Hay por lo menos tres temas reiterados al cumplirse dos años del gobierno “del cambio” como gustan decir los apologistas: la reforma administrativa, las nuevas cargas impositivas y las modificaciones al sistema de salud. Por el lado del Órgano Judicial la Sala de lo Constitucional continúa con su trascendental labor de poner orden en la casa, de evacuar cantidad de casos pendientes y de combatir la impunidad y dar un rechazo rotundo a la corrupción y la bochornosa dependencia de años anteriores de este poder al Ejecutivo.
Hay también interés en el gobierno de continuar profundizando las huellas de un intento de llevar a puerto seguro las transformaciones agrarias. Pese a todo este Leviatán burocrático, más bien transformado en Frankenstein, muchos campesinos siguen sin parcelas, agua o créditos, la producción agrícola y pecuaria es insuficiente; además infinidad de trabajadores ganan salarios inferiores al mínimo, las leyes laborales son incumplidas -- ya no digamos la Constitución--, no s contiene evasión fiscal ni se combate la elusión y el contrabando, ni derroches del erario, la policía no es mejor ni se pueden alabar sus “pequeños trabajos”, mucho menos sus alardes de investigación de los verdaderos delitos y el hallazgo de auténticos delincuentes, como, digamos inútilmente por milésima vez, espectrales halcones, beneficiarios de peculados, ladrones de fondos públicos, tierras, bienes del patrimonio nacional, cuotas sindicales. Para hablar de la aplicación de la justicia sería preciso un tratado de microbiología moral.
Con todo debe reconocerse los esfuerzos al interior de la fuerza armada para descubrir una banda de ladrones de armas y municiones y pasar a la justicia a varios oficiales y soldados. Uno podría decir que ¡al fin! Se persigue la corrupción al interior del ejército y se dan pequeñas muestras de transparencia y manejo sano del presupuesto y recursos bélicos destinados a esa institución con una dilatada tradición de servilismo y corrupción. Quizás no sucede lo mismo con otras instituciones del Estado como la Fiscalía General de la República y la Corte de Cuentas. En otras palabras, tan enorme estructura sostenida por dinero de los exiguos bolsillos del pueblo, sirve para muy poco, nada casi, en relación con las cada vez más angustiosas necesidades nacionales, los problemas de complejidad creciente -- viejos y nuevos-- y la pobreza de un país donde más del 80% del ingreso nacional queda en poder de menos del 5% de la población.
Las encuestas y los estudios de opinión lo están diciendo: muy poco se percibe eso “del cambio” y persisten graves problemas como el alto costo de la vida, el desempleo y la creciente delincuencia. A estas alturas, cuando el gobierno cumple su segundo aniversario de ascensión “al poder”, hay cuentas pendientes y tal vez uno de sus mayores errores fue el de n haber destruido la estructura administrativa y el perverso modelo neoliberal implantado por los nefastos regímenes areneros, para crear otra, eficaz y ágil para una gran transformación social. Quizá a ello se deben fracasos, frustraciones, estancamientos y retrocesos de “un gobierno del cambio”, convertido hoy, en el mejor de los casos, en simple objeto de leyenda, nostalgia o literatura fuera de moda y, en el peor, en desencanto, burla o inconformidad de los jóvenes.
Los fuertes impulsos de impulsar una Reforma Integral de Salud y una similar de Educación se han estancado o hay temor, falta de recursos o de apoyo desde Casa Presidencial; pero a estas alturas persisten los males crónicos de siempre en hospitales, centros y unidades de salud; hay escasez de medicinas, una mora peligrosa en el tratamiento de enfermedades delicadas, así como en crónicas esperas para operaciones quirúrgicas. En Educación no se han construido nuevos institutos, ni modernas escuelas; hay deudas pendientes con el magisterio y, sobre todo, con los padres de familia y con los alumnos. Hasta el día de hoy, no sabemos cual ha sido el destino de la anunciada Campaña Nacional de Alfabetización, sobre los paquetes escolares, los alimentos y el vaso de leche.
En tal sentido, la organización pública actual es un producto heterogéneo de golpes y contragolpes, improvisaciones y cien mil modos de rectificar. Es una especie de colcha de remiendos, como ese mosquitero de niño pobre, o un laberinto, no de soledad sino de excesiva compañía, donde las funciones se contradicen y los funcionarios, cuando no pelean, juegan a la zancadilla. Acaso por ello algunos se enferman ahora de modo repentino o sufren fatigas morales o físicas.
Las anunciadas reformas no alcanzan sus objetivos, la educativa y la de salud, como dicho está, no se realizan, pues carecen de un eficiente, dinámico instrumento administrativo. LO mismo podría decirse de la agricultura, abandonada totalmente por los infames regímenes areneros, pero en entredicho y todavía en estado de coma en el actual gobierno. El asunto es largo y habrá de comenzarse desde la raíz, si al final del período no queremos hojas amarillentas y tristes flores de un huerto tan pacientemente cultivado por la población votante y de todos aquellos ciudadanos amantes de la paz y la justicia social.
Hay también interés en el gobierno de continuar profundizando las huellas de un intento de llevar a puerto seguro las transformaciones agrarias. Pese a todo este Leviatán burocrático, más bien transformado en Frankenstein, muchos campesinos siguen sin parcelas, agua o créditos, la producción agrícola y pecuaria es insuficiente; además infinidad de trabajadores ganan salarios inferiores al mínimo, las leyes laborales son incumplidas -- ya no digamos la Constitución--, no s contiene evasión fiscal ni se combate la elusión y el contrabando, ni derroches del erario, la policía no es mejor ni se pueden alabar sus “pequeños trabajos”, mucho menos sus alardes de investigación de los verdaderos delitos y el hallazgo de auténticos delincuentes, como, digamos inútilmente por milésima vez, espectrales halcones, beneficiarios de peculados, ladrones de fondos públicos, tierras, bienes del patrimonio nacional, cuotas sindicales. Para hablar de la aplicación de la justicia sería preciso un tratado de microbiología moral.
Con todo debe reconocerse los esfuerzos al interior de la fuerza armada para descubrir una banda de ladrones de armas y municiones y pasar a la justicia a varios oficiales y soldados. Uno podría decir que ¡al fin! Se persigue la corrupción al interior del ejército y se dan pequeñas muestras de transparencia y manejo sano del presupuesto y recursos bélicos destinados a esa institución con una dilatada tradición de servilismo y corrupción. Quizás no sucede lo mismo con otras instituciones del Estado como la Fiscalía General de la República y la Corte de Cuentas. En otras palabras, tan enorme estructura sostenida por dinero de los exiguos bolsillos del pueblo, sirve para muy poco, nada casi, en relación con las cada vez más angustiosas necesidades nacionales, los problemas de complejidad creciente -- viejos y nuevos-- y la pobreza de un país donde más del 80% del ingreso nacional queda en poder de menos del 5% de la población.
Las encuestas y los estudios de opinión lo están diciendo: muy poco se percibe eso “del cambio” y persisten graves problemas como el alto costo de la vida, el desempleo y la creciente delincuencia. A estas alturas, cuando el gobierno cumple su segundo aniversario de ascensión “al poder”, hay cuentas pendientes y tal vez uno de sus mayores errores fue el de n haber destruido la estructura administrativa y el perverso modelo neoliberal implantado por los nefastos regímenes areneros, para crear otra, eficaz y ágil para una gran transformación social. Quizá a ello se deben fracasos, frustraciones, estancamientos y retrocesos de “un gobierno del cambio”, convertido hoy, en el mejor de los casos, en simple objeto de leyenda, nostalgia o literatura fuera de moda y, en el peor, en desencanto, burla o inconformidad de los jóvenes.
Los fuertes impulsos de impulsar una Reforma Integral de Salud y una similar de Educación se han estancado o hay temor, falta de recursos o de apoyo desde Casa Presidencial; pero a estas alturas persisten los males crónicos de siempre en hospitales, centros y unidades de salud; hay escasez de medicinas, una mora peligrosa en el tratamiento de enfermedades delicadas, así como en crónicas esperas para operaciones quirúrgicas. En Educación no se han construido nuevos institutos, ni modernas escuelas; hay deudas pendientes con el magisterio y, sobre todo, con los padres de familia y con los alumnos. Hasta el día de hoy, no sabemos cual ha sido el destino de la anunciada Campaña Nacional de Alfabetización, sobre los paquetes escolares, los alimentos y el vaso de leche.
En tal sentido, la organización pública actual es un producto heterogéneo de golpes y contragolpes, improvisaciones y cien mil modos de rectificar. Es una especie de colcha de remiendos, como ese mosquitero de niño pobre, o un laberinto, no de soledad sino de excesiva compañía, donde las funciones se contradicen y los funcionarios, cuando no pelean, juegan a la zancadilla. Acaso por ello algunos se enferman ahora de modo repentino o sufren fatigas morales o físicas.
Las anunciadas reformas no alcanzan sus objetivos, la educativa y la de salud, como dicho está, no se realizan, pues carecen de un eficiente, dinámico instrumento administrativo. LO mismo podría decirse de la agricultura, abandonada totalmente por los infames regímenes areneros, pero en entredicho y todavía en estado de coma en el actual gobierno. El asunto es largo y habrá de comenzarse desde la raíz, si al final del período no queremos hojas amarillentas y tristes flores de un huerto tan pacientemente cultivado por la población votante y de todos aquellos ciudadanos amantes de la paz y la justicia social.





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