16.3.11

En el amanecer de la historia

Cómo cambian los tiempos, los pueblos y sus habitantes. Nuestros abuelos decían: el pueblo salvadoreño es gobiernista, por aquello de aferrarse al voto oficial, a saludar con reverencia casi o sin el casi al gobernador, al alcalde, al militar o al cura. Pero como bien se dice: no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. En tal sentido si tuviéramos que elegir una época para existir, como la especie que somos, elegiríamos precisamente la presente. A despecho de todos los tormentos, de las amenazas, del asombro y los arrestos de rebeldía. O justamente por esto. Esta es la mayor de todas las épocas.

Con la Primera Guerra Mundial asistimos al amanecer de la historia, con ella también comienza el socialismo. Antes, todo fue prehistoria, con vislumbres, chispas, relámpagos anunciando el fin de un sistema, el de las minorías, y el comienzo de otro, el de las mayorías. El hombre providencial, el verdadero sujeto de la historia, tomó su lugar exacto, el del objeto. La segunda catástrofe dio otro paso definitivo en el sentido de distanciar la prehistoria de la historia y de entregar a los pueblos, a las masas, a los trabajadores del mundo, un nuevo sistema, en creación.

Lamentablemente gran parte de ese mundo, no pudo resistir a las fuerzas ocultas que de alguna manera propiciaron una tercera catástrofe dirigida especialmente a dividir internacionalmente el trabajo; pero hay resistencia y necesidad de rescatar los hechos buenos de la vida. Por eso hablamos de la presente época y de los vientos buenos en América Latina y otras regiones del mundo. Hay grandes momentos en esos tiempos no tan lejanos de la Europa del Este; lamentablemente dirigentes corruptos no supieron guiar a sus pueblos ni concretaron los proyectos humanistas. Con todo en esas décadas se vivieron etapas felices, tiempos en que la humanidad logró, en todos los terrenos, saltos espectaculares, síntesis maravillosas, avances irreversibles.

Ahora está América Latina, nuestra América, como decía José Martí, con sus contrastes violentos, abismales, renaciendo de sus tormentos colonialistas y neo colonialistas, de sus gestas por la independencia, de sus choques internacionales y extra continentales. Toda ella, esa América movediza como la lava de sus volcanes, bella y esperanzadora, se está levantando, encontrando rumbos novedosos, arrojando yugos, quebrando cadenas, alzando la voz, protestando, rebelándose. Los Estados Unidos la mantuvieron dividida y esclavizada por años, la consideraron siempre su “patio trasero” y una zona estratégica para ejercer un pleno dominio. Se apropiaron de sus riquezas, nombraron pro cónsules y mantuvieron delegaciones militares para controlar todos y cada uno de los movimientos de “los rebeldes”, de los “inconformes”.

Hablamos de la América sacudida por las dos grandes conflagraciones. Fueron historias repetidas hasta el cansancio. Veamos algunos casos: ya antes de firmarse el primer armisticio, México que tanto se desangrara, sin abandonar sus dominios, en una lucha fratricida y cruel, buscaba su propio camino, definido por la Constitución más avanzada de su tiempo. Porque en el otro extremo casi del planeta era todo un sistema derrumbándose. Entre Lenin y Carranza había un abismo que 50 años de revolución con sus grandes sucesos no pudieron nivelar. No obstante, México logró dar pasos tan audaces que solamente ahora muchos países de nuestra América están dando. La expropiación petrolera fue uno de ellos. La lucha contra el latifundio, otro. La separación del clero con el Estado y su política externa valiente, frente a tantas presiones y capitulaciones. Cuba, el otro ejemplo, lo atestigua. Logrando su independencia de España cayeron en las garras del imperialismo norteamericano. Y tuvieron que pasar décadas para sacudirse ese yugo y proclamar la primera república socialista de América. El castigo impuesto ha sido el brutal bloqueo económico por más de 50 años.

Hablar de Cuba es como dar un giro de 180 grados en el destino de un Continente. Sí. A despecho de toda la infame propaganda para deshacer lo que allí se hace, nada detiene el avance de una de las revoluciones (debemos hablar ahora de Venezuela y quizá de Ecuador y Bolivia) verdaderamente radicales de este hemisferio. Otros intentos como los de Guatemala, República Dominicana, Grenada y Chile no pudieron resistir las intrigas y las maniobras del imperialismo. Cuba, sin embargo, ha resistido el bloqueo económico, político, psicológico, sistemático y cruel impuesto por los sucesivos gobiernos reaccionarios de los Estados Unidos. Y seguirá en pie de lucha ante la inminencia de un ataque. Playa Girón allí está. Los errores de la revolución de Sierra Maestra confesados hasta con cierta dosis de orgullo solamente sirvieron para enseñar cómo se acierta. Y de tanto pelar, Cuba acabó imponiéndose como nación soberana.

También entra en escena, histórica y trascendental, un país más del Continente: Venezuela. Nunca olvidamos la primera gesta del actual mandatario comandante Hugo Rafael Chávez Frías, cuando intentó un golpe militar contra el gobierno corrupto de Carlos Andrés Pérez. Sus años en prisión le sirvieron para reflexionar, leer mucho y prepararse con nuevos métodos y estrategia para el golpe definitivo. Su “volveremos” se materializó en 1998, cuando en las urnas habló el pueblo venezolano otorgándole el triunfo, ratificándolo seis años más tarde, para emprender cambios profundos en las caducas estructuras económicas y sociales de Venezuela. Su ejemplo ha calado en Ecuador y Bolivia donde también se realizan cambios profundos comenzando con la nacionalización del petróleo, del gas y otros recursos naturales, así como con reformas profundas en salud, educación y modelo económico. Brasil cultiva y desarrolla su propio modelo, lo mismo Argentina, Uruguay y Paraguay, donde sus líderes son destacados socialistas, algunos de ellos como los presidentes de Uruguay y Brasil, ex guerrilleros.

Ese juicio de largo alcance nos lleva a reflexionar sobre las urgentes medidas desde luego ya tomadas por los halcones de Washington para desestabilizar a estos regímenes surgidos y apoyados por las mayorías poblacionales. Ya han intentado golpes militares en Bolivia, Ecuador y Venezuela; pero se han encontrado con manifestaciones masivas de pueblos organizados y aliados incondicionalmente con sus jefes de Estado. Con todo, el imperialismo no cesa en sus malévolas intenciones de derrocar a estos gobiernos y hacerse de nuevo con las riquezas de estas naciones. Las siete bases militares en Colombia son una prueba más que evidente. Las mismas declaraciones de un Senador norteamericano de que “para dominar a Venezuela es necesario controlar militarmente a Colombia, lo demuestran. Con lo que está ocurriendo en el Medio Oriente y el “nuevo amanecer” en América Latina, lo reiteramos, esta es la mejor época para existir. Ojalá podamos presenciar el derrumbe final del capitalismo, uno de los sistemas económicos más inhumanos de toda la historia de la humanidad.

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