Este día fui como lo hago todos los años a realizar mi declaración de ingresos al Ministerio de Hacienda, el ambiente ha cambiado un poco y las colas quizá son la única constante. Ya sé que vas a decirme que si hubiese ido con tiempo –he tenido cuatro meses – la cola no fuera tan complicada. Quizá, si hubiera ido a declarar este pasado miércoles a la hora del clásico, hubiese estado esa entidad gubernamental casi desierta y el proceso hubiere sido menos engorroso.
Sé que este país necesita recursos para hacer los cambios que se requieren, eso lo tengo claro. Sé que hay muchas entidades estatales en donde la única abundancia al interior de ellas es la carencia. Es importante entonces concurrir con nuestro “óbolo” para que se construya esa nación que tanto ansiamos en donde la equidad – y no la igualdad – llegue a todos.
Tenemos la obligación y el compromiso de heredar un mejor país a las nuevas generaciones, que signifique la universalidad de la educación y la salud en un entorno de calidad, en donde se sienten las bases del desarrollo que todos deseamos. Esto requiere de recursos y que todos en la medida de nuestras posibilidades solventemos esas necesidades universales de los que menos oportunidad tienen.
Algunos que no se enteran de esta necesidad son esos malos salvadoreños disfrazados de empresarios, que se las “rebuscan” para pagar menos, contratan bufetes especializados en la elución fiscal y en encontrar esos portillos que les ayude a categorizarse como empresarios “buxos”, por no decirse vivianes. Desafortunadamente así son la mayoría de estos señoritos, que quieren y exigen cambios de primer mundo, pagando impuestos de tercer o cuarto mundo.
Otros que no se enteran de las necesidades de este pueblo o hacen oídos sordos son todos aquellos que desde un cargo público se enriquecen, no hace falta mencionarlos, todos sabemos a quiénes nos referimos.
Por años deseamos que cambiara la situación y que el empleado público realmente contara entre sus virtudes y meritos con un espíritu de servicio, del que tanto se pregona contar, pero que siempre se adolece.
A propósito de este espíritu de servicio, pude darme cuenta la desidia y el desinterés de algunos funcionarios del Ministerio de Hacienda, al observar las largas colas de todos los que profesamos la categoría de “contribuyente”, mal estar contrastado, con el jolgorio de algunos que como este servidor, esperábamos pacientemente en un calor que parecería cocinarme hasta la última de mis neuronas.
En ese jolgorio estábamos algunos, cuando un incauto y aún creyente en que el “gordo” Cáceres se tira en una piscina al mejor estilo de Rico Mc Pato, preguntó, “Y cuando creen que van a comenzar a devolver la renta?”
Uno de los que estaban a la par mía dijo: “Si no hay pisto vos”.
Para romper el hielo y participar no solo riéndome dije: “Pisto hay, lo que pasa es que está mal distribuido. Lo que me enterado es que han abierto una oficina en casa presidencial, en donde pisto no te van a dar, pero te pueden pagar tu renta con recuerditos de Disney y quizás, hasta un par de orejitas de Mickey”.
Kvernicola
Sé que este país necesita recursos para hacer los cambios que se requieren, eso lo tengo claro. Sé que hay muchas entidades estatales en donde la única abundancia al interior de ellas es la carencia. Es importante entonces concurrir con nuestro “óbolo” para que se construya esa nación que tanto ansiamos en donde la equidad – y no la igualdad – llegue a todos.
Tenemos la obligación y el compromiso de heredar un mejor país a las nuevas generaciones, que signifique la universalidad de la educación y la salud en un entorno de calidad, en donde se sienten las bases del desarrollo que todos deseamos. Esto requiere de recursos y que todos en la medida de nuestras posibilidades solventemos esas necesidades universales de los que menos oportunidad tienen.
Algunos que no se enteran de esta necesidad son esos malos salvadoreños disfrazados de empresarios, que se las “rebuscan” para pagar menos, contratan bufetes especializados en la elución fiscal y en encontrar esos portillos que les ayude a categorizarse como empresarios “buxos”, por no decirse vivianes. Desafortunadamente así son la mayoría de estos señoritos, que quieren y exigen cambios de primer mundo, pagando impuestos de tercer o cuarto mundo.
Otros que no se enteran de las necesidades de este pueblo o hacen oídos sordos son todos aquellos que desde un cargo público se enriquecen, no hace falta mencionarlos, todos sabemos a quiénes nos referimos.
Por años deseamos que cambiara la situación y que el empleado público realmente contara entre sus virtudes y meritos con un espíritu de servicio, del que tanto se pregona contar, pero que siempre se adolece.
A propósito de este espíritu de servicio, pude darme cuenta la desidia y el desinterés de algunos funcionarios del Ministerio de Hacienda, al observar las largas colas de todos los que profesamos la categoría de “contribuyente”, mal estar contrastado, con el jolgorio de algunos que como este servidor, esperábamos pacientemente en un calor que parecería cocinarme hasta la última de mis neuronas.
En ese jolgorio estábamos algunos, cuando un incauto y aún creyente en que el “gordo” Cáceres se tira en una piscina al mejor estilo de Rico Mc Pato, preguntó, “Y cuando creen que van a comenzar a devolver la renta?”
Uno de los que estaban a la par mía dijo: “Si no hay pisto vos”.
Para romper el hielo y participar no solo riéndome dije: “Pisto hay, lo que pasa es que está mal distribuido. Lo que me enterado es que han abierto una oficina en casa presidencial, en donde pisto no te van a dar, pero te pueden pagar tu renta con recuerditos de Disney y quizás, hasta un par de orejitas de Mickey”.
Kvernicola





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