14.3.11

Las “razones” del capitalismo mundial

El capitalismo es culpable de muchas cosas. Los burgueses defienden a capa y espada el sistema y así los escuchamos decir constantemente que hay necesidad de crear riqueza para combatir la pobreza, una tesis por demás valedera; pero en la práctica se impone la explotación, la acumulación y la desigualdad. La avaricia, la sed de poder y la concentración monetaria su signo, su norma, su destino. Ellos estudian las más diversas variantes económicas para mantener sus privilegios.

Obviamente, siempre ha habido economía, pero no el estudio de ella. El comunismo primitivo, el esclavismo, el feudalismo, el capitalismo, el socialismo, fueron y son sistemas económicos y sociales. Cada uno tuvo y tiene sus rasgos y características particulares, dentro del proceso evolutivo de la sociedad. Pero, insistimos, la economía como “ciencia” es relativamente reciente. Podríamos ubicarla en los albores del capitalismo y se desarrolla con la cadena y la producción industrial. Marx perfectamente lo establece en su obra cumbre El Capital.

Si estudiamos y reflexionamos en los procesos históricos, veremos como durante el siglo XVII y parte del XVIII, los mercantilistas hacían equivalente la riqueza a los metales preciosos y postulaban que las exportaciones debían ser mayores a las importaciones para acumular oro y plata. Los fisiócratas (fisiocracia es una doctrina económica surgida en Francia en el siglo XVIII, opuesta al mercantilismo que atribuía exclusivamente a la agricultura y a la tierra el origen de la riqueza) encontraban en la tierra la creación de valores. Con la revolución industrial surgen realmente las teorías del crecimiento económico. La naciente burguesía reclama su papel histórico. La teoría del valor trabajo emerge pujante. A fines del siglo XVIII y principios del XIX se estudia el sistema económico en su conjunto, es decir, como un todo, globalmente. Se busca la fuente del valor, cómo se crea éste. Cómo crece y se reproduce un sistema. Aparecen posiciones antagónicas. Ricardo David frente a Malthus, o por ejemplo. Muy pronto se abandonan los análisis globales y se pasa al estudio de los precios, del ahorro y de la empresa. Se olvida la búsqueda del valor y del equilibrio global, se pasa al general y al parcial.

Estamos ya en las postrimerías del siglo XIX y en los principios del XX. Las teorías monetarias dominan el panorama. Se han hecho muchas modificaciones a las teorías sobre el comercio internacional. Pero el sistema capitalista periódicamente sufre crisis y depresiones. Muchas teorías tratan de explicarlas. Ninguna de ellas es satisfactoria. Entre 1929 y 1993 el sistema se sacude en sus cimientos. Tiene lugar más profunda y prolongada depresión. Hace cuatro años nuevamente se desploma el sistema financiero mundial. Quiebran grandes bancos y empresas automovilísticas. El golpe es brutal; pero los burgueses y oligarcas no explican las causas, piensan nada más en cómo los gobiernos con los mismos impuestos de los pueblos pueden “subsidiar” su brutal crisis.

Por otra parte, desde 1917 se empieza a desarrollar otro tipo de régimen económico y social: el socialismo. El modelo de civilización y de cultura, que excluía de sus beneficios a la mayor parte de la humanidad, como dijera un distinguido economista sueco, al referirse al mundo anterior a 1913, dominado por un grupo de naciones colonialistas, parecía desintegrarse. La ciencia económica que había creado no le servía para supervivir. Durante los treinta se elaboran nuevas teorías en un desesperado intento por acercarse a la realidad, de la cual tanto se iban alejando. Se retorna al análisis global, al del sistema en su conjunto. A buscar formas de hacerlo crecer nuevamente. Se replantea el problema del crecimiento y del desarrollo económico. Las teorías del desarrollo económico se convierten así en el “tema de nuestro tiempo”.

“El consejo de sabios” y el “grupo económico de dominación mundial” buscan nuevas salidas al resquebrajamiento del sistema capitalista, al mundo mercantilista creado para sostener privilegios. Se agotan los recursos mineros, el oro, la plata y el petróleo. Es necesario destruir “independencias” y “Estados revolucionarios”. Afincarse en áreas estratégicas. Se construyen grandes “esquemas” primero estáticos y luego dinámicos. Se inicia todo un proceso de “desagregación” de los grandes modelos. Para ello se acude cada vez más a los instrumentos matemáticos. Se trata de establecer muchas relaciones entre las partes que integran el todo. Para todo ello debe hacerse uso de más y más hipótesis y supuestos. Nuevamente nos vamos alejando de la realidad. Inicialmente la economía fue economía política. Al correr de los años se le convirtió en economía “pura” y, en gran medida, en “econometría”. Las hipótesis y los supuestos en que descansan muchas teorías están fuera de la realidad. Cualquier semejanza con ella es mera coincidencia, como se dice en el lenguaje coloquial.

El mapa estratégico ha cambiado, se está modificando. Los graves sucesos del Oriente Medio obedecen precisamente a la crisis del capitalismo, al agotamiento de las reservas del petróleo, a la necesidad de apropiarse de las riquezas y las materias primas, incluyendo el agua. Al uso de las matemáticas y de las ciencias aplicadas, también se le agrega el uso militar, la razón de las armas, con el apoyo de un marco supuestamente legal para hacer efectiva la injerencia, los ataques o la invasión. En los inicios del 2000 fue el pretexto de las armas convencionales para agredir e invadir a Irak; la destrucción de las Torres Gemelas y la campaña mediática con el nombre de La Base y Bin Laden para proceder militarmente en Afganistán y Pakistán. Nuevos argumentos se utilizan para preparar ahora ataques militares contra Libia e Irán.

Si no estudiamos a profundidad los procesos históricos y el proceder de los imperialistas no podremos entender nunca las motivaciones en el presente en torno al mundo árabe, en especial contra Libia, Irán, Argelia, Siria, Afganistán e Irak. Las guerras en principio y al final siempre tienen motivaciones económicas, las crisis financieras las generan, la necesidad de probar y vender novedosos artefactos bélicos las producen y las magnifican. Es urgente releer a Marx, el Valor y el Capital del inglés Hicks, publicada en 1939, y en donde se estudia el equilibrio y las fluctuaciones económicas. El método de razonamiento; pero matizado con otros ingredientes, el uso militar, por supuesto. Cuando las razones y los consejos emanados de los grandes centros de poder mundial, no hacen modificar sus posturas a gobiernos como el de Libia, Irán o Venezuela, surgen “otras medidas” y ya todos sabemos cuáles son y de dónde vienen.

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