpes las mil y una mañas para evadir la persecución, las emboscadas y las celadas de los policías y los custodios de las fronteras. Los muros, los caudalosos ríos, las amenazas de perros furiosos, las acometidas de los narcotraficantes han sido superadas.
Si los salvadoreños han salido victoriosos de innumerables trances: este pueblo tiene los pies sobre la tierra, la nuestra y la de más allá, ya no está pegado al suelo. Viene y va, sube de la costa a la montaña, circula y se desplaza. Ojalá los viajes fueran por lo legal, por lo seguro, contando con la protección de las autoridades migratorias de aquí y de lugares lejanos. Hay muchos o pocos, según se vea, que emprenden viajes por el afecto, la enseñanza, el placer y no sólo por el interés o el bienestar. Si este país tuviera materias primas, pozos petroleros, minerales preciosos, suficiente empleo, seguridad y bajísimo costo de la vida, otro “gallo nos cantara”; pero no es así, los salvadoreños han emigrado por la falta de todo, aquí han dejado a su familia, a sus seres queridos, por eso la desintegración familiar, la permanente nostalgia, la tristeza en los ojos.
Nosotros, mejor dicho el gobierno, puede anunciar el inicio de grandes obras, el desarrollo de la carretera longitudinal del norte, la presa hidroeléctrica de El Chaparral, muchos proyectos de infraestructura, pero ¿cuál la participación del hombre, de la mujer? ¿qué hacer para disminuir esa constante migración? ¿cómo evitar la desintegración familiar? ¿quiénes los responsables de generar empleos, de crear fuentes de trabajo? Las carreteras pueden ser grandes realizaciones de la ingeniería moderna, los nuevos hospitales resplandecer de lujo, pero ¿y dónde cabe el ser humano? ¿cómo hacer felices y prósperos a miles de compatriotas y por añadidura o sumatoria tener una patria feliz? Ese el gran dilema, el reto supremo para los gobernantes.
Y reflexionando sobre el simbolismo: una buena carretera es como un gran río, transporta, drena, limpia y como la sangre, circula. Sus promotores, sus patrocinadores, nos dicen que además de cumplir la función económica, la carretera, mencionemos la Longitudinal del Norte, por donde pasa, da más valor a las cosas, a las ideas, a los seres humanos. Elimina en estos complejos cerriles; les quita lo negativo que hay en su condición campirana y casi automáticamente les provee de maneras, gestos, palabras y actitudes ciudadanas. Por la buena vía circula la ley, la civilización y el futuro. ¿Será algo tan maravilloso para generar miles de empleos, centros de producción, complejos habitacionales, hospitales, escuelas técnicas, institutos tecnológicos? Si así fuera desde ya anunciamos la felicidad y la prosperidad para todos.
Pero también mencionemos otras cositas: como autopista será sinónimo de velocidad, de ella se aprovecharán en algunas ocasiones los delincuentes. El camino, entonces, funciona como aliado de la Ley y como tiene un punto de entrada y otro de salida, es fácil la localización del vehículo buscado. Ojalá sea así. También circulan los grandes furgones cargados de mercancía, de materia prima, de medicinas, de alimentos. Se presta también la moderna carretera al contrabando, al rápido desplazamiento. ¿Habrá controles cada cierto tramo o únicamente se dependerá de las aduanas en la frontera? ¿Qué capacitación recibirán los delegados aduaneros, los policías y los custodios? ¿Se pagará peaje o únicamente los impuestos de ingreso al país. Debe saberse también, lo hemos visto en otros países, que en las emergencias de paz, caminos y puentes, tienen una flotilla de grúas para mantener el camino despejado. Cuando eventualmente se produce un derrumbe u otro tipo de accidentes entonces los servicios médicos envían ambulancias con personal adiestrado, cuya eficacia ha evitado muchas muertes. Hombre y obras íntimamente relacionados. El ser humano al centro de todas las cosas, del progreso, el desarrollo y el avance de la civilización. Lo esperamos y deseamos para ese elefante blanco, llamado Puerto de Cutuco.
Empresa que corre es empresa que crece. Pero no solamente lo hace en sus caminos y puentes, sino también en los servicios conexos. Lo hemos señalado para esa Longitudinal del Norte. ¿Se ha pensado lo mismo para el moderno puerto de La Unión? Hace mucho tiempo las autoridades municipales vienen exigiendo participación, que se escuche su clamor o petición de dragar y sanear las aguas del Golfo, de no sólo satisfacer las exigencias de las arcas locales con el pago puntual de los impuestos, sino que desarrollar todo un complejo industrial, habitacional, educativo y de salud. Desde luego, generar miles de empleos y otorgar mayor cuota a la mano de obra del municipio. De eso tratan las grandes obras: de generar bienestar y tranquilidad a los habitantes y a las autoridades locales.
El Salvador de estos días tiene muchos “cuellos de botella”, de norte a sur y de oriente a occidente. La carretera longitudinal del norte y la apertura del puerto de La Unión podrían ser la solución; pero también tornar más complejo el problema de no darse una salida integral a toda la problemática. Es decir, los departamentos del Oriente del país pueden encontrar trabajo, educación y atención en salud para el grupo familiar; pero ¿qué pasará con el resto de la población del norte y el centro del país, de los habitantes de la montaña y la costa? No es fácil cuando no se tienen los recursos materiales y económicos necesarios, las ayudas y los préstamos son para un tiempo prudencial; pero el crecimiento poblacional no se detiene ni conoce de programación gubernamental. Un día concluirán los trabajos y será inaugurada la moderna carretera, habrán bonitos discursos y se alzarán las copas rebosantes de champagne; pero ¿qué pasará después? ¿se cumplirá con lo pronosticado o todo quedará en el aire? Lo decimos por las experiencias pasadas: los gobiernos de Arena dijeron que la dolarización y los Tratados de Libre Comercio, generarían miles de empleos y progreso ilimitado para el país. Al cabo de los años tenemos más pobreza, constante migración hacia los Estados Unidos y una delincuencia común incontrolable. Bien recordamos las palabras de la Ministra de Economía de Antonio Saca, Yolanda de Gavidia, mencionando cifras y hablando de progreso y desarrollo sostenido. Esa señora incapaz “dando consejos para ahorrar gasolina” ahora defendida por las cúpulas empresariales.
Desde luego, grandes carreteras y modernos aeropuertos y puertos generan progreso, siempre y cuando estén al servicio de la nación y de sus habitantes. De los impuestos captados deben construirse hospitales, escuelas e institutos, centros de atención para la mujer y el niño, complejos deportivos y mucho más. Nervios de la patria por donde transite la energía de los salvadoreños que caminando se desdoblan, se multiplican y crecen.
Si los salvadoreños han salido victoriosos de innumerables trances: este pueblo tiene los pies sobre la tierra, la nuestra y la de más allá, ya no está pegado al suelo. Viene y va, sube de la costa a la montaña, circula y se desplaza. Ojalá los viajes fueran por lo legal, por lo seguro, contando con la protección de las autoridades migratorias de aquí y de lugares lejanos. Hay muchos o pocos, según se vea, que emprenden viajes por el afecto, la enseñanza, el placer y no sólo por el interés o el bienestar. Si este país tuviera materias primas, pozos petroleros, minerales preciosos, suficiente empleo, seguridad y bajísimo costo de la vida, otro “gallo nos cantara”; pero no es así, los salvadoreños han emigrado por la falta de todo, aquí han dejado a su familia, a sus seres queridos, por eso la desintegración familiar, la permanente nostalgia, la tristeza en los ojos.
Nosotros, mejor dicho el gobierno, puede anunciar el inicio de grandes obras, el desarrollo de la carretera longitudinal del norte, la presa hidroeléctrica de El Chaparral, muchos proyectos de infraestructura, pero ¿cuál la participación del hombre, de la mujer? ¿qué hacer para disminuir esa constante migración? ¿cómo evitar la desintegración familiar? ¿quiénes los responsables de generar empleos, de crear fuentes de trabajo? Las carreteras pueden ser grandes realizaciones de la ingeniería moderna, los nuevos hospitales resplandecer de lujo, pero ¿y dónde cabe el ser humano? ¿cómo hacer felices y prósperos a miles de compatriotas y por añadidura o sumatoria tener una patria feliz? Ese el gran dilema, el reto supremo para los gobernantes.
Y reflexionando sobre el simbolismo: una buena carretera es como un gran río, transporta, drena, limpia y como la sangre, circula. Sus promotores, sus patrocinadores, nos dicen que además de cumplir la función económica, la carretera, mencionemos la Longitudinal del Norte, por donde pasa, da más valor a las cosas, a las ideas, a los seres humanos. Elimina en estos complejos cerriles; les quita lo negativo que hay en su condición campirana y casi automáticamente les provee de maneras, gestos, palabras y actitudes ciudadanas. Por la buena vía circula la ley, la civilización y el futuro. ¿Será algo tan maravilloso para generar miles de empleos, centros de producción, complejos habitacionales, hospitales, escuelas técnicas, institutos tecnológicos? Si así fuera desde ya anunciamos la felicidad y la prosperidad para todos.
Pero también mencionemos otras cositas: como autopista será sinónimo de velocidad, de ella se aprovecharán en algunas ocasiones los delincuentes. El camino, entonces, funciona como aliado de la Ley y como tiene un punto de entrada y otro de salida, es fácil la localización del vehículo buscado. Ojalá sea así. También circulan los grandes furgones cargados de mercancía, de materia prima, de medicinas, de alimentos. Se presta también la moderna carretera al contrabando, al rápido desplazamiento. ¿Habrá controles cada cierto tramo o únicamente se dependerá de las aduanas en la frontera? ¿Qué capacitación recibirán los delegados aduaneros, los policías y los custodios? ¿Se pagará peaje o únicamente los impuestos de ingreso al país. Debe saberse también, lo hemos visto en otros países, que en las emergencias de paz, caminos y puentes, tienen una flotilla de grúas para mantener el camino despejado. Cuando eventualmente se produce un derrumbe u otro tipo de accidentes entonces los servicios médicos envían ambulancias con personal adiestrado, cuya eficacia ha evitado muchas muertes. Hombre y obras íntimamente relacionados. El ser humano al centro de todas las cosas, del progreso, el desarrollo y el avance de la civilización. Lo esperamos y deseamos para ese elefante blanco, llamado Puerto de Cutuco.
Empresa que corre es empresa que crece. Pero no solamente lo hace en sus caminos y puentes, sino también en los servicios conexos. Lo hemos señalado para esa Longitudinal del Norte. ¿Se ha pensado lo mismo para el moderno puerto de La Unión? Hace mucho tiempo las autoridades municipales vienen exigiendo participación, que se escuche su clamor o petición de dragar y sanear las aguas del Golfo, de no sólo satisfacer las exigencias de las arcas locales con el pago puntual de los impuestos, sino que desarrollar todo un complejo industrial, habitacional, educativo y de salud. Desde luego, generar miles de empleos y otorgar mayor cuota a la mano de obra del municipio. De eso tratan las grandes obras: de generar bienestar y tranquilidad a los habitantes y a las autoridades locales.
El Salvador de estos días tiene muchos “cuellos de botella”, de norte a sur y de oriente a occidente. La carretera longitudinal del norte y la apertura del puerto de La Unión podrían ser la solución; pero también tornar más complejo el problema de no darse una salida integral a toda la problemática. Es decir, los departamentos del Oriente del país pueden encontrar trabajo, educación y atención en salud para el grupo familiar; pero ¿qué pasará con el resto de la población del norte y el centro del país, de los habitantes de la montaña y la costa? No es fácil cuando no se tienen los recursos materiales y económicos necesarios, las ayudas y los préstamos son para un tiempo prudencial; pero el crecimiento poblacional no se detiene ni conoce de programación gubernamental. Un día concluirán los trabajos y será inaugurada la moderna carretera, habrán bonitos discursos y se alzarán las copas rebosantes de champagne; pero ¿qué pasará después? ¿se cumplirá con lo pronosticado o todo quedará en el aire? Lo decimos por las experiencias pasadas: los gobiernos de Arena dijeron que la dolarización y los Tratados de Libre Comercio, generarían miles de empleos y progreso ilimitado para el país. Al cabo de los años tenemos más pobreza, constante migración hacia los Estados Unidos y una delincuencia común incontrolable. Bien recordamos las palabras de la Ministra de Economía de Antonio Saca, Yolanda de Gavidia, mencionando cifras y hablando de progreso y desarrollo sostenido. Esa señora incapaz “dando consejos para ahorrar gasolina” ahora defendida por las cúpulas empresariales.
Desde luego, grandes carreteras y modernos aeropuertos y puertos generan progreso, siempre y cuando estén al servicio de la nación y de sus habitantes. De los impuestos captados deben construirse hospitales, escuelas e institutos, centros de atención para la mujer y el niño, complejos deportivos y mucho más. Nervios de la patria por donde transite la energía de los salvadoreños que caminando se desdoblan, se multiplican y crecen.





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