28.3.11

Sus victimarios atacan a monseñor Romero

Hemos dicho en reiteradas ocasiones que hablar mal es pensar mal, sobre todo cuando se hace por complicidad y quizás también por ignorancia. En este país de milagrerías, El Salvador, pues, abundan los “analistas”, los “versados” en ciencias sociales y cómo no los políticos sin escrúpulos, los que pronuncian mal el castellano, los atropelladores del lenguaje y la gramática.


En estos días cuando se conmemoran 31 años del magnicidio de monseñor Oscar Arnulfo Romero, hemos vuelto a escuchar a los cómplices de su asesinato, a los testaferros de la burguesía, a los tontos útiles, a los que no usan las palabras como ideas, sino simplemente lanzando ataques e intentando descalificar a uno de los personajes históricos y de mayor honestidad y credibilidad de este país. Hombres como Kirio Waldo Salgado y un señor Mena Lagos, simplemente se han dedicado a despotricar, a lanzar acusaciones sin ton ni son, a nada más tocar tímpanos y no cerebros.


Y cuando, por definición de nuestra vida pública -- o por fatalismo de los tiempos--, se tiene que convenir que son ellos los primeros en ocupar un asiento en programas supuestamente de debate en los canales de televisión, uno no tiene más que aguantar todas las leperadas, apagar el televisor o sentarse a llorar, sobre campo abierto como hacen los “cipotes” cuando les quitan un juguete o no les permiten compartir un partido de fútbol. Hace ya muchos años en El Salvador se pierde el tiempo y las energías soportando a este tipo de personas, hablando sandeces, buscando torcer la historia y echarle la culpa al muerto de su propia fatalidad.


“Monseñor fue un pone dedo, un activista de la izquierda”, afirma entre otras solemnes tonterías el señor Salgado. Él se toma tales desvaríos como algo cómico, como “una gran pensada” y un acierto supuestamente para ser tomado en cuenta por los llamados “cristianos”. Son simples, torrentes de palabras brotadas de un fanático de la derecha más recalcitrante, tratando de vender “una tesis”, para justificar y proteger a los responsables del magnicidio, precisamente escudados en ese partido fascista conocido como Arena.


¿Qué hacer, entonces, cuando tales fanáticos, derechistas recalcitrantes, copan espacio en las televisoras y son frecuentemente solicitados por los responsables de tales espacios? Nada más escucharlos y analizar sus declaraciones, como una especie de tarea escolar para saber donde se esconden o acechan y aprovechan la menor oportunidad para tratar de descalificar a un profeta, a un pastor, que desde hace más de 31 años mora en el corazón del pueblo salvadoreño. Un obispo que traspasó las fronteras nacionales para abrirse paso en el ámbito internacional, incluso en grandes centros de poder político como Estados Unidos, Inglaterra y Alemania.


Hay cosas que ya ni con el pretexto del folclor se admiten. Una de ellas es tratar tan mal el lenguaje, la otra el utilizarlo para mentir, calumniar y tratar de revertir una realidad más grande que la iglesia catedral desde donde monseñor Romero fustigaba con su palabra profética a las estructuras de poder económico y político. Precisamente el ahondar en la realidad y en la injusticia social de este país, el interpretar fielmente la “palabra bíblica”, como cuando acudía a Santiago o se refería al Sermón de la Montaña, lo llevaron a ser inmortalizado y volver proféticas sus palabras cuando anunció que “resucitaría entre el pueblo salvadoreño”.


El insulto y la calumnia no conducen a puerto seguro. Monseñor Romero fue la voz de los sin voz, la muleta o el bastón de los más vulnerables de este país. Acompañó a su pueblo en los momentos más duros y difíciles. Y no simplemente “dijo su verdad”, como lo quisiera el señor Mena Lagos, uno de los “analistas” más superficiales y vacuos que se presentan en la televisión, incluso con su propio programa de entrevistas. Trastocar el hondo sentido de las palabras lleva a confusiones mentales y torceduras emocionales, solamente. Cuando se dice por el camino voy, no debe haber tropiezos. Cuando se dice negro, negro ha de ser lo señalado. Otra cosa sólo puede entenderse en labios de engañadores o de idiotas.


Hablar de honestidad cuando se tiene la rapiña por actividad cotidiana, de patriotismo o de “nacionalismo”, cuando se tiene por dios al estómago, de amor al pueblo cuando se vive en mansiones y se tienen las arcas colmadísimas, de ejercicio político cuando se hace al bufón con agravantes de olímpica prosopopeya, despojar de su sentido real a las palabras, dejar huérfano el pensamiento, darle la espalda a las ideas volviendo sólo viento los conceptos, es actitud sobre denigrante, triste; sobre degeneradora, ridícula. Ese ciento de la retórica enana y pútrida, acumulado por días y años intoxica, ahoga, asfixia. Y algo peor: ensucia; a pesar de todo, siguen copando los espacios televisivos, engañando y mintiéndole descaradamente a los televidentes, a ciencia y paciencia de los mismos presentadores, sin criterio, cultura ni talento.


Más, otra vez, ¿qué puede hacerse? Pues pagar con la misma falsa moneda: devolver viento a los que con viento nos abruman, silbar a los “analistas” cantinflescos. Y volver a llamar pan al pan y vino al vino. Rábulas, pillos, sapos inflados, demagogos, serviles, a quienes que de ser eso se envanecen.

1 comentarios:

R.VENTURA dijo...

bueno los presentadores de television, no solo en EL SAVADOR sino en muchas partes de el mundo, son solo titeres que jalan a donde el titeretero o sea los duenos de los canales de televicion o cualquier medio de comunicacion quieren o les ordenan la clase dominante, eso no quiere decir que tales personas son victimas de sus amos, no muchos de ellos se prestan o dramatizan mas para ridiculizar a sus victimas y en EL SALVADOR hay muchos de estos traidores, sinverguenzas que venden su dignidad y a su pueblo por unos miseros dolares. BUENO A MONSENOR ROMERO LO ASESINARON LOS MISMOS QUE ASESINARON A JESUS, EL HIJO DE DIOS, PORQUE LOS DOS TENIAN EL MISMO IDEAL, JUSTICIA SOCIAL PARA TODOS Y PARA ESO LOS RICOS TENIAN QUE COMPARTIR CON NOSOTROS LOS POBRES Y CLARO, IMAGINEMONOS A LOS EXPLOTADORES SALVADORENOS COMPARTIENDO TODO LO ROBADO LOS IMPUESTOS QUE EVADEN TODO EL DINERO QUE ASEN A BASE DE PAGAR SALARIOS DE MISERIA. AHORA ESTOS BURGUESES CHANTAJISTAS TRATAN DE RIDICULIZAR Y JUSTIFICAR ESTE CRIMEN ABOMINABLE, QUE ELLOS COMETIERON Y POR MUCHO QUE SE LAVEN LAS MANOS NO LES VA A ALCANZAR EL AGUA PARA LIMPIARCE LA SANGRE DE NUESTRO MARTIR POR QUE ES SANGRE DE UN SANTO QUE ESTUBO Y ESTA A EL LADO DE NOSOTROS LOS POBRES

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