Un día de estos, en una conversación nocturna, tuve la oportunidad de escuchar y debatir a varios miembros y combatientes de una de las corrientes políticas más poderosas del FMLN. De hecho, se reúnen cada semana para analizar la realidad nacional, obtener insumos y sacar conclusiones. Lo hacen con la misma exactitud y disciplina que los caracterizó en los tiempos más duros del conflicto armado. Lo hacen con pasión, con dureza y mucho realismo. La sinceridad y la franqueza de sus opiniones. Trataré de ser fiel a sus exposiciones y sus puntos de vista. La síntesis que presentaré a continuación (cuento con la aprobación de ellos para hacerla pública) pertenece a un destacado comandante y actual licenciado en Ciencias Económicas.
“Con frecuencia me he preguntado y quizá lo mismo han hecho otros de mis compañeros, no me refiero a ustedes por supuesto, si nuestro trabajo tuvo -- visto desde cierto ángulo-- validez moral. ¿Se puede conducir a una mayoría a la humillación o la muerte, empeñándola en una lucha cívica que las circunstancias condenaban al fracaso? Es decir, me estoy refiriendo a una insurrección general y una completa victoria militar. No pongan esa cara de asombro o angustia.
(Ligeras risas y gestos de sus manos acompañan su exposición) “Ese es, sin duda, un planteamiento falso de la cuestión. Si los dirigentes -- en algún grado-- pudimos al fin de la lucha caer en la duda y el desaliento, para quienes nos acompañaron primero en las concentraciones, en las movilizaciones, en la toma de oficinas públicas, de embajadas, y luego en la cruenta lucha, el deber se agotó en el momento en que se comenzaron a hacer extrañas alianzas, hasta culminar con la firma de un acuerdo no del todo benigno para las esperanzas e ilusiones de nuestro pueblo. Desde luego, los compañeros de la Comandancia cumplieron lo que a ellos se pidió y vivieron en días previos a la firma, ¿de dónde vinieron las presiones, no simplemente de las Naciones Unidas, no debe descartarse al gobierno de los Estados Unidos. Para ellos, ese momento les dio claridad y sentido a la existencia.
“Para nosotros la historia era distinta. Nos encontrábamos con la tropa en la montaña, nos llegaba alguna información, pero no la suficiente. Debo agregar que había mucha expectativa. Desde mucho tiempo atrás habíamos señalado el rumbo de la revolución y nuestras bases estaban conscientes y seguras de la victoria, también de la forma del nuevo gobierno, de la extinción de un modelo explotador y la instauración de un sistema distinto, al menos con justicia social, encaminado al bien común y la solidaridad. Dijimos que los males del país eran curables, siempre y cuando elimináramos las causas de la injusticia. Todos creyeron, Confiaron. Así cerramos con la gente más humilde y sacrificada de nuestro pueblo un compromiso que no podía terminar simplemente con la firma de un acuerdo ese 31 de diciembre de 1991 en las Naciones Unidas. Si las fuerzas y el impulso nos abandonaron, por lo menos nunca debimos, impasibles, aceptar cuanto en los días gloriosos de la lucha militar y política rechazamos.
“No puedo -- por supuesto-- juzgar a mis compañeros de aquella jornada. Sé bien que no éramos ni un coro de ángeles, ni una legión de héroes. Ha corrido largo el río del tiempo. Mucho ha acontecido entretanto en el mundo, en El Salvador. En ese transcurso se repitieron ocasiones dramáticas, en las que las voces de ayer -- no importa que ya fueran opacas-- debieron oírse: los acosos contra la revolución sandinista y contra la revolución cubana, incluyendo ese atroz e infame bloqueo económico. La rabia impotente de los jóvenes por las escasas oportunidades para cursar estudios superiores. Las actuales embestidas contra los gobiernos democráticos de Venezuela, Ecuador y Bolivia. Unos cuantos hechos, entre mil. Muchos de nosotros no hemos sido dignos de un pasado glorioso. Hemos enmudecido o callado ante tanta injusticia. El tolerar o dejar pasar, no es el papel asignado a un verdadero revolucionario. En este punto sí critico a muchos de mis compañeros dirigentes del FMLN.
“Ahora nos llega una noticia desconcertante: el pactar acuerdos con ex dirigentes de Arena para obtener pequeños logros electoreros, soslayando los verdaderos intereses del pueblo. El silencio cómplice ante el anunciado aumento a las tarifas eléctricas. Hay mucha confusión y casi nula elaboración y trabajo con las ideas. Nos hemos olvidado del análisis serio y de las conclusiones sensatas. Parece que para algunos es más importante el resultado inmediato, los réditos electorales, que el abordaje de los problemas estructurales. Caemos en lo inmediato, en el hoy y nos olvidamos del futuro. Confusión que revela -- en el mejor de los casos-- ausencia de sentido crítico, olvido de los términos exactos de la teoría y análisis marxista. ¿No es estéril la lucha por la unidad y el desarrollo de nuestros pueblos si no se dignifica antes la vida interna de cada país?. ¿No es, o puede ser, la costosa edificación de una política internacional grandilocuente y hueca sólo una manera de conducir y manejar la atención pública con el propósito -- fallido hasta ahora-- de apartarla de los gravísimos problemas cuyas soluciones no encontramos?
“De verdad me gustaría escuchar a nuestro flamante Canciller dar su punto de vista sobre ese ataque alevoso de la OTAN contra el pueblo libio, no callar, simplemente para “no afectar relaciones diplomáticas”, sino que esgrimir nuestra autonomía e independencia en las relaciones internacionales. Bien aquí concluyo. Si todo es error de juicio, de apreciación histórica, carece naturalmente, de importancia. Pero si fuera oportunismo tardío, búsqueda senil de beneficios ya inútiles, se demostraría que esa inmensa masa poblacional que nos acompañó en la lucha, no fue nunca, coro de ángeles ni legión de héroes. Y que son ahora, junto a madres sufridas, a mujeres solas, a niños huérfanos, sólo espectáculo doloroso. Seres cansados que cuando la noche se aproxima y el alma cae, quieren acercarse a un poder, a la cúpula del FML; también decadente y entregarle lo único hermoso que entonces poseían: un puñado de recuerdos de su ilustre juventud.”





1 comentarios:
Da la impresión de que habla alguien que le dijeron que cuando se terminó la guerra, se había ganado y no empatado y que el trabajo político apenas comenzaba. tal parece que los excombatientes se le entregaron la misión política completa a los excomandantes, no se percataron que las ambiciones personales de unos pocos que ni siquiera fueron combatientes, desplazarían a otros que si lo fueron por el simple hecho de no coincidir ideológicamente.
Es evidente que la separación de muchos de esos compañeros, a causado debilidad al partido y esa debilidad mantiene al FMLN con una pobreza de trabajo de campo y de unidad de objetivos, es decir que se convirtió como único objetivo lo ideológico a cambio de los objetivos de sacar al pueblo de la miseria y marginación. Lo que le faltó decir al compañero fue que para que la gran mayoría del pueblo se una a la lucha común, hay que dejar el sectarismo de unos pocos.
No se cae en cuenta que a la población no le interesa la ideología si no salir con bien día a día, que en la firmar los acuerdos de paz, lo único que se firmó fue el acceso a un aparato burgués electoral, donde lo que cuenta son los votos, lo demás, especialmente el sectarismo, a los únicos que les interesa y les favorece es la oligarquía pues mantiene dividida y presta de ser alienada con el sistema a la población, y es esa la razón del porqué el FMLN no avanza en penetración de los objetivos del mismo pueblo.
Publicar un comentario