La independencia o separación de los Poderes de un Estado garantiza la viabilidad y estabilidad de una democracia, al menos así lo entendía y lo escribió Montesquieu en el Espíritu de las leyes. Los diputados de la Asamblea Legislativa en El Salvador hablan mucho sobre los famosos pesos y contrapesos y el balance del poder; pero es nada más una burla y sarcasmo pues en la práctica, en la vida cotidiana, se dedican a aprobar leyes y a violar la Constitución, cuando se trata de impugnar a otros Órganos del Estado o legislar para favorecer a minorías poderosamente económicas.
Uno pediría cierto grado de coherencia en el quehacer político diario; pero es como pedirle peras al olmo; en el Ejecutivo, por ejemplo, se tiene la impresión de que no se está siguiendo una sola línea, recta, sino varias, sinuosas. Si está en la conciencia de todos que el primer problema nacional es, por el momento, el de detener el alza de los artículos de primera necesidad ¿cómo se puede compaginar eso con permanentes paros y reclamos en el sector público exigiendo aumentos salariales? O permitiendo a comerciantes sin escrúpulos acaparar y aumentar el costo de los alimentos. Lo mismo podríamos decir de los altísimos precios de las medicinas y, por supuesto, de la tarifa de luz eléctrica.
A los ojos de cualquiera salta a la vista que el alza de los artículos de primera necesidad y la exigencia de aumentos salariales, son incompatibles, que más prestaciones, más salarios y menos horas de trabajo inevitablemente significarán aumento, no rebaja, en los precios. Y si algunas empresas comerciales e industriales anuncian aumentos por la decisión del gobierno de “castigarlos” con el impuesto sobre la seguridad, ya estamos fritos y listos para el despeñadero. Los unos no quieren pagar su “estabilidad social” y el Ejecutivo no “los tiene bien” puestos para conducir al país a puerto seguro. En todo caso, ya ustedes leyeron las declaraciones del presidente de la república sobre la inviabilidad de hacer los cambios necesarios e indispensables para garantizar una sociedad equitativa y con justicia social. Todo esto, el abuso de los partidos políticos, las payasadas de los diputados, la cólera de las cúpulas empresariales y los malabarismos de los “altos” dirigentes del FMLN, causa la hilaridad de algunos, la desconfianza de muchos y el enojo de no pocos.
¿A qué vamos a atenernos? ¿Cuál va a ser, realmente, la política del gobierno para los próximos tres años? ¿Aumentos, que serán inseparables en los salarios y en el costo de la vida, o disminución en ambos, o por lo menos congelamiento? ¿Más dinero, dólares, circulante, más empleos (no me río porque tengo dolor de muelas), aunque eso permita el paso a la inflación, o congelamiento de precios, de salarios, de puestos, lo que producirá deflación, y también desempleo, incosteabilidad y cierre de negocios (de por sí hace ratos anunciado por los “patriotas” empresarios), y otra cauda de males, por lo menos tan graves como los que el encarecimiento produce, o probablemente más graves?
Vistas así la cosas, nadie en su sano juicio se atreve a vaticinar cuál será la consigna (fuera de unir, crecer e incluir), cuál será el camino que el señor presidente trace. Y hay que esperar, no moverse, no respirar, hasta escuchar nuevas declaraciones, creación de más comisiones y conocer de “novedosas” leyes promulgadas en la Asamblea Legislativa. Por cierto, de los ministros que tímidamente han estado opinando contradictoriamente, unos verán que estaban equivocados, y tendrán que modificar sus planes, para sujetarse a la “línea general” que haya se seguir el gobierno. O los que han ordenando el paro de obras (se ve así en el programa de viviendas populares y en la entrega de paquetes agrícolas y útiles escolares), la suspensión de contrataciones, la congelación de empleos, rectifican su política, y siguen en el derrame de dinero para “mejor redistribución de la riqueza nacional, o bien son los que anuncian mejorar económicas a sus empleados, y más puestos de trabajo, los que tienen que apretarse el cinturón y dejar las cosas como estaban. Lo que no parece posible es que unos hagan una cosa y unos cuantos otra.
Por fortuna el pueblo ya tiene claro cómo están procediendo los políticos, al menos son más los salvadoreños los enterados de la marcha de la cosa pública. Cuando el señor presidente llegó a la Asamblea Legislativa a leer el informe del segundo año de gestión, ya la mayoría conocía del mismo, no había nada milagroso de lo hecho, ni anuncios relevantes. En lo primero no había secreto alguno y quizás en lo segundo adivinar siquiera, cuáles van a ser las directrices de su administración hasta mayo del 2014. Entonces respiraremos con mayor comodidad, y sabremos que hacer, que todo tendrá su parte buena y su parte mala, su pro y su contra. Ir por un lado o por otro conducirá a lo mismo; pero es necesario saber qué camino se toma; en materia económica (para no meter aquí la materia política, ni otras materias), si vamos a tener inflación o deflación, si vamos a tener mucho dinero en circulación, sueldos altos, pocas horas de trabajo para cada trabajador y, consecuentemente, elevación, difícil de contener dentro de lo razonable, en todos los precios, o bien precios regulados, pero salarios congelados también, y desempleo. O pares nones. O una cosa u otra. Por lo pronto, ya sabemos del fracaso en la generación de empleos o en el control de la delincuencia y del crimen organizado. ¿Debemos festejar alguna cosita, ojalá pudiéramos hacerlos y gritar a los cuatro vientos que en verdad “este es el gobierno del cambio”.
Uno pediría cierto grado de coherencia en el quehacer político diario; pero es como pedirle peras al olmo; en el Ejecutivo, por ejemplo, se tiene la impresión de que no se está siguiendo una sola línea, recta, sino varias, sinuosas. Si está en la conciencia de todos que el primer problema nacional es, por el momento, el de detener el alza de los artículos de primera necesidad ¿cómo se puede compaginar eso con permanentes paros y reclamos en el sector público exigiendo aumentos salariales? O permitiendo a comerciantes sin escrúpulos acaparar y aumentar el costo de los alimentos. Lo mismo podríamos decir de los altísimos precios de las medicinas y, por supuesto, de la tarifa de luz eléctrica.
A los ojos de cualquiera salta a la vista que el alza de los artículos de primera necesidad y la exigencia de aumentos salariales, son incompatibles, que más prestaciones, más salarios y menos horas de trabajo inevitablemente significarán aumento, no rebaja, en los precios. Y si algunas empresas comerciales e industriales anuncian aumentos por la decisión del gobierno de “castigarlos” con el impuesto sobre la seguridad, ya estamos fritos y listos para el despeñadero. Los unos no quieren pagar su “estabilidad social” y el Ejecutivo no “los tiene bien” puestos para conducir al país a puerto seguro. En todo caso, ya ustedes leyeron las declaraciones del presidente de la república sobre la inviabilidad de hacer los cambios necesarios e indispensables para garantizar una sociedad equitativa y con justicia social. Todo esto, el abuso de los partidos políticos, las payasadas de los diputados, la cólera de las cúpulas empresariales y los malabarismos de los “altos” dirigentes del FMLN, causa la hilaridad de algunos, la desconfianza de muchos y el enojo de no pocos.
¿A qué vamos a atenernos? ¿Cuál va a ser, realmente, la política del gobierno para los próximos tres años? ¿Aumentos, que serán inseparables en los salarios y en el costo de la vida, o disminución en ambos, o por lo menos congelamiento? ¿Más dinero, dólares, circulante, más empleos (no me río porque tengo dolor de muelas), aunque eso permita el paso a la inflación, o congelamiento de precios, de salarios, de puestos, lo que producirá deflación, y también desempleo, incosteabilidad y cierre de negocios (de por sí hace ratos anunciado por los “patriotas” empresarios), y otra cauda de males, por lo menos tan graves como los que el encarecimiento produce, o probablemente más graves?
Vistas así la cosas, nadie en su sano juicio se atreve a vaticinar cuál será la consigna (fuera de unir, crecer e incluir), cuál será el camino que el señor presidente trace. Y hay que esperar, no moverse, no respirar, hasta escuchar nuevas declaraciones, creación de más comisiones y conocer de “novedosas” leyes promulgadas en la Asamblea Legislativa. Por cierto, de los ministros que tímidamente han estado opinando contradictoriamente, unos verán que estaban equivocados, y tendrán que modificar sus planes, para sujetarse a la “línea general” que haya se seguir el gobierno. O los que han ordenando el paro de obras (se ve así en el programa de viviendas populares y en la entrega de paquetes agrícolas y útiles escolares), la suspensión de contrataciones, la congelación de empleos, rectifican su política, y siguen en el derrame de dinero para “mejor redistribución de la riqueza nacional, o bien son los que anuncian mejorar económicas a sus empleados, y más puestos de trabajo, los que tienen que apretarse el cinturón y dejar las cosas como estaban. Lo que no parece posible es que unos hagan una cosa y unos cuantos otra.
Por fortuna el pueblo ya tiene claro cómo están procediendo los políticos, al menos son más los salvadoreños los enterados de la marcha de la cosa pública. Cuando el señor presidente llegó a la Asamblea Legislativa a leer el informe del segundo año de gestión, ya la mayoría conocía del mismo, no había nada milagroso de lo hecho, ni anuncios relevantes. En lo primero no había secreto alguno y quizás en lo segundo adivinar siquiera, cuáles van a ser las directrices de su administración hasta mayo del 2014. Entonces respiraremos con mayor comodidad, y sabremos que hacer, que todo tendrá su parte buena y su parte mala, su pro y su contra. Ir por un lado o por otro conducirá a lo mismo; pero es necesario saber qué camino se toma; en materia económica (para no meter aquí la materia política, ni otras materias), si vamos a tener inflación o deflación, si vamos a tener mucho dinero en circulación, sueldos altos, pocas horas de trabajo para cada trabajador y, consecuentemente, elevación, difícil de contener dentro de lo razonable, en todos los precios, o bien precios regulados, pero salarios congelados también, y desempleo. O pares nones. O una cosa u otra. Por lo pronto, ya sabemos del fracaso en la generación de empleos o en el control de la delincuencia y del crimen organizado. ¿Debemos festejar alguna cosita, ojalá pudiéramos hacerlos y gritar a los cuatro vientos que en verdad “este es el gobierno del cambio”.





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