11.3.11

La confusa situación política nacional

Los emisarios del pasado, los creadores del dolor y la agonía, los mensajeros del desastre, siguen tocando las puertas del presente, no sólo por sus líricas declaraciones, permanentes campañas de desestabilización política, sino porque el jefe del Ejecutivo ha llamado a los ex presidentes de la república, junto a los secretarios generales de los partidos políticos, ha integrar un Comité Consultivo para asesorar, aconsejar, dirigir u opinar sobre los graves problemas que aquejan a la nación.

Los salvadoreños ya hace casi dos años eligieron nuevas autoridades para dirigir los destinos del país, en el entendido que los cuatro regímenes areneros únicamente habían gobernado para los grupos económicos privilegiados de siempre, y sentían la necesidad de provocar cambios drásticos en la administración pública y hasta privada. Por ello resulta desconcertante el llamado a quienes fracasaron en todos los rubros para integrarse a un Comité Consultivo supuestamente para asesorar y aprobar los “proyectos de nación” emanados de Casa Presidencial. La realidad golpea todos los días y la mayoría entiende que hasta el momento no ha existido capacidad para superar los graves problemas heredados como la escalofriante delincuencia común, el crimen organizado, la falta de empleo, controlar el alto costo de la vida y muchos más relacionados con la reactivación del agro, el transporte público, el alto costo de las medicinas y la mínima transparencia en la administración pública.

Esos “emisarios del pasado” tienen nombre y apellido, el pueblo los recuerda no por sus buenas obras sino por haber permitido la más grande corrupción de que se tenga memoria en la historia de este país. Los expedientes de cada caso debidamente documentados están en los archivos de la Corte de Cuentas y en la Fiscalía General de la República. Hasta el día de hoy no se ha procesado a ninguno de los acusados (el mismo Alfredo Cristiani señaló al ex presidente Antonio Saca de haberse “apropiado” de más de dos millones de dólares en las últimas semanas de su mandato. Suficiente para que la Fiscalía hubiese procedido de oficio para investigar y deducir responsabilidades) ni se tienen indicios de que se procederá en el futuro inmediato.

El Salvador de hoy está, como vemos, saturado de confusión, de niebla, de indecisión. La maniobra política, la medida surgida al calor de la noche, los pretextos, se imponen a medidas de largo plazo, a acciones concretas y estructurales. Como lo hemos dicho en reiteradas ocasiones, están a faltar las definiciones y una política ajustada a tales consideraciones. El “pedido de auxilio”, el llamado a ex presidentes areneros y secretarios generales de los partidos políticos, a “asesorar” o contribuir en “proyectos de nación”, nos suena a falta de confianza de los capitanes de la nave en el apoyo popular, a una pálida gestión gubernamental a no entender como ir resolviendo los problemas cotidianos y a la dificultad para definir una política estratégica de mediano y largo plazo.

Si lo vemos bien, hasta hoy la tarea ha sido, básicamente, ventilar inconformidades, airear problemas, disipar la corriente optimista heredada por los gobernantes demagogos. También dialogar con los inconformes, entender que el Presidente gobierna para “todos los salvadoreños” y no sólo para sus partidarios. Así vemos al señor Secretario de Asuntos Estratégicos dorar la píldora de la demagogia, reuniéndose con los transportistas, con los dirigentes de los sindicatos de empleados públicos, con los siempre “inconformes” del Seguro Social, con los Jefes de Fracción de la Asamblea Legislativa, saludando a la prensa una vez colocados los parches de soluciones inmediatas. El “para mientras”, el remiendo del calcetín para evitar filtraciones. Una política fácil, sin profundidad ni planteamientos estratégicos, como debería ser para al menos darle sentido al cargo desempeñado.

Pero está ausente una política definida, congruente, cuyas normas generales se apliquen en cada problema específico. Es tiempo ya de “entrarle” de verdad a los grandes problemas nacionales, puesto que ya están inventariados y se han proclamado las necesidades y las soluciones para las mayorías poblacionales. Pero ahora resulta que para atender estas necesidades, para hacer frente a semejantes retos, se acude a solicitar el consejo y la aprobación de los causantes del desastre nacional. ¿Cuántos dedos de frente, de pensamiento real, de intelecto, tendrán los asesores del presidente de la República? También en el presente políticos sin escrúpulos se han vuelto colaboracionistas. Otros para aparentar, mantienen sus divergencias. Pero, de una u otra manera, la confusión invade y deteriora la vida de nuestro país.

Desde luego, no faltan compatriotas de bien arraigada tradición izquierdista que coinciden con el gobierno, mientras con idénticas o parecidas razones otros izquierdistas del mismo matiz mantienen sus intransigentes oposiciones. Y esto puede advertirse en todos los sectores, pues también hay industriales y grandes importadores de bienes de consumo que consideran al gobierno amigo y solidario y otros que se “atemorizan” con las palabras y creen distinguir, tras de cada acto gubernamental, el signo de la intromisión, el control de precios, la regulación y la amenaza de nuevos impuestos. Es la agenda cotidiana de los trogloditas dirigentes de las cúpulas empresariales.

Quedan aparte, inevitablemente los que todo lo veneran y los que todo rechazan. No será posible -- y nadie puede esperarlo-- unificar a todos. Pero una política definida y mantenida con congruencia, despejará y concretará tanto las divergencias como las solidaridades. Y al desaparecer la nebulosidad quedarán en pie todos los factores de un juego político que así lucirá más claro, para que todos sepamos a que atenernos.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, espero que con lo sucedido en Japon, los salvadorenos tengan un poco de mas sentido comun a la hora de buscar energia, se den cuenta que una hidroelectrica, o carbon, o gas natural no es tan danina como lo son las plantas nucleares y sus danos colaterales.

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