La grave crisis de Libia, a punto de guerra civil, tiene muchas motivaciones y no necesariamente son provocadas por el gobierno presidido por el coronel Muamar al Gadafi, como sostiene la propaganda mediática y el coro de regímenes serviles a los Estados Unidos. Los noticieros del mundo occidental nada más hablan del “dictador” libio, de las masacres y de los bombardeos indiscriminados contra la población civil (hasta el día de hoy no han mostrado nada de ello, fuera de opositores “armados hasta los dientes”) y de los miles de refugiados en las fronteras de Egipto y Túnez.
La prensa burguesa tan ligera para “señalar” y “denunciar” supuestas masacres, no procede así para mostrar que la inversión social en Libia es la más alta de toda la zona norte de África y del mundo árabe en su totalidad. El ingreso per cápita es de siete mil dólares, la esperanza de vida de 70 años y el alfabetismo de 74 % y la mayoría de sus habitantes (cinco millones en una extensión territorial de un millón 775 mil 500 kilómetros cuadrados) gozan de empleo y estabilidad social. Lo mismo no profundizan en las “razones” de los Estados Unidos y países europeos para atacar tan ferozmente al coronel Gadafi y “exigir” su retiro de la presidencia.
Los recursos económicos de Libia son muchos; pero su mayor fortuna está en el petróleo, la mayor reserva del mundo, junto a Arabia Saudita y Venezuela. Asimismo, su reserva monetaria colocada en bancos europeos es de 200 mil millones de dólares. Suficientes “razones” para los imperialistas y sus seguidores europeos para expulsar del gobierno al presidente Gadafi y quedarse con el gas natural, el petróleo y las inmensas reservas monetarias del pueblo libio. El coronel Gadafi se mantiene en el poder desde 1969, cuando pasó a presidir el Consejo de la Revolución. En 1973 se nacionalizaron las compañías petroleras, bajo poderosas empresas de Estados Unidos e Inglaterra. Gadafi se convirtió en jefe de Estado desde esa fecha. Los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos han intentado de diversas formas eliminar al dirigente libio: en 1986 realizaron intensos bombardeos en Bengasi y Trípoli, así como en 1992, cuando en un bombardeo directo contra la casa de Gadafi asesinaron a una de sus hijas.
Esta breve e ilustrativa historia no la cuentan los países agresores, como tampoco el índice de desarrollo humano actual en Libia. Son “otras” las excusas para deshacerse de un auténtico dirigente revolucionario, de un presidente que ha retado a las naciones europeas, a los miembros de la OTAN y al gobierno de Estados Unidos para que “muestren al mundo” dónde están sus riquezas bancarias o sus posesiones en la misma tierra de Libia. Las mismas sanciones impuestas por las Naciones Unidas se hicieron sin investigaciones previas, ni contar con “pruebas” de masacres cometidas contra su propio pueblo, pues no se envió a ninguna delegación a investigar al propio territorio libio. Las sanciones las impusieron luego de una visita que el Secretario General de la ONU realizó al presidente Obama en la Casa Blanca.
Cuando los Estados Unidos han tomado la decisión de invadir o atacar militarmente a un país, desarrollan primero una campaña mediática llena de mentiras, luego acuden a un supuesto “marco legal” caso de las sanciones de la ONU, después vienen los embargos y finalmente en “nombre de la libertad” viene el desembarco de marinos, los bombardeos y los feroces ataques con misiles desde el mar, tierra y aire. Ha ocurrido recientemente con Irak; pero los antecedentes se pierden en la bruma del tiempo y señalemos a Chile, República Dominicana, Cuba, Guatemala o Panamá en este hemisferio.
Señalemos que ni Cuba, ni Libia, Venezuela, Nicaragua o Bolivia son -- por lo menos hasta ahora, una amenaza-- no son ellas la que hacen la guerra a los pueblos de nuestra América, ni las que utilizan los modos casi invisibles de la propaganda, el convencimiento y la compra, las que explotan nuestros recursos de tierra y mar, ni las que nos descapitalizan y tratan de intervenir en el proceso de nuestra política. Su influencia es hasta el presente doctrinal y teórica y produce esa hirviente polémica de castristas, chapistas, seguidores del Libro Verde de Gadafi, que es el fermento que activa el pensamiento fresco de los jóvenes, abierto a todas las corrientes que estremecen nuestro tiempo.
Ni son estos países, especialmente Cuba, Venezuela y Libia, las que muestran al mundo el ejemplo de una sociedad rica, suntuosa, arrogante, lograda sobre la miseria de los pueblos del tercer mundo. Los ejemplos de Cuba están en la solidaridad con los pueblos más necesitados del mundo, no entregan sus “sobras”, comparten lo poco que tienen. Lo mismo Venezuela y Libia. ¿Dónde están los gestos solidarios de los Estados Unidos a través de la historia? Nosotros sabemos nada más de invasiones, de ataques, de miles de bases militares en lugares estratégicos del mundo, de explotación de los recursos naturales de los países dominados, de la imposición de sus particulares doctrinas, de golpes de Estado, de asesinato de dirigentes políticos que no se someten a su voluntad. Allende quizás no sea el último de esas víctimas.
El caso de Libia, como del resto de revueltas en el mundo árabe, debe verse con sentido crítico, ver más allá de la propaganda y de las noticias propaladas por medio de la prensa burguesa propiedad de familias oligarcas. Con el Internet ahora es posible acceder a distintas fuentes, conocer a profundidad las verdaderas razones de las insurrecciones populares, quienes están detrás de las acciones y quienes son los países encargados de orientar y proporcionar las armas. En Honduras, caso reciente, Estados Unidos estuvo detrás del Golpe Militar contra el presidente Manuel Zelaya; pero hasta el día de hoy son pocos los medios que han dado cabida a las declaraciones del ex mandatario. En lo particular pensamos que Honduras fue el eslabón más débil por donde penetró el imperialismo para tratar de herir a la Alianza Bolivariana de los Pueblos de América (ALBA). En su momento lo hizo con Polonia en el mundo socialista del este europeo. Seguirán muchos más países y gobiernos progresistas del mundo; pero el momento llegará cuando las sociedades se cansen de intervenciones, injerencias y de la explotación de sus recursos naturales y precipiten la caída del sistema social y económico más inhumano de la historia, conocido como el capitalismo.
La prensa burguesa tan ligera para “señalar” y “denunciar” supuestas masacres, no procede así para mostrar que la inversión social en Libia es la más alta de toda la zona norte de África y del mundo árabe en su totalidad. El ingreso per cápita es de siete mil dólares, la esperanza de vida de 70 años y el alfabetismo de 74 % y la mayoría de sus habitantes (cinco millones en una extensión territorial de un millón 775 mil 500 kilómetros cuadrados) gozan de empleo y estabilidad social. Lo mismo no profundizan en las “razones” de los Estados Unidos y países europeos para atacar tan ferozmente al coronel Gadafi y “exigir” su retiro de la presidencia.
Los recursos económicos de Libia son muchos; pero su mayor fortuna está en el petróleo, la mayor reserva del mundo, junto a Arabia Saudita y Venezuela. Asimismo, su reserva monetaria colocada en bancos europeos es de 200 mil millones de dólares. Suficientes “razones” para los imperialistas y sus seguidores europeos para expulsar del gobierno al presidente Gadafi y quedarse con el gas natural, el petróleo y las inmensas reservas monetarias del pueblo libio. El coronel Gadafi se mantiene en el poder desde 1969, cuando pasó a presidir el Consejo de la Revolución. En 1973 se nacionalizaron las compañías petroleras, bajo poderosas empresas de Estados Unidos e Inglaterra. Gadafi se convirtió en jefe de Estado desde esa fecha. Los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos han intentado de diversas formas eliminar al dirigente libio: en 1986 realizaron intensos bombardeos en Bengasi y Trípoli, así como en 1992, cuando en un bombardeo directo contra la casa de Gadafi asesinaron a una de sus hijas.
Esta breve e ilustrativa historia no la cuentan los países agresores, como tampoco el índice de desarrollo humano actual en Libia. Son “otras” las excusas para deshacerse de un auténtico dirigente revolucionario, de un presidente que ha retado a las naciones europeas, a los miembros de la OTAN y al gobierno de Estados Unidos para que “muestren al mundo” dónde están sus riquezas bancarias o sus posesiones en la misma tierra de Libia. Las mismas sanciones impuestas por las Naciones Unidas se hicieron sin investigaciones previas, ni contar con “pruebas” de masacres cometidas contra su propio pueblo, pues no se envió a ninguna delegación a investigar al propio territorio libio. Las sanciones las impusieron luego de una visita que el Secretario General de la ONU realizó al presidente Obama en la Casa Blanca.
Cuando los Estados Unidos han tomado la decisión de invadir o atacar militarmente a un país, desarrollan primero una campaña mediática llena de mentiras, luego acuden a un supuesto “marco legal” caso de las sanciones de la ONU, después vienen los embargos y finalmente en “nombre de la libertad” viene el desembarco de marinos, los bombardeos y los feroces ataques con misiles desde el mar, tierra y aire. Ha ocurrido recientemente con Irak; pero los antecedentes se pierden en la bruma del tiempo y señalemos a Chile, República Dominicana, Cuba, Guatemala o Panamá en este hemisferio.
Señalemos que ni Cuba, ni Libia, Venezuela, Nicaragua o Bolivia son -- por lo menos hasta ahora, una amenaza-- no son ellas la que hacen la guerra a los pueblos de nuestra América, ni las que utilizan los modos casi invisibles de la propaganda, el convencimiento y la compra, las que explotan nuestros recursos de tierra y mar, ni las que nos descapitalizan y tratan de intervenir en el proceso de nuestra política. Su influencia es hasta el presente doctrinal y teórica y produce esa hirviente polémica de castristas, chapistas, seguidores del Libro Verde de Gadafi, que es el fermento que activa el pensamiento fresco de los jóvenes, abierto a todas las corrientes que estremecen nuestro tiempo.
Ni son estos países, especialmente Cuba, Venezuela y Libia, las que muestran al mundo el ejemplo de una sociedad rica, suntuosa, arrogante, lograda sobre la miseria de los pueblos del tercer mundo. Los ejemplos de Cuba están en la solidaridad con los pueblos más necesitados del mundo, no entregan sus “sobras”, comparten lo poco que tienen. Lo mismo Venezuela y Libia. ¿Dónde están los gestos solidarios de los Estados Unidos a través de la historia? Nosotros sabemos nada más de invasiones, de ataques, de miles de bases militares en lugares estratégicos del mundo, de explotación de los recursos naturales de los países dominados, de la imposición de sus particulares doctrinas, de golpes de Estado, de asesinato de dirigentes políticos que no se someten a su voluntad. Allende quizás no sea el último de esas víctimas.
El caso de Libia, como del resto de revueltas en el mundo árabe, debe verse con sentido crítico, ver más allá de la propaganda y de las noticias propaladas por medio de la prensa burguesa propiedad de familias oligarcas. Con el Internet ahora es posible acceder a distintas fuentes, conocer a profundidad las verdaderas razones de las insurrecciones populares, quienes están detrás de las acciones y quienes son los países encargados de orientar y proporcionar las armas. En Honduras, caso reciente, Estados Unidos estuvo detrás del Golpe Militar contra el presidente Manuel Zelaya; pero hasta el día de hoy son pocos los medios que han dado cabida a las declaraciones del ex mandatario. En lo particular pensamos que Honduras fue el eslabón más débil por donde penetró el imperialismo para tratar de herir a la Alianza Bolivariana de los Pueblos de América (ALBA). En su momento lo hizo con Polonia en el mundo socialista del este europeo. Seguirán muchos más países y gobiernos progresistas del mundo; pero el momento llegará cuando las sociedades se cansen de intervenciones, injerencias y de la explotación de sus recursos naturales y precipiten la caída del sistema social y económico más inhumano de la historia, conocido como el capitalismo.





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