El llameante fuego idealista a cuyo culto miles de salvadoreños fueron sacrificados, se extinguió por la voracidad y la ambición de los que alguna vez se llamaron revolucionarios.
Hemos llegado a un punto sin retorno, el descaro y el cinismo son las grandes virtudes, los valores más altos de las cúpulas partidarias. Se pasa sobre las leyes y la Constitución de la República es letra muerta, una declaración de principios quizás para tiempos mejores. No pretendo desconocer ciertas virtudes de la así llamada Carta Magna, así como de la “separación de poderes”, como tantos afirman, creo ha sido un medio importante para mantener la tranquilidad de la nación; pero esto se ha logrado -- sin duda-- sacrificando el espíritu cívico del salvadoreño, apartando a mucho de los mejores hombres de la patria y, lo que es más importante, manteniendo, en cambio, una larga sucesión de insaciables, inmorales sujetos al frente de instituciones creadas para proteger los intereses del Estado, del pueblo.
¿Cómo llamar o calificar semejante nombramiento del titular y los magistrados suplentes de la Corte de Cuentas o del Tribunal Supremo Electoral? La Corte de Cuentas fue creada, según el Art. 195, inciso 1º, de la Constitución, para vigilar la recaudación, la custodia, el compromiso y la erogación de los fondos públicos; así como la liquidación de impuestos, tasas, derechos y demás contribuciones, cuando la ley lo determine; también, inciso 2º, para aprobar toda salida de fondos del tesoro público, de acuerdo con el presupuesto; intervenir en todo ACTO QUE DE MANERA DIRECTA O INDIRECTA AFECTE AL TESORO PUBLICO O AL PATRIMONIO DEL ESTADO, Y REFRENDAR LOS ACTOS Y CONTRATOS RELATIVOS A LA DEUDA PUBLICA.
El Art. 198 de la misma Constitución señala que “El Presidente y los Magistrados de la Corte de Cuentas deberán ser salvadoreños por nacimiento, mayores de treinta años, DE HONRADEZ Y COMPETENCIAS NOTORIAS; ESTAT EN EL EJERCICIO DE LOS DERECHOS DE CIUDADANO Y HABERLO ESTADO EN LOS TRES AÑOS ANTERIORES A SU ELECCIÓN. Sin embargo, el nuevo Presidente de la Corte de Cuentas, Marco Gregorio Sánchez Trejo y los dos nuevos Magistrados Andrés Rovira y Javier Bernal, tienen juicios abiertos en el Órgano Contralor y en la Fiscalía General de la República. Por lo demás, Rovira es el actual presidente del partido GANA y un servidor incondicional del ex presidente Antonio Saca. Asimismo, es incapaz, intrigante y sin instrucción notoria alguna.
Si la situamos dentro de la pura mecánica política, la existencia de ese Órgano especializado del Estado, puede tener justificación y validez, pero en lo que respecta a la formación cívica y moral del salvadoreño, de la vigilancia de los fondos públicos, de los miembros que la integran, es un verdadero desastre. No hemos aprendido de la experiencia, ni de los años de ignominia, cuando el Partido de Conciliación Nacional (PCN) se mantuvo por más de 40 años al frente de la institución, protegiendo corruptos y sirviendo de tapadera para los más oscuros y siniestros propósitos. Si existe en El Salvador eso que Chomsky ha llamado la “elite moral”, única que despierta ecos en las generaciones jóvenes y en alto grado las modela, es evidente que no forma parte del ahora partido oficial y que tristemente por un plato de lentejas se ha vendido al mejor postor.
¿Cómo puede sorprendernos así el crecimiento del número de quienes desdeñan las funciones electorales? Si los mismos partidos políticos en clara flagrancia constitucional han aprobado reformas electorales para votar por banderas partidarias, contraviniendo la sentencia dada en su momento por la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, no le pueden pedir a los salvadoreños concurrir masivamente a las elecciones para otorgarles confianza, fe y esperanza en el futuro. El grupo silencioso del desprecio deberá aumentar en los comicios del próximo año. Frente a esta atonía del espíritu cívico, el Tribunal Supremo Electoral gasta millones de dólares para que los ciudadanos se registren y ensaya métodos más o menos disimulados de presión para que lo hagan. Recursos dirigidos al fracaso, porque lo que se ha desvanecido es el prestigio del voto y la mínima credibilidad de uno o dos partidos políticos; es más el llameante fuego idealista prometido por el FMLN a cuyo culto miles de salvadoreños fueron sacrificados, se extinguió.
Sin ceremonias solemnes, sin gloria, la vieja política romántica, con sus odios, su sangre, pero también sus relámpagos e iluminaciones, ha muerto. Valdría la pena cantar un réquiem por esa pasión, peligrosa como toda pasión, que por lo menos un día debe estremecer el alma del hombre. No es posible que en apenas tan pocos años se tuerzan las cosas, se pretenda engañar al pueblo como en su momento lo hicieron los dirigentes del Pro Patria del dictador Maximiliano Hernández Martínez, o sus seguidores del PRUD, del Conciliación Nacional y de Arena. La cúpula del FMLN ha descendido a los peores niveles del cinismo y el descaro, no se pueden pactar ni hacer alianzas con los enemigos del pueblo, con los corruptos y con todos aquellos que nada más buscan sus intereses particulares y proteger los intereses de la oligarquía. ¿Dónde quedaron los grandes ideales? ¿Dónde los propósitos y la sagrada misión por la cual miles de salvadoreños abrazaron una bandera, un himno de esperanza y redención?
Se habla hoy con insistencia de una nueva forma de vida, de un cambio seguro, de hacer mejor las cosas, de una manera diversa de cumplir el quehacer del partido y hasta de una concepción más fresca, ahora no estática, sino dinámica y cambiante, del proceso social y político. Se trata, se afirma, de ajustar la cansada maquinaria, de introducir reformas, de hacer alianzas para “afianzar la democracia” y darle gobernabilidad y fortaleza a las instituciones del país. Por eso es “la oposición a la Sala de lo Constitucional”. ¿No será que se trata de proteger a determinadas figuras, de temer a la verdadera participación del pueblo en lo que ellos llaman democracia? Lo cierto es lo advertido por el pueblo, lo apreciado con interés cercano y más real que todas las frágiles edificaciones intelectuales, son los actos visibles e inmediatos. La novedad de los principios es papel si no se convierte en hechos. La designación de Magistrados probos, inteligentes, capaces a la Corte de Cuentas; el señalamiento y la condena de funcionarios desleales, de hoy y de ayer; la defensa constante de los intereses de la nación, son actos políticos más eficaces que una deslumbrante discusión académica o discursos vacíos en una plaza pública.
Un pragmatismo chapucero, deshumanizado, amenaza al país. Por todas partes surgen analistas, técnicos, filósofos, historiadores que se dicen dueños de ciertos apartados del saber humano y que reclaman por ello, el derecho de influir en la política nacional. Con este material se nutren los nuevos y viejos partidos políticos. Lo que es enormemente difícil, lo que escapa a la crítica o los consejos de los teóricos, es encontrar una verdadera pasión y amor por el pueblo salvadoreño, por entregarse día a día a construir un futuro de paz y prosperidad, es también encontrar verdaderos políticos, hombres capaces de movilizar grandes masas humanas y de transmitirles un poco de optimismo y aliento.
¿Cómo llamar o calificar semejante nombramiento del titular y los magistrados suplentes de la Corte de Cuentas o del Tribunal Supremo Electoral? La Corte de Cuentas fue creada, según el Art. 195, inciso 1º, de la Constitución, para vigilar la recaudación, la custodia, el compromiso y la erogación de los fondos públicos; así como la liquidación de impuestos, tasas, derechos y demás contribuciones, cuando la ley lo determine; también, inciso 2º, para aprobar toda salida de fondos del tesoro público, de acuerdo con el presupuesto; intervenir en todo ACTO QUE DE MANERA DIRECTA O INDIRECTA AFECTE AL TESORO PUBLICO O AL PATRIMONIO DEL ESTADO, Y REFRENDAR LOS ACTOS Y CONTRATOS RELATIVOS A LA DEUDA PUBLICA.
El Art. 198 de la misma Constitución señala que “El Presidente y los Magistrados de la Corte de Cuentas deberán ser salvadoreños por nacimiento, mayores de treinta años, DE HONRADEZ Y COMPETENCIAS NOTORIAS; ESTAT EN EL EJERCICIO DE LOS DERECHOS DE CIUDADANO Y HABERLO ESTADO EN LOS TRES AÑOS ANTERIORES A SU ELECCIÓN. Sin embargo, el nuevo Presidente de la Corte de Cuentas, Marco Gregorio Sánchez Trejo y los dos nuevos Magistrados Andrés Rovira y Javier Bernal, tienen juicios abiertos en el Órgano Contralor y en la Fiscalía General de la República. Por lo demás, Rovira es el actual presidente del partido GANA y un servidor incondicional del ex presidente Antonio Saca. Asimismo, es incapaz, intrigante y sin instrucción notoria alguna.
Si la situamos dentro de la pura mecánica política, la existencia de ese Órgano especializado del Estado, puede tener justificación y validez, pero en lo que respecta a la formación cívica y moral del salvadoreño, de la vigilancia de los fondos públicos, de los miembros que la integran, es un verdadero desastre. No hemos aprendido de la experiencia, ni de los años de ignominia, cuando el Partido de Conciliación Nacional (PCN) se mantuvo por más de 40 años al frente de la institución, protegiendo corruptos y sirviendo de tapadera para los más oscuros y siniestros propósitos. Si existe en El Salvador eso que Chomsky ha llamado la “elite moral”, única que despierta ecos en las generaciones jóvenes y en alto grado las modela, es evidente que no forma parte del ahora partido oficial y que tristemente por un plato de lentejas se ha vendido al mejor postor.
¿Cómo puede sorprendernos así el crecimiento del número de quienes desdeñan las funciones electorales? Si los mismos partidos políticos en clara flagrancia constitucional han aprobado reformas electorales para votar por banderas partidarias, contraviniendo la sentencia dada en su momento por la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, no le pueden pedir a los salvadoreños concurrir masivamente a las elecciones para otorgarles confianza, fe y esperanza en el futuro. El grupo silencioso del desprecio deberá aumentar en los comicios del próximo año. Frente a esta atonía del espíritu cívico, el Tribunal Supremo Electoral gasta millones de dólares para que los ciudadanos se registren y ensaya métodos más o menos disimulados de presión para que lo hagan. Recursos dirigidos al fracaso, porque lo que se ha desvanecido es el prestigio del voto y la mínima credibilidad de uno o dos partidos políticos; es más el llameante fuego idealista prometido por el FMLN a cuyo culto miles de salvadoreños fueron sacrificados, se extinguió.
Sin ceremonias solemnes, sin gloria, la vieja política romántica, con sus odios, su sangre, pero también sus relámpagos e iluminaciones, ha muerto. Valdría la pena cantar un réquiem por esa pasión, peligrosa como toda pasión, que por lo menos un día debe estremecer el alma del hombre. No es posible que en apenas tan pocos años se tuerzan las cosas, se pretenda engañar al pueblo como en su momento lo hicieron los dirigentes del Pro Patria del dictador Maximiliano Hernández Martínez, o sus seguidores del PRUD, del Conciliación Nacional y de Arena. La cúpula del FMLN ha descendido a los peores niveles del cinismo y el descaro, no se pueden pactar ni hacer alianzas con los enemigos del pueblo, con los corruptos y con todos aquellos que nada más buscan sus intereses particulares y proteger los intereses de la oligarquía. ¿Dónde quedaron los grandes ideales? ¿Dónde los propósitos y la sagrada misión por la cual miles de salvadoreños abrazaron una bandera, un himno de esperanza y redención?
Se habla hoy con insistencia de una nueva forma de vida, de un cambio seguro, de hacer mejor las cosas, de una manera diversa de cumplir el quehacer del partido y hasta de una concepción más fresca, ahora no estática, sino dinámica y cambiante, del proceso social y político. Se trata, se afirma, de ajustar la cansada maquinaria, de introducir reformas, de hacer alianzas para “afianzar la democracia” y darle gobernabilidad y fortaleza a las instituciones del país. Por eso es “la oposición a la Sala de lo Constitucional”. ¿No será que se trata de proteger a determinadas figuras, de temer a la verdadera participación del pueblo en lo que ellos llaman democracia? Lo cierto es lo advertido por el pueblo, lo apreciado con interés cercano y más real que todas las frágiles edificaciones intelectuales, son los actos visibles e inmediatos. La novedad de los principios es papel si no se convierte en hechos. La designación de Magistrados probos, inteligentes, capaces a la Corte de Cuentas; el señalamiento y la condena de funcionarios desleales, de hoy y de ayer; la defensa constante de los intereses de la nación, son actos políticos más eficaces que una deslumbrante discusión académica o discursos vacíos en una plaza pública.
Un pragmatismo chapucero, deshumanizado, amenaza al país. Por todas partes surgen analistas, técnicos, filósofos, historiadores que se dicen dueños de ciertos apartados del saber humano y que reclaman por ello, el derecho de influir en la política nacional. Con este material se nutren los nuevos y viejos partidos políticos. Lo que es enormemente difícil, lo que escapa a la crítica o los consejos de los teóricos, es encontrar una verdadera pasión y amor por el pueblo salvadoreño, por entregarse día a día a construir un futuro de paz y prosperidad, es también encontrar verdaderos políticos, hombres capaces de movilizar grandes masas humanas y de transmitirles un poco de optimismo y aliento.





0 comentarios:
Publicar un comentario