La rutina y las frases hechas terminan por agotar la paciencia de los seres humanos. En mi caso particular desde hace muchos años dejé ser católico practicante porque sencillamente me aburrió la religión. No encuentro satisfacción alguna en escuchar las mismas oraciones y contemplar los mismos ritos practicados desde hace siglos. La reiteración de iguales monótonas fórmulas terminan por fastidiar. El Padre Nuestro puede ser una oración perfecta; nada más que repetida miles de veces, llega el momento del ineludible cansancio. Lo mismo sucede con los evangelios. Son, indiscutiblemente, lecciones sublimes de moral; pero hay más merito en la práctica de la virtud que en la simple prédica rutinaria. Y si la mera repetición de lo que se supone es la palabra de Dios acaba por fatigar, ¿hasta dónde nos habrá fatigado ese permanente sonsonete de las cúpulas empresariales de “pedimos reglas claras y respeto a las libertades”?, supuestamente para promover inversiones y contribuir al desarrollo nacional.
No hay discurso o congreso realizado este año que no nos recuerde las tales “amenazas” (no las vemos por ningún lado) contra la democracia. Los empresarios o mejor dicho los dirigentes, deben inscribir esas muletillas en libros de texto y esculpirlas en monumentos como esos dedicados al fundador de los Escuadrones de la Muerte y responsable directo de los miles de asesinados en El Salvador antes y durante el conflicto armado. No se trata sólo de ese recital, también incluyen en su léxico el Socialismo del Siglo XXI, el ALBA y la “amenaza” permanente del comandante Hugo Rafael Chávez Frías. Como lo hemos dicho en otros comentarios nada más se trata de mentes calenturientas, de “pilas” ideológicas y de una agenda política electorera diseñada por los asesores del partido Arena. Es como esa frase de Cervantes: “Ladran Sancho, señal que cabalgamos” o el famoso apotegma del mexicano Benito Juárez “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Estamos seguros que muy contados políticos y diputados han leído el Quijote de la Mancha o conocen la biografía de Juárez; pero en su afán de aparentar cultura no tienen empacho alguno en citarlas a cada momento. Nada tengo en contra de tales sentencias, pero sí contra lo que se convierte en disco rayado.
Por cierto, muy bien harían los “grandes” empresarios salvadoreños en estudiar y conocer más a fondo ese sistema de organización social y económico conocido como Socialismo del Siglo XXI. Igual que leer detenidamente el famoso libro de Cervantes. No se convertirían en hombres cultos de la noche a la mañana, pero sí tendrían argumentos precisos para debatir sobre temas tan espinosos. Don Quijote es otra cosa: se fundieron en este personaje una voluntad férrea, abnegación santa, valor a toda prueba, patriotismo lleno de ilusión y esperanza y su acrisolada probidad. “Superó” muchos obstáculos porque se reunieron en él estas virtudes. Su vida fue un milagro, y también milagro todas sus aventuras. Bien sabido es que nuestros empresarios nada más se aferran a la avaricia, a la acumulación de la riqueza, a la explotación y a su nulo amor por la patria. Su único ídolo es don dinero, para citar a Francisco de Quevedo, otro famoso literato español. Por eso los miembros de las cúpulas empresariales nada tienen de ilustres próceres o héroes anónimos, como tantas veces los califican en el diario de hoy.
Ninguno de tales “ilustres personajes” y “hombres de su tiempo” han aportado y contribuido al desarrollo político, económico y social de El Salvador. Sus empresas las fundan para hacer dinero y así lo reconocen; pero es ridículo lo que tantas veces proclaman de “contribuir a obras sociales del país”. Hace muchos años una revista norteamericana publicó en su portada a un oligarca salvadoreño sentado en un cómodo sillón en el portal de su residencia ubicada en la colonia San Francisco. Se trataba de Benjamín Sol Millet, quien entre “sus grandes méritos” era poseer un enclave colonial en la isla el Espíritu Santo, donde las familias campesinas se dedicaban a obtener “la comida” de los cocos para convertirla en aceite. La alimentación se la llevaban en lanchas y para salir de esa isla requerían de un permiso especial. Pero a juicio de sus apologistas fue un “ilustre salvadoreño” que contribuyó al desarrollo industrial y económico del país.
En estos días, por cierto, el presidente de la república se ha reunido con destacados empresarios, tratando de llegar a un consenso para aplicar el reiterado impuesto a los patrimonios mayores a los 500 mil dólares. Supuestamente lo recaudado se utilizaría en equipar y aumentar el número de agentes policiales para su lucha contra la delincuencia y el crimen organizado. Se trata de un mínimo porcentaje de tales ganancias, pero el mandatario temeroso de revanchas o amenazas como esa de “retirar nuestras inversiones” (¡cuáles, por favor!) ha cedido a las presiones, como en su momento lo hizo con las transnacionales de la telefonía o las petroleras o más antes caminó para atrás con la reforma fiscal. Bastó una señal de los cerveceros y los tabaqueros para dejar todo como antes. Lo del ex presidente Arturo Armando Molina con “ni un paso atrás” con la Reforma Agraria, palidece ante semejantes reculones.
Así que se cumplirán dos años del actual gobierno y los salvadoreños seguirán esperando por un verdadero cambio en las estructuras administrativas del país. Las frases de empresarios, políticos y diputados seguirán dibujando la arquitectura demagógica de nuestra patria y muchos con la Biblia en la mano continuarán esperando por la anunciada venida del Mesías para ver si “un día primero Dios”, terminamos con las componendas, la corrupción, la delincuencia común y el crimen organizado y si de una vez por todas se pone en funcionamiento la fábrica de empleos y otras linduras escritas en un libreto para la tragicomedia.
No hay discurso o congreso realizado este año que no nos recuerde las tales “amenazas” (no las vemos por ningún lado) contra la democracia. Los empresarios o mejor dicho los dirigentes, deben inscribir esas muletillas en libros de texto y esculpirlas en monumentos como esos dedicados al fundador de los Escuadrones de la Muerte y responsable directo de los miles de asesinados en El Salvador antes y durante el conflicto armado. No se trata sólo de ese recital, también incluyen en su léxico el Socialismo del Siglo XXI, el ALBA y la “amenaza” permanente del comandante Hugo Rafael Chávez Frías. Como lo hemos dicho en otros comentarios nada más se trata de mentes calenturientas, de “pilas” ideológicas y de una agenda política electorera diseñada por los asesores del partido Arena. Es como esa frase de Cervantes: “Ladran Sancho, señal que cabalgamos” o el famoso apotegma del mexicano Benito Juárez “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Estamos seguros que muy contados políticos y diputados han leído el Quijote de la Mancha o conocen la biografía de Juárez; pero en su afán de aparentar cultura no tienen empacho alguno en citarlas a cada momento. Nada tengo en contra de tales sentencias, pero sí contra lo que se convierte en disco rayado.
Por cierto, muy bien harían los “grandes” empresarios salvadoreños en estudiar y conocer más a fondo ese sistema de organización social y económico conocido como Socialismo del Siglo XXI. Igual que leer detenidamente el famoso libro de Cervantes. No se convertirían en hombres cultos de la noche a la mañana, pero sí tendrían argumentos precisos para debatir sobre temas tan espinosos. Don Quijote es otra cosa: se fundieron en este personaje una voluntad férrea, abnegación santa, valor a toda prueba, patriotismo lleno de ilusión y esperanza y su acrisolada probidad. “Superó” muchos obstáculos porque se reunieron en él estas virtudes. Su vida fue un milagro, y también milagro todas sus aventuras. Bien sabido es que nuestros empresarios nada más se aferran a la avaricia, a la acumulación de la riqueza, a la explotación y a su nulo amor por la patria. Su único ídolo es don dinero, para citar a Francisco de Quevedo, otro famoso literato español. Por eso los miembros de las cúpulas empresariales nada tienen de ilustres próceres o héroes anónimos, como tantas veces los califican en el diario de hoy.
Ninguno de tales “ilustres personajes” y “hombres de su tiempo” han aportado y contribuido al desarrollo político, económico y social de El Salvador. Sus empresas las fundan para hacer dinero y así lo reconocen; pero es ridículo lo que tantas veces proclaman de “contribuir a obras sociales del país”. Hace muchos años una revista norteamericana publicó en su portada a un oligarca salvadoreño sentado en un cómodo sillón en el portal de su residencia ubicada en la colonia San Francisco. Se trataba de Benjamín Sol Millet, quien entre “sus grandes méritos” era poseer un enclave colonial en la isla el Espíritu Santo, donde las familias campesinas se dedicaban a obtener “la comida” de los cocos para convertirla en aceite. La alimentación se la llevaban en lanchas y para salir de esa isla requerían de un permiso especial. Pero a juicio de sus apologistas fue un “ilustre salvadoreño” que contribuyó al desarrollo industrial y económico del país.
En estos días, por cierto, el presidente de la república se ha reunido con destacados empresarios, tratando de llegar a un consenso para aplicar el reiterado impuesto a los patrimonios mayores a los 500 mil dólares. Supuestamente lo recaudado se utilizaría en equipar y aumentar el número de agentes policiales para su lucha contra la delincuencia y el crimen organizado. Se trata de un mínimo porcentaje de tales ganancias, pero el mandatario temeroso de revanchas o amenazas como esa de “retirar nuestras inversiones” (¡cuáles, por favor!) ha cedido a las presiones, como en su momento lo hizo con las transnacionales de la telefonía o las petroleras o más antes caminó para atrás con la reforma fiscal. Bastó una señal de los cerveceros y los tabaqueros para dejar todo como antes. Lo del ex presidente Arturo Armando Molina con “ni un paso atrás” con la Reforma Agraria, palidece ante semejantes reculones.
Así que se cumplirán dos años del actual gobierno y los salvadoreños seguirán esperando por un verdadero cambio en las estructuras administrativas del país. Las frases de empresarios, políticos y diputados seguirán dibujando la arquitectura demagógica de nuestra patria y muchos con la Biblia en la mano continuarán esperando por la anunciada venida del Mesías para ver si “un día primero Dios”, terminamos con las componendas, la corrupción, la delincuencia común y el crimen organizado y si de una vez por todas se pone en funcionamiento la fábrica de empleos y otras linduras escritas en un libreto para la tragicomedia.





1 comentarios:
Pocote,
Me gusta mucho aprender de historia que no conocia del pais. En este mismo tema me gustaria indagarte un poco mas sobre este individuo Benjamin Sol Millet. Conoces mas historia de el? Cual es esta revista norteamericana en la que ha salido?
Te agredezco, y continua haciendo lo que haces bien.
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